Xuan Lan: del mundo corporativo a dar clases de yoga multitudinarias - Sophia Online

Membresía digital

Círculo Sophia

Sophia Online

Entrevistas

Xuan Lan: del mundo corporativo a dar clases de yoga multitudinarias

Reúne a millones de personas en su canal de YouTube, que explotó de seguidores tras la pandemia. Aprendiz de las enseñanzas de los monjes Matthieu Ricard y Thich Nhat Hanh, asegura que lo que más le interesa es ayudar a otros a encontrar armonía y unidad.

Por Clementina Escalona Ronderos

Cada vez que termina una de sus clases, Xuan Lan (49) dice: “Gracias por practicar conmigo. Namasté”. Lo dice en español, con un acento dulce, levemente francés. El video termina y el practicante se levanta, enrolla el mat de yoga y se prepara para la siguiente actividad del día con la mente calma y el espíritu liviano. Eso es lo que Xuan Lan siempre nota: que la práctica constante de yoga puede transformar la vida de las personas de manera positiva. 

Su nombre significa orquídea de primavera en Vietnam, al que llama su país de origen, dado que su padre y madre son vietnamitas. Nació en París, Francia, y hoy vive en Barcelona, desde donde dicta clases online de yoga y bienestar para todo el mundo en español. A raíz de la pandemia, ganó protagonismo mundial como profesora de yoga a través de su canal de YouTube, que alcanzó el millón de seguidores en 2020 y hoy cuenta con casi el doble. En 2021 la revista Elle le otorgó el Elle Women Award para la categoría de Wellness por su rol en la promulgación del bienestar.

Aunque Xuan Lan primero aspiró a una carrera corporativa que inició en Nueva York, luego de diez años decidió dejar su trabajo en el sector bancario para dedicarse a lo que hoy considera la misión de su vida: enseñarle a la gente lo que ella sabe sobre yoga y meditación. Autora de tres libros ―Mi diario de yoga (2016), Yoga para mi bienestar (2018) y La buena hija vietnamita, cómo encontré mi propósito de vida (2024), publicados por Editorial Grijalbo―, y su propia plataforma online, XLY Studio, se dedica a transmitir, con alegría y de manera simple, salud y bienestar para todos los que se acerquen a recibirla. 

―Decidiste dejar tu trabajo estable para dedicarte a enseñar yoga. ¿Fue un cambio gradual, o se dio de un día para el otro?

Cuando empecé a enseñar hace trece años, el yoga no estaba tan organizado. Había menos profesores, menos alumnos, menos centros de yoga, y era un poco arriesgarme por una pasión en un sector que no existía. Pero yo estaba convencida de lo que el yoga me había aportado, y lo que podía transmitir a otros. En algún momento perdí la motivación en mi trabajo, por el contenido y por el entorno, y empecé a dar clases de yoga a mis compañeros del banco. Les propuse hacerlas al mediodía, en grupos de cinco o seis personas. Alquilamos una sala que estaba en el barrio y yo daba clases gratuitas. Me di cuenta de que me encantaba la enseñanza, me daba alegría y sentido poder devolver lo que había aprendido. Era algo que me salía bastante bien y natural, aunque tardé muchos años en entender que quería ser profesora. 

―¿Cuál es ese gran aporte que te dio el yoga?

―Me cambió la vida de manera muy sutil al principio y radical después. Fue un camino de transformación y autoconocimiento, de indagar hacia adentro. Antes de trabajar, aunque no me gustaba levantarme temprano, hacía Ashtanga yoga. Me daba disciplina y equilibrio. Yo estaba en un equipo donde todos éramos bastante jóvenes, en un entorno competitivo, muy trabajador, de largas jornadas; no existía el teletrabajo y salíamos de la oficina a las ocho de la noche. Era un momento de mucho estrés, adrenalina y proyectos interesantes, y no todo el mundo veía las fronteras entre la salud, el bienestar, el trabajo y la vida personal. El yoga me ayudó mucho a manejar el estrés, el cansancio y también la confusión entre las ganas de evolucionar en una gran empresa y el despertar espiritual [que sentía]. 

