2 de julio de 2026
Durante la charla, Anni Schuff nunca pierde la sonrisa. Siente que es momento de compartir lo que sabe, de ampliar su mensaje para que llegue a más personas. Después de casi cuarenta años de trabajo como mentora sistémica, acompañando a hombres y mujeres en su transformación personal, también se animó, por fin, a escribir su primer libro, Sanar para amar.
“Vengo de una familia donde no me transmitieron ninguna religión en especial, tampoco se hablaba de nada espiritual. Sin embargo, a mis 13 años yo tenía una búsqueda de conocer algo más que me latía por dentro”, cuenta sobre los inicios de su camino.
Esa inquietud interior condujo a su espíritu adolescente por diversos caminos: desde encontrarse a conversar regularmente con un cura de la Abadía de San Benito, hasta sumarse a la comunidad judía para jóvenes Bet El. No era necesariamente una religión lo que buscaba, sino una manera de encontrarle un sentido más profundo a la vida.
Pero quizá lo más decisivo del trayecto marcado por la búsqueda, fue la repentina muerte de su padre y la consecuente tristeza de su madre, cuando Schuff tenía dieciséis años. Ese fin de semana, ella se había ido a la casa de una amiga en Mar del Plata, luego de que su papá le hubiera dicho: “Yo no te dejo ir, pero hacé lo que quieras”.
“Cargué muchos años con la idea de que yo fui por mi deseo, y algo terrible se desencadenó. Me quedó grabada una asociación donde una y otra vez sentía que no podía elegir con libertad”, comparte Schuff, que luego de muchos años de trabajo personal logró desactivar ese mecanismo inconsciente.
Durante su adultez se formó con grandes figuras, como el reconocido orador estadounidense Tony Robbins, el académico alemán Otto Scharmer y ni más ni menos que el teólogo y psicoterapeuta alemán Bert Hellinger, padre de las constelaciones familiares, y con su esposa Sophie. Como diría el poeta español Antonio Machado, fue “haciendo camino al andar” y ese andar la llevó también a incursionar en la respiración, el psicodrama, la terapia corporal y la mirada terapéutica sistémica.
Actualmente se dedica a acompañar a las personas a reconocer cuáles son los patrones invisibles que dominan sus vidas, para poder mirarlos de frente, desarmarlos y empezar a decidir libremente. Como explica Schuff, tanto a raíz de su propia experiencia como por sus años de formación: “Los hechos de nuestra biografía pasan, pero lo que queda impregnado en nuestra biología es la memoria de eso que pasó. No nos damos cuenta de que esas programaciones guían nuestras vidas, y hacen que frente a situaciones externas, reaccionemos siempre de la misma manera”.
Según la mirada de Schuff, vivimos, sin saberlo, atrapados en una separación interna entre nuestro ser racional, gobernado por la mente y los pensamientos, y nuestro ser biológico-emocional, donde se inscribe tanto nuestra historia como la de nuestros ancestros, en forma de patrones, emociones y memorias. Esa división, considera, es la mayor fuente de nuestro sufrimiento y desorientación.
Sin embargo, asegura que también es la oportunidad de conectar con nuestra autenticidad. Al igual que señala el constelador familiar Joan Garriga, Schuff sostiene que para salir del dolor, primero debemos entrar en él, asegurando que se trata de un proceso que requiere de valentía y promete libertad.

Existen heridas que son compartidas, daños que se sufren en comunidad: el caso de un femicidio que sacude a un país entero o el destierro de toda una población colonizada, son considerados momentos traumáticos que quedan impregnados en la memoria colectiva.
¿Cómo sanar dolores de tal magnitud? ¿Acaso es posible, desde nuestro lugar, transformar la sociedad?
El trabajo, explica Schuff, es en primera instancia individual; revisarnos a nosotros mismos, para luego trabajar con la historia familiar y finalmente con la comunidad en la que vivimos.
A primera vista, parece un trabajo interminable. Pero Schuff insiste en que no se trata de quedarnos pegados en la revisión de las heridas, sino todo lo contrario: reconocerlas, mirarlas de frente y transformarnos, para poder también disfrutar del regalo de estar vivos. Lograr ese equilibrio, dice, es parte del aprendizaje que tenemos como humanidad en este momento.
“Es lo que nos toca a nosotros. Las generaciones anteriores, Nuestros padres, abuelos, tatarabuelos, no pudieron revisar nada, ni conectarse con las emociones, las memorias o la historia. Vivieron en modo supervivencia”, señala Schuff.
Y comparte una frase que escuchó de una participante de una constelación que se grabó en su alma: “Toma tu abundancia sin que se te rompa el corazón por nuestro sufrimiento”.
“Pareciera que estamos frente a una época de cambios, pero más bien, diría que estamos ante un cambio de época”, asegura Schuff.
Tanto a nivel individual como colectivo, entiende lo que muchos otros también anuncian: una nueva humanidad está naciendo y ese proceso necesita de nuestra participación activa. Ante el resquebrajamiento de las estructuras del orden mundial actual y la incertidumbre a la que nos enfrentamos tanto a nivel ambiental como tecnológico, surge la pregunta: ¿qué necesita este tiempo de nosotros?
“La situación global nos exige grandes transformaciones: nos pide estar listos, dispuestos a capacitarnos en cosas totalmente diferentes: tanto hombres como mujeres necesitamos recuperar la nueva energía femenina”, dice, aclarando que la idea no es nueva: también lo han anticipado pensadores como el erudito religioso Andrew Harvey, la psicoanalista Jean Shinoda Bolen y el astrólogo Alejandro Lodi.
No es un concepto abstracto: la energía femenina es un conjunto de capacidades que habita —de forma más despierta en algunos, más adormecida en otros— dentro de cada uno: la receptividad, la escucha, la compasión y la posibilidad de vivir en armonía pese a las diferencias, son algunas de las cualidades que necesitamos desarrollar.
“Estamos casi en el peor momento del cambio, porque hay formas que no quieren terminar de soltarse, y todo se intensifica. Pero ya no se puede sostener la estructura mundial actual, ya cumplió un ciclo”, aporta Schuff. Su propuesta, es abrirnos a la transformación.
“Considero al alma como una red afectiva que nos une y que es global. Mientras todo se cae, algunos vamos sosteniendo la gestación de lo nuevo, que implica transformarnos, como una alquimia. Yo no creo en cambiar el mundo; creo en cambiar adentro y, si algo nuevo aparece en vos, va a aparecer también afuera”.
En resumidas palabras, se trata de integrar nuestra historia y sanar los dolores propios y heredados, para poder entrar en contacto con toda nuestra fuerza y, paso a paso, ser testigos y partícipes de una transformación colectiva.
Anni Schuff se presentará en el Teatro Chacarerean (Nicaragua 5565, CABA) el próximo 11 de julio a las 9.30 con el evento Hermandad. Tu lugar en la red de pares, una experiencia que combina música, humor, movimiento e interacción para acercarnos a comprender los roles fijados que nos condicionan y dar los primeros pasos hacia una nueva vida.
Muchas veces, justo cuando estamos creciendo, algo dentro nuestro parece querer detenernos. ¿Cómo reconocerlo y desactivar su mecanismo?
Hay heridas antiguas que pesan cada día e impiden vivir en plenitud. Especialistas coinciden en que es posible transformar ese dolor para andar más livianos.
Especialista en el entrenamiento de competencias socioemocionales, acaba de publicar su primer libro donde habla sobre la pasión y la capacidad de resiliencia.
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