Por qué queremos tanto a Jane Austen: la escritora Juana Libedinsky reflexiona sobre una devoción inagotable - Sophia Online

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Por qué queremos tanto a Jane Austen: la escritora Juana Libedinsky reflexiona sobre una devoción inagotable 

Agustina Rabaini

A 250 años del nacimiento de la escritora Jane Austen, la periodista Juana Libedinsky celebra su obra e indaga en el misterio de una autora que mantiene su vigencia a través del tiempo.

POR Agustina Rabaini

Fueron varios los años en que la periodista Juana Libedinsky pasó inmersa en la obra de Jane Austen, su autora favorita, hasta escribir Queremos tanto a Jane (Seix Barral). Un libro que celebra la creatividad y la fineza de una novelista que ha resistido el paso del tiempo como una presencia imborrable dentro del canon occidental. ¿Cómo logró Austen mantener su vigencia, atravesar los siglos y conquistar a lectoras y lectores novísimos? Fuimos a preguntárselo a Libedinsky durante su última visita a Buenos Aires, pocos días antes de que se cumplan 250 años del nacimiento de esta autora clave para la literatura mundial.  

Libedinsky, que vive en Nueva York y está casada con un argentino, nos recibió sonriente, con medias estampadas con el rostro de Austen y la alegría inconfundible de la lectora apasionada que es. Quienes la hayan leído durante años en sus columnas de La Nación, saben que también se considera a sí misma una “Janeite”, como se conoce hoy a las admiradoras de la autora de Orgullo y prejuicio, entre otras novelas icónicas.

“Janeites, así nos llaman”, explica la periodista. El término —en uso desde el siglo XIX— designa a quienes sienten una conexión emocional profunda con las novelas, los personajes y el universo moral de Austen. “Tiene un matiz de burla por los excesos de esa devoción —aclara—, pero también un fuerte componente de orgullo por la pertenencia”. De ese modo nos introduce al mundo del que forma parte desde niña, cuando cayó rendida ante Austen en la biblioteca de su tía Sylvia —Shummy—, que la esperaba con té inglés, scones y libros de historias de protagonistas femeninas que no encontraba en las pilas amarillas de otros libros que también leía: los de la colección Robin Hood. 

“La primera vez que la leí fue en inglés y me volvió loca. Era algo que no había visto hasta entonces. Historias de chicas inteligentes, pero que no eran huérfanas pobrísimas ni princesas, que luchaban contra las restricciones de la épica y encima terminaban con un galán soñado. Pero Shummy no tenía todas las novelas de Austen, y algunas, entonces, fui leyendo en castellano. Eran los tardíos 70, y fue un poco un baldazo de agua fría, porque lo que me resultaba más atractivo —el uso de la ironía, la crítica social y la sátira potente, pero nunca despiadada— estaba suavizado, cuando no eliminado, y era un puro romance como tantos. Las formas en las que hablaban me resultaban ajenas; recién con el tiempo fueron llegando traducciones más cercanas. Pronto se publicará una nueva traducción de Sensatez y sentimientos realizada por Eleonora González Capria, una versión prologada y anotada, lo cual abre muchísimo el panorama…”. 

Fanática de Austen, del periodismo cultural y —como confiesa— del romance y de la música, Libedinsky escribió Queremos tanto a Jane, un libro que combina relatos breves, crónica y una indagación sobre la vigencia cultural de la autora inglesa. Como escribió Harold Bloom: “La gran fuerza de las novelas de Austen es su frescura perpetua, el placer inagotable que dan”. Libedinsky coincide: “incluso los personajes secundarios de Austen tienen dentro suyo novelas enteras”, y agrega con esa misma lucidez que admira de la escritora inglesa: “que no haya personajes extras es una buena lección también para la vida real”. 

Luego de leer, releer y comparar traducciones, Libedinsky retoma la obra y analiza en su libro el fenómeno cultural que Austen despierta. Desde Londres, Bath y Chawton, hasta Nueva York y Buenos Aires, traza una cartografía sentimental hecha de humor, erudición y viajes. Se especializó en la autora británica durante una maestría en Sociología de la Cultura y su curiosidad la llevó al fandom internacional: asistió al Jane Austen Society of North America General Meeting 2025 (JASNA GM), la mayor comunidad de lectores austenianos del mundo —más numerosa que su par inglesa—, donde conviven académicos, devotos y entusiastas de los bailes de época. También cubrió el gran evento organizado en Buenos Aires el invierno pasado por la Jane Austen Society de Argentina: un baile de la Regencia que convocó a decenas de personas vestidas de época en el Colegio San José, de Balvanera. “Descubrí que, más allá de la lectura íntima, existe una comunidad enorme, con un componente performativo muy fuerte”, dice.

