“Mirarnos, escucharnos y sentirnos”, las claves de la psicóloga Viviana Kelmanowicz para estas fiestas - Sophia Online

Psicología

“Mirarnos, escucharnos y sentirnos”, las claves de la psicóloga Viviana Kelmanowicz para estas fiestas

Es tiempo de celebrar, pero eso no significa que todos debemos hacerlo de la misma manera. ¿Cómo encontrar una forma propia y significativa de compartir este tiempo con otros?

POR Paz Berri

Existe una especie de idea acerca de fin de año, que se parece mucho a la de la cercanía del fin del mundo. Esta sensación, que ya se empieza a sentir desde ahora, sigue hasta el 31 de diciembre: hay que juntarse, hay que hacer todo lo que no hicimos, hay que correr, hay que llegar, hay que comer, hay que vestirse de tal o cual manera, hay que subir fotos a las redes sociales, hay que reír, hay que ser feliz.

Pero no hay una manera de celebrar las fiestas. Y tal vez sea esta idea la que por primera vez nos regale más calma mental en medio de tanto ruido. Porque lo cierto es que no siempre queremos festejar (o festejar de la manera que se supone que deberíamos hacerlo), o porque en muchos casos podemos estar transitando días tristes o haber tenido un año difícil, y las celebraciones convencionales esta vez distan mucho de lo que nos pasa adentro.

Se trata de sintonizar con nuestra brújula interna, una vez más. Para diseñar un tiempo de celebración más pleno y acorde a quienes somos, a lo que sentimos y estamos viviendo, hablamos con Viviana Kelmanowicz, psicóloga especializada en psicología positiva y construcción del bienestar, autora del libro El mapa del bienestar (Urano).

Viviana Kelmanowicz es psicóloga especializada en psicología positiva.

—Antes que nada ¿qué significa celebrar? 

—En cualquier sociedad, la celebración es un ritual. Un ritual que se organiza y arma como se arman tantos otros rituales, como un velorio o un casamiento. Son momentos que intentan marcar cierres y aperturas, que buscan honrar determinadas situaciones o personas, que marcan una pausa. En general, yo concibo a las celebraciones como una pausa para ponernos a pensar y sentir. 

—¿Y por qué creés que muchas veces nos generan tanto estrés?

—Causan estrés porque tenemos mandatos acerca de cómo uno debe celebrar. Pero si nos detenemos a pensar, la celebración puede ser una tristeza, también. Yo podría decir que cuando voy al cementerio estoy celebrando la muerte de alguien, estoy honrando su legado, por ejemplo. 

—¿Y qué pasa en las fiestas de fin de año?

—Ahí, lo que baja en el imaginario popular y no tiene por qué ser así para todos, es que hay que comprar los regalos, hay que ver quiénes vienen, cómo nos vestimos o qué comemos, etc. Entonces seguimos en ese ruido mental que nos agota. 

—¿Vos qué propondrías?

—Podemos hacer de este tiempo una hermosura (a pesar de que haya dolores y tristezas), o podemos seguir haciendo la carrera anual que termina este año, para darle lugar a la que empieza el año que viene. Creo que el estrés tiene que ver con no concebir este espacio sabio de celebración para conectar con nosotros mismos y convertir a la celebración en un silencio sagrado, que para mí es sinónimo de autocuidado (frenar para cuidarme). Y así poder mirar de verdad lo que pasó, los mejores momentos, los más tristes, los más dolorosos, los más desafiantes, los que me hicieron crecer más. Para, desde ahí, poder pensar cómo armar el año que viene.

—Es muy común escuchar en diciembre la frase: “Ya quiero que sea 5 de enero porque no doy más”. 

—Totalmente. “No doy más”, “no paro de correr, “estoy como loca”. Es obvio que eso va a generar estrés. Por eso vuelvo a lo mismo: deberíamos aprender a concebir a la celebración como un espacio de conexión. 

—En tu libro hablás de los “silencios sagrados” como un básico para el bienestar. ¿Te referís a eso?

—Así es. Es un básico que a mí me gusta muchísimo. Y me parece que nos permite celebrar el comienzo de un año nuevo y el fin del 2024 de una manera diferente. Porque nos permite —por fin— ponernos a pensar y a sentir de qué se trató este año y cómo quiero conectar con lo que comienza. Pero como no todas las personas entendemos esto, nos agotamos. La vida de hoy nos tiene corriendo sin cesar. No paramos, sólo hacemos lo que creemos que hay que hacer. Vivir con más bienestar requiere también de un freno. El bienestar exige una construcción activa, sistemática y decidida. Sin silencios no es posible. 

