18 de febrero de 2026
Somos testigos de una época que probablemente recordaremos como una de las más desafiantes de toda la historia humana. Una revolución o, más bien, un salto evolutivo que abrirá paso a un nuevo nivel de consciencia planetaria, un antes y un después que apenas podemos vislumbrar. Y aunque aún sea difícil discernir con claridad hacia dónde nos convoca ese movimiento —en especial en este tiempo sacudido por crisis económicas, políticas, sociales, religiosas y climáticas— los astros nos ofrecen una guía para ampliar la mirada y darle un sentido trascendente a este viaje individual y colectivo que, desde que nacemos hasta que morimos, desplegamos en el mundo.
“Astrológicamente hay tránsitos muy contundentes, únicos, lo cual nos habla de una verdadera crisis civilizatoria, análoga al proceso de la Revolución Francesa, que fue fallida, pero irreversible”, señala el reconocido astrólogo, docente y escritor argentino Alejandro Lodi, que encontró su llamado de vida en el estudio y la interpretación del cielo. “La astrología no fue un propósito que yo tuve con ella, sino que tuve que rendirme a la evidencia de que era astrólogo, desalojando un montón de identificaciones profesionales y vocacionales que creía verdaderas, pero que se mostraron ficticias. Por eso creo en confiar en lo que el destino trae porque, aunque en la vivencia inmediata parezca una broma pesada, nos orienta en una dirección más auténtica”.
Para despejar los paréntesis de las viejas narrativas que hoy parecen haber caducado, y a la luz de escenarios complejos como los que nos plantean, por ejemplo, la robótica y la inteligencia artificial, Lodi sostiene que deberemos soltar los viejos “ismos”, es decir, las antiguas formas de pensamiento que nos llevaron a la polarización y el desencuentro, para correr aquellos velos que creíamos realidad. “Las visiones están en crisis, todo se está resquebrajando y está en cuestionamiento. Se disuelve el relato de progreso indefinido de la ciencia de la mano del progreso capitalista que marcó el siglo XIX como consecuencia de la Revolución Industrial. El dios capitalismo y el dios comunismo están sentenciados a muerte junto con sus profetas, sus textos sagrados, sus mártires y sus devotos”, describe.
Este proceso, que no ofrece certezas, será encabezado por una conjunción de Neptuno y Saturno en el grado cero de Aries a partir del 20 de febrero (una energía análoga a la que tuvo lugar, nada menos, que durante la caída del muro de Berlín), a la que se sumará luego el ingreso de Urano en Géminis, como anuncio no solo de la caída de viejas estructuras, sino además de la necesidad de reconstruir las bases desde otro lugar. “Neptuno nos lleva a buscar nuevas formas de redimir el sufrimiento humano. Lo empático, lo universal, lo resonante, lo misterioso, el alma, serán la clave para navegar este tiempo, en el que se borran los bordes, las fronteras y en el que la espiritualidad será protagonista”.
—Frente a estos movimientos, ¿qué nos está pidiendo la vida?
—Es una paradoja, porque lo que se nos pide es apertura a una dimensión de misterio, algo que la humanidad deberá traducir del mejor modo posible. Cada cual encontrará alguna traducción al respecto que lo movilice, siempre y cuando no se tome esa traducción como una verdad, porque eso lleva necesariamente a la polarización. Es importante tener presente que lo que creemos que somos, que es desde donde actuamos, es apenas una isla cuyo territorio completo se encuentra bajo las profundidades oceánicas.
—¿Se están cayendo las viejas estructuras?
—Se trata de una disolución de estructuras que ya viene ocurriendo desde la pandemia. Pero no es que se caen, se derriten. Y lo que aparece ahora es la oportunidad de construir una nueva visión que, empáticamente, los seres humanos reconozcamos como una realidad que vale la pena ser vivida. Que esto después responda a altos ideales o a necesidades regresivas, no está escrito. Va a depender de la madurez de la consciencia, que está muy ligada a la madurez de las necesidades básicas. Si tus necesidades básicas están amenazadas, la posibilidad de evolución de la consciencia se verá restringida por la vulnerabilidad.
—¿Qué implica eso en un mundo donde millones de personas son vulnerables?
—Lleva a que esas personas sean más permeables a los discursos protectores, a sucumbir ante “un padre que te va a rescatar, porque él sabe”, o porque “un dios se lo dijo”. Frente a aquel que dice saber lo que hay que hacer, alguien vulnerable confía de un modo devoto. La sensibilidad humana es receptiva a discursos que llevan a que un montón de idealistas entreguen la vida por algo que creen la única verdad. Estamos invitados a ser consecuentes con la descripción de la realidad con la que resonamos, sabiendo que esa descripción es apenas un velo que oculta otra realidad y que, algún día, también caerá.
—¿Qué ocurre con la astrología?
—Lo mismo. La oferta astrológica suele hablar de cómo aprovechar el próximo eclipse desde lo individual, de cómo uno puede salirse siempre con la suya. Entonces yo, el sacerdote astrológico, te digo lo que quiere el dios astrológico y te hago saber lo que tenés que hacer para pasarla bárbaro en la vida.
—¿Cómo aprovechar los recursos disponibles sin que sea desde ese lugar?
