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Género

25 noviembre, 2022 | Por

Violencia contra la mujer: ¿y si de verdad fuera un golpe?

Una periodista de Sophia cuenta que un accidente doméstico marcó su ojo izquierdo y la llevó a abrir el siguiente interrogante: cómo nos vinculamos con una posible víctima de un caso de violencia doméstica.


El día arrancó complicado: mi hijo tenía fiebre alta desde hacía más de cuarenta y ocho horas. Entre mimos y paños fríos, yo seguía trabajando a su lado. Después del mediodía decidí pedir un pediatra a domicilio. La doctora que lo revisó dijo que todo estaba dentro de lo normal para un cuadro gripal. En ese ínterin, cansada por no haber dormido y apurada por pagarle la consulta médica, acompañarla hasta la puerta y terminar algo del trabajo, tropecé… y caí.

Fue un segundo: perdí el equilibrio y mi cuerpo descendió como en cámara lenta. Pero antes de aterrizar en el piso, mi cara impactó a la altura del pómulo izquierdo contra la mesa del comedor. Quedé tendida unos instantes sin reaccionar. El ruido asustó a mi nene, que gritó desde la habitación. La pediatra, que me seguía apenas unos pasos detrás, quedó inmóvil. “¿Estás… bien?”, preguntó. “Mmm no sé”, atiné a responder tratando de sonreír, aunque sin poder moverme.

Al ratito me levanté y la acompañé hasta abajo, decidida a volver cuanto antes a mis quehaceres. En el espejo del ascensor vi que el ojo ya estaba un poco morado y se me estaba empezando a hinchar. Me puse hielo y árnica. No tenía tiempo para lamentos: nebulizar a mi hijo, darle la merienda, tomarle la temperatura y terminar una nota eran prioridad. 

La tarde pasó volando y a la noche mi cuerpo acusó recibo: me dolían la muñeca y la cadera del lado izquierdo, donde impacté al caer. Y, por supuesto, la cara. A esa altura, el párpado y todo a su alrededor estaba inflamado y de color negro. De verdad parecía como si alguien me hubiera dado una trompada. Cuando llegó de trabajar, mi marido quedó estupefacto. Le dije: “Encima van a pensar que fuiste vos”. Y nos reímos sin querer, incómodos. Él no tenía nada que ver y, sin embargo, cada vez que me miraba era como si se sintiera avergonzado frente a la mera posibilidad. 

Una imagen difícil de digerir

No es sencillo salir a la calle con un ojo morado. Enseguida apareció una voz interna que me decía: “La gente va a pensar que te golpeó tu pareja”. Y entonces el maquillaje corrector y los lentes de sol se convirtieron en los mejores aliados para espantar miradas y comentarios incómodos. Disimular. No era que quisiera ocultarles a las personas lo que me había pasado. Dudaba, más bien, de que alguien desconocido pudiera escuchar mi relato sin juzgar la escena: el golpe era claro y se veía a simple vista. Hasta mi familia y mis amigos preguntaron con actitud mitad alerta-mitad risueña: “No te habrán pegado a vos, ¿no?”. Les dije que no, cambiamos de tema. Nadie insistió.

La Encuesta Mundial de WIN y Voices (Argentina) sobre violencia, acoso sexual e igualdad de género realizada en 39 países, señala que la Argentina lidera el ranking global de mujeres que declaran haber atravesado experiencias violentas en los últimos 12 meses (37%), junto a México (36%) y Chile (35%).

Entonces pensé que, si la realidad hubiera sido otra, ellos tal vez nunca habrían sabido la verdad. Una mujer que sufre violencia no suele compartir su dolor ni siquiera con sus más allegados. Entre enero y junio de 2022, se recibieron 63.202 comunicaciones a las tres sedes de la Línea 144, encargada de recibir denuncias por violencia. Pero está claro que son muchas más las que sufren en silencio. Solo en un año, más de 300 femicidios fueron contabilizados por el Observatorio de Femicidios en Argentina “Adriana Marisel Zambrano”, que dirige La Casa del Encuentro.

Me crucé con muchas personas por la calle que vieron mi moretón. Algunas me miraron a los ojos con incomodidad, otras con curiosidad, unas pocas con asombro. La mayor parte de la gente bajó la vista. La vendedora de una dietética se acercó a mí mientras pagaba (el dueño, ubicado en la caja, nunca me miró), y me preguntó: “¿Estás bien? ¿Necesitás ayuda?”. Fue la primera vez que alguien se conectaba conmigo desde ese lugar. Y a pesar de su empatía, la situación me hizo sentir muy nerviosa. “Sí, sí… todo bárbaro”, le dije con una sonrisa, apurándome para irme con mi compra. 

Esa escena me llevó a preguntarme qué habría hecho yo en su lugar. Y también en el de todos aquellos que se cruzaron ese u otro día con una mujer que tenía un golpe tan evidente. ¿Qué se le dice a esa persona? ¿Cómo ayudarla sin alejarla ni invadir su privacidad? ¿Cómo saber si de verdad sufrió un accidente o si, en cambio, fue en realidad golpeada? ¿De qué manera podemos ponernos a disposición y brindarle alguna herramienta, la que sea, para que en caso de ser una víctima de violencia pueda sentirse acompañada frente a esa situación? 

Días atrás, mi médica (a quien visité por un chequeo de rutina), fue otra de las mujeres que no lo dejó pasar. Quiso saber enseguida qué le había ocurrido a mi ojo. Le conté, asintió, continuamos con la consulta. Pero, al despedirnos, me interrumpió el paso, interponiendo su cuerpo frente a la puerta. “¿Es cierto lo del accidente?”, insistió con seriedad y apretó fuerte mis manos. Nacida en Irán, me dijo que se encontraba muy movilizada por la situación de las mujeres en su país, pero también por la cantidad de tantas otras que, en otros países, son golpeadas a diario. Nos abrazamos y, en el fondo de mi corazón, agradecí que su amorosa cercanía fuera de algún modo una respuesta para mí. 

Ante una emergencia, como ser testigo de una situación de violencia o escuchar gritos o golpes, podés llamar al 911. Las denuncias son anónimas. 
Para obtener contención, atención y asesoramiento en caso de que vos o alguien que conozcas se encuentra en situación de violencia de género, llamá a la línea 144 las 24 horas, los 365 días del año. Es anónima, gratuita y nacional y la atienden especialistas. No es una línea de emergencias. También podés mandar un mail a linea144@mingeneros.gob.ar o un mensaje de WhatsApp al +5491127716463. 
En tu celular, está disponible la App gratuita de la Línea 144 #Estamos.

Leé también: Mujeres que cuidan a otras mujeres

ETIQUETAS mujeres sociedad varones violencia violencia de género

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