Adela Sáenz Cavia, mentora y coach: “No hace falta ser el número uno en algo para sentirse realizado” - Sophia Online

Desarrollo Personal

Adela Sáenz Cavia, mentora y coach: “No hace falta ser el número uno en algo para sentirse realizado”

Especialista en el entrenamiento de competencias socioemocionales, acaba de publicar su primer libro donde habla sobre la pasión y la capacidad de resiliencia.

POR Clementina Escalona Ronderos

La resiliencia es algo que Adela Sáenz Cavia conoce bien. Porque estudió el tema, pero sobre todo porque vivió en primera persona los desafíos que trae la adversidad y, también, sus frutos.

A los 17 años, dejó Tres Algarrobos, su pueblo natal, para estudiar Ciencia Política en Buenos Aires, algo que la apasionaba. Más adelante, después de trabajar en esa área durante años, quiso entender qué movía a las personas. ¿Cuál era su motor? ¿Cómo funcionaba la chispa vital que las impulsaba hacia adelante? ¿Qué significaba, para cada uno, la palabra pasión?

Se especializó en el entrenamiento de las llamadas human skills o competencias socioemocionales —un conjunto de habilidades y conocimientos que ayudan a la gestión de las emociones, el trabajo en equipo y la autorregulación—  y se volcó a trabajar en el área corporativa. Le encantaba.

Pero un día, diez años atrás, llegó un diagnóstico inesperado. Luego de más de dos décadas de trabajo, justo cuando estaba por cambiar de rumbo, le diagnosticaron cáncer de mama. 

“No fue casual”, dice hoy Cavia en conversación con Sophia.  A pesar de que amaba su trabajo, reconoce que estaba bajo mucho estrés. La enfermedad llegó entonces como ese  llamado de atención que la transformaría. 

“Cuando digo que el año que estuve con cáncer fue un año precioso, la gente me mira incrédula. Pero para mí fue un tiempo de mucho aprendizaje y de mucha cosecha”, comparte. 

Fue gracias al camino que emprendió para atravesar su enfermedad, que Cavia logró desarrollar una de las virtudes más profundas e importantes de la especie humana: la resiliencia. 

Ser resilientes, un aprendizaje que llega solo

El apoyo, reconoce, fue fundamental para su proceso. Recuerda, por ejemplo, la cantidad de mensajes que recibió mientras estaba en tratamiento, sorprendida por personas que no imaginó que le escribirían o se acordarían de ella. 

Al terminar el proceso médico, en diciembre de 2015, escribió un texto para ella misma sobre las cosas que la habían ayudado a atravesar aquel año difícil. Sin darse cuenta, estaba hablando de lo que más adelante sería su tema de tesis de Posgrado en Educación Emocional por la Universitat de Barcelona.

Las personas nunca somos solas, somos en vínculo con otros. Esa es la esencia de la resiliencia: la red”, comparte Cavia, que actualmente facilita procesos de cambio tanto de personas individuales como de equipos de trabajo. 

En una primera instancia, encontró que las investigaciones sobre las competencias neuroemocionales tenían una impronta muy individualista: desde las investigaciones norteamericanas, el foco estaba puesto en cómo adquirir herramientas para que uno mismo se sintiera mejor y obtuviera mayor felicidad personal en la vida.

Ahora, son los propios investigadores del tema quienes señalan que la construcción del bienestar propio es, siempre, en relación con los demás. Por eso Cavia piensa que la frase de la serie El eternauta “nadie se salva solo” hizo tanto eco en la gente. Porque ella, como tantos, se salvaron gracias a otros.

En busca de la pasión perdida

Hay una frase popular que dice: “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”. Se atribuye al filósofo chino Confucio —aunque es difícil comprobarlo—, y durante muchos años Cavia se identificó con esa idea.

“Hoy te diría que escribí mi libro, ¿Qué te apasiona? Al encuentro de tu pasión, casi en contra de la frase. Creo que estigmatiza al que no tiene tan en claro qué es lo que le gusta”, comparte la autora. 

De hecho, hay una conversación en YouTube que le encanta. Es la que mantienen Gerry Garbulsky —uno de los fundadores de las charlas Tedx Río de la Plata y de Aprender de grandes— y su hijo, Lele, sobre encontrar la pasión. Después de intercambiar ideas, Lele llega a la conclusión de que no necesariamente nacemos sabiendo qué nos gusta sino que, muchas veces, se trata de un descubrimiento. 

