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Emiliano Dionisi: «La verdadera revolución no va a ser ideológica, va a ser emocional»

El dramaturgo argentino Emiliano Dionisi nos habla de El brote, el unipersonal que escribió y dirige, donde el actor Roberto Peloni interpreta un viaje existencial lleno de matices y humor, que desde su estreno no deja de sorprender.

Por Clementina Escalona Ronderos

La sala está siempre llena, función tras función. El rostro de Roberto Peloni se recompone de a poco con el aplauso de la gente que, maravillada, lo ovaciona de pie. Su trabajo en El brote, el unipersonal escrito y dirigido por el dramaturgo argentino Emiliano Dionisi, es deslumbrante. 

“El teatro debiera ser un festín para el alma”, explica en un momento Beto, el personaje que interpreta Peloni. Y El brote sin duda lo es: de una arquitectura perfecta, la obra combina con inteligencia fragmentos de textos clásicos (hay referencias a Antígona, Hamlet, La vida es sueño y La tempestad, entre otros), el humor y los claroscuros. 

Ni su autor ni su intérprete creyeron que llegaría muy lejos. Pero decidieron hacerla igual, y desde su estreno en el nuevo Teatro del Pueblo ―en febrero de 2023― hasta hoy, sigue asombrando al público. Fue tan grande el éxito, que la obra se trasladó a los escenarios del Teatro Maipo, donde se presenta todos los jueves a las 20:30.

¿Qué cuenta El brote que nos moviliza tanto? ¿Por qué nos interpela tan profundamente el personaje de Beto? 

Hay algo de lo ordinario de la vida humana que se revela sobre el escenario de manera explosiva; algo que Peloni y Dionisi, en un nueva colaboración en conjunto, lograron plasmar con amabilidad, destreza y ferocidad.

Involucrado en el mundo de las artes escénicas desde los trece años, en 2009 Dionisi fundó la compañía teatral Compañía Criolla, con la cual ha producido, además de El brote, espectáculos como Romeo y Julieta de bolsillo, Recuerdos a la hora de la siesta y Los monstruos, todas con enorme éxito y ganadoras de diferentes premios. 

Hablar con Emiliano Dionisi (37), es una de las llaves para conocer mejor qué hay detrás de este fenómeno teatral, cómo fue el proceso de creación y qué piensa uno de los jóvenes dramaturgos más ingeniosos y creativos de nuestro país.

Hay muchas opiniones sobre lo que cuenta la obra: es una historia sobre salud mental, una crítica a la sociedad de consumo, el relato de un ego herido. Para vos, ¿qué es El brote?

―En principio, es un juego teatral. Yo tenía muchas ganas de hacer algo con Roberto, conozco su trabajo, su instrumento [actoral], y pensé: “¿Qué desafío le propongo a este pibe que es medio camaleón?”. Él me ofreció una obra muy linda, pero necesitaba mucha adaptación para funcionar. Entonces dije: “Bueno, me siento a escribir algo yo”. Empezó como un juego para mí: un actor que actúa y, mientras tanto, te va contando cómo es actuar y te explica la puesta en escena. La premisa era esa, y me di cuenta de que al personaje le pasaban cosas, tenía un carácter difícil y opinaba sobre todo.

Roberto Peloni contó en una entrevista que, al hacer la obra, notaron que hablaba mucho sobre la frustración del ser humano…

―Uno empieza por una idea chiquita y las obras te van pidiendo cosas. Mauricio Kartún dice que las obras son más inteligentes que los autores. Cuando la montamos y la ensayamos con el público, nos dimos cuenta de un montón de temas que se desprendieron, como la frustración, por ejemplo, lo cual está buenísimo. Pero en un principio yo no lo pensé así. Mi primer motor para escribir era el juego teatral con un actor.

―¿Creés que hay algo del público que hace catarsis a través del personaje de Beto?

―Me parece que el teatro funciona catárticamente, sí, y eso es lo más lindo de las artes en general: son como amuletos emocionales que nos hacen transitar cosas con seguridad. Si a una persona la sentás y le decís: “Bueno, vamos a reflexionar sobre las cosas que a vos te frustran”, es más difícil. En cambio si le proponés un tema y ese tema le divierte, es una forma amable de que hablemos de lo que nos incomoda o no nos gusta.

―En tu obra Los monstruos, los personajes también muestran algunas de las facetas más opacas del ser humano. ¿Hay algo de estos aspectos en particular que te interesa trabajar?

