Otto Scharmer, académico alemán: “Es urgente reconectar la educación con la esencia de lo humano” - Sophia Online

Educación

Otto Scharmer, académico alemán: “Es urgente reconectar la educación con la esencia de lo humano”

Gentileza Ankyra

Profesor del MIT y creador de la Teoría U, habló con Sophia de la necesidad de entrenarnos en la atención y las habilidades relacionales.

POR Carolina Cattaneo

“Me encanta la cantidad de alumnos que hay hoy aquí”, se entusiasma el académico alemán Otto Scharmer sobre el escenario de un encuentro dedicado a explorar el sistema educativo desde dentro. Convocado por la organización Ankyra, una incubadora de desarrollo humano, el hub contó con la presencia de Scharmer —docente del MIT, en Estados Unidos— como referente en el mundo de la innovación y el cambio en los ámbitos académicos, el mundo corporativo y la sociedad. 

Creador de la Teoría U y cofundador del Presencing Institute, Scharmer planteó el estado de cosas en el mundo y un modelo posible anclado en el pensamiento sistémico para enfrentar la llamada policrisis: atravesamos, según él, tiempos complejos, marcados por la brecha ecológica, la brecha social y la brecha espiritual.  

“Estamos llamados a seguir aprendiendo, la complejidad amerita que trabajemos todos juntos”, señaló el hombre que asegura haber seguido un recorrido profesional marcado fuertemente por una familia de granjeros pionera en el uso de prácticas regenerativas en agricultura. De ahí que se refiera a la necesidad de contar con “herramientas para cultivar el suelo social”, entre otros conceptos que compartió con el público durante una jornada que incluyó mesas redondas y debates grupales. 

Uno de los momentos del día fue el de la charla entre Scharmer, la ministra de educación porteña, Mercedes Miguel, dos alumnos de escuelas secundarias y Violeta Lacroze, representando a Ankyra. En ese intercambio, Scharmer lanzó al público la pregunta de qué conversaciones ya no se pueden seguir postergando en lo que a educación respecta, y una gran nube de palabras proyectada sobre pantalla gigante dejó en evidencia los principales desafíos que enfrentan las aulas hoy: salud mental, inclusión, propósito y sentido, entre otras.

Que los docentes necesitan más entrenamiento, pausa y autoconocimiento así como que es preciso darles lugar a los jóvenes para expresarse e invitarlos a colaborar en la construcción de un sistema educativo que los incluya fueron una de las bajadas principales que compartió con el auditorio. También, que las estadísticas muestran que hay mucha intención personal pero una pérdida paulatina de acción colectiva. “¿Cómo organizamos el aprendizaje y el liderazgo en función del futuro emergente? Conectando con la intuición, nuestro saber profundo. ¿Cuál es mi tarea? ¿Quién soy? ¿Cuál es nuestro sentido de propósito?”, dijo, invitando a observar el rol docente (y cada rol individual, en general) para disparar la reflexión. 

Para Scharmer, uno de los principales desafíos educativos hoy es organizar el aprendizaje alrededor del no saber, de la incertidumbre, el rasgo predominante en un presente complejo, signado por el cambio tecnológico acelerado, y en un futuro imposible de vislumbrar. “Tenemos que ser capaces de tolerar la incomodidad”, recomendó.

La metáfora del iceberg

Desde el modelo de la Teoría U, Scharmer señala que allí donde hay un problema, es preciso “entender las causas raíces”. Utiliza la metáfora del iceberg para referirse a que solo vemos un 11% de la realidad. El resto, queda sumergido bajo la superficie. Sin embargo, es clave indagar allí para generar cambios. No solo en el ámbito educativo: su ejemplo es extrapolable a otros terrenos. 

—Es visible la crisis ambiental, de salud mental y de sentido que atraviesa el mundo. ¿Qué parte del iceberg no estamos viendo?

