Sophia - Despliega el Alma

Tendencias

14 julio, 2014

La generación app


1 de 3
2 de 3
3 de 3

Son chicos y jóvenes de entre 8 y 15 años que nacieron conectados a aparatos tecnológicos, y en torno a ellos van conformando su identidad, privacidad e imaginación. Los llaman “Generación App”. ¿El desafío? Que la vida digital no los desconecte de sí mismos. Howard Gardner, profesor de Harvard, asegura que se puede y Sophia habló con él para conocer sus razones. Por María Eugenia Sidoti.

Qué debe hacer un extranjero que se anima a transitar por las tierras de los nativos electrónicos? Ir en son de paz. Y eso lo sabe de sobra Howard Gardner, psicólogo, profesor e investigador en la Universidad de Harvard: “Soy apenas un inmigrante digital”, se presenta entonces, sin más, este gringo de las pantallas. Un especialista reconocido internacionalmente por su aporte en materia de educación y psicología, que creció en Pensilvania durante los años cincuenta: “Una época en la que todavía era posible saber exactamente cuántos ordenadores había en el mundo”, según dice.

Aventurero al fin, en su último libro, La generación App (Paidós), Gardner se propone sacar visa virtual e iniciar un viaje por esa remota región –de límites siempre difusos para los no nativos– donde las pantallas digitales se encuentran con las cabezas de chicos y jóvenes conectados, prácticamente, desde su nacimiento. La deliberada utilización de la abreviatura “app” para definirlos (proviene de application, que en inglés significa “aplicación”) lo deja claro: ellos son tecnología aplicada, en cuerpo y alma. “Creemos que, de ahora en adelante, es posible que sea precisamente la tecnología lo que defina a las generaciones y que el alcance de cada generación dependa de la longevidad de una innovación tecnológica concreta”, explica el autor, quien trabajó junto a su colega Katie Davis –treinta y tantos años menor– para poner en valor, a través de una profunda investigación, los beneficios de la tecnología digital. Claro que (no es un dato menor) siempre y cuando sea bien utilizada. Pero ¿cómo usarla bien? El propio Gardner responde.

–A partir de este trabajo, ¿cuál fue tu gran hallazgo como “inmigrante digital”?

–Que, en primer lugar, los nativos digitales viven en un mundo dominado por aplicaciones. No pueden pensar en un mundo sin ellas. Y así corren el riesgo de perderse y no saber qué hacer si no hay una aplicación disponible. Ese es el riesgo que Katie Davis y yo llamamos “app-dependencia”. Pero, por supuesto, si las aplicaciones se usan de manera flexible y con imaginación, nuestras vidas pueden mejorar. Eso es lo que llamamos ‘app-habilidad’. En segundo lugar, en las redes sociales hay una tremenda presión para presentarse como alguien acabado, perfecto y envidiable. Esto puede alentar conclusiones prematuras, presentando a alguien de una manera que no es exacta, y excluir otras formas, más consideradas, de autopresentación. Amazon instaló la cesta de compra como una marca y Facebook, su popular “F”; del mismo modo, los jóvenes sienten que, para ser, deben tener un ícono perfecto. Por eso, me gustaría que la gente joven evitara este tipo de presentación y se abriera a una formación gradual de sí misma y a la capacidad de hacer crecer la propia identidad de forma gradual y de una manera productiva a lo largo de la vida.

¿Los chicos están bien?

El mercado del e-learning mundial está en auge y la empresas de contenidos digitales estiman que serán los chicos de entre 6 y 15 años quienes jugarán un papel fundamental en su crecimiento (la previsión es que en 2018 se muevan solo en Estados Unidos 169.000 millones dólares a través de este tipo de consumos). Según estadísticas de la consultora Euromonitor Internacional, la población mundial infantil en línea pasará de ser el 37,5% –según datos de 2013– a ocupar casi el 50% del total en 2020. En la mayor parte de los países desarrollados, los chicos comienzan a vivir en línea después de los 5 años y a partir de entonces consideran a Internet como una parte vital de su estilo de vida. Sin ir más lejos, los propios chicos la definen como una “necesidad”.

