“Hay que parar la cabeza”. Facundo Pereyra, el médico influencer que propone escuchar nuestros síntomas - Sophia Online

Salud

“Hay que parar la cabeza”. Facundo Pereyra, el médico influencer que propone escuchar nuestros síntomas

En charla con Sophia, el reconocido gastroenterólogo comparte por qué la ciencia, los hábitos, las emociones y la espiritualidad deben entrar en diálogo.

POR Karina Bianco

Vivimos una carrera donde las obligaciones laborales y personales y la prisa constante marcan el compás. En ese torbellino, aunque hay síntomas que nos piden parar, no siempre les hacemos caso. Y es allí donde la medicina tradicional suele buscar la respuesta rápida en un comprimido, olvidando que somos esa trama indivisible que requiere una respuesta integral. 

El cuerpo siempre nos habla: una migraña que regresa, una fatiga persistente, el intestino que se inflama, un dolor que no termina de desaparecer. Entonces buscamos una explicación, un diagnóstico, un tratamiento y muchas veces intentamos silenciar esas señales, en vez de escucharlas.

Por eso, el doctor Facundo Pereyra, médico gastroenterólogo y clínico, propone ampliar la conversación sobre la salud para volver a mirar al ser humano como una trama en la que cuerpo, emociones, hábitos y vida espiritual se encuentran en una interrelación permanente. Algo de lo que habla en Agotados, guía práctica para eliminar el cansancio crónico (El Ateneo), su nuevo libro.

Es que, para él, la curación real no se agota en el consultorio. Su mirada expandida invita a regresar a lo esencial: desinflamar el cuerpo para sanar el alma; aquietar la mente para devolverle el equilibrio al organismo. 

«La vida espiritual ayuda a regular el bienestar emocional», afirma con convicción. No habla de la espiritualidad como una abstracción mística desvinculada de la biología, sino como un pilar de la salud que regula nuestras emociones y disminuye la vulnerabilidad al estrés. 

Según explica, estas prácticas actúan como bálsamos que permiten salir del círculo del egoísmo y la competencia diaria, porque fomentan la desconexión del ruido externo para lograr una unión profunda con el todo. «Para descansar la mente y bajar el estrés, es muy importante conectar en algún momento con algo que permita parar la cabeza —explica y señala que él mismo medita todos los días—. Amo meditar». 

Debido a su mirada integrativa, una comunidad de más de 2 millones de personas lo sigue en Instagram.

El camino compartido

Detrás de su búsqueda, hay un legado familiar. Estudió medicina guiado por la influencia de su padre, Juan Carlos Pereyra, pionero de la gastroenterología en la Patagonia y un médico apasionado por aquellos pacientes que, luego de atravesar distintos tratamientos, seguían sin encontrar respuestas a sus dolencias

“Siempre tenía una gran curiosidad por estudiar y entender cómo podía ayudarlos”, recuerda Pereyra. Después de formarse durante catorce años —primero con la residencia de Medicina Clínica en el Hospital de Clínicas y luego con la de Gastroenterología en el Hospital de Gastroenterología Carlos B. Udaondo—, su padre le mostró el resultado de una investigación que cambió su forma de ver el ejercicio médico.

Juntos se interesaron por pacientes con dolencias digestivas y extradigestivas que convivían desde hacía años con distintos malestares y obtenían pocas respuestas de los tratamientos tradicionales. Así fue como Pereyra se acercó al estudio del síndrome del intestino permeable, una línea de investigación que busca comprender la relación entre alteraciones intestinales y procesos inflamatorios en otras partes del organismo.

“Descubrimos que existen soluciones que pueden complementar a la medicina tradicional”, sostiene. Una investigación que, aclara, continúa en desarrollo y cuyo reconocimiento dentro de la bibliografía médica convencional todavía requiere un largo camino de investigación.

A partir de esa experiencia, su propuesta buscó integrar herramientas de la gastroenterología clásica con otros abordajes, convencido de que mirar solamente el síntoma podía resultar insuficiente para comprender la complejidad de una persona.

Así desarrolló su enfoque clínico —el programa MDB15 o B15—, que propone integrar herramientas de la gastroenterología clásica y de la medicina funcional a través de cambios en la alimentación y un protocolo de acompañamiento profesional. Su objetivo es abordar distintas dolencias que pueden estar vinculadas con procesos inflamatorios y con la salud intestinal.  

Con una premisa simple pero profunda a la vez: para empezar a sanar, hay que escuchar lo que el cuerpo está intentando decir.  

Lo femenino, un templo

En la compleja red que une el sistema endocrino con el digestivo, las mujeres transitan caminos especialmente sensibles. “La mujer es quien más sufre las consecuencias de una mala alimentación debido a los balances hormonales, que afectan directamente la permeabilidad del intestino”, detalla el médico.