—La parte que todavía no estamos viendo plenamente ni atendiendo es la de la conciencia. Y uso esta palabra con cuidado, porque en algunos contextos, en cuanto la mencionás, perdés a parte de la audiencia. Por eso, a veces uso el término “fuente” en lugar de “conciencia”. ¿Qué es realmente la espiritualidad? Es la fuente de nuestra creatividad. Y eso está muy ligado a la conciencia. Esa dimensión es la que menos estamos percibiendo. Un segundo término relacionado es awareness (darse cuenta). El tercer término es atención. Vivimos en la economía de la atención. Y es el principal problema en las escuelas: la disminución constante de la capacidad de atención. Ese es el problema raíz.

—¿Y cómo se subsana este problema raíz?

—Lo que necesitamos no es adaptar los contenidos educativos a esa capacidad cada vez más reducida, haciéndolos más entretenidos, sino enfrentar el problema directamente: el principal tema que debería enseñarse en las escuelas del futuro es la atención.

El 20 de enero del año pasado, cuando Donald Trump asumió la presidencia en Estados Unidos, ¿quiénes estaban en la primera fila? La clase multimillonaria tecnológica. Son, básicamente, los dueños de las industrias que capturan la atención. 

Antes, el poder estaba en el petróleo y los combustibles fósiles: la explotación de la Tierra. Hoy, en la explotación de la atención, del suelo social. 

Los estudiantes necesitan desarrollar su creatividad en un mundo donde las industrias que capturan la atención son cada vez más poderosas, donde la distracción organizada es cada vez más sofisticada y explota nuestras vulnerabilidades.

Por eso necesitamos mejorar nuestros sistemas de defensa y nuestros sistemas de navegación.

—¿A qué se refiere con “sistemas de navegación”?

—Me refiero a que necesitamos aprender a dirigir nuestra atención de manera alineada con nuestras intenciones. La atención es el concepto base, mientras que el awareness comienza cuando empezamos a prestar atención a nuestra propia atención. Cuando empezamos a observar cómo prestamos atención, desde un meta nivel, y vemos si está alineada con nuestra intención o no lo está.

Cualquier práctica de meditación entrena eso. ¿Y qué es la conciencia de la conciencia? Es una meta-conciencia, un espacio más profundo que sostiene todo, que permite no solo percibir, sino también observar nuestra propia percepción. El espacio desde donde todo emerge. 

Así es como estos tres conceptos —atención, awareness y conciencia— se relacionan entre sí. No hay líder, gerente o docente que no esté lidiando con este tema. Todos trabajamos con eso: es nuestra superficie de trabajo.

—¿Qué puede decir de la pérdida de conexión con la naturaleza y la capacidad de atención? 

—Lo que he visto es que no siempre sucede que cuando llevás a las personas a la naturaleza automáticamente entran en ese estado de conciencia panorámica. Muchas veces, si no se gestiona la atención, las personas siguen pegadas a sus dispositivos.

Las habilidades que antes teníamos de forma natural —en la era previa a los dispositivos y a la IA— se están perdiendo rápidamente. Por eso es tan importante la relación entre atención e intención. Lo que necesitamos hoy es desarrollar las habilidades de metanavegación: aprender a dirigir nuestra atención de forma consciente. La Madre Naturaleza es probablemente uno de los espacios más poderosos para eso. Pero también lo son las artes y las formas de aprendizaje corporales. Son herramientas muy potentes y, al mismo tiempo, subutilizadas en los entornos educativos actuales.

Hoy seguimos educando con currículos diseñados para una sociedad industrial que ya no existe. Debemos crear entornos de aprendizaje donde conectemos profundamente con la Madre Naturaleza, no solo desde una relación sujeto-objeto, sino desde una apertura a múltiples formas de conocimiento.

En la Teoría U, esto se resume en el desarrollo interior: abrir la mente, abrir el corazón y abrir la voluntad. Es un desplazamiento del centro del aprendizaje: de la cabeza al corazón, y del corazón a la acción.

Si miramos lo que pasó en el siglo pasado con la “revolución verde”, vimos cómo las monoculturas destruyeron la biodiversidad: ganancias a corto plazo que terminaron degradando el suelo. Hoy está ocurriendo algo similar, pero en el plano del conocimiento: estamos avanzando hacia monoculturas epistemológicas.