Así las cosas, uno se pregunta: ¿hay vida para ellos sin conexión? Lanzo la inquietud por Facebook (¿dónde más?) y la respuesta no se hace esperar. “¡Ay, no! Me muero si no puedo chatear con mis amigos”, me escribe Catalina, de 13 años. Y Julieta, de 14, me explica: “No podés vivir desconectada. Usás las aplicaciones desde el teléfono para buscar lo que necesitás, subís algo, o te contactás y compartís cosas. Las redes sociales son todo!!! Jajajaaj”.

Para ellas, yo vengo a ser uno de esos inmigrantes digitales como Gardner, quien en su libro no solo reconoce el fenómeno, sino que a la vez destaca las habilidades que la tecnología está proporcionando a nuestros chicos. Es que ellos están en contacto constante con información, aprenden naturalmente a buscar aquello que necesitan, a descartar lo que no, y a establecer nuevas aptitudes y contactos. Manejan distintos idiomas como condición para no quedarse afuera de lo que el mundo on-line tiene para ofrecerles y no conocen de fronteras. Sacan fotos, graban videos, editan a su antojo y suben cosas para que quienes quieran oírlos (y verlos) conozcan su manera de ser y de estar en el mundo. Claro que las reglas se han transformado y los jóvenes hoy gestionan una identidad, privacidad e imaginación muy distintas a las que nosotros, los grandes, conocemos. De ahí que, a la hora de digerir el fenómeno, la preocupación nos deje un extraño sabor. Pero hay algo cierto: las pantallas no son nada sin los humanos que hay detrás de ellas. Volvamos una vez más a Play Again, la película documental (de la directora Tonje Hessen Schei) que mostró las consecuencias de criar a chicos aislados de la naturaleza y lo fácil que, a su vez, podía ser reconectarlos con lo que en verdad importa. ¿O no son los recuerdos de las tardes al sol con la familia y los amigos lo que hizo de nuestra infancia un lugar mágico? ¿Por qué entonces no nos animamos a llevar a nuestros propios hijos hasta ahí?

En su libro, Gardner sostiene: “Los medios digitales no determinan plenamente (o al menos no lo hacen todavía) cómo piensan y actúan los jóvenes. En todos los casos, podemos describir situaciones donde la Generación App se desliza hacia un cómodo estado de dependencia de las aplicaciones, pero también situaciones más positivas en las que las aplicaciones capacitan a los jóvenes para alcanzar un conocimiento de sí mismos más profundo y completo, además de relaciones íntimas plenamente desarrolladas con otros”. La cuestión radica en saber cómo acompañarlos durante su estadía virtual, para sacarlos de ella con invitaciones reales y, justamente por eso, nutritivas.

La mamá de Lisa, de 8 años, me dice sin vueltas: “A veces los padres los dejamos conectarse a los aparatos porque son dos o tres horas en que, de alguna manera, nos sacamos de encima a los chicos. Aunque muchos no quieran reconocerlo, eso pasa. Y no sé si es lo correcto, pero yo le permito usar Facebook. Algunas madres me dicen que estoy loca, pero entendí que es una herramienta y que después depende de mí llevarla a lugares interesantes lejos de la computadora. Lo que rescato es que mi hija es muy tímida personalmente, pero on-line se comunica con profundidad, con largas charlas escritas y poniendo especial atención en aquello que quiere transmitir y en su ortografía. Ahí es dulce y cariñosa, un rasgo que no suele

demostrar fácilmente cara a cara. Entonces, yo creo que tengo la oportunidad de capitalizarlo”. El problema es que, una vez que la nena se sumergió en la vida digital, no siempre es fácil desconectarla. “Me retan porque después me aburro haciendo la tarea”, me cuenta Lisa. ¿Sus actividades favoritas? Chatear y jugar. Su mamá acota: “Tengo sus claves y chequeo qué escribe y con quién habla. Y trato de acompañarla y de establecer límites, en vez de prohibirle. Pero no es fácil, es un ejercicio constante en la búsqueda de un equilibrio”.

Sin duda, tanto los padres como las instituciones educativas vamos a otro ritmo. Pero tenemos la responsabilidad de apurarnos a la hora de conectar a los chicos, a través nuestro, con aquello en lo que realmente creemos, y ser consecuentes con eso.

