Sophia - Despliega el Alma

Entrevistas

18 septiembre, 2010

La chica, el momento y el lugar indicados


1 de 6
2 de 6
3 de 6
4 de 6
5 de 6
6 de 6

María Abadi

A los 19 años hizo su primer casting para una película… ¡y quedó seleccionada como protagonista! Ella dice que muchas veces tiene la suerte de estar en el sitio justo. A la fortuna se suma su talento como actriz. Por Carolina Cattaneo. Fotos: Pilar Carlés.

Cada vez que en el colegio la maestra preguntaba quién quería actuar, María levantaba la mano. Tenía el sí fácil para cualquier propuesta que le prometiera ensayos, vestuario y un libreto, por cortito que fuera.

Disfrutaba las obras de la escuela como loca, tanto que cuando tenía 11 años su mamá la mandó a estudiar teatro. Aunque durante un tiempo dejó de ir para preparar el ingreso al Colegio Nacional de Buenos Aires, nunca dejó de escuchar su vocación. En tercer año, retomó las clases de actuación los sábados y, hasta que terminó el secundario, no faltó un solo día. María Abadi tiene 24 años y creció en una familia de psicoanalistas: su abuelo fue el conocido Mauricio Abadi y su padre es el psiquiatra José Eduardo Abadi. Su mamá, Corinne Sacca, que murió en 2008, también era terapeuta. Una de sus hermanas, Bárbara, de 29, es psicóloga; la otra, Florencia, de 30, es licenciada en Filosofía. A pesar de esa fuerte tradición familiar,

María encontró en la casona antigua donde vivía –que a la vez era el consultorio de Corinne–, la libertad necesaria y la confianza suficiente para desplegar sus alas de actriz. “Escucho hablar del inconsciente desde que nací. Para mí es como el arroz con leche”, dice María, muerta de risa, en el departamento donde vive sola desde hace tres meses, el mismo lugar en que ahora repasa el recorrido que hizo para abrirse camino en el mundo de la actuación.

Ese mundo la tiene atrapada desde que, a los 18 años, su profesora de teatro la hizo ensayar una obra para la muestra anual y ella sintió que podía pasarse la vida actuando. María fija su mirada en el cielo que se ve a través del ventanal de su flamante departamento de Palermo, donde todavía quedan resabios de la mudanza, y durante su charla con Sophia se acuerda de que esas tardes de ensayo en la escuela del maestro de actores Raúl Serrano, con la profesora Helena Nesis, marcaron definitivamente su camino. Aunque alguna vez lo pensó, tenía claro que no iba a ser psicóloga, ni filósofa, y que lo suyo venía por el lado de la actuación. Después de tomar clases de varias disciplinas cercanas al teatro, llegó para María el tiempo de ir a castings y empezar a tener un sueldo. “Me presentaba a las pruebas para hacer publicidades hasta que fui a un casting de cine –cuenta María–. Era para el protagónico en Géminis, una película de Albertina Carri. Pasé la primera prueba, la segunda, la tercera, y después me dijeron que había quedado seleccionada. Fue uno de los momentos más felices de mi vida”.

Era el 2005 y María, con casi 20 años, acababa de despegar. Entonces, la convocaron para hacer un protagónico en el unitario de televisión Mujeres asesinas y en 2006 le propusieron trabajar en la telenovela Montecristo, donde su interpretación de Erica terminó de catapultarla y le devolvió elogios que venían de todos lados. Un tiempo después hizo teatro con Claudia Lapacó y Arnaldo André en la obra Los monstruos sagrados y otro protagónico en cine, junto con Ulises Dumont. El año pasado volvió a la televisión con la comedia Ciega a citas. Incansable, al día siguiente de terminar de grabar el último capítulo de esta comedia que se emitió por Canal Siete, María empezó las grabaciones de Secretos de amor, que protagoniza Soledad Silveyra y que se ve todas las tardes por Telefé.

