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Viajar y reducir nuestra huella: ¿es posible recorrer el mundo de manera más consciente?

Aunque parezca difícil, tomar solo algunas buenas decisiones al viajar puede ayudar a reducir nuestro impacto sobre el ambiente. Te dejamos una serie de recomendaciones para que te inspiren en tu próxima escapada.

Por Flavia Tomaello

«Mejorar es cambiar”, solía decir el político y estadista británico Winston Churchill, una de las mentes más brillantes de su época, para concluir al final: «Así que para ser perfecto hay que cambiar a menudo”.

La pandemia nos hizo transitar momentos complejos, pero también dejó nuevas maneras de ver y de pensar las cosas. Nos animó a cambiar algunas cosas. Y, lo más importante, permitió observar de manera contundente el impacto que generamos en el planeta: mientras nos quedábamos en casa, disminuían los índices de contaminación y la fauna se acercaba a las urbes. Lobitos de río en la Costanera de Buenos Aires, un puma recorriendo las calles de Santiago de Chile, cabras de montaña corriendo libremente por el centro de Llandudno, Gales. La naturaleza se desplegó. 

De hecho, un relevamiento de la Universidad de Radboud, Países Bajos, guiado por la ecóloga Marlee Tucker, demostró que los movimientos de 43 especies de mamíferos —entre elefantes, jirafas, osos y ciervos— aumentó considerablemente en ese tiempo en el que los autos, buses, trenes, barcos y aviones redujeron la marcha. «Vimos que, durante los confinamientos estrictos, los animales recorrieron distancias hasta un 73% más largas en un periodo de diez días que el año anterior, cuando no hubo confinamiento«, expresó Tucker. 

¿Qué pasó después? El último estudio realizado por la Universidad de Sydney en torno a la huella de carbono del turismo global, publicado en la revista científica Nature, demuestra que la huella producida por el turismo (incluyendo transporte, comidas y hacer compras), es responsable del 8% de las emisiones de carbono producidas en el mundo, que generan un fuerte impacto en el planeta a través del efecto invernadero.

Por otra parte, la más reciente encuesta sobre esta temática, realizada a 31.000 viajeros de 34 países (incluyendo Argentina) por la página web de reservas de alojamientos, Booking.com, reveló que el 88% de la comunidad local encuestada considera que los viajes sustentables son importantes. Entre estos, la mitad (52%) de las personas siente que viajar de manera más sustentable es valioso, pero no es una de sus prioridades cuando planean o reservan un viaje. 

¿Lo creen muy complejo? ¿No saben qué acciones tomar? ¿Consideran que repercutirá en sus presupuestos?

La buena noticia es que hay acciones concretas que no requieren demasiado esfuerzo personal —ni repercuten tanto en el presupuesto del viaje ni desvían nuestros itinerarios—, que pueden colaborar a la hora de reducir la marca que generamos durante las vacaciones. 

Son acciones posibles y fáciles de abordar, decisiones inteligentes e inspiradoras que nos ayudan a planear nuestro próximo fin de semana largo, escapada o vacaciones con mayor consciencia ambiental.

Cuando de cambiar se trata…

¿Sabías que un solo vuelo puede producir más emisiones que lo que produce una sola persona durante todo un año?

Y aunque no se trata de dejar de volar, sí podemos pensar, en la medida de lo posible, en opciones más amigables para hacerlo. Para tramos cortos, los micros o trenes suelen ser alternativas que impactan menos en el ambiente. Pero cuando no nos queda otra que tomar un avión, podemos tratar de elegir un vuelo con menos escalas y haga un recorrido más directo (los dos momentos en los que los aviones liberan la mayor cantidad de combustible son el despegue y el aterrizaje).

Volar en clase económica también es una opción más friendly con el ambiente. 

El cálculo de la huella que dejamos al viajar, se mide en metros ocupados por pasajero. La Asociación Internacional de Aviación, que desarrolló una calculadora capaz de determinar esa cifra por persona, comprueba que, al ocupar más espacio, viajar en clases como business o primera, genera mayores emisiones.

A la hora de movernos en auto, podemos pensar si es mejor usar el propio o uno alquilado, dependiendo, por ejemplo, de la cantidad de personas que viajan. Si es una sola, se producen más emisiones que en avión. Según la organización Sustainable Travel, para recorrer algo más de 300 kilómetros, un auto libera 54 kilogramos de dióxido de carbono por pasajero y un avión, 49kg. El tren, apenas doce. 

Viajar liviano

El peso de lo que llevamos en cualquier tipo de transporte, necesita combustible para ser trasladado: a más peso, más gasto de energía. 

A viajar liviano se aprende tomando en cuenta algunas recomendaciones: elegir valijas ligeras; llevar ropa apta para ser usada varias veces, versátil y fácil de lavar; evitar embalajes innecesarios y usar bolsitos pequeños y reutilizables para los cosméticos y los elementos de higiene personal. 

