Queridos varones: el femicidio no es solo un tema de las mujeres - Sophia Online

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Queridos varones: el femicidio no es solo un tema de las mujeres

¿Por qué los hombres no se sienten parte de la lucha contra la violencia? La conmoción por los femicidios nos desafía a construir una consciencia compartida.

POR Equipo Sophia

Luego del impacto que causó el femicidio de Agostina Páez, de 14 años, en Córdoba, muchas personas en la calle, en las oficinas, en las universidades y en las casas, quisieron hablar sobre el caso para entender cuál es la causa profunda de un interrogante que no parece tener respuesta: ¿por qué un varón llega a golpear, a violar, a descuartizar a una niña o a una mujer como si nada? ¿Y cómo puede ser que la sociedad considere que esos hechos solo involucran a las víctimas?

Hay una escena que puede ayudar a comprender de qué manera esa idea opera en la conciencia colectiva de manera cotidiana. Tras participar de la onceava marcha del Ni Una Menos, un grupo de amigas llega a un bar del barrio de Villa Crespo para compartir la cena. Es un lugar que frecuentan: conocen a su dueño, Juan, que está sentado en la barra junto a su hermana.

—¿Fueron a la marcha?— pregunta Juan al verlas llegar.

—Sí— responden ellas mientras saludan. 

Entonces él, en un tono que busca ser de broma, mira a su hermana y le dice: 

—Qué mal vos que no fuiste, siendo mujer. 

En ese momento, una de las chicas lo encara con una pregunta simple, pero contundente: 

—Y vos, ¿por qué no fuiste?

Juan está rodeado de mujeres a las que adora: su hermana, su sobrina de cuatro años (de la que habla siempre), su novia —que lo acompaña muchas noches en el bar— sus amigas, y su mamá. Es que para Juan, como para muchos otros varones, hacerse presentes en un movimiento que busca proteger a esas mujeres que aman, no parece una posibilidad. Sienten que ellos no están involucrados. Que  al no ser violentos ni tener ningún caso cercano, entonces no hace falta que participen. 

Históricamente, quienes han salido a la calle han sido las mujeres. Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Madres del Dolor, Madres contra el paco, madres de víctimas de siniestros viales y cuántas más. Juntas, pidiendo justicia. Como aquellas marchas que, encabezadas por la hermana Martha Pelloni en Catamarca, y en un silencio que era más punzante que cualquier grito, exigían saber qué había pasado con María Soledad Morales, una joven que fue abusada y asesinada por hijos del poder catamarqueño. 

Otra escena:

—Mejor no pongas eso para cenar ¿no?— dice Gonzalo cuando su esposa deja un canal de noticias donde hablan de la muerte de Agostina. 

—¿Por qué? Yo sí quiero ver, quiero que hablemos de eso— dice ella. 

Él, que es un compañero y un papá amoroso, quiere evitar la noticia porque dice que “le hace mal”. No es el único. Son muchos los que eligen no mirar, como si al hacerlo lograran que esa realidad no existiera. La sola posibilidad de que otros varones sean capaces de semejante atrocidad los incomoda y los interpela a tal punto que prefieren tomar distancia de los femicidios, como si fuera algo que siempre ocurre lejos de sus casas, de sus vidas, de las mujeres que quieren. Como si al retirarse de la escena dejaran de ser vulnerables. 

Pero nadie está exento de vivir una situación de violencia o de abuso cercana. En el marco de la marcha, la actriz Rocío Igarzábal, que se convirtió en una referente del público adolescente a partir de su papel en la tira Casi Ángeles, reveló que fue víctima de abuso entre los 5 y los 9 años por parte de un hombre de su entorno familiar. De nada sirve ocultarlo, negarlo, ponerle un velo. La verdad igual se abre camino y pone de manifiesto que, aunque claramente no todos los hombres son culpables, lo que sí pueden es tomar la decisión de ser cuidadores, garantes, aliados.

Esta es sin duda la gran oportunidad de desandar los mensajes y las actitudes construidos, que tanto daño le han hecho, no solo a las mujeres, sino a toda la sociedad. Porque los varones también son víctimas del entramado machista que los alejó de sus propias emociones, de su necesidad de dar y recibir afecto, de la posibilidad de ser compasivos y amorosos. 

“Los hombres no lloran”, “hacete macho”, “si te pegan, pegale”, “no seas mariquita”, “esa mina es una trola”. Frases como esas han inundado las charlas masculinas en todas las generaciones, creando corazas cargadas de ira y frustración, en lugar de fomentar encuentros genuinos donde la fragilidad sea una opción también para ellos. 

Este es el momento no solo de preguntarnos cómo llegamos hasta acá, sino también de reflexionar a qué obedece semejante grado de violencia y de falta de consideración por la vida ajena. El llamado no es a luchar mujeres contra varones. Tampoco a señalarlos con el dedo por el simple hecho de haber nacido con ese género. La convocatoria es a encontrarnos e indignarnos juntos cada vez que haga falta, a caminar en el mismo sentido para abrazar eso que nos une, que es ser todos parte del mismo problema y, por ende, también responsables de encontrar una salida para esta dramática situación. 

La necesidad de educar en una nueva consciencia es el objetivo primordial de esta conversación. Aunque algunos tonos y matices pueden llegar a incomodar a quienes rehúsan de escuchar que sí, que existen este tipo de conductas, y que mayormente pertenecen a varones que ejercen un abuso de poder sobre el cuerpo de niñas, adolescentes y mujeres.

Pero ahí están los que eligen acercarse, indagar, cuestionar lo aprendido para integrar nuevas formas de decir y de hacer las cosas, Porque entendieron que el lugar que deben ocupar está junto a las mujeres, y no en la vereda opuesta. Porque hubo una mamá, una abuela, una tía que fueron sostén, y porque ahora ellos quieren serlo también para sus hijas, parejas, amigas, compañeras. En la marcha Ni Una Menos, uno de ellos lleva este cartel: “¿Sos hombre y no sos parte del problema? Con eso NO alcanza. La pregunta es otra: ¿sos parte de la solución?”.

Como equipo de mujeres, decidimos que su imagen y su mensaje sean los que ilustren estas palabras.

1 COMENTARIOS

  1. Lo que hay es una justicia deficiente (para no decir: no hay justicia). Cuando el sistema judicial es ineficiente, con leyes que se enfocan más a la burocracia (un caso puede volver nulo por un error en el procedimiento; prolongación infinita en el tiempo procesal, etc) . El momento que se comprobó que el asesino mentía descaradamente (había dicho que la chica que entraba a su casa no era Agostina, por ej), ya no haría falta prolongar mucho más.
    Ese asesino no merece, y no puede vivir en libertad.
    No es solo una cuestión de géneros; no hay voluntad para cuidar a la sociedad. La ineficiencia de la garantía procesal no debe usarse para estos casos, cuando las pruebas son más que suficientes y contundentes. Pasa con este caso, con el Pequeño J (miente descaradamente), etc. etc.etc.

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