—¿Qué serían en concreto los silencios sagrados?

—Son experiencias o momentos que podés buscar de manera consciente, aunque a veces sucedan sin que te lo propongas. 

-Requieren, en primer lugar, de un silencio a solas con vos. Sin televisión ni celular. 

-Los tenés que buscar o programar (pensando en que es tu modo supremo de autocuidado). Si te sucedieran espontáneamente, tu habilidad debería transformarlos en sagrados. 

-Son momentos de pausa asociados a sentimientos de conexión, para descansar de todo lo demás. 

-Pueden darse experimentando la belleza de la naturaleza, en la práctica de una meditación, haciendo yoga, yendo a correr, en la terapia semanal, sentándonos al sol, escuchando música. Tiene que ver con lo que es sagrado para cada uno. 

—Volviendo a las fiestas… En diciembre muchas veces se reactualizan los dolores, las ausencias, los conflictos (porque pensar en los encuentros, pone de manifiesto las faltas). ¿Cómo lo vivís en el consultorio? 

—Obviamente es así. Hay estadísticas de que, por ejemplo, en estas fechas hay más suicidios, porque se supone que hay que celebrar y estar felices. Y muchas veces nos toca levantar la copa sabiendo que hay alguien que ya no está, viviendo una separación, o la enfermedad de un familiar o la propia. Por eso remarco que, en realidad, debiera ser el tiempo de una pausa, una pausa en la vorágine en la que vivimos. Para poder atravesar esta época sin tanta carga y presión. 

—Podríamos empezar a preguntarnos un poco más: ¿qué es para mí celebrar? ¿cuál sería mi forma de celebrar? Porque a veces nos pasa que querríamos celebrar de otra forma, pero la vida o la sociedad nos llevan por otro camino.

—Seguro. Y si conectás con vos, te das cuenta de lo que de verdad querés. Por ejemplo: “me quiero ir sola a la playa” o “quiero juntarme sólo con dos personas” o “no quiero hacer la juntada familiar este año de la manera en que la hacemos siempre”. Se trata de escucharnos. Tenemos que cultivar la sintonía con nosotros, que no es fácil porque en general hacemos las cosas muy en automático. Se trata de construir modelos propios y no sólo importar modelos de otros, aunque muchas veces también hay cosas interesantes en los modelos de otros.

El mapa del bienestar. Un método para diseñar vidas más plenas y felices, es el nuevo libro de Viviana editado por Urano.

—¿Y qué pasa en los casos en los que, aunque no queramos, igual tenemos que unirnos a la movida familiar, por ejemplo? No siempre podemos decir que “no” (por nuestros hijos, nuestra pareja, etc.). 

—Me parece que ahí está bueno conectar con el “por qué tengo que hacerlo”. Puede darse que no quiero ir porque no me llevo bien con mi suegra. Pero es la mamá de mi marido y tengo que ir. Si no me la banco mucho y ella no me banca mucho a mí, en vez de ir con “cara larga”, puedo pensar ¿cómo voy a decidir atravesar esto? ¿cómo puedo honrar la relación de ellos? Uno puede hacerse preguntas de ese estilo.

—Es interesante lo que planteás, porque lo cierto es que vamos a tener que celebrarlo de una forma que a lo mejor no es la que más nos gustaría, pero podemos pensar cómo llevarlo de la mejor manera para todos…

—También puedo decidir hacer con mi familia nuclear una especie de ritual tres horas antes de ir a la juntada prevista. Porque la celebración, como decíamos al principio, es un ritual. Entonces podemos hacer un ritual de buenas energías para el año que viene y soltar globos entre nosotros, para después ir a la fiesta grande. Pero ya tuvimos la nuestra. La clave es mirarnos, escucharnos, sentirnos. 

—Por ahí, una pregunta guía en este tiempo podría ser cómo darle lugar a lo que para mí es importante, ¿no?