Claro que también ayudaron mucho las películas: Orgullo y prejuicio fue llevada al cine varias veces —la versión más celebrada es la de 2005, dirigida por Joe Wright y protagonizada por Keira Knightley y Matthew Macfadyen— y Persuasión, por mencionar una más, fue adaptada en distintas épocas, con versiones como la de 1995 (Amanda Root y Ciarán Hinds) y la más reciente, de 2022, con Dakota Johnson. 

—¿Cómo llegaste a ser una Janeite y a esta inmersión apasionante? 

—Bueno, soy una lectora omnívora desde siempre. Leo todo lo que me ponen delante, pero Jane Austen ha sido una pasión total. Soy muy sociable y siempre pensé que el límite era la lectura, esta relación con la letra impresa que implica un cierto aislamiento por definición. Por supuesto que sabía de la discusión académica colaborativa que se puede tener con un texto y lo lindo que es compartir en un club de lectura lo que nos gusta, pero lo que me ocurrió al investigar para este libro fue descubrir que había otra gente que sentía lo mismo que yo, la cantidad de lectores que tienen un vínculo afectivo con una autora que nació hace 250 años; una gran comunidad con códigos propios. Y quise investigarlo: ¿por qué sigue vigente? ¿Por qué nos gusta tanto? ¿Por qué hay tanta gente que se disfraza para recrear su mundo?

—El libro se fue escribiendo incluso antes de que empezaras…

—Sí, simplemente por fan de toda la vida, y porque parte de ese fanatismo se me escapaba ocasionalmente en mis columnas en La Nación y en los dos libros anteriores que escribí, English breakfast. El pensamiento británico hoy y Cuesta abajo. De hecho, mis dos editoras anteriores, adoradas, ahora vinieron a decirme que siempre supieron que, eventualmente, escribiría algo como Queremos tanto a Jane. También en lo académico se me había escapado un poquito. Mi tesis en una maestría en Sociología de la cultura fue sobre el uso de la lectura en Jane Austen, y colaboré, un tiempo, con la eminentísima socióloga Francis Korn, que era aún más fanática que yo. Ella falleció hace poco y me acaban de regalar el retrato de Jane Austen que tenía en su casa Es un tesoro y me muero de la emoción de que pase de su escritorio al mío. Porque también me volví fetichista: hasta ahora lo que tenía eran unas velas con la cara del señor Darcy, modelada según la versión de Orgullo y prejuicio con Keira Knightley. No la había tocado, pero antes de venir a la Argentina prendí una, puse el libro al lado e hice mi pequeña ceremonia para que me fuera bien. 

—El libro llega justo para el aniversario de los 250 años…

—Sí, este año hay una gran cantidad de actividades. En Argentina, por ejemplo, la Jane Austen Society organizó en invierno un baile de la Regencia en el Colegio San José, con cientos de personas vestidas de época. Algunos vienen por la literatura, otros por el fandom. Y todo vale. Los eventos son una de las formas de mostrar tu legitimidad como lector y como fan. 

—¿Por qué leer a Jane Austen hoy? 

—Esa es “la” gran pregunta. Austen murió joven, a los 42 años. Su hermana quemó sus cartas y sabemos poquísimo de su vida. Tenemos sus seis novelas canónicas y, sin embargo, su impacto es descomunal, comparable casi solo con Shakespeare. Las películas ayudaron a difundirla y a instalar la dimensión romántica, pero después aparecen otras cuestiones: ¿era una conservadora o una radical? ¿Defendía la patriarquía o era una protofeminista extraordinaria? Jane Austen funciona como un espejo en el que personas con visiones muy distintas y hasta opuestas, pueden verse reflejada y a la vez salir a cuestionarse el mundo. 

Y al mismo tiempo no hay novela de Austen que no termine en una boda

—Exacto, de vuelta, el juego de opuestos. Hay críticos actuales que señalan que es difícil encontrar matrimonios exitosos en sus novelas. Al mismo tiempo, escribe dentro de las reglas de la comedia romántica, por lo que las historias siempre terminan en boda. Se dice que Austen es una autora que trae “revoluciones dentro de una taza de té”. No es como las novelas de las hermanas Brontë, donde tenés a los personajes gritando como locos. También hay que decir que muchas estructuras románticas y arcos narrativos contemporáneos ya estaban en Austen. Por ejemplo, el arco de ‘enemigos-amantes’ de Orgullo y Prejuicio fue tomado, de forma más o menos explícita, por El Diario de Bridget Jones, la serie Crepúsculo y hasta en las Cincuenta sombras de Grey

—¿Jane Austen o las Bronté?

