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¿Por qué vivimos tan ocupados?

Cansados, con las agendas llenas y la sensación de que el tiempo pareciera nunca alcanzar. En esta nota, reflexiones sobre cómo reducir la velocidad, disminuir el ruido de la vida moderna y encontrar tiempo (y calma) en el día a día.

Por Paz Berri

«El tiempo comienza a tener aroma cuando adquiere una duración, cuando cobra una tensión narrativa o una tensión profunda, cuando gana en profundidad y amplitud, en espacio. El tiempo pierde el aroma cuando se despoja de cualquier estructura de sentido, de profundidad, cuando se atomiza o se aplana, se enflaquece o se acorta. Si se desprende totalmente del anclaje que le hace de sostén y de guía, queda abandonado. En cuanto pierde su soporte, se precipita», reflexiona el filósofo surcoreano Byung-Chul Han en su libro La sociedad del cansancio, donde expone un mal de esta época: vivimos en la era de la velocidad.

Agendas ocupadas. Tiempos libres ocupados. Fines de semana ocupados. Semanas ocupadas. Y celulares (que agarramos como un acto reflejo al mínimo instante libre), también ocupados: con notificaciones, mensajes, likes. 

“Estoy harta de la gente que cree que estar estresado o ‘a mil’ son sinónimo de éxito. Me parece que el estrés pasó de moda. Y que hoy podemos hacer mucho menos, y bien. Tiene que haber tiempo para los amigos, para tu camino espiritual, para vos, y para tu trabajo”, dijo la empresaria y tea blender Inés Bertón en una entrevista que le hicieron hace poco Andy Clar y Beta Suárez para “Hola Vos”, el nuevo stream de Telefe.

Estrés y éxito ya no son sinónimos. ¿Pero cómo bajarnos de esta calesita que a cada vuelta nos tienta con una nueva sortija?

En el libro Make Time, Jake Knapp y John Zeratsky proponen salir de la constante híper-productividad para la cual estamos configurados (siempre disponibles para todo y para todos), evaluando —de verdad— cuáles son nuestras prioridades. El libro empieza con una pregunta que interpela: ¿Por qué estamos viviendo una vida tan ocupada y caótica? Y los autores ponen la mirada en “El club de los ajetreados”, y “Las piscinas infinitas”, dos ideas que exploran a través de las páginas. 

El “Club de los ajetreados” es esa configuración que traemos por default, donde pareciera que estar ocupados, tener la bandeja de entrada del mail desbordada, la agenda repleta, e infinitas listas de tareas, está bien visto: “De acuerdo con la mentalidad del club de los ajetreados, si quieres estar a la altura de todas las exigencias del mundo laboral y además funcionar en la sociedad actual, has de ser productivo cada minuto. Si bajas el ritmo, te quedarás afuera y nunca te pondrás al día”, dicen Knapp y Zeratsky.

En el caso de las “Piscinas infinitas”, explican que es otra fuerza que compite por nuestro tiempo. Y tienen que ver con cualquier dispositivo o aplicación que se actualice constantemente y tenga información disponible todo el tiempo (como las redes sociales). ¿Qué hacen las piscinas infinitas? Demandan nuestra atención: “Este tipo de entretenimiento siempre disponible, siempre nuevo, es tu premio por el agotamiento de estar ocupado constantemente. ¿Pero es imprescindible estar ocupado de esta manera? La distracción sin fin ¿es realmente un premio? ¿O será que estamos todos atascados con el piloto automático?”, indagan los autores.

Entonces, si por un lado tenemos una configuración que nos hace estar todo el tiempo ocupados y, por otro, una que nos lleva a distraernos constantemente, ¿por qué nos sorprende el nivel de estrés y agotamiento en el que estamos inmersos a diario?

Cambiando el chip

“Para ser productivos no necesitamos hacer más, necesitamos hacer mejor. Necesitamos hacer que el tiempo que tenemos esté destinado a cosas que realmente nos aporten valor. Si no, terminamos ´prendidos fuego´”, explica Sofía Contreras, consultora de negocios y speaker internacional. Y agrega: “Esta sensación de que el tiempo no nos alcanza y de que vivimos cansados, se puede solucionar. Se trata de desarrollar una vida balanceada y sostenible que podamos mantener todos los días. Eso es productividad”.

Las horas no son infinitas. Nuestra energía tampoco. Y esto es algo que —por suerte— estamos entendiendo. La invitación es que a podamos recuperar el control. ¿De qué manera? En el libro hay diversas tácticas muy útiles como bloquear la agenda, aprender a decir que no, o planificar el día de antemano. 

