Qué es el buen amor y cómo liberarnos de los patrones heredados que nos limitan - Sophia Online

Psicología

Qué es el buen amor y cómo liberarnos de los patrones heredados que nos limitan

Aprendimos a amar como nos amaron en la infancia, pero en la adultez podemos elegir cómo queremos vivir nuestros vínculos. Matías Muñoz, especialista en Psicología Sistémica Relacional, propone un recorrido liberador.

POR Paz Berri

“Lo que ignoramos sobre nuestra familia es tan importante como lo que sabemos de ella”, dice una frase de la psicóloga rusa Anne Ancelin Schützenberger, a quien Matías Muñoz retoma en Tras las huellas del amor, su libro recientemente publicado por editorial V&R. Una obra que, a través de la lectura y ejercicios de auto–registro, invita a revisar la manera en que el amor se inscribió en nosotros desde la infancia: tanto por la forma en la que fuimos queridos, como por el tipo de vínculo que observamos en las parejas más significativas de nuestra historia.

“¿Qué clase de amor aprendiste?” y “¿Cómo querés seguir amando?”, son las preguntas que nos proponen explorar los patrones recibidos, para ver todo aquello que deseamos cambiar y transformar en nuestras relaciones. Porque, como señala el autor, el amor difícilmente nos deje indiferentes: la necesidad de ser queridos y la riqueza de poder querer a otros son dos de los aspectos más significativos de la experiencia humana. Y siempre estamos a tiempo de construir una forma única y propia de amar.

“Creo que el primer acto de amor es haber sido engendrados por un hombre y una mujer de la forma en que haya sido, y haber recibido la vida a partir del nacimiento. En ese momento, a través de un parto, entramos en un mundo de amores que se podrían ir organizando como círculos concéntricos que van de adentro hacia afuera: primero una madre, después un padre, como los amores más fundantes de la vida”, señala el psicólogo y autor en esta charla con Sophia, en la que exploraremos el inmenso poder de la fuerza más potente de todas: el amor. 

Después, explica, vienen los abuelos, los tíos, los hermanos. “Hasta llegar a amores que nos presenta la cultura o el mundo, como son los amigos o el profundísimo amor que puede implicar una pareja”, comparte Muñoz. 

—¿Qué significa el “buen amor” y el “mal amor”?

—Creo que un buen amor es aquel que nos permite mostrarnos como somos, que nos potencia y nos hace sentir reales cuando estamos con esa persona. Puede ser el amor de una madre, de un padre, de una pareja, de un amigo, de un socio. Por el contrario, podemos pensar que un mal amor es aquel en el que tenemos que mostrar un personaje para ser aceptados. En estos casos, nos adaptamos tanto al otro para ser queridos, que perdemos nuestra propia autenticidad. El mal amor nos encapsula, no nos permite desplegarnos. Y eso convierte la relación en un lugar muy complejo. Creo que lo más propio en un buen amor es que yo pueda ser yo con esa persona. 

—En tu libro decís que aprendimos a amar a través de quienes nos amaron. ¿Cómo influye la historia familiar en nuestra capacidad para amar y relacionarnos?

—Vamos aprendiendo el amor desde que nacemos a través de dos movimientos: cómo nos quisieron y qué tipo de amor vimos que se tenían las personas que fueron significativas para nosotros. Esto quiere decir que vamos incorporando patrones de amor, no sólo a partir de cómo fuimos queridos, sino también de esas imágenes de amor que fueron siendo introyectadas, como decimos en psicología, y que se convirtieron en una idea interna sobre lo que es el amor (creencias, emociones, un lugar para el hombre, otro para la mujer). Esas huellas configuran nuestros mapas de amor y nos hacen hoy amar de determinada manera. Hay en nosotros un amor aprendido, respirado e interiorizado. 

Matías Muñoz es especialista en Psicología Sistémica Relacional. Foto: Ale López.

—¿Hasta qué punto nuestras relaciones actuales están condicionadas por esos patrones ancestrales?

—Venimos de algunas figuras ancestrales que han atravesado fuertes dolores, y eso forma parte de las huellas del amor que cada uno tiene. Pero estoy convencido de que en toda experiencia hay rincones de libertad. Estos patrones relacionales, tanto ancestrales como de nuestro padre y madre, son condicionamientos a la hora de amar, pero no nos determinan sin que nosotros podamos operar sobre ellas. Tenemos algunas funciones muy importantes como el darnos cuenta (la autoconciencia), la voluntad y la libertad, que siempre nos dan márgenes para transformar el modelo de amor que aprendimos. En la adultez tenemos la posibilidad de elegir con libertad y voluntad cómo queremos vivir el amor. 

—Es interesante lo que decís, porque entonces, si no tuvimos un buen amor en la infancia o no vimos un buen modelo de amor, podemos cambiar el rumbo…

—La pareja que tengamos en la actualidad, por ejemplo, es una enorme oportunidad para seguir creciendo y transformar aquellos modelos que aprendimos. Ya sabemos hoy que el cerebro aprende por sustitución. Entonces, si quiero hacer un cambio de un modelo de amor que aprendí (por ejemplo, donde había agresividad o violencia), la manera de que yo no esté determinado por eso, es que lo pueda sustituir por experiencias emocionales transformadoras: que pueda tener una pareja en la que haya una confianza que predomine por sobre la agresión. Esa experiencia emocional nueva va a ir reescribiendo la huella anterior. 

—¿Siempre hay posibilidades de que esto suceda?

