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Xiskya Valladares: “Rezo por los que odian en las redes sociales”

Una entrevista a la monja nicaragüense, hoy radicada en España, que está revolucionando las redes sociales en nombre de Dios. Su misión, dice, es ayudar a sanar el alma del mundo.

Xiskya Valladares es religiosa de la comunidad Pureza de María, filóloga y periodista.

Por Virginia Bonard 

La hermana Xiskya Valladares nació en Nicaragua y, aunque por esos años le tocó crecer en un clima bélico debido a la compleja realidad política de ese país, recuerda aquella etapa con mucho amor porque le brindó la gran oportunidad de conectar con las necesidades ajenas, la ayuda al prójimo y el despliegue de su espiritualidad. Actualmente vive en España, es religiosa católica y atiende su “tienda de fe” en Instagram y Twitter, donde consecha más de 43,9 mil y 77,7 mil seguidores, respectivamente. Además, tiene una cuenta de TikTok (con 709 mil followers), donde aclara: “No bailo”, un guiño para dejar en claro que lo que ella busca es compartir desde otro lugar. Como directora de la comunidad @iMision, trabaja en la construcción de sinergias, formación y encuentros aprovechando las herramientas del mundo digital, que le resultan tan valiosas.

Xiskya Valladares es religiosa de la comunidad Pureza de María, filóloga y periodista, doctora en Comunicación. Co-fundadora de la asociación para la evangelización en Internet, iMisión. Fue colaboradora del diario español El Mundo, actualmente trabaja en el centro universitario CESAG y colabora con algunas revistas. Tipeando su nombre se la puede encontrar en Twitter, Facebook, Instagram, YouTube y Tiktok.

Sus afirmaciones —serenas, agudas y prístinas— son su carta de presentación: “Ensanchemos la tienda”, “Soy misionera digital”, “Rezo por los que odian en las redes sociales”, “Dios nos busca a su modo”, “¿Estás haciendo todo lo que está en tu mano para trabajar por la justicia?”, son algunas de sus publicaciones online. Allí también comparte videos en los que aconseja, por ejemplo, “no juzgues, no critiques, no canceles” y hasta se anima a cuestionar que no haya mujeres sacerdotisas. Dispuesta a amplificar el mensaje, además se vale de divertidas bromas y memes. En diálogo con Sophia, Xiskya abre el corazón y comparte su visión sobre la vida, la religión y la compleja actualidad que a todos nos toca atravesar, sin importar en qué parte del mapa nos encontremos.

—Cuando te preguntan “¿quién eres tú?”, ¿qué eliges responder? 

—Siempre digo que soy simplemente una mujer que busca a Dios en las cosas de cada día. Y si quieren saber más, que soy religiosa de la Pureza de María, nicaragüense, misionera digital, profesora y doctora en Comunicación.

—¿Cómo ha sido tu vida de niña y adolescente?

—Mi infancia fue feliz, pasé de los 4 a los 7 años en París con mi familia, porque mi padre fue a estudiar Cardiología y mi madre Economía Política. Al poco tiempo de regresar a Nicaragua tuvo lugar la guerra sandinista, que dejó al país en la pobreza. Yo tenía 10 años, pero no tengo malos recuerdos de ese momento, porque lo pasé con mis primos en casa de mis abuelos. Mi adolescencia fue en la posguerra: el país tenía racionada la comida y, a veces, casi no se encontraban productos de primera necesidad. Por suerte, no pasé hambre ni carencias. Estudié en el colegio de lo que después fue mi congregación, no viví el consumismo ni el derroche, y tuve la oportunidad de conocer la realidad del pueblo más pobre porque, para bachillerarse, era obligatorio ir a cortar café, sembrar árboles, alfabetizar a adultos un año, ayudar en campañas de vacunación de los barrios, etc., lo cual para mí fue una bendición. Con todo eso, mi adolescencia fue muy rica, tenía muchos grupos de amigos, participaba en la pastoral juvenil.

—¿Cuándo y cómo nació la religiosa tan potente y decidida que hay en ti? 

—Elegí esta congregación porque era la de mi colegio. Creo que mi vocación se fraguó a fuego lento, despacio, en medio de todo lo que vivía, e incluso fue madurando en el noviciado y después de mis primeros votos. 

—¿La iglesia actual te representa, te sientes cómoda en este tiempo?

