Marina Mammoliti, psicóloga y podcaster: “El sentido de la vida se encuentra bajándole el volumen al afuera” - Sophia Online

Psicología

Marina Mammoliti, psicóloga y podcaster: “El sentido de la vida se encuentra bajándole el volumen al afuera”

La terapeuta junguiana reflexiona sobre la ansiedad, el vacío existencial y la importancia de desacelerar, en una cultura que le rinde culto a la rapidez y al éxito.

POR Clementina Escalona Ronderos

En una tienda de antigüedades de Uruguay, colgaba de la pared un reloj antiguo, de madera pesada y números dorados. Debajo, un cartel decía: “No está roto. Va más lento”.

A Marina Mammoliti (33) —psicóloga junguiana, creadora y conductora de Psicología al desnudo, uno de los podcasts de salud mental más escuchados en lengua hispana—, ese anuncio le llamó la atención. No es fanática de las antigüedades, mucho menos coleccionista, pero la curiosidad que le despertó aquel objeto la empujó a comprarlo sin pensarlo demasiado.

En la pared de su consultorio, el reloj ahora cuelga como el símbolo de una pregunta que recorrerá gran parte de su charla con Sophia: en un mundo que tiende a la velocidad, ¿cómo ir más lento para sintonizar con lo que nos pide el alma? 

“Hay que entender que la lentitud tiene muchos beneficios. Eso es algo que todavía no está tan claro. Le seguimos rindiendo culto a la velocidad”, dice Mammoliti, que recientemente viajó a México invitada por Spotify para celebrar las más de tres millones de personas que la escuchan.

“El podcast se expandió y fue un boom en plena pandemia. Y eso nos habla de la relación de las personas con la psicología, con la necesidad de buscar respuestas relacionadas a su salud mental. Fue un momento de mirar hacia adentro, casi obligado, y nos dimos cuenta de que no sabemos nada sobre lo que sentimos, ni tenemos idea sobre qué hacer con las con las cosas que nos desbordan”, comparte la terapeuta.

Mammoliti también acaba de publicar su primer libro, Frená tu cabeza: Un mapa práctico para aliviar la ansiedad y recuperar la calma (Grijalbo), donde reflexiona sobre nuestro estilo de vida actual y profundiza, sobre todo, en la ansiedad: un tema que la atormentó durante muchos años, pero finalmente se convirtió en la brújula que marcó su camino.

“Recién ahora que terminé de escribir el libro me doy cuenta de que esa ansiedad fue la manera que encontró la vida de hacerme frenar”, comparte sobre su proceso personal, un viaje que implicó desafíos e incertidumbres, pero también la promesa de una vida más real.

El cuerpo habla

Los ataques de pánico comenzaron cuando tenía 18 años. Mammolitti se describe por entonces como una persona que no pasaba tiempo sola consigo misma, que vivía hacia el afuera, haciendo planes, yendo de un lado a otro, siempre apurada. 

Las señales fueron inesperadas, angustiantes y difíciles de descifrar; saltó de terapia en terapia buscando la manera de deshacerse de ese mal sin éxito, e incluso empezó a estudiar psicología con la urgencia de entender qué le pasaba.

Con el tiempo, fue descubriendo el tesoro oculto que se le ofrecía. Así lo describe: “Lo que al principio creí una condena terminó siendo el inicio de mi mayor pasión: comprender la mente humana y acompañar a otros a caminar a través de su propio laberinto”.

Según cuenta, ese constante acelere con el que vivía no le daba lugar para ir hacia adentro y hacerse preguntas importantes: ¿Qué sentido tiene lo que hago? ¿Es realmente esta la manera en que quiero vivir? 

Finalmente se embarcó en la odisea de su autodescubrimiento, donde las grandes aliadas fueron frenar y hacer silencio, dos de las cosas que, explica, más nos cuesta hacer.

“Estamos muy agotados, muy bombardeados de estímulos. Vivimos apurados porque creemos que si no somos productivos entonces no valemos. Y si bien esta idea del éxito está siendo cuestionada, sigue rigiendo cada cosa que hacemos”, explica.

Por eso colgó el reloj antiguo en su consultorio: como un recordatorio —tanto para sí misma como para quienes atiende— sobre la importancia de frenar y escucharse.

“Desde que lo colgué, algo pasa en el espacio. Como si dentro del consultorio se hubiera alterado la lógica del tiempo. Las sesiones se vuelven más hondas, más íntimas”, describe.

Aunque todo nos empuje hacia lo opuesto de la pausa consciente —a ser rápidos y eficaces, a no demorarnos, a consumir contenido virtual infinitamente durante nuestro tiempo libre— insiste en la importancia de inclinar la balanza hacia otro lado, a buscar “el espacio fértil del silencio”, en un gesto contracultural que promete calma, profundidad y bienestar. 