—Siempre hay posibilidades, en los amores adultos, de generar tramas nuevas que sirvan también de modelos significativos para aquellos que vienen después. Quienes tenemos hijos debemos preguntarnos “qué estarán aprendiendo de nuestra forma de amar”. Porque nuestra forma de amor actual va a ser una huella para ellos. Hoy podemos cambiar patrones, con trabajo e intención, pero sólo lo lograremos si estamos comprometidos con ese cambio. Mirarnos a nosotros mismos, mirar el origen, el presente, implica que podamos tomar decisiones y ejecutar acciones sobre aquello que nos damos cuenta. Y así, ni más ni menos, ser más libres. 

—¿Cuál es el común denominador que ves en quienes tuvieron una infancia difícil, pero a pesar de eso pudieron crear modelos de amor completamente diferentes? 

—La resiliencia, que es la capacidad que tenemos las personas de transformar el dolor en crecimiento. Quienes pueden transformar patrones de amor más disfuncionales o que los han hecho sufrir, suelen ser personas resilientes: con optimismo, sentido del humor, fortaleza, constancia, voluntad para creer que algo es posible. Entonces, las personas que logran tener buenos amores a partir de modelos difíciles, es porque han logrado meterse dentro de ellas mismas para revisar su vida y animarse a confiar en un vínculo diferente. Se atreven a amar, por más que puedan tener fuertes temores a repetir ese patrón disfuncional. 

—¿Y por qué hay quienes no pueden salir de ese círculo?

—Lo primero que aclararía acá es que muchas veces esos patrones actúan en nosotros de manera inconsciente. Por eso es tan importante el autoconocimiento, para que después venga el cambio y la transformación. Si no me doy cuenta de que estoy repitiendo este patrón, es imposible que lo pueda transformar. Por otro lado, en psicología sistémica también hablamos de la lealtad, que es una emoción que nos mantiene unidos a gente que nos ha querido mucho o que nos ha dado la vida. Yo soy leal hacia mi familia cuando replico los valores, las costumbres; cuando tengo creencias como el sistema cree; cuando tengo un modo de vivir las emociones como el sistema lo hace. Y creo que, si soy leal a ese sistema, el sistema va a perdurar en el tiempo.

—¿Y cómo se juega la lealtad acá?

—A veces por lealtad repetimos patrones y nos cuesta mucho soltarlos. Porque es una forma de estar con mi padre/madre siendo un poco como él/ella. También porque, en ocasiones, ese patrón que hoy se repite, ha sido valorado en la familia como algo bueno. Por ejemplo, si yo repito un patrón de “silencio” (donde no hablo de lo que siento), puede que haya habido en la familia una valoración de ese silencio: alguien sostuvo que no era bueno expresar emociones para así protegerse. Eso hace que uno quede atrapado en un patrón, porque hacer un cambio es ser un poco desleal. 

—¿Entonces lograr el «buen amor» requiere liberarse de las lealtades del pasado? 

—Hay un momento en que tenemos que poder mirar lo propio y ser leales con nosotros mismos. Porque la lealtad no es sólo con la historia, sino también con quien uno es. Entonces, en algún momento me voy a tener que liberar de ese intento de ser completamente leal con mi familia de origen, para también ser leal conmigo mismo y con el otro (por ejemplo, una pareja). Y esa deslealtad a veces, “es dejar con el otro lo que es del otro”, y decirle internamente (no hace falta que sea en la vida real), “yo elijo otra manera de amar”. 

—¿Por qué son tan importantes el autoconocimiento y el autoamor?

—A través del conocimiento de nosotros mismos y de poder registrar cuáles son nuestras emociones, creencias, patrones de conducta, cuáles han sido nuestras heridas o con qué recursos contamos, lo que vamos generando es una sensación de valía que podemos llamar amor propio. Me gusta pensar al amor propio como una sensación de dignidad; de sentirme digno de tener un buen amor, una buena vida. Entonces, cuando logramos la mirada compasiva hacia quienes somos (una mirada amorosa), podemos sentirnos más dignos de amor y de ser amados. 

—En el libro hablás de “hacer las paces con todo lo que nos dieron y lo que nos faltó, para así poder construir nuestra forma única de amar”…

—Sí. Hacer las paces con lo que nos dieron y con lo que nos faltó es mirar con humildad la historia. Venimos de una madre y un padre que nos dieron la vida y el amor, y que también han sufrido traumas o dificultades en el amor con nuestros abuelos. Entonces hacer las paces es soltarlos: yo debería soltar esas expectativas que tengo para con la historia (que es cómo me hubiera gustado que sean las cosas), para poder aceptar los hechos tal y como fueron. Todos hemos venido de una historia imperfecta. Y mirar esa historia con amor es aceptarla tal y como fue para, desde ahí, seguir creciendo. 

—Para terminar, me gustaría hablar de lo que significa “integrar la historia”, algo que mencionás como un acto de generosidad y amor para los que vienen. 

—Cuando yo puedo mirar los hechos de mi historia como fueron vividos (cómo fui engendrado, en qué momento de la pareja de mis padres nací, en qué lugar familiar/cultural, etc.), lo puedo ir integrando dentro mío como algo vivido. Esa amplitud en la conciencia, va a hacer que yo tenga mayores márgenes para liberarme del pasado y hacer algo diferente en mis amores actuales. Para los hijos, que un padre o una madre puedan sentirse libres de esas huellas que han ido viviendo, haciéndolas conscientes y buscando transformarlas, es algo muy poderoso. Llevamos con nosotros sombras de nuestra historia que al ser miradas pueden convertirse en luz.

Tras las huellas del amor (V&R) se llama el libro que acaba de publicar el psicólogo.

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