—Francisco me representa. Muchos obispos actuales también, pero he de decir que otros no. No me representan los que están contra Francisco, ni los que encubren casos de pederastia, ni los que reniegan de la sinodalidad, ni los que siguen el clericalismo apático que solo busca la comodidad y el propio protagonismo. Me representan todos los que salen a la calle con el pueblo a luchar por sus derechos, a promocionar a los pobres, a proclamar la justicia en voz alta y sin miedo. También los que dentro de la propia Iglesia saben ensanchar el espacio de su tienda para dar lugar a la mujer, a los jóvenes, a los excluidos…

—¿Cómo describirías tu activa participación en las redes sociales? Se percibe allí una identidad bien definida…

—Me describo como misionera digital: siento pasión por evangelizar, creo que no puedo retener lo que he recibido, un amor infinito que es misericordia y que transforma el mundo. Pienso que hay mucha gente que se lo pierde y me urge comunicarlo, anunciarlo. Hace ya bastantes años que estoy en las redes y ya no tengo ningún problema de identidad ahí, al contrario, creo que los que me valoran lo hacen justamente por lo que represento.

«No concibo una espiritualidad abstracta que no se encarne en la realidad de nuestro mundo. Por eso considero necesario estar al día de la actualidad», cuenta la hermana, que tiene 77,7 mil seguidores en Twitter.

—¿Qué te inspiran los odiadores digitales? ¿Cómo reaccionas ante ellos?

—Con los odiadores a veces intento dialogar, pero cuando veo que es imposible, bloqueo o silencio, dependiendo de lo que me dicen. Pero intento no guardarles ningún rencor, pienso que son personas con problemas diversos que les impulsan a actuar con ese odio. La verdad es que rezo por ellos.

—En Roma participaste en el Sínodo de la Sinodalidad, donde formaste parte de un “equipo” de religiosas, religiosos y sacerdotes que habitan las redes sociales haciendo un camino de evangelización digital. ¿Qué significó esa experiencia y qué pudiste compartir con el Papa Francisco en el “uno a uno”?

—Ha sido una experiencia única que a mí, me ha marcado muchísimo. Confieso que, aunque había participado con la escucha digital, no tenía tan claro lo que era la sinodalidad. Y ahí, en la Asamblea, me quedó clarísimo porque lo vivimos a tope. Fue muy enriquecedor y transformador. Se notaba la acción del Espíritu Santo por momentos y eso me impresionaba. En la sala surgieron relaciones preciosas de fraternidad y amistad con obispos, cardenales, religiosas, laicos. Y esa comunión es el regalo más grande: se puede pensar distinto y sentirte en comunión. 

El Papa Francisco no estaba todos los días, pero mínimo dos veces por semana sí y para mí fue un descubrimiento tremendo. Creo que la palabra que mejor describe mi sentimiento hacia él es admiración y cariño profundo. Me dio muy buenos ejemplos, a veces solo con su presencia. Con 87 años él era el primero en llegar y escuchaba a todos con mucha atención. Tiene la cabeza clarísima. Sabe lo que el Espíritu le pide. Y sus intervenciones siempre daban en el blanco. En el “tú a tú” me pareció súper humano, detallista, cercano, empático y un profundo enamorado de Cristo.

—¿Qué son la fe, Dios, la vida espiritual para ti? ¿Piensas que nuestra cultura siglo XXI les da espacio? 

—Dios es una persona que yo defino como la esencia del Amor mismo. La fe es vivir esa relación. La vida espiritual es tener ese amor de Dios y vivirlo en el día a día, con todas las personas que nos rodean, con una broma, con un detalle, con un gesto, ser puentes entre Dios y nuestros coetáneos. Nuestra cultura actual no es consciente de que necesita dar espacio a Dios, por eso sufre tanto. Pero creo que por eso es Dios quien nos busca a su modo para llegar a nosotros, a veces sin que nos demos cuenta. 

—Te pido tres consejos —o los que consideres necesarios— para alguien que no conoce a Dios y tiene ansias de saber.

—Aquí te van:

1. Abre los ojos y reconoce todo lo bueno que merodea en la vida. Todo ello es regalo de Dios. Te ha cuidado aun cuando te parecía que te abandonaba. 

2. No te quedes con la fe que te dio el catecismo de primera comunión. Tú has crecido, has madurado, ahora necesitas respuestas de adulto. Busca quien resuelva tus dudas de fe.