Desplegar todo antes de guardarlo en la valija nos ayuda a entender —y a ver— bien qué llevamos. Siempre es bueno aplicar una frase de Coco Chanel sobre la moda, que también funciona a la hora de armar la valija: “menos es más”. ¡Olvidate de volver a casa con ropa sin usar! Menos kilos en el equipaje por persona reduce considerablemente las emisiones de carbono de cada pasajero. 

Viajar local

Cuando ya estamos en nuestro destino, es una buena idea usar el transporte público y evitar alquilar un auto. Muchos lugares, incluso, se llegan a conocer mejor recorriendo a pie o en bicicleta. 

Calma, no necesitamos correr

Viajar más serenos, sin necesidad de visitar tantos destinos ni de abarcar todo lo que “no nos podemos perder”, ayuda a reducir nuestro impacto en el lugar que nos recibe, ya que existe un tipo de polución que está vinculada a la presencia de los viajeros. Evitar aglomeraciones, caminar más y seleccionar mejor lo que nos interesa visitar, en vez de querer verlo todo solo porque sí, son maneras de viajar más serenos, disfrutando mejor del paseo y alterando menos el ecosistema. 

Ser conscientes del consumo

Aunque posiblemente en casa seamos cuidadosos con lo que dejamos encendido y nos ocupemos de apagar las luces y los aires acondicionados, cuando vamos a un hotel existe la sensación de que no tenemos que hacernos cargo del costo extra y nos relajamos. Pero para el planeta, el daño es el mismo, pague quien pague las cuentas de luz. Casi todos los hoteles ahora tienen tarjetas que apagan todo el sistema eléctrico en cuanto dejamos la habitación, pero si justo no es el caso, tomar en cuenta nuestros hábitos de consumo consciente en el hotel, reduce muchísimo la contaminación innecesaria.

Amigarnos con el cartelito de “No molestar”

Colgar el cartel de “No molestar” en la puerta de la habitación, puede ser una forma de que no la aspiren todos los días ni cambien las sábanas y toallas ¡hasta dos veces en el mismo día! Si pensamos en cómo nos manejamos en casa, se hace evidente que los hoteles, en el afán de brindar lo que se considera “lo mejor”, exageran un poco con sus servicios. Afortunadamente, muchos alojamientos hoy invitan a sus huéspedes a no pedir tantos recambios en pos de cuidar el medioambiente.

Comer y saborear productos locales

La tendencia de los chefs más célebres del mundo respeta la idea del “kilómetro cero”, es decir, de platos realizados a partir de productos locales. De este modo, reúnen una serie de conceptos valiosos: se apoya a la industria local, se disfruta de alimentos más frescos y en mejor estado, y se evitan emisiones de combustible producidas a partir de los traslados de productos. 

Maximiliano Matsumoto, el chef argentino que lidera la cocina del hotel más antiguo de Montevideo, el Sofitel Carrasco, cuenta que en su primera entrevista laboral le preguntaron qué es lo que haría primero. “Yo les dije que mi carta iba a ser local, porque al entrar vi que tenían productos de todas partes del mundo. ¿Para qué traer desde el otro lado del mundo? Imaginate la huella de carbono que dejan”, respondió.

Un ojo más chico que el estómago

El desperdicio de alimentos es responsable de aproximadamente una cuarta parte de las emisiones de carbono a nivel mundial, según confirmó una investigación de la Universidad de Oxford publicada en la revista Science

Aunque tengamos ganas de probar todo, podemos tratar de comprar lo que sabemos que vamos a comer o que, en caso de que sobre, nos podemos llevar para disfrutar en otro momento. Una de las mayores fuentes de desperdicio de alimentos son, por ejemplo, los buffets libres. Evitarlos es una buena manera de reducir nuestra huella. 

Souvenirs conscientes

A la hora de comprar recuerdos, tomémonos un momento para pensar: ¿este objeto se va a usar? Si decidimos llevarle algo a un amigo o pariente, lo mejor es elegir productos de desarrollo local para beneficiar a las economías regionales. 

Si viajamos livianos, volvamos livianos. 

Mahatma Gandhi sostenía que tenemos que ser el cambio que queremos ver en el mundo. Podemos tomar el cuidado del ambiente en nuestras manos, aplicando algunas de estas acciones durante nuestro próximo viaje. 

No hay que desilusionarse si no podemos con todo, o si ciertas recomendaciones nos resultan difíciles de sostener. Es mejor dar un paso que ninguno y, cuando comencemos, nos vamos a dar cuenta de que avanzar “un poquito más allá” también será posible.

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"Hay mucha belleza, verdad y amor a nuestro alrededor, pero pocas veces nos tomamos las cosas con la suficiente calma para apreciarlos".

Brian Weiss