­–Que te elijan para un protagónico en el primer casting de cine es casi como un sueño… ­

–Sí, la verdad es que yo siempre me sentí muy afortunada. También creo que conseguí el papel en Géminis porque estaba en el momento indicado en el lugar indicado. No creo que haya sido la mejor actriz de las mil que se presentaron; creo que era la que Albertina Carri necesitaba en ese momento y la que daba con el physique du rol.

­–¿Cómo te abriste camino a partir de la película? ­

–Conseguí un representante, Alejandro Vanelli, porque en algún momento es necesario tenerlo. Él se ocupa de los contratos, tiene contactos con los productores y me facilita entrar a trabajar en televisión, donde no te llaman si no tenés un representante o no sos muy conocida. Para mí, era un modo de avanzar en la carrera.

­–Después de la película y de la televisión, decidiste hacer teatro fuera del circuito comercial, algo muy difícil porque se gana poco… ­

–Ésa fue una opción que pude elegir porque tenía la suerte de que todavía vivía con mi viejo y él me ayudaba con los gastos grandes. Como no tenía que pagar un alquiler, podía darme el lujo de decir que no a un trabajo. ­

–¿Aunque las propuestas económicas fueran tentadoras? ­

–Sí, porque por suerte nunca acepté nada por plata. Recién ahora, que vivo sola y tengo muchos más gastos y no le quiero pedir plata a mi papá, empecé a tomar conciencia de que la gente hace este trabajo por plata. Recién ahora estoy empezando a entender que es un trabajo. Cuando me propusieron participar en Secretos de amor, me habían hecho también una propuesta de trabajo que duraba un mes y que me interesaba mucho desde lo artístico, pero era sólo un mes de laburo contra un año entero de contrato y un sueldo todos los meses. Elegí hacer la novela. Me pesó más la seguridad de tener un contrato largo y pensar que iba a ir a trabajar todos los días en un mismo lugar, con los mismos compañeros. Igual, disfruto tanto de lo que hago que, hasta el día de hoy, todavía no entiendo cómo es que me pagan. ­

–¿Cómo es eso? ­

–Una parte de mí sigue sintiendo que no es un trabajo, como que para mí laburar es otra cosa (ríe). Ojo, me levanto muy temprano y a veces estoy re cansada después de doce horas de grabar todo el día. Daniel Fanego tenía una frase muy buena cada vez que teníamos que esperar entre grabaciones. Yo me quejaba y él me decía: “Nena, tranquila: peor es trabajar”. No hay duda de que es un trabajo pero, en todo caso, me parece un trabajo increíble. En ese sentido, nunca tuve contradicciones.

–¿Y en qué las tuviste? ­

–Puedo tenerlas en otras cosas, como el llevar adelante una carrera con mucha inestabilidad, en la que quizás hoy tenés trabajo y mañana no… Pero nunca con el disfrute que me provoca. Es algo que no está en discusión.

­–¿Descubriste algo de vos gracias a la actuación?

­–Sí, me hizo dar cuenta de que hay algo que me gusta mucho y eso me deja muy tranquila. Estoy tranquila de que, más allá de que me vaya bien o de que me vaya mal, si soy buena o no soy buena, hay algo que a mí me gusta mucho y que lo estoy haciendo. No me estoy equivocando; es por acá, no tenía que haber sido chef. Me hace bien tener el deseo puesto en algo, porque para mí es muy importante ser una persona vital y deseosa de vivir. Al trabajo, yo lo tengo asociado a un aspecto de mucha libido.

­–Usás muchas palabras y frases del psicoanálisis, como “libido” o “el deseo puesto en”… ­

–No lo puedo evitar (ríe). Además de que me analizo desde muy chica, está en mí, ya es parte de mi modo de pensar y de razonar. Yo me río de mí misma porque interpreto mis propios sueños mientras estoy soñando. Muchas veces digo: “¿Esto lo interpreté cuando me desperté o en el mismo sueño me di cuenta de que estaba soñando e interpreté lo que estaba soñando?”. Lo tengo muy incorporado y no me molesta; no dejo de hacer algo por el análisis, no me privo de nada ni me vuelvo una fundamentalista… No es algo que me paralice. En general, me ayuda mucho a parar y a ver por qué hice lo que hice. ­

