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Vidas pasadas, una película sobre el desarraigo y todo el amor que dejamos al partir

La obra prima de la directora Céline Song, candidata al Oscar en dos categorías, nos habla sobre aquella vida que nos queda tan lejos cuando emigramos. Y también del amor, esa fuerza que, pese a todo, permanece intacta.

Los actores Teo Yoo y Greta Lee, protagonistas este film candidato al Oscar como mejor película y mejor guión original.

“Cuando renunciamos a algo también ganamos algo”, dice una madre a su hija de 12 años, de cara a lo que está por venir: dejarán Seúl, Corea, para radicarse definitivamente en Canadá y allí comenzar una nueva vida. Na Young, la pequeña protagonista de esta historia, no está convencida, le cuesta la idea de pensarse en otro lugar. Dejar su hogar, el colegio, sus amigos. La madre insiste en que será lo mejor para todos, y luego ensayan juntas nuevos nombres “en inglés” para ella y su hermana. Lejos de casa podrán jugar a ser otras. «Pero no me reconozco en ningún nombre», se queja la niña, hasta que al final se hace a la idea. Está decidido: al bajar del avión ya no habrá rastros de Na Young. Será Nora. Nora Moon. 

¿Por qué dejar una vida atrás? ¿Cuál es el espíritu que nos mueve a emigrar del lugar donde nacimos, de la tierra que nos vio crecer, allí donde cultivamos esos lazos que nos llenaron de sentido y vitalidad? Esas son las preguntas que se abren frente al dilema del desarraigo, el tema principal de Vidas pasadas, el primer film de la directora coreano-canadiense Celine Song, que fue inspirado en una vivencia personal y la puede llevar a ganar un premio Oscar: está nominado como mejor película y como mejor guión original.

Céline Song, la directora, que emigró con sus padres a Canadá cuando tenía justamente 12 años y estudió dramaturgia en la Universidad de Columbia, en Nueva York, sabe de sobra de qué está hablando: ella misma recibió la visita de un amigo coreano de la infancia junto a su marido, el también guionista y escritor Justin Kuritzkes.

También es cierto que Vidas pasadas es una película romántica, de eso no hay duda: al partir, la pequeña Na Young deja atrás a su gran amigo y primer amor, Hae Sung, el compañero de escuela que la acompañaba con ojos tiernos cada vez que ella lloraba y con quien compartía largas caminatas al atardecer. Es con él, justamente, con quien se reencuentra cara a cara veinticuatro años después. Sin embargo, de fondo, hay mucho más que eso. Se trata de una postal enviada desde el presente a aquellos que fuimos: esos niños y esas niñas que debieron perder algo en el camino hacia esa vida que se anunciaba mejor, pero que también los extravió de sí mismos, en un dolor silencioso que no se alcanza a describir en una lengua extranjera.

¿Cómo se crece al perder las raíces? ¿Cuál es la tierra firme que será abrigo y sostén?

Años más tarde, convertida en escritora, la protagonista se abre camino en Nueva York, donde se casa con un joven escritor estadounidense. Su pasado en Corea ha quedado atrás hace tiempo, pero la visita de aquel amigo de la infancia será el disparador de un conflicto que desnuda todos esos dobleces que se imprimen para siempre en quienes, por la circunstancia que sea, se han separado de una parte de su vida. “¿Sabes que solo hablas coreano cuando hablas en sueños? Nunca hablas mi idioma cuando duermes”, le dice su marido a Nora, quien en todo ese tiempo casi ha perdido el contacto con todas las palabras de la infancia. 

Na Young y Hae Sung a los 12 años, en una de sus tantas caminatas compartidas bajo el sol del atardecer.

Entre imágenes de la agitada vida neoyorquina, en esa ciudad enorme que contrasta con los recuerdos de las pequeñas y tranquilas calles por las que Na Young y Hae Sung solían perderse de chicos, los amigos al fin se reencuentran para poner de manifiesto que dentro nuestro existe un interruptor que de nada sirve querer apagar, porque volverá a encenderse otra vez. “¿Por qué ya no lloras? ¿No puedes llorar en Nueva York?”, pregunta él. Ella responde: “Cuando emigramos solía llorar mucho. Pero me di cuenta que a nadie le importaba”.

Averiguar si fueron el uno para el otro en sus vidas pasadas, será el motor de una trama que apuesta por contar mucho más de lo que muestra. Quienes hayan experimentado en carne propia la difícil vivencia de emigrar, sabrán que la historia de amor es solo una excusa del relato, la punta de un iceberg de emociones que nadan en aguas más profundas. Como escribió Thomas Moore en su libro El reencantamiento de la vida cotidiana, donde explora la necesidad del alma de encontrar un hogar: «Todo indica que nuestra sociedad está sufriendo de nostalgia». Y el arte siempre nos ayuda a unir nuestros pedazos cada vez que estamos rotos.

Por María Eugenia Sidoti

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"La mente que se abre a una nueva idea jamás volverá al tamaño original". 

Albert Einstein