Construir relaciones de pareja a largo plazo: ¿una realidad posible? - Sophia Online

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Construir relaciones de pareja a largo plazo: ¿una realidad posible?

En un mundo que privilegia lo inmediato y descartable, ¿qué lugar ocupa un vínculo que deberá transitar el paso del tiempo? Una mirada optimista sobre cómo construir el amor cada día.

POR Loli Sansot

Hace poco, dando clase en secundaria, les conté a mis alumnos que con mi marido cumplíamos 10 años de casados. Uno de ellos me dijo: “¿Diez años con la misma persona? ¡Qué aburrido!”. Me salió contestarle que no, que ni él ni yo somos las mismas personas que hace diez años. Ni siquiera somos los mismos que hace cinco, ni uno, y que hubo de todo menos aburrimiento.

Entonces me dieron ganas de escribir sobre este tema, porque estoy convencida de que construir vínculos a largo plazo nos ayuda a ser muy felices.

¿Por qué la relación de pareja duradera tiene tan mala prensa en comparación a la de amistad, por ejemplo, en el que sí se espera que sea “para siempre”? ¿Qué sentimos en torno a la idea de estar con alguien por un tiempo extendido? ¿Nos aburre? ¿Nos ahoga? ¿Nos limita? O, por el contrario, ¿nos expande?

Quizás, en la lista de relaciones interpersonales la de pareja sea una de las más complejas. Pero pienso que si se logra sobrellevar esa complejidad tan profunda, se puede construir un vínculo sólido, genuino y verdadero. Uno que, créase o no, también nos hace más libres y desde donde brota la plenitud.

Está muy de moda trabajar el amor propio y el autocuidado, pero no olvidemos que existe también una instancia superadora: la de construir con el otro desde uno mismo. Es cierto que algunas circunstancias pueden resultar difíciles, pero no por eso dejaríamos de creer en la pareja ni de querer seguir construyendo. Amar el tiempo de los intentos es el gran desafío. Al fin y al cabo, es el tiempo que transitamos.

Me pregunto dos cosas: ¿por qué hay quienes piensan que compartir la vida con una misma persona es aburrido? ¿Qué mensaje construimos como sociedad acerca del vínculo de pareja? 

Desde la Universidad de Harvard, se está realizando un estudio para responder a la pregunta de qué nos mantiene sanos y felices a lo largo de la vida. Comenzó en 1938 y ya van por la cuarta generación de investigadores que trabaja con aproximadamente 700 personas que son entrevistadas a lo largo de sus vidas. Algunas han muerto en el camino, otras siguen vivas. Mismo los investigadores. A pesar de ello, lograron mantener el estudio en el tiempo.

El doctor Robert Waldinger, médico psiquiatra y psicoanalista, cuarto director de esta investigación, cuenta en una charla Ted que lo que finalmente aprendieron es que “son las buenas relaciones las que nos mantienen más felices y más sanos”. Y atención: uno puede estar solo en una multitud y sentirse solo en un matrimonio. 

“Lo que importa de las relaciones es la calidad, no la cantidad”, dice. Sin embargo, agrega: “Somos humanos; lo que realmente queremos son soluciones rápidas, conseguir algo que nos haga sentir mejor. Y resulta que las relaciones son complicadas y el arduo trabajo de atender a familiares y amigos no es ni sexy ni glamoroso, y no termina nunca”. 

El estudio es contundente, y luego de 85 años de investigación, llegó a tres conclusiones: 

1. Las relaciones interpersonales son buenas para nosotros.

2. La calidad de esas relaciones importa.

3. Son estas las que mejor preservan la salud de nuestros cuerpos y mentes. 

¿Qué significa realmente amar?

Enrique Guiraud, consultor psicológico y promotor de vínculos que favorecen la paz, escribe en su libro El camino para amar (2009): “Amar es un verbo, invita a la acción. (…) ¿Qué acciones concretas puede un cónyuge realizar en la vida cotidiana para ejercitar su capacidad de amar? En primer lugar, debe trabajar su propia tierra. Para amar es necesario madurar. Nadie puede cosechar lo que no siembra. En segundo lugar, debe aprender a esperar, puesto que nunca se puede cosechar antes de tiempo”.

Me recuerda a un consejo que recibí de mi abuela: “Al amor hay que cuidarlo como si fuera un jardín, hay que sacar los yuyos todos los días. No hay que dejar pasar aquello que molesta y hay que tratar de ayudar para que ese jardín florezca”. 

En una charla con Guiraud, él me explicaba que se confunde mucho el sentimiento del amor (que depende de las circunstancias) con la facultad de amar (que es una capacidad y una elección). La clave está en alimentar esa capacidad. Lo que no se nutre, se desnutre.

Él sostiene que el problema aparece cuando las personas anhelan que el matrimonio les proporcione la felicidad que buscan. Nadie va a hacer feliz a nadie, cada uno es responsable de lo que aporta. Asegura que el matrimonio existe para hacernos conscientes de lo importante que es alimentar la capacidad de amar, capacidad que se va renovando como una oportunidad para crecer, desarrollarnos y crear.

