Voluntariado +60: la oportunidad de encontrar un propósito en esta nueva etapa de la vida - Sophia Online

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Voluntariado +60: la oportunidad de encontrar un propósito en esta nueva etapa de la vida

Después de los 60 años, comprometerse con una causa social puede abrir las puertas al bienestar emocional y a una forma más amorosa de habitar el mundo.

POR Flavia Tomaello

Durante décadas, Jane Fonda brilló en la pantalla grande como una de las actrices favoritas de Hollywood. Obtuvo numerosos premios —entre ellos dos Oscar— y más tarde se convirtió en un ícono del bienestar a través de sus videos para alentar a las personas a realizar rutinas aeróbicas. Sin embargo, cuando llegó a la adultez, sintió que le faltaba algo; que esa nueva etapa de su vida le pedía otro tipo de movimiento, un accionar más comprometido.  

Fue así que, pasados los sesenta, comenzó a involucrarse cada vez más en causas ambientales y sociales, participando activamente de campañas y movimientos comunitarios. “A esta edad no siento que mi vida se esté achicando, siento que se está expandiendo”, expresó en una entrevista sobre esa nueva dimensión que encontró cuando muchos creían que le había llegado el momento de retirarse. 

Fonda contó que ese acercamiento al activismo transformó su manera de habitar el mundo. Después de una trayectoria marcada por la exposición pública y el éxito profesional, encontró en el hacer colectivo una forma distinta de vitalidad, más ligada al encuentro, la conciencia y el sentido compartido, que a su propia individualidad. 

Su recorrido refleja una idea que hoy atraviesa a muchas personas mayores: lejos de representar un cierre, esta etapa puede convertirse en una oportunidad para volver a conectar con el mundo desde otro lugar, con más experiencia, tiempo y profundidad que antes. 

Algo similar ocurre hoy con muchas personas +60 que encuentran en el voluntariado una posibilidad de transformación inesperada. Puede ser después de la jubilación, o en ocasiones luego de la viudez. Lo cierto es que las estructuras conocidas cambian y aparece una pregunta que no había encontrado espacio hasta el momento: ¿cómo quiero habitar el tiempo? Es entonces que el encuentro con otros puede abrir una etapa distinta, más vinculada al propósito, a la experiencia compartida y a la sensación de seguir siendo parte activa del mundo. En ese proceso, la participación social puede ser una respuesta posible.

Hacia una conexión mayor

Investigaciones de la Universidad de Harvard, lideradas por Robert Waldinger, profesor de Psiquiatría en la Facultad de Medicina y director del Harvard Study of Adult Development, concluyeron que “los vínculos de calidad son el factor más consistente para sostener bienestar y salud a lo largo de la vida”. 

A partir de esa evidencia, las actividades que promueven la conexión adquieren una relevancia central en la adultez mayor. “Las personas mayores que realizan voluntariado desarrollan un fuerte sentido de pertenencia, seguridad, cohesión y vinculación con otros que comparten la tarea”, describe Cristina Veiga, psicóloga de la Fundación Aiglé.

Para Belén Fernández Moores, psicóloga y líder del programa Voluntariado +60 de la Fundación Navarro Viola, “las personas mayores tienen un enorme potencial para seguir aportando y generando valor en sus comunidades”. Con más de 170 participantes, el programa refleja una transformación cultural en torno a esta etapa vital.

El trabajo del profesor Waldinger es coincidente, al señalar que “las prácticas altruistas activan áreas cerebrales vinculadas al placer y contribuyen a disminuir el estrés, un efecto especialmente significativo en edades avanzadas. A nivel psicológico, estudios sobre envejecimiento activo indican que quienes participan en voluntariado desarrollan mayor estabilidad emocional, cohesión social y satisfacción con la vida”, sostiene. 

Para la licenciada Fernández Moores, “este tipo de experiencias fortalece vínculos, amplía redes y construye identidad”, un aspecto que, según explica, aparece de manera recurrente en los testimonios de quienes forman parte de causas que involucran el bienestar de otras personas.

Marta tiene 62 años, trabajó como docente y cuenta que atravesó ese proceso de manera personal. Tras jubilarse, buscó nuevas formas de sostener su vocación. Hoy comparte espacios de lectura con niños de distintas edades a los que les dedica su tiempo, sin esperar a cambio más que compartir historias y alejarlos un rato de las pantallas. “Descubrí que todavía podía acompañar a los chicos, aunque desde otro lugar, con más calma y más escucha”.

A sus 65, Clara, que hizo una prominente carrera como abogada, de pronto se encontró ante un escenario totalmente desconocido. “Me acababa de jubilar cuando mi marido murió. No tengo hijos, tampoco nietos, así que me dispuse a colaborar a tiempo completo con una institución que trabaja con personas en situación de calle —cuenta y asegura que eso le dio una vitalidad que temía haber perdido—. El trabajo es duro, porque ves cosas terribles, pero abrirme a otros me ayudó a crecer como persona”. 

Del hacer al trascender

El voluntariado se configura como una oportunidad concreta para transformar el tiempo en algo significativo. En ese sentido, puede ser una forma de volver a empezar, pero con una mirada más humana, más consciente.

Es que el pasaje hacia esta etapa suele implicar una revisión profunda de la propia historia: lo que se hizo, pero también lo que todavía está pendiente. Las rutinas cambian, los roles se modifican y aparecen preguntas que invitan a explorar nuevas formas de sentido.

