En paz con el pasado: reconciliarnos con lo vivido para habitar el presente - Sophia Online

Desarrollo Personal

En paz con el pasado: reconciliarnos con lo vivido para habitar el presente

Hay heridas antiguas que pesan cada día e impiden vivir en plenitud. Especialistas coinciden en que es posible transformar ese dolor para andar más livianos.

POR Nina Rusconi

Durante años, ciertas escenas pueden repetirse una y otra vez en nuestra mente, como la canción de un disco rayado. Una discusión que quedó inconclusa, un gesto que no se tuvo, una decisión que seguimos cuestionando o una palabra que nunca se dijo. El pasado, entonces, no siempre es un recuerdo lejano: a veces se instala en el presente, condicionando nuestras emociones, vínculos y decisiones de cada día. Y aunque se habla mucho de soltar para caminar más livianos, ¿cómo hacerlo? 

La autora y psicoterapeuta junguiana canadiense Connie Zweig, trabaja sobre la idea de que el pasado no se supera olvidándolo, sino integrándolo. En sus libros, especialmente en Meeting The Shadow y The Inner Work of Age, plantea que, al avanzar en la vida y en particular durante la segunda mitad, solemos encontrarnos con asuntos irresueltos como culpas, resentimientos, vínculos rotos, palabras que nunca se dijeron o decisiones que todavía nos persiguen. Según destaca, la tarea no consiste en reescribir el pasado, (algo que de por sí es imposible de hacer), sino en dejar de luchar contra él, practicar el perdón, y recuperar nuestra energía para ponerla al servicio del presente. 

Soltar no significa olvidar lo vivido ni minimizarlo. Tampoco implica negar el dolor que algo causó o hacer como si nada hubiera ocurrido. Más bien, se trata de dejar de cargar con aquello que ya no puede modificarse, para abrir espacio a lo que sí está disponible hoy. 

Reconocer la herida, el primer paso

Cada persona tiene su propio modo de relacionarse con el pasado. Algunas quedan atrapadas en la culpa, repasando una y otra vez lo que “deberían haber hecho”. Otras se aferran a la nostalgia, idealizando tiempos que ya no volverán. En ciertos casos, hay quienes les invade el arrepentimiento o sostienen enojos y rencores durante años, incluso hacia personas que ya no están. 

Aunque sean formas distintas, todas tienen algo en común, y es el hecho de que, para sanar, es fundamental identificar qué es lo que dolió tanto y entender por qué nos lastimó de esa manera. Daniela Vedronik, terapeuta sistémica, coach y consteladora familiar sostiene lo siguiente: 

“El primer paso es reconocer cuál es esa herida que todavía sigue abierta. Muchas veces el dolor que nos genera una experiencia es tan intenso que, como mecanismo de defensa, la dejamos fuera de nuestra conciencia. Le quitamos importancia, intentamos seguir adelante, nos convencemos de que ‘ya pasó’. Pero no significa que haya dejado de existir. Muchas veces sigue viva, influyendo silenciosamente en la forma en que sentimos, elegimos y nos vinculamos. Recién cuando nos animamos a ampliar la mirada sobre eso que evitamos, podemos empezar a comprender qué lugar ocupa hoy en nuestra vida”. 

Desde la mirada sistémica, Vedronik explica que aunque no podemos hacer desaparecer el pasado, sí podemos dejar de vivir reaccionando desde heridas antiguas, y quizá ahí se esconda el verdadero desafío. Según explica, muchas veces creemos que respondemos por lo que sucede en el presente, pero en realidad lo hacemos desde historias mucho más antiguas. Es como si una parte nuestra quedara detenida en una experiencia que no pudo ser integrada.

“Cuando una experiencia encuentra un lugar, cuando podemos comprender qué sentido tuvo, qué aprendimos y qué lugar ocupa hoy en nuestra vida, deja de arrastrarnos. No porque desaparezca, sino porque ya no necesita seguir reclamando nuestra atención”, aclara la terapeuta.

En una cultura que muchas veces empuja a seguir adelante rápidamente, puede resultar difícil reconocer que hay asuntos pendientes que necesitan ser elaborados. Sin embargo, si los ignoramos, suelen presentarse en forma de malestar, ansiedad o dificultad para disfrutar del hoy, y posiblemente seguirán allí hasta que se reconozcan, se acepten y se trabajen. 

