13 de agosto de 2026
María Isabel Sanz tenía apenas seis años cuando se le abrió una puerta que cambiaría su destino para siempre. Había comenzado a estudiar guitarra en un barrio de San Justo, cuando su profesor, José Luis Campana, le dijo que dejaría de darle clases porque había tomado la decisión de mudarse a Francia. La despedida fue triste, porque ella amaba la música. Por eso, antes de partir él le dio un consejo que se convirtió en un gran regalo: le dijo que tenía un oído excepcional y que, al oírla canturrear mientras tocaba, se le había ocurrido que debía ir a probarse al Coro Nacional de Niños.
Su mamá se comprometió a llevarla, a pesar de que su familia no conocía la institución ni pertenecía al mundo de la música clásica. María Isabel se probó, hizo el curso preparatorio y, a los ocho años, ingresó por fin al coro, expectante y feliz de poder seguir explorando ese mundo que tanto amaba. Allí descubrió, de pequeña, que el arte terminaría convirtiéndose en el rumbo de toda su existencia. “Fue una experiencia determinante, porque despertó una vocación en mí. Entonces entendí que lo que yo quería era dedicarme a la música”, describe en diálogo con Sophia.
Lo que comenzó como la historia de una nena del conurbano que recibió tempranamente el llamado de su vocación artística se convirtió, con los años, en una carrera entera dedicada al estudio y a la formación musical, una decisión que terminó llevándola a la dirección del mismo Coro Nacional de Niños donde había comenzado. Hasta convertirse en directora, María Isabel fue maestra preparadora y pianista durante ocho años. En total, fueron treinta y cuatro años de vínculo con un espacio que ahora, a casi seis décadas de su creación, acaba de ser disuelto por decreto presidencial.
El 30 de julio, el Coro Nacional de Niños dejó de existir formalmente. La decisión generó el rechazo de las familias, de músicos y de distintas instituciones culturales, que reclaman que el decreto sea revertido. María Isabel fue invitada a hablar ante la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados y allí defendió el valor de una institución que, sostiene, es mucho más que un elenco artístico. Es, de hecho, el lugar donde decenas de chicas y chicos que atraviesan diferentes situaciones socioeconómicas pueden compartir en igualdad de condiciones su talento y su amor por la interpretación musical.
“En el coro uno siente mucha pertenencia, porque no es un espacio cualquiera: cada integrante está representando al país. Es el seleccionado de voces jóvenes de la Argentina”, explica María Isabel, preocupada por una decisión que dejó a veinte niños sin un proyecto que no es sólo artístico, sino también vocacional, porque la mayoría de quienes pasan por él sigue vinculados de alguna manera a la música a medida que crecen.
“De un día para el otro, los chicos se quedaron sin saber cómo sigue esta historia a la que dedican tiempo y esfuerzo, porque hay enorme preparación para lograr el nivel que tienen. Ellos organizan su vida alrededor de los ensayos, los conciertos y el aprendizaje musical. A veces, incluso, dejan de ir a reuniones con sus amigos y a cumpleaños de sus familiares por el fuerte compromiso que asumen al ingresar. Además, desarrollan muchísimas cualidades como la disciplina, el trabajo en conjunto y la sensibilidad”, comparte la directora.

También encuentran en el coro algo que no siempre resulta sencillo: una comunidad que los contiene y que también los impulsa, porque los despliega a través de sus propias búsquedas e intereses. Son chicos de estratos sociales, credos y realidades muy diferentes que, al compartir una experiencia tan trascendente, aprenden que nadie se salva solo, sino que todos crecen, mejoran y acaban transformándose juntos. “He tenido chicos de villas miseria hasta chicos de muy alto poder adquisitivo. Y eso es lo que define al coro: que le da las mismas posibilidades y herramientas a todos, sin importar nada más que su entrega y su dedicación”, cuenta María Isabel.
