11 de marzo de 2026
Fue hace más de cuarenta años que el psicólogo y autor Richard Tedeschi (82) sintió esa inquietud que impulsó su camino como terapeuta e investigador: entender cómo las personas se vuelven más sabias tras atravesar el dolor.
En una primera instancia, sostiene que esa pregunta intuitiva fue la raíz de todo. Pero luego se anima a buscar más atrás, y reaparece el recorrido en ambulancia a sus 17 años, su padre muriendo en la camilla, la incredulidad de los enfermeros al decir que había sido todo tan “de la nada”. Vuelve, también, el diagnóstico de leucemia de su novia y prometida. Dos pérdidas repentinas, una tras otra.
“Fue un shock. Todavía recuerdo cómo se sintió”, dice Tedeschi. Por un momento se detiene, como si en esa pausa recuperara los retazos de aquel tiempo, y luego reconoce que aunque la psicología le interesó desde siempre, esos hechos lo acercaron a comprender mejor el padecimiento humano.
A lo largo de su carrera se dedicó a trabajar con grupos de personas que sufrían debido a situaciones traumáticas, particularmente con padres que perdían a un hijo o jóvenes que quedaban paralizados luego de un accidente. Junto a su colega y coautor, Lawrence Calhoun, buceaban en ese interrogante inicial: ¿cómo era posible que la gente se sintiera más despierta y disponible a vivir luego de transitar situaciones tan terribles?
Tras años de investigación, a mediados de los noventa los terapeutas acuñaron el término de “crecimiento post traumático”, entendido como todos los cambios psicológicos positivos que se experimentan como resultado de la lucha con los desafíos y secuelas que deja el trauma.
“Un trauma no se mide según cuán malo se considera lo que sucedió —aclara el autor —. Es cualquier tipo de evento que socava nuestro entendimiento sobre nosotros mismos, nuestras vidas y el mundo, y que trastoca la manera en que solíamos comprender las cosas”.
La desesperanza, la tristeza, el aturdimiento interior. En esos agujeros negros del alma se involucra como terapeuta, con el propósito de acompañar a sus pacientes a empezar una nueva vida. Una vida con sentido renovado.
Jerry es un hombre parapléjico de 34 años que lleva 8 discapacitado tras un accidente de auto. La mayoría de las personas asumirían que este fue el evento más traumático de su vida. Pero él lo ve de otra manera.
“Cuando hablé con Jerry recuerdo que me decía que su vida iba hacia una calle sin salida. Estaba consumiendo muchas drogas, distanciado de su familia. El accidente detuvo su vida y se dio cuenta de que tenía que hacer algo de manera diferente”.
El caso delineado es solo un ejemplo de las situaciones con las que el psicólogo trabaja a diario, y con él abre el libro Trauma and Transformation: Growing in the Aftermath of Suffering (1995), una de sus obras sobre el crecimiento post traumático.
“Estos sucesos operan como si fueran oportunidades. Muy a menudo les dan a las personas la posibilidad de tomar otro camino. Es como un desvío: venís caminando por una ruta y de pronto se corta y tenés que tomar otra que nunca hubieras imaginado”, comparte Tedeschi.
Son procesos difíciles, no lo niega. Se trata de tiempos oscuros que pueden durar varios años y donde se experimenta mucho sufrimiento. “Actualmente se habla de la resiliencia, pero el problema es que minimiza lo difícil que es lidiar con todo esto. El término ‘crecimiento post traumático’ suena muy lindo, pero es realmente una lucha”.
Según explica en el libro, existen algunos factores que ayudan a los pacientes a atravesar sus tormentas: las creencias propias basadas en una fe o espiritualidad sólidas, el trabajo terapeútico, y el apoyo entre pares en grupos de ayuda, son algunos ejemplos. Pero el que posiblemente sea el más importante de todos, asegura Tedeschi, son las personas que los rodean.
“Los llamamos ‘compañeros expertos’. Son aquellos que creen en vos cuando te está costando creer en vos mismo, que están dispuestos a acompañarte, que ven tu valor y están a tu lado en los peores momentos. A veces son las personas más inesperadas”.
En el caso de Jerry, fueron su familia y un médico que lo impulsó a trabajar con otros pacientes paralizados como él. Después de un tiempo de recuperación, Jerry volvió a estudiar para convertirse en consejero de rehabilitación y hoy lidera grupos de personas con discapacidades. Asegura haber encontrado su propósito en la vida.
“En estos años he visto todo tipo de casos y me sorprende cómo las personas logran salir adelante. Me da esperanza”, comparte el psicólogo.
Cuando nota que alguno de sus pacientes está estancado, que no consigue ver la luz y que la desmotivación lo habita por completo, no pierde la fe. Más bien mantiene presente la idea de que no es el final de la historia y de que, quizá en un mes o en tres años, la cosa cambie.
“Hay que mantenerse abierto a la posibilidad de que su futuro será mejor. He aprendido que sencillamente no podemos cerrarnos a eso demasiado temprano”.
Dice Tedeschi que el potencial para transformarse se encuentra en todos. No siempre se puede, no a todos los acompañan las mejores condiciones; pero la virtud para trascender la experiencia y convertirse en alguien nuevo, es innato al ser humano. Y muchas veces, cambia por completo su manera de percibir la realidad.
“En relación a lo existencial y espiritual, lo que empiezan a percibir los pacientes tiene que ver con el sentido de su vida. Comienzan a comprender que son parte de un plan mayor; cambia su noción de lo que significa ser humano”.
Cree que posiblemente este sea el el regalo más valioso del crecimiento postraumático: entre quienes atraviesan el arduo camino de sanar, brota una nueva consciencia dotada de empatía, compasión y gratitud, que a su vez posibilita nuevas formas más profundas de ser, de relacionarse con otros y de experimentar la vida.
Resalta, por ejemplo, que es común ver cómo en los pacientes nacen unas genuinas ganas de ayudar a los demás, se expanden las fronteras de la percepción sobre sí mismos, su poder y potencia. Abrazan la existencia.
“Estos desafíos nos invitan a rearmarnos. Eso implica ganar sabiduría y adquirir una comprensión más profunda de todo, para volvernos más conscientes acerca de cómo estamos viviendo nuestra vida, en vez de vivirla inconscientemente”, señala.
En lugar de buscar el sentido de la vida, a Tedeschi le gusta pensar que lo creamos; que podemos decidir cómo vamos a usar nuestro tiempo y qué impacto queremos dejar en el mundo y en los demás.
La montaña, los caballos, los paseos al aire libre y la música. Son esas las cosas que más aprecia de la vida. “Y conectar con las personas —agrega —, es maravilloso estar alrededor de personas extraordinarias”.
Le asombra la fe de sus pacientes. Lo conmueve el poder de transformación. Reconoce haberse sentido sostenido por una fuerza invisible durante sus propias tormentas, aunque admite que no comprende exactamente de qué se trata todo eso.
“Existe toda otra manera de entender la vida, nuestras almas, que es mucho más grande de lo que puedo llegar a entender”, dice decidido a mantenerse abierto al misterio.
“A medida que me vuelvo mayor, intento prestar más atención a estar presente, a notar las cosas más simples y cosechar la alegría que brindan. Creo que esa es la idea central sobre la apreciación de la vida: sencillamente estar agradecido por aquello que, si no nos detenemos a mirarlo, tomaríamos por sentado”, reflexiona antes de despedirse, listo para continuar con su camino.
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Vivir en la fe y hacer de nuestra existencia un camino de luz para uno mismo y para los demás. Gracias Sofia por compartir este pensamiento