—Soy gran fan de las Brontë, pero creo que lo que las diferencia es algo profundamente temperamental. Me gustan los escritores que guardan una cierta distancia, que usan la ironía y que no se sabe si se están riendo de vos o con vos. Este slow burn, la pasión que te va comiendo por dentro y que uno siente al leer a Jane Austen… hay algo que se va quemando lento. En las Brontë hay personajes masculinos que, por más sexy que sean, son personas horribles; uno de ellos podría ser directamente un asesino.

—¿Hay algo que incomode al leerla hoy?

—Cada vez la admiro más, pero me interesa pensar y entender lo que se le critica. Por ejemplo, que no haga suficiente mención a la esclavitud en sus novelas. En Mansfield Park toca muy tangencialmente el tema, porque la familia protagonista tiene su origen en la isla de Antigua, en el Caribe, donde había esclavos, y el dueño de casa —un ser bastante horrible— tiene plantaciones. ¿Tendría que haber sido más explícita y escribir más, hacer una condena abierta? En Emma menciona al pasar que alguien robó una liebre y que eso sucedió porque “se cerraron las tierras al pastoreo” y esto implicaba que la gente del lugar cayera en la pobreza por no poder cazar libremente. De nuevo: ¿tendría que haber sido más explícita en cuanto a los prejuicios de los cambios agrarios de su época? Algunos dicen que mostrarlo indica que estaba atenta a lo que sucedía y otros dicen que no es suficiente. En mi caso, defiendo el derecho a la ficción. Ella no estaba escribiendo propaganda política o ideológica, pero aplaudo que de manera sutil lleve a reflexionar sobre mucho más de lo que uno imaginaba al tomar sus novelas por primera vez. 

¿Tenés un personaje o novela favorita de Austen?

—Hay tres que van cambiando de puestos en mi podio personal. Orgullo y prejuicio, con su protagonista, Elizabeth Bennet, tan inteligente y divertida, que aun con sus fallas siempre es valiente y está dispuesta a pelear por lo que quiere. Después, Emma, por su estructura narrativa y su crítica social. Y Persuasión, porque es “la” novela de las mujeres maduras y de las segundas oportunidades: permite saber que siempre se puede seguir apostando al amor. 

¿Cuántas veces viste las adaptaciones al cine? Una de ellas fue con Tato, tu hijo, según nos deja saber tu libro… 

—Deben haber sido unas setecientas mil, en todas las versiones (se ríe). 

¿Podés compartir alguna anécdota de los eventos del fandom?

—En Estados Unidos la comunidad está muy organizada: la Jane Austen Society of North America hace un gran evento anual y podría mencionar que, una vez, el auspicio lo puso una marca de lencería. Llegabas al hotel —académicos de las universidades más famosas o simplemente un fan que se enganchó con una de las películas— y tenías una tanga de encaje negro con una nota manuscrita con un número, firmada por Willoughby, el seductor inescrupuloso de Sensatez y Sentimientos. Si llamabas, escuchabas su voz con un acento británico irresistible que te recordaba que no dejaras de anotarte para la conferencia del año siguiente. Esa mezcla de humor, ironía, cultura pop y tradición es maravillosa.

¿Hay algo más que te haya sorprendido de esta incursión en el universo Austen?

—Su democracia. Es una escritora que les da algo a todos, sin distinción. Desde académicos que le dedicaron un posdoctorado, hasta lectores que llegan por primera vez desde el cine o el cómic. Todo es válido. Y aunque Austen puede ser muy irónica y muy astuta, siempre me inspira bondad: tiene un gran corazón.

***

Juana Libedinsky. Nació en Buenos Aires en 1973. Es columnista de La Nación (Argentina) y corresponsal cultural en Nueva York de El País (Uruguay). Graduada de la Universidad de San Andrés, realizó maestrías en Sociología de la Cultura en la Universidad Nacional de San Martín y en Reportaje y Crítica Cultural en la Universidad de Nueva York. Fue New York Observer Fellow en la Universidad de Nueva York y Wolfson Press Fellow en la Universidad de Cambridge. Es la autora de English Breakfast. El pensamiento británico hoy (2006) y Cuesta abajo (2024). Su trabajo fue publicado periódicamente en Vanity Fair y Condé Nast Traveler en España. Es profesora de la maestría en Periodismo Cultural de la Universidad San Pablo de Madrid.

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