Por otro lado, son muchos los que sostienen que no se puede, que el amor dura poco, que es aburrido. Como sociedad, venimos pisoteando al amor hace años, aplastando virtudes como las del esfuerzo, la espera, la tolerancia a la frustración, la atención (a uno mismo y al otro), la libertad, etc. ¿Y si respondemos que sí se puede?

Qué decimos cuando decimos “para siempre”

Intentemos develar el significado del “para siempre”. Porque quienes seguimos creyendo en que podemos estar juntos toda la vida, con sus mil peripecias, pasamos por raros, anticuados, conservadores, inflexibles, ciegos a la realidad. 

¿Qué implica? Convicción y muchas otras virtudes que fuimos acorralando en pos del atractivo que tienen lo nuevo y lo rápido. 

Propongo mirar el «para siempre» no como una meta allá en el futuro, sino como un camino que recorremos acá cerca, paso a paso, día a día. No como algo que nos abruma y nos quita el aliento, sino como un hacer camino al andar. Puede que lleguemos juntos a los ochenta años, puede que no. Lo que importa es lo que construimos hoy y, como me dijo una amiga, ser con el otro.

Julia Kristeva y Philippe Sollers, un matrimonio de intelectuales franceses, conversan en su libro El matrimonio como una de las bellas artes (2015) acerca de este fenómeno tan cuestionado y del que son parte. Es interesante cómo cada uno elabora sus propias ideas, con las que podremos estar o no de acuerdo, y cuentan cómo construyen y reivindican ese vínculo. 

Escriben: “Se trata, entonces, de un nuevo arte amatorio que, a la sociedad, escindida y siempre preocupada por mantener el orden, le cuesta mucho aceptar. ¿El matrimonio como crítica social y apología poética de la libertad (…)? Hagan la prueba”. 

Apología-poética-de-la-libertad. ¿Sorprende, cierto? Cuando solemos escuchar lo contrario, que estar en pareja te quita libertad, te ahoga, etc. ¿Y si contamos lo lindo? Y no por lindo, ingenuo, débil, inmaduro. Todo lo contrario.

Se precisa de mucho trabajo, paciencia, perdón, fortaleza, madurez, altruismo y generosidad. Los autores proponen que “con las revoluciones en curso, lo que hay que abordar es la experiencia amorosa. Nos falta un discurso amoroso que sepa dar la justa medida de la intimidad situándola en esta interacción de la que está formada la experiencia, y que la constituye como fuerza de creación, de recomienzo y de renovación”.

El atractivo está en cada uno ser cada uno y renovarse continuamente. Hablan de sentirse extraños, de ser extranjeros el uno con el otro en un continuo conocerse, encontrarse.

Por favor, que no haya malas interpretaciones. A veces aparecen encrucijadas que hacen seguir a cada uno por su lado, incluso hasta por amor. Pero también, y luego quizás de tal experiencia, se puede seguir creyendo en estar con alguien por mucho tiempo, incluso para toda la vida. Guiraud me dijo que el que ama quiere amar para siempre. No nos privemos de creer en ello porque alguien nos dijo que sería aburrido. 

Es un tiempo nuevo. Tenemos muchas herramientas. Sabemos conscientemente que las tormentas, en mayor o menor medida, van a estar. ¿Entonces? Hay un millón de fórmulas para ser amables con uno mismo y con el otro. El tema es querer serlo, querer amar. Ser creativos y sacarle el polvo a la convicción, volver a ponerla en juego y que sirva de pulso diario.

Esto es sobre lo que quería escribir. Démosle a la convicción, a la constancia, al esfuerzo, a la paciencia, al perdón, a la empatía, al altruismo, a la escucha y a todas las bellas virtudes el lugar que se merecen. Sobre todo por nuestro bien. Que sean ellas las palabras que caminan en nuestro discurso interno y en el inconsciente colectivo en torno al vínculo de pareja. Como dice la frase: “También esto pasará”. También esto pasaremos, juntos.

1 COMENTARIOS

  1. Se acaba de casar una nieta,la mayor de 11, y tuve el honor de decir unas palabras en su casamiento junto con otras personas.Obviamente lo mío era la voz de la experiencia
    Escribí un pequeño texto que titulé Para siempre.
    Llevamos asados 53 años.Sabia bastante sobre el tema.Les hablé acerca de su encuentro que para mí no fue casual, porque creo que hay personas que nos están destinadas
    Cómo a partir de ese encuentro decidieron emprender el camino juntos.Y que como hoy amino no es liso, hay altos y bajos, urvas,piedras de todos los tamaños.Y sin embargo con mucho amor y humor, , paciencia y compromiso ellos iban a demostrar que se puede tener un amor para toda la vida.
    Así que suscribo totalmente lo expresado en esta nota hermosa
    Los ejemplos son importantes

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