Porque, vale la pena recordarlo: cuando la mente calla, el cuerpo habla.

Las emociones como brújulas

La culpa suele ocupar un lugar central en el proceso de revisar y aceptar lo que fue. Muchas personas sienten que hicieron algo mal o que podrían haber actuado de otra manera, pero mirar el pasado con los ojos del presente puede ser injusto: tomamos cada decisión con los recursos, la información y las herramientas que tenemos en ese momento. 

Otra emoción que suele almacenarse en nuestro interior, es el enojo, especialmente cuando se trata de conflictos familiares, peleas por dinero o malentendidos que dejaron marcas profundas. Sostenerlo durante años puede convertirse en una carga pesada que limita la posibilidad de vivir libremente.

Carolina tiene 41 años y es psicopedagoga. Durante años, sufrió en silencio de una situación que, hasta no ponerla en palabras, la corroía por dentro. 

“Cuando murió mi papá tuvimos que vender la casa familiar. Yo sentía que había puesto mucho más tiempo y esfuerzo en cuidarlo durante su enfermedad y esperaba que eso se tuviera en cuenta. Mi hermana creía que dividir todo en partes iguales era lo más justo. Empezamos discutiendo por números, pero en realidad hablábamos de heridas mucho más antiguas: quién había estado más presente, quién había recibido más cariño y quién había cargado con más responsabilidades”, comparte.

Pasaron ocho años sin hablarse. Y aunque durante ese tiempo Carolina se repitió a sí misma incontables veces que el problema era el dinero, la realidad es que eso era apenas una excusa. Lo que dolía de verdad, era sentir que su esfuerzo nunca había sido valorado.

“Cuando finalmente nos sentamos a hablar, pudimos decirnos todo lo que durante años habíamos callado. Sé que perdimos demasiado tiempo sosteniendo un enojo que ya no nos protegía de nada pero hoy agradezco haber encontrado la manera de acercarnos y volver a tener un vínculo sano y cotidiano que nos hace bien a las dos”, expresa.

En definitiva, poder darle el lugar que le corresponde a lo que dolió es uno de los aprendizajes más importantes a la hora de hacer las paces con nuestro pasado.

Aprender a convivir con lo que fue

Ante la pregunta de si hay alguna práctica, herramienta o hábito que nos ayude a dejar ir, Vedronik responde:

“No creo que exista una única herramienta que sirva para todos. Cada historia necesita un camino distinto. En mi trabajo integro distintas miradas: las constelaciones familiares, la terapia sistémica, el coaching ontológico, el trabajo corporal, la respiración consciente y la meditación. Pero más allá de la técnica, hay algo que considero fundamental: desarrollar la capacidad de observarnos”.

Cuando ampliamos la mirada, podemos empezar a distinguir qué parte pertenece al presente y qué parte sigue respondiendo al pasado, explica Vedronik. Esa conciencia por sí misma genera un movimiento muy profundo: empezamos a comprender desde dónde estamos reaccionando.

La psicóloga y escritora Edith Eger, sobreviviente del Holocausto y especialista en el tratamiento del trastorno de estrés postraumáticos, sostenía que el verdadero encierro muchas veces no está en lo ocurrido, sino en seguir viviendo presos de ese acontecimiento. 

Para sanar, es necesario revisar nuestras historias pendientes. A veces un gesto simbólico, una carta, una conversación interna o un acto de perdón pueden traer una sensación de cierre que parecía imposible, explica Connie Zweig. Siempre es importante acercarse a cada situación con humildad y perspectiva.

Vivir plenamente no significa tener un pasado perfecto, sino aprender a convivir con él sin que determine cada paso de nuestro camino. Con tiempo, reflexión y acompañamiento, es posible transformar la relación con lo vivido. Y descubrir que, incluso después de las heridas, siempre hay espacio para una vida más liviana, más consciente y más en paz. 

2 COMENTARIOS

  1. Me encantó este artículo… Vengo trabajando con mis heridas desde hace ya 17 años, cuando comencé mi formación como acompañante espiritual… Pero debo decir, que, si bien tengo mil herramientas para tomar perspectiva de las heridas, hay una abierta, desde hace 5 años, que me tiene a mal traer… Este artículo me permitió tomar nota de puntos que me hicieron mucho bien y que llevaré a la práctica desde ya…. GRACIAS! El tema está tratado con profunidad y practicidad!

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