Además, hay recomendaciones destinadas a resetear la relación con el celular, algo fundamental en esta búsqueda. ¿Cómo? Eliminando las notificaciones para ver la información nueva solo cuando elijamos hacerlo (así dejaremos de estar siempre localizables o disponibles), poniendo horario para chequear el correo,cerrando las sesiones en las apps, y dando de baja grupos de WhatsApp que nos cargan de información que no nos interesa. La clave tiene que ver con cuestionar cada rutina. Y ver qué elegimos nosotros y qué eligieron por nosotros. Sin esta tentación constante, podremos focalizar más la atención en la tarea que tengamos entre manos. Y así ganar calidad de vida.

Primero lo primero

“Cualquier decisión o desafío que encuentres en tu vida, solo pregúntate ‘¿qué es lo esencial?’. Y elimina el resto”, señala Greg Mc Keown en su libro Esencialismo. Esta pregunta se entrelaza directamente con otro de los grandes consejos que dan Knapp y Zeratsky en Make Time: empezar la jornada con un “objetivo de alta prioridad” y centrar la atención ahí.

“Cuando tienes un objetivo ambicioso pero realizable, al final del día has terminado. Puedes tacharlo, dejar atrás el trabajo, y regresar a casa satisfecho. Cada día elegirás una única actividad para priorizar y proteger en tu agenda”, explican los autores. Y destacan: “Puede tratarse de un objetivo claro del trabajo o algo personal (plantar flores en el jardín). Tu prioridad puede ser algo que no necesariamente debes hacer, sino que quieres hacer, como jugar más con tus hijos o leer un libro. No es la única cosa que harás, pero sí la más importante”.  

Además destacan cómo, para ganar tiempo y hacer lo que nos importa, el cerebro necesita energía. Y esta energía se consigue cuidando el cuerpo: con una comida sana, un paseo diario, pausas frecuentes, buen descanso, y una jornada laboral ligeramente reducida. La idea es que podamos empezar a hacer foco en lo importante para cada uno (el gran superpoder de esta época repleta de distractores), y no perder el día entero reaccionando a las prioridades de los demás.

«Solo cuando uno se detiene a contemplar, desde el recogimiento estético, las cosas revelan su belleza, su esencia aromática», describe el filósofo Byung-Chul Han.

Ocio, divino tesoro

En su podcast “El ocio en relación a la productividad, el tiempo y la culpa”, Brenda Zlotolow, creadora de contenidos sobre creatividad, pone sobre la mesa esa frase que decimos tan a menudo, casi sin pensar: “Me gustaría… pero no tengo tiempo”

“El tiempo está, el día tiene 24 horas para todos. La diferencia entre alguien que hace algo que le gusta, y quien no, es una cuestión de priorización. Quizás no hay ganas de priorizar una cosa sobre la otra. Y esto no tiene nada de malo. Lo bueno es poder verlo”, dice Zlotolow, y aclara: “Por supuesto que hay excepciones (alguien que acaba de ser mamá), pero muchas veces no es que el tiempo no está, sino que no me lo hago, o no me doy el permiso para esa actividad”.

Crecimos con una idea de productividad a toda costa. De hacer, hacer y hacer. Con la premisa de que el ocio es sinónimo de vagancia, el desorden sinónimo de pérdida, el error como indicador de fracaso, y la imagen de que los procesos son dos puntos que se unen en línea recta y que todo aquello que lo altere es peligroso. Midiéndonos, comparándonos, evaluándonos críticamente, sin matices, todo blanco o negro. Ganadores o verdaderos perdedores”, nos dijo Claudina Kutnowski, psicóloga especialista en vida laboral, hace unos meses para una nota de Círculo Sophia.

Priorizar. Darle valor a una cosa por sobre la otra. Hacer foco. Eliminar distracciones. Y aprender —de una buena vez— que algo no es productivo solamente porque me genere un beneficio o sirva para determinado fin. Hay una productividad que es mucho más sutil, que no se ve en lo concreto, pero que impacta en el cuidado del cuerpo y la mente. Y tiene que ver con hacer aquello que nos hace bien, saber cuándo descansar, vivir a nuestro ritmo (y cada vez menos direccionados por el afuera), y según los propios valores. 

“Hay cosas más importantes en la vida que aumentar su velocidad”, dice una frase de Mahatma Gandhi. Y con esta idea nos queremos quedar.

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José Saramago