―Si nos perdemos la oportunidad de ver esas cosas en el teatro, estaríamos desperdiciando algo. Hay otros aspectos también, muy luminosos, pero me parece que nosotros, como argentinos, tenemos algo que nos encanta reírnos de nosotros mismos. El grotesco es un poco eso, reírnos de las cosas más sórdidas. Me gusta pensar que eso es parte de nuestra identidad teatral.

―En un momento de la obra, el personaje explica al público que la comedia termina bien y el drama termina mal. ¿Dónde entra El brote?

―Es agridulce. Y me parece que se juega algo que es esto de poder empatizar con alguien que no es un héroe. Él dice: “Yo soy el villano de mi historia”. Me parece que cuando podemos empatizar con el villano, tenemos un reflejo donde nos preguntamos qué haríamos nosotros en esa situación, si haríamos lo mismo.

―Se nota mucha empatía de parte del público con él…

―Lo apoyan. El tipo es nefasto, es insoportable, y sin embargo es adorable. Tenemos fascinación por los personajes incorrectos y eso es muy lindo de nuestro arte: que nos identificamos en esas cosas y no nos idealizamos. 

―A la hora de crear en una época tan sensible del mundo, ¿te sentís libre para hablar de cualquier tema, o encontrás alguna limitación?

―El otro día Mariano Saba [dramaturgo y director] dijo algo que me quedó resonando: en un mundo tan alborotado, tenemos que pensar qué es lo que podemos ofrecer en las salas como para que la gente venga y valga la pena una hora y media de concentración. Es tan convulsivo y violento todo lo que pasa en el mundo en general, que la experiencia teatral tiene que ser, más que nunca, significativa. Si yo te estoy invitando a una hora de concentración en un espacio cerrado, cuando afuera nos estamos prendiendo fuego, bueno, ¿qué emociones vamos a revolver? ¿qué nos estamos diciendo? ¿cómo nos estamos sintiendo? ¿cómo nos estamos encontrando? No creo que no se pueda hacer humor con algo; el desafío es estar a la altura del momento en que vivimos. 

―¿Y qué quisieras que El brote genere en el público? 

―Lo que más celebro que me digan, es que ver la obra es como un viaje. La gente me dice cosas como “podía ver todo lo que el personaje decía”. Es suspender un poco el tiempo y entrar en una narración casi hipnótica. Hay algo de eso que es una maravilla. Cuando eso ocurre me pone muy contento, porque siento que el truco estuvo bien hecho. El teatro es un truco de magia.

―Hoy en día, que tenemos acceso a una variedad de plataformas como Netflix, donde podemos elegir qué consumir, cuándo pausar, cuándo dejar de ver… ¿por qué crees que seguimos yendo tanto al teatro?

―Me encanta que haya nuevas expresiones. Igualmente, me parece que vamos a buscar lo que no necesita de nada, como el teatro, que es el hecho artístico más democrático que existe. Es el encuentro de las personas, y ese ritual es un secreto casi tribal. Siempre vamos a ir a buscarnos a nosotros mismos para comunicarnos, mirarnos, escucharnos sin que haya intermediarios, ni siquiera una pantalla, nada. 

―Si alguien que nunca leyó teatro tiene ganas de hacerlo, ¿qué obra le recomendarías? 

―Iría por algo contemporáneo. Claudia Piñeiro tiene un libro de obras cortas que son divinas. Tiene una que me encanta que se llama Cuánto vale una heladera, creo que es muy amable para empezar. Y si te gusta más el drama, iría por Lorca. Yerma no falla.

―¿Alguna última idea que quisieras transmitir? 

―Me parece que es un momento para agruparnos y entender cómo estamos parados ante tanto cambio y tanta violencia. Pienso que, en tiempos tan cruciales, a las brechas las vamos a eliminar buscando empatía sobre cómo nos sentimos, no sobre cómo pensamos. Las verdaderas coincidencias las tenemos que encontrar en una forma de sentir. ¿Cómo sentimos que tiene que ser el mundo? ¿Cómo sentimos que tienen que ser nuestras relaciones con nuestros vecinos, compañeros, familia? Me parece que la verdadera revolución no va a ser ideológica, va a ser emocional.

El brote se presenta todos los jueves en el Teatro Maipo a las 20:30. Podés comprar tu entrada acá: www.plateanet.com

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