Durante sus casi sesenta años de historia, el coro representó a la Argentina dentro y fuera del país. Realizó giras por Europa, México y Brasil, y obtuvo numerosos reconocimientos internacionales. “Fue el único coro de niños invitado a cantar ante el Papa y el Arzobispo de Constantinopla, lo que no es poco —reflexiona esta mujer decidida a llevar su mensaje a todas partes, para que se de marcha atrás con el decreto—. Yo creo que el gobierno no entendió la importancia que tiene, de otro modo no hubiera tomado esta decisión. Por eso, sin importar de qué partido son los funcionarios que toman las decisiones, siento que es muy importante que se enteren lo que el Coro Nacional de Niños significa para tanta gente, para tantas familias”.
Quizás, la escena más poderosa es la de los chicos entrando al escenario vestidos de celeste y blanco, los colores que identifican la bandera argentina, para cantar de una manera que emociona profundamente. “Presenciar la actuación de un coro de niños suele impactar. Porque cuando se los escucha en un repertorio que se asocia mayormente a un coro de adultos, cantando a cuatro o cinco voces, se produce algo de mucha entrega, es de verdad emotivo”, relata María Isabel quien vio con sus propios ojos de niña lo que el arte produce en las personas: los ojos vidriosos del público, el aplauso apretado y de pie.
Para ella, allí reside parte del valor de este espacio que hoy se cierra: en ser capaz de reunir a personas que quizás, de otro modo, nunca llegarían a juntarse. “Se da el encuentro de gente que viene de mundos muy distintos, eso ha pasado durante toda la historia del coro. Siempre fue así, nunca fue un lugar para unos o para otros, sino para todos. Y eso es lo que queremos que siga siendo”, sostiene. Por eso, asegura que “es un gran error destruir algo que es tan transversal en la cultura de nuestro país, en un momento donde encontrarse es tan necesario”.

Hoy, los chicos están desorientados y tristes. ¿Cómo sigue esta vivencia compartida de tantos años dedicados a trabajar duro para representar de la mejor manera posible a la Argentina? “Nos enteramos de la disolución del coro a través de la publicación del decreto firmado por el presidente, ni siquiera hubo una notificación para quienes trabajamos ahí; tampoco un aviso previo para comprender la situación a la que íbamos a enfrentarnos”, señala María Isabel, quien lamenta no haber tenido, siquiera, una conversación. Con presentaciones gratuitas y públicas, los chicos y sus familias reclaman que la decisión presidencial se revierta y que se habiliten nuevamente las vacantes para completar la planta, que históricamente fue de cuarenta, pero que desde febrero solo es de veinte.
Seguramente María Isabel pueda entender mejor que nadie lo que significa perder esos lugares, sin los cuales muchos chicos se quedarán sin poder vivir lo que ella sí pudo: cruzar un día la puerta de entrada a la promesa de un futuro construido en base al talento personal, pero también a la colaboración de otros, en un trabajo conjunto que requiere de un espíritu de misión, mucha dedicación y un fuerte compromiso.
Que un país sostenga aquellos lugares donde una vocación puede nacer, es una de las más bellas acciones humanas que, si así lo decide, podrá darse el gusto de facilitar la política. Porque invertir en cultura no se trata de traducir en cifras, sino de comprender hasta qué punto la producción cultural puede cambiar el rumbo de una vida y, a través de esa vida también el rumbo de otras vidas, y de otras más, haciendo que la belleza del arte trascienda los pormenores de la realidad, en especial cuando que se ha vuelto agrietada y marchita.
Es por eso, sobre todas las cosas, que las voces de un coro nunca deberían silenciarse: porque la expresión artística colectiva amplifica la sensibilidad y la empatía en un eco que vibra hacia toda la humanidad.
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Antes de saber que era una Persona Altamente Sensible, trabajó en una multinacional. Hoy acompaña a familias y profesionales a entender qué es ser PAS.
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Hola gente linda.Cuanta injusticia,tristeza, falta de empatia y odio derrama este presidente.Por que,SIEMPRE pega donde sabe que duele mas?? Los niños,los adultos mayores,la salud ,el trabajo…Hasta cuando? Tambien destroza la Salud Mental. Por esto y mucho mas,BASTA DE CALLARNOS!! Por favor,alcemos JUNTOS Y UNIDOS, TODAS LAS VOCES;para que vuelva el coro y ese hermoso pais,donde naci,creci y que tanto quiero!! Besos grandotes y gracias Maria Eugenia por la notas