Frená tu cabeza es el primer libro de Marina Mammoliti, en una apuesta por la lectura como un acto que invita a desacelerar.

El agotamiento del alma

Mammoliti aprendió que las terapias que mejor abordaban el problema de la ansiedad, analizaban fundamentalmente cuatro aspectos del ser humano: el terreno de la mente, del cuerpo, de la conducta y del contexto. Y aunque notaba efectos positivos, su intuición la llevó a indagar más. Faltaba algo.

“Me pasó como paciente y lo vi desde el otro lado, como terapeuta: una vez labrados esos territorios, siempre quedaba igual una ansiedad de fondo, como un residual que sigue agotando a la persona”.

Empezó a tomar en cuenta una dimensión ignorada, que trabaja en el libro y a la que denomina “la dimensión existencial”. Un área que, según describe, está marcada por la pregunta acerca del sentido.

“Es común que construyamos nuestra vida en base a ir marcando casilleros, cumpliendo mandatos y buscando la aprobación y el aplauso exterior. Vivimos buscando la aceptación de la manada”, explica Mammoliti. Pero si tenemos suerte, algo llega inesperadamente a interrumpir nuestro caminar en piloto automático para ponernos en contacto con nuestro ser interior. 

En estos casos puede aparecer un síntoma físico —opresión en el pecho, cansancio extremo, ansiedad, taquicardia, insomnio—, o una sensación de falta. Son las formas que tiene nuestra alma de pedirnos que volquemos la mirada hacia adentro.

“El agotamiento del alma  —dice tomando el concepto desarrollado por el filósofo Byung Chul Han— es algo que veo diariamente en consultorio: tiene que ver con la cantidad de personas que parecen haberlo alcanzado todo, es decir, un buen trabajo, una linda familia, el éxito material, pero que viven con un ‘sinsabor’, un vacío relacionado al para qué hacen todo lo que hacen. He atendido a muchos adultos que, llegando hacia el final de su vida, se dan cuenta de que nunca frenaron a pensar qué era lo importante para ellos”.

Desde su perspectiva, el sentido no es algo inabarcable, enorme y enigmático, ni tampoco algo único a descubrir. Más bien lo entiende como una suerte de coherencia interna, donde nuestras acciones en el día a día están alineadas a nuestros valores personales, lo que nos brinda un estado de bienestar interior. 

“La manada, la sociedad, no te va a dar un sentido, y tampoco es algo que vas a encontrar corriendo de un lado a otro intentando cumplir una checklist. El sentido se encuentra bajándole el volumen al afuera y subiéndoselo a lo que pasa adentro”, aclara. 

Primeros pasos para desacelerar

En las relaciones interpersonales, en una conversación, en las transformaciones propias: “todo lo profundo se cocina a fuego lento”, asegura la especialista y destaca que la intimidad real nos pide estar presentes.

La mayoría de las personas que atiende en las consultas temen estar más de cinco minutos a solas y en silencio. Prefieren poner la tele, algo de música o un podcast de fondo. Pero “la rapidez va de la mano de la superficie —aclara Mammoliti—. Si yo quiero ir profundo, voy a tener que ir despacio, y para querer hacerlo, debo tener en claro qué beneficios me trae, porque no es fácil”.

A modo de analogía, señala que si uno no siente interés por llegar a la cima del Everest, no va a hacer el esfuerzo de entrenar para eso. De la misma manera, el deseo de sumergirse en uno mismo para cuestionar, reestructurar y transformar la propia vida, tiene que ser un llamado potente.

“Todo lo que tiene valor, probablemente cueste trabajo. Si yo entiendo que la lentitud es un norte que quiero alcanzar, voy a poder trabajar en eso. Es como estudiar una carrera: implica el esfuerzo de leer, estudiar, rendir… pero lo hago porque quiero alcanzar el título”.

Nunca es fácil zambullirse en las grandes preguntas, pero prometen una gran recompensa. Empezando por actos muy pequeños —como reducir el tiempo de consumo de pantallas—, se abre espacio para crear una vida más alineada a nuestros valores. Una vida con sentido.

“No somos meras víctimas de este contexto. Somos actores activos de nuestras rutinas y aunque haya muchas cosas que no podemos cambiar, hay otras que sí. Demos las pequeñas batallas que podamos dar”, dice convencida de que no es necesario —y tampoco factible— cambiar toda nuestra vida de un momento a otro.

Por eso insiste en que no hace falta tomar grandes decisiones, sino empezar a poner luz sobre nuestras elecciones. Y en eso, el cuerpo se vuelve nuestro aliado. 

“A veces pienso que sin los ataques de pánico seguro mi vida habría sido un poco más tranquila, pero definitivamente menos profunda también”, reflexiona Mammoliti. Y con una sonrisa cargada de gratitud y amabilidad, invita a hacer de la vida un camino cada vez más consciente.

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