La inteligencia artificial es brillante, pero trabaja principalmente con conocimiento del pasado: toma información existente, la combina, la extrapola. Es poderosa, pero está orientada hacia atrás. Lo que falta son otras formas de inteligencia.

¿De qué inteligencias habla?

—De la inteligencia orgánica, que tiene que ver con cómo los organismos vivos se relacionan entre sí, con múltiples perspectivas coexistiendo en un ecosistema. Y de la inteligencia de la fuente (o inteligencia de origen), que conecta con el nivel más profundo desde donde emerge el conocimiento. Esta última no se basa en perspectivas ni en datos, sino en un campo más profundo donde se disuelve la separación entre observador y observado. Por eso, el desafío es pasar de una cultura de conocimiento basada en una sola perspectiva a una cultura multiperspectiva, y finalmente a una conexión con esa fuente profunda del conocimiento. Ese debería ser el nuevo “currículum”: desarrollar alfabetización en estas tres inteligencias. La IA es solo una de ellas. De hecho, estudios recientes muestran que usar la IA en tareas creativas, como escribir, termina en atrofia, en menor actividad cerebral, peor calidad en los resultados y menor capacidad de recordar lo producido. A esto lo llaman “deuda cognitiva”.

—¿Deuda cognitiva?

Sí. Es como una ganancia rápida, un “subidón de azúcar” como el que produce el chocolate: si eso es lo único que consumís, después pagás un precio. Es una deuda para el futuro. 

Creo que estamos en los comienzos, no se trata de no usar IA, sino de de saber cuándo usarla y cuándo no. Y también de crear entornos de aprendizaje que incluyan naturaleza, arte, prácticas sociales, trabajo corporal y conexión con esa inteligencia de origen, que requiere momentos de quietud.

Muchos jóvenes están buscándolo y se frustran porque no lo encuentran.

No es fácil de crear, por eso necesitamos empezar con ejemplos concretos, conectarlos entre sí y dejar que el proceso crezca de forma orgánica. Es urgente: reconectar la educación con la esencia de lo humano y el florecimiento tanto humano como planetario.

—Usted habla de la «ilusión de insignificancia» y lo define como la creencia errónea de que las acciones individuales o de pequeños grupos no tienen impacto en el sistema en su conjunto. ¿Cómo se fortalece la confianza en la acción colectiva?

—No estoy seguro de que hoy podamos hablar de fortalecer la confianza en la acción colectiva. Siendo honestos, tenemos que admitir que hay mucho sucediendo que en realidad está socavando fuertemente nuestra confianza. Entonces, lo primero es reconocer realmente cuál es la realidad. La acción colectiva nos está llevando a muchos caminos problemáticos, como caminar dormidos hacia una tercera guerra. En muchos campos estamos retrocediendo. Así que yo, como estrategia, empezaría en pequeño. Y empezaría con lo individual. 

—¿Y cómo se ayuda a un hijo, un alumno o un miembro de un equipo a fortalecer la confianza en sí mismo?

—La única manera de darle confianza a alguien es tener plena confianza uno mismo. Si no la tenés, si no la estás encarnando, no podés enseñarla. Tiene que ver con uno, no con el sistema. Ahí es donde empieza. 

La condición fundamental es creer en la posibilidad de tus estudiantes y darles desafíos, incluyendo desafíos de aprendizaje en acción, donde puedan inclinarse hacia adelante y desarrollarse.

Tener esta especie de experiencia “mágica” de que imaginás algo desde la nada, y luego salís y das pasos, y entonces algo que no tenías idea de que tenías la capacidad de crear empieza a nacer. No es exactamente lo que imaginaste, pero es mucho más interesante. Y nunca habría pasado si no hubieras tenido ese acto inicial de imaginar y de dar el paso hacia lo desconocido. Creando microcosmos donde no les estamos dando una clase sobre eso, sino que les hagamos experimentar el poder que tienen de crear y de co-crear. Cuando lo experimentan una vez, entran en una energía positiva que es muy difícil de apagar.

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