–Profesor Gardner, ¿cuál debe ser el aprendizaje para los padres de esta generación?

–Que deben familiarizarse con las diferentes tecnologías y aplicaciones (apps). No van a ser tomados en serio por sus hijos a menos que conozcan la manera en que se comportan Internet y las redes sociales. Y sobre todo deben ver y escuchar qué piensan, qué sienten y qué hacen sus hijos dentro y fuera de las pantallas. Es muy importante tener un propio sistema de valores en el que creer y hay que asegurarse de que existe una comunicación con ellos y de que viven de acuerdo con ese sistema de valores. Los chicos pueden no escuchar lo que dicen sus padres, pero siempre se dan cuentan y están pendientes de lo que ellos hacen. Creo que la clave está en utilizar los medios digitales de manera que reflejen las propias creencias y ayudar a esta generación a entender qué es lo que uno hace y por qué, y por qué elige no hacerlo de otro modo.

Para terminar, vale la pena compartir aquí una anécdota del propio Gardner: un día, después de una conferencia, un alumno se acercó hasta él blandiendo su smartphone y le preguntó si en el futuro seguirían necesitando escuelas, dado que a su entender algún día su teléfono llegaría a contener respuestas a todas las preguntas. Entonces, él se tomó unos segundos para responder: “Sí, tendrá la respuesta a todas las preguntas… excepto a las importantes”.

Porque, claro, basta mirar hacia el sol todos los días para comprender que hay luz más allá de las pantallas. 

Jóvenes digitales, identidades móviles

Por Lorena Betta*

La expansión de la conectividad y la presencia creciente de dispositivos móviles entre los jóvenes trajeron como resultado un incremento en el consumo del chat, las redes sociales y los videojuegos hasta convertirse en un modo de vida cotidiano.

Los jóvenes de hoy tiene una participación activa en comunidades virtuales a las cuales se conectan motivados por interés, afinidad, alguna causa, o por un lazo afectivo. Estas actividades ocupan la mayor parte de su tiempo diario e invaden todos los espacios.

A estos rituales se suman saberes y prácticas que incorporan de su hábitat, donde ponen en juego otras formas de sociabilidad, de construcción de la identidad, de pensar lo privado y lo público. Además, desarrollan habilidades propias del uso de las tecnologías, donde incorporan los códigos específicos de la comunicación digital.

Muchas veces se asocian estos saberes a la categoría de “nativos digitales”, como si se tratase de una nueva especie humana, portadora de otro ADN, y dotada de una serie de características propias de la digitalización y ponderada por una supuesta “creatividad” que subyace en nuestro tiempo.

Pero la categoría “nativo digital” sujeta las identidades de los más jóvenes a algo fijo y estable, cuando en realidad deberían pensarse como formas provisorias y reticulares que se van transformando y definiendo con los cambios tecnológicos de la comunicación digital.

* Licenciada en Filosofía, especialista en Educación. Es consultora en Educación Digital, docente  e investigadora en la UCES y la UP. lorenabetta.com.ar

ETIQUETAS tecnología

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

No está conectado a MailChimp. Deberá introducir una clave válida de la API de MailChimp.

Comentarios ()

Más de Tendencias

Madres del amparo: abrazar la maternidad para...

A través de esta conmovedora historia, celebramos la maternidad de todas esas mujeres que luchan día a día por salir de situaciones difíciles y dolorosas, al resguardo de un hogar y con el amor de sus hijos como motor.

«Todo lo que heredé lo comparto con mis hermanas...

Desde la Quebrada de Humahuaca, Jujuy, Celeste Valero nos presenta el proyecto Tejedores Andinos, un emprendimiento que rescata los saberes ancestrales del tejido y que, gracias a su esfuerzo, ya ganó proyección internacional y participó de la última edición de Argentina Fashion Week.

Al rescate de lo natural: la tendencia de una moda...

A través de técnicas artesanales de confección y teñido, María y Josefina crean prendas únicas compuestas de elementos en estado puro que toman prestados de la naturaleza. Te invitamos a descubrir su propuesta.