—A las personas que están en busca de esos mensajes, la astrología les dará noticias antipáticas. Y, para mí, ese es el gran valor: mostrarte que no sos lo que vos creés que sos y que en tu vida hay propósitos que trascienden tus construcciones, tus deseos, incluso tu yo. Te dice que tu proyecto personal está al servicio de los propósitos de la vida y que, en la medida que tu consciencia pueda alinearse con esos propósitos, habrá menos sufrimiento en tu existencia y en la de otros. Aceptando no salirme siempre con la mía, me vuelvo funcional a un sentido que me excede, a algo mayor.

—¿Es el tiempo del misticismo y ya no de las religiones, entendidas como antiguas estructuras?
—Nunca un místico te va a decir lo que tenés que hacer ni lo que quiere un dios determinado, porque el místico acompaña la exploración del misterio y te invita a participar con el mismo asombro con el que él mismo participa. Con conciencia, claro, porque si no, como todo es misterio, todo vale. Por eso existen las religiones, que son como un rebaje de lo místico para que ese misterio resulte asimilable, porque explica y brinda garantías que, en realidad, es imposible dar: “Si hacés esto, te vas al cielo”. No. La mística no necesita sacerdotes que transmitan la voluntad de un dios, porque entiende que a la espiritualidad cada ser la experimenta en sí mismo.
—¿Cuál es la amenaza en este tiempo en el que, como decís, las certezas se derriten?
—La polarización. La identificación absoluta con un polo para negar al otro e incluso sentir la necesidad de eliminarlo. Porque este Neptuno, el planeta regente de Piscis, que cerró un ciclo de 164 años para entrar en Aries, nos puede llevar a polarizarnos por creencias, a matar para “purificar”. Ese es el lado oscuro pisciano: el santo inquisidor, los fundamentalistas que se inmolan, el hechizo de una visión redentora capaz de salvar al mundo. Asimismo, este momento convoca a conmoverse ante lo que uno abomina, a dejarse atravesar por el dolor ajeno aunque el otro no piense igual, a no reducir lo humano al propio sistema de creencias.
—Urano, a su vez, ingresará en Géminis, lo cual será todo un desafío a nivel de nuevas ideas y formas de comunicación.
—Urano es la evidencia de que tengo que soltar algo que hasta ahora me constituía. Pero el ser humano se quiere preparar y dice: “Bueno, está bien, voy a soltar, pero necesito unos meses para organizarme” y entonces Urano, el planeta del cambio, le avisa que hay que hacerlo ya mismo, de manera abrupta, porque es el rayo que cae y lo cambia todo. Entonces, en un primer momento, aparece una sensación de vacío, que es cierta: sí, hay una versión de uno mismo que ya no existe más. A su vez, el regalo uraniano es que ese vacío es la condición necesaria para que nazca algo nuevo en nuestra vida.
—¿Qué podemos hacer frente a eso que no controlamos?
—Confiar. Es la oportunidad de dejar de vivir intoxicados de pasado, solo porque ese pasado nos da sensación de seguridad. Una seguridad que, por cierto, es falsa, como querer quedarse para siempre en la casa de los padres, cuando en realidad vas a crecer y algún día te vas a ir de ahí. Lo importante es saber que no hay forma de prepararse para el salto de Urano. Lo que podemos hacer es aprovecharlo, porque es, también, el rayo de la intuición. Es esa vocecita que te dice: “Es por acá” y uno no está seguro, pero sabe que tiene que ir hacia ese lugar.

Frente a lo que se derrumba, vale, a modo de cierre, esta cita de su último libro, Planetas, personalidad y alma (Kier, 2025), donde el astrólogo invita a encarnar la transformación con el alma abierta: “Todos buscamos superar el dolor y acercarnos a la felicidad. Y esa búsqueda convoca —sin alternativa, sin opción— a ser creativos y a dejar atrás modos de estar instalados en nuestra existencia”.
Años antes, al publicar su abordaje astrológico sobre el arquetipo del sanador herido en Quirón y el don de la herida (Kier, 2019), compartió de modo conmovedor cómo la muerte de su hija lo obligó a traspasar el portal de lo irremediable, para alumbrar una nueva versión de sí mismo: «Zoe abrió en mi conciencia el registro de una fragilidad humana que desconocía, o que había reprimido y bloqueado. Provocó un contacto más íntimo con ese rasgo vulnerable que convive con la valentía y la templanza —también humanas— para seguir de pie, heridos y renovados de gracias, aceptando el dolor sin reproches y descubriendo, con él, una dimensión auténtica de la vida, tan plena y real que conmueve hasta las lágrimas».
Un don que todos tenemos y que, de cara al enorme reto que supone vivir en este mundo herido, estamos llamados a descubrir para poner a disposición.
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Excelente entrevista. Lodi siempre nos da lugar a pensar, sentir y emocionarnos. Una maravilla leerlo.
Dónde se puede oir?
Dónde se oye? Gracias
Excelente entrevista!
Es siempre tan exquisito leer a Lodi y más aún cuando está tan bien entrevistado! Evidentemente es un astrofilósofo. En estos tiempos donde todo se desdibuja el aporta con trama sutil al factor esperanza✨️
No entiendo que ocurre! Entro en la nota de Alejandro Lodi, la quiero escuchar no me deja, me pide que abra sesión ! Abro sesión, y cuando vuelvo a la nota ya no está el botón para escuchar ! ??????? No lo entiendo !!!
Excelente entrevista!. Invitadora a la reflexión