“Abrirse a experiencias solidarias permite construir un nuevo significado basado en la generosidad y la conexión con otros”, indica Veiga. Esa transformación implica correrse de una lógica centrada en la productividad para ingresar en una dimensión de tipo vincular; es pasar de lo individual a lo colectivo. 

“Muchas personas llegan con la intención de ocupar su tiempo y encuentran un espacio de aprendizaje, vínculos y propósito renovado”, resume Fernández Moores y señala que ese recorrido se construye a través del intercambio y el encuentro con el prójimo. 

“El voluntariado permite alcanzar un nuevo dominio en la vida, el de darse al otro —suma Veiga—. Una acción que muchas veces no había sido explorada con la profundidad que este tiempo permite. En esta etapa aparece la posibilidad de correrse de los roles tradicionales y construir una identidad más ligada al propósito, al encuentro y a la trascendencia”.

Escribiendo una nueva historia

Carlos, tiene 70 años, trabajó como ingeniero y encontró en el voluntariado una forma de reordenar su vida luego de enviudar. Comenzó colaborando en talleres de oficios para jóvenes y, con el tiempo, ese espacio se volvió esencial. “Sentí que podía volver a aportar desde lo que sabía, aunque también aprender de nuevo”, comparte.

Andrew Steptoe, epidemiólogo y profesor de Psicología en King’s College London y quien trabajó extensamente con el English Longitudinal Study of Ageing, señala que “las personas mayores que participan en actividades de voluntariado presentan menores niveles de depresión y una mayor percepción de bienestar general”. 

En esa misma línea, Veiga destaca que “los adultos que se involucran en tareas solidarias experimentan un impacto positivo sostenido en su bienestar psicológico. Se observa mayor satisfacción con la vida, menor sensación de desesperanza y una percepción más clara de propósito, aspectos que resultan fundamentales en esta etapa”. 

A nivel emocional, también se registran cambios significativos. Según la especialista, realizar estas tareas favorece la organización de rutinas con sentido, reduce la ansiedad, fortalece la autoestima y mejora la percepción de la utilidad personal”. En ese marco, las horas que se dedican al voluntariado funcionan, además, como una estructura que ordena y potencia los propios dones. 

El modelo que impulsa la Fundación Navarro Viola incorpora un elemento clave: la flexibilidad. “Se trata de propuestas con acompañamiento y formatos pensadas para que cada persona encuentre su lugar sin exigencias rígidas”, explica Fernández Moores. Esa adaptabilidad es, en definitiva, lo que favorece la continuidad porque, en este contexto, el voluntariado se convierte en una herramienta de transformación personal que se puede sostener en el tiempo.

La fuerza del vínculo y el impacto colectivo

Cada experiencia de voluntariado se inscribe en una trama más amplia. Las acciones individuales generan efectos que se expanden y fortalecen el tejido social. Elena, ex administrativa de 67 años, comenzó acompañando a otras personas mayores en situación de soledad. Con el paso de los meses, esas reuniones se transformaron en un espacio de pertenencia. “Encontré conversaciones que me sostienen y una rutina que me hace bien”.

Eric Kim, psicólogo e investigador en salud pública en la Universidad Johns Hopkins, señaló que “las personas mayores que participan en actividades de voluntariado de manera regular muestran mejores indicadores de salud física y menor riesgo de mortalidad”. 

Esa relación entre movimiento, emoción y sentido se vuelve evidente en la práctica. “El voluntariado se vive como un ida y vuelta, aunque muchas veces la percepción es que se recibe más de lo que se brinda”, observa Fernández Moores y reconoce que esa experiencia subjetiva refuerza la continuidad.

Sin embargo, Veiga advierte: “Las creencias limitantes sobre la edad suelen funcionar como barreras internas que desalientan la participación. Por eso resulta clave revisarlas, cuestionarlas y hacer un balance de la propia vida que permita reconocer todo lo que aún se puede ofrecer. Dar al otro no se agota en una etapa, se resignifica”. 

El compromiso social adquiere, entonces, una dimensión vital. “Sentirse parte activa de una comunidad no solo fortalece la autoestima, sino que además reafirma el valor personal dentro del entorno”, considera la especialista. Y esa validación, si bien es importante a lo largo de toda la vida, resulta central en esta etapa, sobre todo en una sociedad en la que las personas mayores no siempre reciben el lugar y el reconocimiento que merecen.

Por dónde empezar

Fundación Navarro Viola, con su programa Voluntariado +60 diseñado específicamente para personas mayores, con acompañamiento y propuestas adaptadas: http://www.fnv.org.ar

Fundación Manos Abiertas, con sedes en varias ciudades, trabaja en acompañamiento a personas mayores en situación de soledad y vulnerabilidad http://www.manosabiertas.org.ar

Hogar San José, en Ciudad de Buenos Aires, con programas de voluntariado orientados a acompañamiento y actividades recreativas https://www.hogarsanjose.org/index.php/item/29-voluntarios

Fundación Edad Dorada, con espacios donde voluntarios participan en propuestas de integración y bienestar para personas mayores https://www.instagram.com/fundacion_edadorada/

Pequeño Cottolengo Don Orione, con presencia histórica y voluntariado activo en acompañamiento y tareas comunitarias http://www.donorione.org.ar

Residencia Hirsch, que cuenta con programas de participación y actividades donde voluntarios colaboran en propuestas sociales y culturales http://www.hirsch.org.ar

Fundación Tzedaká, a través de sus programas sociales, incluye acompañamiento a adultos mayores con participación de voluntarios http://www.tzedaka.org.ar

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