3. La paz y el amor son signos claros de Dios. Si tu interior no siente paz, si no sabes mirar con compasión a los demás, posiblemente te falta Dios.

—Compártenos, por favor, alguna oración que logre en ti el efecto de la recuperación de la esperanza en tiempos de oscuridad, alguna lectura que te invite con insistencia a seguir creyendo y alguna persona —ignota o famosa— que sea una influencia positiva en tu vida.

—Una canción de Cristóbal Fones que se llama «Tu modo» a mí me cambia la mirada si tengo un mal día. Te la recomiendo. Dice: «Jesús enséñame tu modo de hacer sentir al otro más humano, que tus pasos sean mis pasos, mi modo de proceder». Un libro básico para mí es el Evangelio, la lectura de cada día siempre me aporta algo nuevo para continuar con mirada esperanzada. Y una persona es Francisco. Leerlo a él también me ayuda, pero sus gestos son contagiosos de esperanza para mí.

Nacida en Nicaragua y radicada en España, Xiskya siente que su misión es amplificar un mensaje de amor.

—¿Cuánto te duele nuestro mundo? ¿Cómo sobrellevas las injusticias, las desigualdades que separan a los que comerán de los que no; a los migrantes que lograrán sobrevivir de los que perecerán en las grandes tumbas del océano? 

—Me duele mucho. Por eso no me gusta ver el telediario de noche, tengo que verlo a mediodía o no verlo. Y siento que necesito hacer algo más, siempre. Pero llega un momento sereno en que me doy cuenta de que no soy la salvadora del mundo. El redentor ya vino, y lo que nos toca es hacer cada uno todo lo que está en nuestras manos. Lo importante es preguntarnos si realmente estamos haciendo todo lo que nos es posible y discernir con paz. 

Por otra parte, cuando veo lo afortunada que soy, a veces me siento mal y nuevamente llega el momento sereno de darme cuenta de que lo que tengo que hacer es agradecer. Agradecer a Dios y a las personas que pone en mi camino por tanto bien recibido que hoy me permite ayudar a otros. 

—No sé si has tenido alguna experiencia maravillosa —un milagro, quizás— vinculada a Dios y su presencia en tu vida, o en las de tus seres queridos. Si así fuera, ¿quisieras compartirla?

—Un milagro fue la conversión de mi papá antes de morir. Él se hizo ateo en un momento de su vida, cuando yo ya era religiosa. Pero el último año me escribía mails cuestionándose cosas importantes, entre ellas la fe. Y murió conmigo, mi madre y mis hermanas alrededor de su cama en el hospital, habiéndose confesado y comulgado. Creo que fue un enorme regalo de Dios.

—¿Tienes sueños por cumplir? 

—Soy bastante inquieta y siempre tengo sueños. A veces son cosas sencillas, como por ejemplo convertirme en artesana del cuero (que ya estoy en ello). Otras son cosas inmensas como la red de iMision, en la que planeamos un cambio importante para la pastoral digital, y ya estamos trabajando en ese sentido. Se trata de una red de redes digitales con una formación en evangelización digital del más alto nivel y la reflexión de contenidos sugeridos por nuestros seguidores, creados por un grupo multidisciplinario de expertos. Si lo logramos, cambiará el modo de hacer evangelización digital.

Hay otro sueño que estoy planeando todavía, pero espero realizar este año. Es una colaboración con Luca Casarini* en la frontera entre Marruecos y España donde hay migrantes retenidos. 

—Por último, ¿cómo es tu día a día en España?

—Mi día a día es bastante cambiante, nada aburrido. Suelo tener muchas reuniones de trabajo online relacionadas con los proyectos en los que estoy. También me paso unas horas por el Gabinete de Comunicación que dirijo en la universidad. Vivo en comunidad las comidas, las oraciones y la misa. Soy la coordinadora de la Pastoral Universitaria y con el equipo organizamos actividades de distinto tipo para los chicos. Viajo con frecuencia a cursos o congresos a los que me invitan como oradora y, a veces, como participante. Los días festivos me gusta mucho hacer senderismo, volar el drone, ver películas o hacer trabajos con cuero. Hace un año que no cojo la bicicleta porque me operaron de una rodilla, antes solía hacer unos treinta o cuarenta kilómetros por la isla los fines de semana. Espero retomarlo porque uno de mis sueños es hacer el Camino de Santiago.  

*Fundador de Mediterranea Saving Humans (Italia).

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