–Con tanto analista cercano, ¿cómo influyó tu familia en la decisión de ser actriz? ­

–No sé si influyeron, siempre sentí una absoluta libertad para hacer lo que quisiera. He tenido padres que confiaron mucho en mí. Han festejado todo de nosotras; son padres súper amorosos y cariñosos, de aceptar todo lo que hiciéramos y de confiar muchísimo en nosotras. Me acuerdo de cuando fui y le dije a mi papá que no iba a ir a la universidad y que iba a estudiar teatro, pensando que tal vez era casi una rebeldía. Su respuesta fue: “¡Ay, sí, mi amor, qué bueno!” porque, de hecho, él también tiene su veta actoral. Nunca logré rebelarme en nada porque todo les parecía maravilloso (ríe). ­

–Estabas en medio de todo un cambio vital y profesional cuando murió tu mamá. ¿Cómo seguiste adelante después de una pérdida afectiva tan grande? ­

–Fue traumático y triste, pero a pesar de semejante desgracia sentí que estaba en un lugar muy sólido desde donde podía sobrellevarlo. No me quedaba sola en el mundo. Tengo dos hermanas mayores con las que tengo una relación increíble, a las que adoro, y pude sostenerme mucho con ellas. Mi padre, que también estaba viviendo un duelo, fue un oso de protector. Yo tengo una muuuy buena relación con mi viejo desde antes de lo de mi mamá, no es una figura paterna distante, es un padre súper amoroso. Mi novio, Lisandro, me acompañó mucho, así que tenía base para poder superarlo. También, a pesar del dolor, miro para adelante. Me di mi tiempo para estar mal y para quedarme en la cama todo el día si quería; el día que quería llorar, lloraba y el día que no quería hacer nada, no lo hacía. Pero también me di cuenta de que debía aceptarlo y llevar eso a un buen lugar. Mi mamá era una persona muy generosa y muy poco egoísta, que siempre me decía que, para estar bien, había que hacer un esfuerzo, y que para eso no tenía que quedarme en la melancolía ni revolcarme en el dolor. Con lo de mi mamá sentí que la vida no es como una lo espera y que, así como van a pasar cosas malas, también van pasar cosas buenas. Fui bastante fuerte para enfrentarlo, aunque todavía a veces me despierto, pienso en lo que pasó y digo: “No puede creerlo”. Todavía hay una parte de mí que lo considera inverosímil. ­

–¿Qué pasó con tu vida cotidiana cuando empezaste a ser conocida? ­

–Yo me imaginaba que cuando una persona se hacía famosa empezaba a sentirse diferente, y yo, de verdad, me siento igual, miro a la gente de la misma manera. No estoy pensando que me van a reconocer en la calle, y cuando salgo, me olvido por completo. Salgo en jogging, de entrecasa, no me importa nada. No dejo de hacer nada porque sea conocida. Me subo al colectivo y al subte como antes. Por suerte, nunca me pasó nada demasiado invasivo. ­

–¿Con qué soñás? ­

–Con poder trabajar siempre de esto. Con poder elegir. Con que mi trabajo me siga haciendo feliz… Con hijos y una familia. ¡Y con una casa con jardín y parrilla! (Ríe).

*Tiene 24 años y nació en una familia donde el psicoanálisis era algo tan común “como el arroz con leche”. Se hizo conocida en la novela Montecristo y acaba de terminar la comedia Ciegas a citas. También trabajó en cine y teatro.

ETIQUETAS actrices cine TV

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

No está conectado a MailChimp. Deberá introducir una clave válida de la API de MailChimp.

Comentarios ()

Más de Entrevistas

«El primer mandato es que la mujer se calle»

  Ivonne Bordelois La poeta y lingüista cree que, aunque estamos mejor que antes, todavía…

«Las redes comunitarias nos salvarán»

Margaret Archer La socióloga inglesa dice que la ambición por ser productivos y ganar dinero…

“Es importante reconocer lo sagrado en lo...

La educadora, conferencista y mística Alex Warden, maestra en el Golden Sufi Center, comparte su…