“Lele habla de él mismo, pero lo que dice le pasa a un montón de personas: estar rodeado de gente muy apasionada y no tener claro qué te apasiona a vos, es muy frustrante”, señala Cavia, y enfatiza la idea de que, para cada persona, el proceso de encontrar aquello que los impulsa es diferente: algunos lo saben desde chicos, y otros lo van buscando a lo largo de su vida. La búsqueda es, en sí misma, el camino. 

“La palabra emoción viene de emotio, que se deriva de emovere, mover. La emoción es algo de adentro hacia afuera que te mueve a la acción”, describe y señala que, tanto las emociones que nos generan placer como las que nos resultan desagradables, sirven como una brújula para orientarnos, o para ajustar el foco.

“A lo mejor lo que estás haciendo ahora no es lo que más te apasiona, pero vos necesitás vivir, comer, criar a tus hijos, montar tu negocio, lo que sea. Agradecer lo que uno está haciendo y felicitarse por lo que ha logrado, es importante”, asegura Cavia. 

Encontrar lo maravilloso en la simplicidad

Para el filósofo sur coreano Byung Chul Han, algunos de sus pequeños rituales diarios son tocar el piano, disfrutar una comida con alguien, salir a su jardín. Es al disfrutar de su vida cotidiana donde vive con pasión.

Creo que hay que desmitificar que está mal elegir una vida más simple. No hace falta ser el número uno en algo para sentirse realizado. Es importante suspender el juicio que tenemos en ese sentido”, aclara Cavia, confesa admiradora de las ideas de Han.

Pone el ejemplo de una chica a quien lo que más la impulsaba en su vida eran su familia y sus hijos. No le interesaba la competencia, ni ganar más dinero o tener un cargo más alto, todas cosas que le habían ofrecido. Estaba tranquila con su día a día, y aunque mucha gente la miraba mal y la juzgaba por eso, se mantuvo fiel a ese deseo de una vida sencilla. De esa manera sentía que estaba creciendo como persona.

Estar en paz con uno mismo, dedicar momentos a la introspección, y tener la capacidad de disfrutar de lo simple, no es algo que ocurre mágicamente, reconoce Cavia. Se trata de un proceso que requiere de una práctica diaria, algo que le gusta pensar como un entrenamiento: registrar nuestras emociones, reconocer las cosas que no nos funcionan, cambiar el foco de una actitud pesimista a una valoración apreciativa de lo que hemos podido lograr hoy. Porque “elegir qué vemos, es elegir dónde nos ubicamos”.

Otro concepto que va de la mano, es el de “job crafting”: ser artesanos del propio trabajo. Se trata de esos casos donde lo que hacemos quizá no nos fascina, pero aceptamos que es lo que tenemos a mano por el momento, y hacemos lo mejor posible por darle un propósito y un sentido. 

Para Cavia, tener la capacidad de encontrar lo valioso en la vida actual es un ejercicio diario y un primer paso para abonar la tierra e ir encontrando, poco a poco, una vida que resuene cada vez más con nosotros.

Ser artistas de nuestra vida

“La resiliencia no se puede desarrollar. Lo que sí se puede promover son las potencias que tienen las personas resilientes”, explica Cavia y destaca que se conforma principalmente de dos ejes: por un lado, los recursos personales que cada uno pueda tener, y por otro, la red.

Para promoverla, también destaca la espiritualidad o la fe como factores esenciales, a los que define como “la esperanza de que exista una posibilidad de mejora, aunque no haya evidencia”. Meditar, rezar o practicar una disciplina con el cuerpo como el yoga, “es un momento en que uno entra en conexión con algo intangible, más grande que uno, en lo cual confiar a través de la fe. Es un acto de introspección, de silencio”. 

A la hora de amigarnos con cualquier recorrido que emprendemos en busca de nuestra pasión, destaca que es importante dar respuesta a la siguiente pregunta: ¿esto que hago o quiero hacer beneficia a alguien más?

“Si uno solo ve el logro o la felicidad personal en aquello que le apasiona, probablemente nunca le termine de cerrar, y sienta que siempre le falta algo”, expresa Cavia. 

La promesa de una vida apasionante no carece de obstáculos, dificultades o momentos de incertidumbre. Es una invitación a recuperar nuestra singularidad para emprender el propio sendero con gratitud y coraje.

“Ser una persona es tener una historia que contar”, dijo la escritora Isak Dinesen. Adela Sáenz Cavia decidió crear la suya, e inspirar a otros a escribir la propia. 

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