—Exacto. ¿Cómo me gusta festejar? ¿Cómo quiero festejar o no festejar este año? ¿Qué siento? ¿Qué quiero honrar del año que pasó? ¿Qué aprendí del año que pasó? ¿Qué quiero dejar de lado para el año que viene? ¿Qué es lo que más me gustó de mí este año? ¿Con quién me sentí mejor? ¿Con quién pude ser más auténtica? ¿Con quién no? ¿Qué hago con este trabajo que ya no me está gustando? ¿Puedo dejarlo? ¿Puedo hacer algo para transformar mi percepción con respecto a ese trabajo para no padecerlo como lo padecí este año?

—Otra cosa que se escucha mucho en este tiempo es el estrés que generan las redes sociales, sobre todo Instagram. Porque todos se muestran celebrando, festejando, armando arbolitos, haciendo salidas, viajes etc., y mucha gente se frustra o apabulla con tanta pantalla. ¿Cuál es tu mirada? 

—Es que volvemos siempre a lo mismo: si sólo tenemos asociadas las celebraciones a comer, bailar, reír, juntarse y divertirse, se nos arma todo este tema de estrés. Porque de golpe ves las redes sociales y tu celebración fue un bajón al lado de la de fulanita. Y te sentís la peor del mundo. O está tu amiga con el novio celebrando su amor y vos justo te acabas de separar. Lo que tiene Instagram, o las redes en general, es que disparan uno de los comportamientos que más sufrimiento traen, que es la comparación social. Y en esta época del año eso se intensifica.

—¿Podés ampliar esta idea?

—A mayor comparación, mayores consecuencias negativas y más chances de sentirte vulnerable, amenazado. El medio más seguro de arruinarte, es compararte con otros que creés más exitosos o felices. El consejo es que controlemos nuestra lupa: a veces pasamos mucho tiempo aplicando nuestra lente de aumento en lo que les sucede a los demás, las cosas que nos gustaría tener y no tenemos, y esto puede llevarnos a no ver lo que sí tenemos. Generalizamos lo negativo de nuestra vida y comparamos detalles sesgados que creemos increíbles de los otros y que nos conducen a frustrarnos. 

—¿Qué consejo podés dar en cuanto al uso de las redes sociales en esta época del año?

—En principio, tener claro que todos ponemos una versión que por ahí es real en ese momento, pero que no es permanente. Y que así como hay otros que la están pasando bomba, yo también tuve momentos bomba. Hay que tratar de no usar tanto el celular, poner horas y, si detectás que empezás a sentirte abrumada, dejarlo en un lugar lejos. La gente más sensible, que está bajoneada o que se siente más insegura, tiene que cuidarse más. Si no estoy en condiciones, me tengo que proteger. Y la protección es alejar del teléfono, y entender también que lo que veo tampoco es tan real, que son instantes.

—Joan Garriga dice una frase que nos gusta mucho: “El viaje de la vida incluye todo. Debemos aprender a bailar con el momento”. ¿Se trata de celebrar tomando la vida con todo lo que hay?

—Es hermosa esa frase. Y es así. La vida es todo. Entonces la tenemos que aceptar como viene, aprendiendo a jugar con todas las cartas. Celebrar es honrar lo que me pasó que me hizo sufrir mucho, pero aprendí, y es honrar lo más lindo, también. 

Laboratorio para pensar y experimentar 

-Pensá qué y a quién te gustaría honrar en un próximo silencio sagrado.

-Hacé una lista con los momentos sagrados más significativos y conectados que experimentaste en tu año. 

-¿Qué cosa chiquita podrías incluir en tu próxima celebración para hacerla más serena y cuidada con vos? 

-Si pudieras quitar algún hábito de tu vida cotidiana para sentir que te cuidás un poco más, ¿cuál elegirlas?

-Pensá cuándo fue la última vez que tuviste o te diseñaste un momento para vos, para frenar y cuidarte. Podrías armarlo antes de las próximas celebraciones.

-Si pudieses diseñarte ahora un silencio sagrado: ¿cómo sería? ¿Dónde? ¿Solo o acompañado? ¿Cuándo te sentís sereno? ¿Haciendo qué? 

-Armá un miniplan con días, horarios y lugares para proveerte de esos silencios. 

-En una hoja, hacé una tormenta de ideas con diferentes estrategias o estilos para celebrar el fin de año.

-Programá momentos en tu día o semana sin celular, computadora o televisión.

-¿Qué buscarías para vos en un silencio sagrado? 

-¿Cuáles son tus lugares en el mundo en los que bajás un cambio y te serenás? Escribí lo que recordás haber sentido cuando estabas en ese estado calmo y sereno. 

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