Esta vulnerabilidad se traduce, según explica, en una mayor prevalencia de enfermedades autoinmunes, trastornos anímicos, migrañas y síntomas digestivos crónicos. El desafío se intensifica en la menopausia. Durante esta transición, los cambios hormonales pueden modificar la microbiota intestinal y, a su vez, repercutir sobre distintos aspectos de la salud.

Frente a esto, propone dos pilares: alimentación real y ejercicio de fuerza. “La mujer necesita muscular más que el hombre, porque el músculo es un protector de las hormonas, del estado metabólico y previene la osteoporosis”. 

Asimismo, sugiere probar un proceso de “reseteo” o eliminación de determinados alimentos durante un período breve, para observar cómo responde el organismo y detectar posibles intolerancias o alimentos que generan malestar.

Volver a las plantas, las grasas saludables, las proteínas y las especias es, para él, una forma de devolverle al intestino su integridad y su paz.

Agotados (El Ateneo), su nuevo libro, propone brindar las claves para eliminar el cansancio crónico.

La ciencia del hábito pequeño

Frente a la inmensidad de cambiar de vida, solemos abrumarnos. Queremos transformar todo de un día para el otro y terminamos abandonando por frustración. El secreto de una verdadera transformación, destaca el médico, está en la humildad del primer paso. «Lo más fácil es hervir un huevo», dice con una sonrisa práctica. Ese gesto, tan simple, introduce proteínas de calidad y desplaza el ultraprocesado. 

El siguiente paso es elegir qué guardar en la alacena, desterrando galletitas, jugos artificiales y dulces que tientan en momentos de vulnerabilidad. «Hay que limpiar la alacena para que nuestra casa sea un santuario», señala el especialista. 

Sin embargo, para él el bienestar no se construye sobre la rigidez. Por el contrario, considera que los extremos suelen ser el preludio de trastornos como la ortorexia, esa obsesión por comer sano que nos termina aislando socialmente. Por esa razón, enfatiza en la importancia de los «permitidos semanales»; pequeñas concesiones que podemos darnos para no sentir el peso de las prohibiciones.   

La flexibilidad es, también, una forma de salud mental. Para construir hábitos duraderos, la clave es la repetición constante y progresiva. No se trata de correr una hora diaria desde el primer día, sino de caminar una vuelta a la manzana. Tampoco se trata de pasar una hora en el gimnasio todos los días, sino de ir primero dos veces por semana hasta que el cuerpo incorpore la rutina”, destaca. 

Para Pereyra, la repetición es la base del éxito en todo. “Al principio cuesta, pero cuando lo lográs se convierte en rutina y ahí empiezan las cosas lindas», reflexiona, derribando el mito de que se necesitan meses de esfuerzo desmedido para cambiar. A veces, con una sola semana de constancia, la resistencia interna empieza a ceder. 

Para Pereyra, la escucha atenta es clave en la construcción de un vínculo de confianza con el paciente.   

Cuando medicina también necesita escuchar 

Es un hecho que el panorama de la salud enfrenta grandes desafíos. El sistema de obras sociales obliga a muchos médicos a atender a los pacientes apenas unos minutos por hora para subsistir. Como consecuencia, la persona que acude a la consulta no siempre se siente escuchada y se rompe el lazo de confianza. «La gente necesita una oreja», reconoce, rescatando la dimensión humana del encuentro médico-paciente. 

En este contexto, donde la tecnología y la inteligencia artificial emergen como aliadas extraordinarias, aparecen también algunas preguntas sobre su impacto en la consulta médica. Mientras que la IA permite acceder a información científica calificada en segundos o analizar síntomas complejos, también impulsa la autogestión de la salud, lo cual puede ser peligroso, ya que la gente tiende a automedicarse. 

Lejos de molestarse cuando alguien llega al consultorio diciendo «lo leí en Google» o consultando sobre un suplemento natural, Pereyra lo celebra como una toma de control activa por parte de la persona. «Los médicos tenemos que estar informados y tener la humildad de aceptar que el paciente investigó. Está buenísimo que se nos desafíe», afirma. 

Aprender escuchar la sabiduría de la naturaleza (como la suplementación consciente con magnesio o creatina, por ejemplo, que protegen los huesos y el cerebro) y abrirse a medicinas no tradicionales, para él son parte de la evolución que la medicina necesita, para ver al ser humano como un todo biopsicosocial y espiritual.

Detrás del éxito masivo de sus libros y de su programa de reseteo, y de las charlas multitudinarias que brinda, el reconocido gastroenterólogo sabe que el verdadero motor de su trabajo son los testimonios de personas que, tras años de migrañas, urticarias o tristezas crónicas, encuentran el alivio simplemente cambiando lo que ponen en su plato y empezando a meditar

Sanar no es un milagro instantáneo ni un destino rígido; es una conversación diaria con nuestro cuerpo, una búsqueda espiritual que nos invita a parar la cabeza, a habitar el presente para elegir, cada día, el autocuidado como el acto de amor más profundo que podemos ofrecernos a nosotros mismos. Para Pereyra, esa es la clave para aprender a habitar el cuerpo de una manera más consciente. 

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