Quien quiera saber dónde habitan todas las respuestas, solo debe dejarse llevar por el misterioso llamado del arte. Claro que el camino no siempre es lineal, tampoco es sencillo. “La creatividad requiere coraje”, expresó el pintor francés Henri Matisse, consciente de que habitar esa inmensidad, esa entrega, no es una tarea menor para nosotros, los mortales. Es que, como decía el pensador griego Aristóteles, hacer arte es, ante todo, dejar de lado la apariencia externa para viajar a la profundidad misma de las cosas.
A través de su trabajo, la artista argentina Bernarda Banchieri retrata esa incertidumbre en pinturas, en palabras. Y atravesada por aquello que no se puede aprehender de antemano se deja fluir, dispuesta a encontrar y abrazar aquello que su propia creación tenga para darle. «A ciegas, confiando», como dice en el manifiesto que acompaña esta galería de imágenes, donde se anima a salir al encuentro de lo que no sabe, para comprender. Te invitamos a recorrer su obra.

Siempre el camino
es bestial y alucinante.
He de ser fuerte como un toro
y suave como la brisa,
para poder cambiar
las veces que sea necesario,
y así poder pasar
por esos lugares ínfimos.
Sin mentirme,
danzando con mis miedos.
He de ser fuerte
para poder hacerme luz,
y en medio de tanta oscuridad
estar siempre dispuesta
a reconocer esos demonios,
que mutan a mis espaldas.
Incesantes.
He de ser fuerte
para verlos sin disfraz,
y débil para no ofrecerles resistencia.
Y entonces no habrá lucha,
ni tampoco carnaval,
solo será una ansiada despedida.
«Se, que en la medida en que pueda escuchar mi voz, cada vez seré más libre»

En el caos,
duerme subestimada la verdad.
Detrás de un enorme dragón que la protege
como si fuera el guardián de la eternidad.
Pura mentira.
Un bicho ridículo
que lleva tatuada en su espalda
la palabra Miedo.
Un dragón de plastilina.
Ilusorio.
El sabe muy bien,
que dentro del caos,
duerme la verdad.
Y también sabe muy bien,
que tiene los días contados
frente a quienes se atreven
a bailar en la oscuridad.

Desde el despertar,
todo sube
empieza la liberación
de la verdad.
Desde el sentir
que no está más apaciguado.
brota la vida,
y el deseo ya no duerme.
Arranca lo impuesto
con la sutileza de un silbido
y en el silencio empieza el renacer.
Otra vez al lugar de la debilidad,
en el que se desarma
el atragantamiento detenido.
y empieza la serenidad
de lo que significa vivir.

El encuentro con un otro
no supone más,
que el encuentro con uno mismo.
Un despertar, si se quiere
de aquello que aún duerme.
O por el contrario
un entierro sublime
de lo que no está maduro todavía.
Y entonces se debe respetar como a la planta
que asoma pero no brota.
En la batalla llueven canciones
que intentan decirnos algo.
La soledad es como la muerte
despiadada pero necesaria.

Juguemos a que no hay juego.
Juguemos a que no hay miedo.
Juguemos a hacernos visibles.
Juguemos a decirnos la verdad.
Juguemos,
juguemos sin juzgar.
Juguemos,
sí juguemos.
El juego que hay que jugar.

Me apuro,
deslizo el pincel,
en una sutil carrera
por adelantarme al pensamiento.
Encontrar el tiempo justo,
segundo a segundo,
un acto de fe.
Casi como bailar,
al ritmo del sonido,
ni antes ni después.
Improvisando.
Y entonces…
fluye sin pretensión,
la magia.
Aprendo de mi arte,
como quien de la experiencia.
Abriéndome paso
en medio de la incertidumbre.
A ciegas, confiando.
Y es precisamente ahí,
cuando se abren todas las fronteras,
que la mente caprichosa y maleducada
se esmera en controlar.
Mi batalla es clara,
no es una batalla ganada,
ganar es adormecer.
Sé,
que en la medida en que pueda escuchar mi voz,
cada vez seré más libre.


SOBRE LA AUTORA.
Bernarda Banchieri nació en Neuquén, Argentina, en 1978. Desde hace veintiocho años vive en Buenos Aires. Convencida del enorme valor que tiene la libertad, se dio permiso para salir a buscarla a través del arte. Pintar, bailar y escribir son las grandes pasiones que mueven su vida. A través de una indagación profunda, la artista fue descubriendo el devenir de su trabajo siguiendo su intuición y dejando fluir la improvisación. Sus obras son piezas tan personales como únicas y en ellas se permite desandar caminos para oír siempre su propia voz. “Viajamos de la mano hacia lugares desconocidos, con la certeza de que estaremos a salvo”, escribió. A lo largo de su trayecto también sintió el impulso de acompañar a otras personas para ayudarlas a iluminar los momentos oscuros de la existencia, pintando para acompañarlas en sus dolores y penas. “Mi arte no es mío. Mi arte es del ser que habita en todos nosotros”, en palabras de Bernarda.
Podés ver más de su trabajo en: https://berniban.com.ar y en https://linktr.ee/berniban
Necesitás registrarte para disfrutar contenidos en audio
REGISTRARME¿YA TENÉS CUENTA? INICIÁ SESIÓN