¿Por qué, a pesar de toda la información que tenemos hoy en día sobre salud y bienestar, todavía nos cuesta crear hábitos sanos y vivir más conscientemente?

―Como tenemos información, entretenimientos y compras instantáneas, estamos creando una adicción a la gratificación instantánea e inmediata; incluso a nivel hormonal, liberamos dopamina frente a esta gratificación. El problema es que con dos días de meditación y yoga no vas a notar nada, se necesita tiempo para sentir los beneficios. Nazareth Castellanos, una neurocientífica de España, explica que el 90% de las personas que empiezan a meditar lo dejan por falta de motivación: no planifican, no mantienen la constancia y como no sienten gratificación inmediata, dejan.

Has mencionado que en esta etapa de tu vida, está cobrando mucha importancia el desarrollo de tu espiritualidad…

―Se acaba de publicar mi tercer libro, La buena hija vietnamita, cómo encontré mi propósito de vida (Grijalbo), que es sobre desarrollo personal y espiritual. La espiritualidad es las preguntas que te haces a ti mismo: ¿por qué estoy aquí? ¿Qué quiero hacer de mi vida? ¿Qué puedo aportar a este mundo? ¿Qué puedo aportar a los demás? Y para responder estas preguntas hay que parar a escucharse y conocerse. A través de un trabajo de introspección, contemplación, meditación, lecturas, empiezas a saber dónde te sitúas en este universo y lo que puedes aportar; la huella que quieres dejar. 

¿Algo de todo eso define al yoga?

―Desde el punto de vista de las Escrituras, el yoga es una disciplina espiritual: la unidad entre nosotros, el Universo y un ser más elevado que llamamos Dios. Para empezar, es una herramienta de bienestar con lo que somos.

Alguna vez mencionaste que existen muchos prejuicios contra la práctica del yoga, ¿qué ves en la actualidad?

―Hay cada vez menos, porque la práctica, al menos en España y en Argentina, ha avanzado. Hace 10 o 15 años, se veía como una disciplina muy esotérica, o una gimnasia para señoras mayores, hasta que los norteamericanos comenzaron a incorporarla en todos los gimnasios. La prensa también empezó a interesarse, y salió en las revistas como una actividad para el bienestar y para ponerse en forma. Las redes sociales le han dado un giro, mostrando que hay chicas jóvenes que practican y muchos probaron durante la pandemia. Es extraño, porque el yoga fue creado por hombres para hombres en la India, y ahora el 85% de los practicantes son mujeres. Me gustaría que fuera parte de todo el mundo. 

¿Por qué pensás que quedó más asociado a las mujeres?

―Los hombres todavía no lo ven con tanto interés porque buscan deportes muy físicos, donde sudan y ven resultados; y como el yoga no se define como un deporte sino como una disciplina más holística, el resultado es más sutil, no tan visible. Pero veo que cada vez más hombres la utilizan como una actividad complementaria para calmar la mente, para estirar, para conectar con su cuerpo. Poco a poco, están llegando de nuevo.

―¿Cuál es tu mayor proyecto en este momento?

―Actualmente, es la plataforma online de yoga y bienestar XLY Studio (Xuan Lan Yoga Studio), que inicié justo después de la pandemia, cien por cien en español. Somos un equipo de profesores e invitamos a expertos, también. La gente no siempre tiene tiempo de entrar en diferentes sitios web. Acá hay yoga, meditación, nutrición… Estamos ofreciendo la puerta de entrada para que cada uno pueda hacer su propio proceso de despertar, a nivel ambiental, psicológico y espiritual. 

¿Hacia dónde se orienta tu búsqueda personal?

―Tengo interés en seguir haciendo este trabajo de desarrollo espiritual. Pienso que estoy solo al inicio y me parece fascinante. Me encantaría que muchas más personas iniciaran este camino. 

―¿Un deseo que tengas para la humanidad?

―Más armonía; estamos en mucha contradicción.

Fotos: Gentileza Xuan Lan.

COMENTARIOS

FRASE DEL DÍA

"La alquimia nos da la revelación resplandeciente de la divinidad de la vida en la reunión de cuerpo, alma y espíritu".

Anne Baring