Sophia - Despliega el Alma

Sabiduría

10 enero, 2024

Una nueva imagen de Dios

Aunque como humanidad alcanzamos inmensos avances científicos y tecnológicos, aún tenemos anhelo de lo sagrado y trascendente. Sin embargo, la experiencia de lo divino se agota si no logramos integrar sus aspectos femeninos y masculinos.


Ilustración: Cecilia Roldán

Por Susanne Schaup*

Se ha dicho que la nuestra es una era sin dioses. Pero, ¿es cierto? La mente humana está penetrando áreas del universo visible e invisible que nadie podría haber imaginado antes; liberó una energía alarmante desde el centro de la materia, que a pesar de crear más riqueza y comodidad, también generó la capacidad de aniquilar toda vida en la Tierra. Las investigaciones en inteligencia artificial (IA), por su lado, están abriendo ventanas a una nueva creación que está cambiando nuestras vidas de manera vertiginosa. La humanidad ha comido del Árbol del Conocimiento.

¿Hay lugar para Dios en Un mundo feliz? ¿Para qué necesitamos un Dios cuando tenemos el control sobre casi todo, y la capacidad de utilizar la energía de los elementos para un despliegue sin precedentes de la mente humana?

Sin embargo, la religión permanece. En un momento donde las iglesias pierden fieles, a la vez notamos que está en auge el resurgimiento de ciertos movimientos y la difusión de nuevos cultos, mientras que hay más facilidades para viajar al exterior, lo cual nos pone en contacto con otras culturas y religiones. Un inmenso tesoro de sabiduría espiritual, de todas las eras, se ha vuelto accesible, despertando gran interés en Occidente como antídoto a la perspectiva racional y materialista de nuestro presente.

El yoga, las prácticas budistas y la meditación oriental atraen a grandes seguidores, lo que indica que todavía existe un profundo anhelo de religión, o utilizando un término más amplio, de espiritualidad. Ni la ciencia ni los logros de la tecnología han podido responder las preguntas fundamentales de la vida humana: ¿por qué estamos aquí? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Cuál es nuestra relación con el universo? ¿Y con esa chispa en nosotros que anhela la trascendencia? Incluso el ateo o materialista más obstinado admitirá que la ciencia y el mero «humanismo» no pueden satisfacer este anhelo supremo.

En busca de Sophia

Todavía buscamos orientación en la religión. Sabemos que la imagen recibida de Dios, transmitida a lo largo de siglos y milenios, puede volverse estéril y perder su influencia en los corazones y las almas de los seres humanos. Puede ponerse vieja, así como envejecen las civilizaciones y también el cuerpo humano, que pasa de la juventud a la plenitud y luego al declive de la vejez. Cuando Dios está consagrado en un sistema patriarcal rígido que margina a la mitad femenina de la humanidad, está destinado a perder vitalidad y deja de ser una fuerza viva. Un Dios de experiencia holística puede deteriorarse hasta convertirse en el Dios de un pasado muerto.

Existe una variedad desconcertante de tradiciones religiosas y conceptos de lo Divino. Algunas religiones han preservado el elemento femenino de la experiencia mejor que otras. Por eso muchos, en especial los jóvenes, recurren a las creencias orientales para encontrar lo que el cristianismo ha perdido. Rudolf Steiner lo llamó “la fuerza de Isis», en referencia a la poderosa diosa de la mitología egipcia; Bede Griffiths, un monje benedictino inglés, viajó a la India para encontrar «el lado femenino de su alma». Y dos décadas después, las mujeres se embarcaron en recuperar la feminidad perdida en nuestro concepto de Dios.

Esta pérdida es la que privó desde un principio a las mujeres de su derecho de nacimiento como hijas de Dios e iguales a los hombres, una pérdida que explica el origen de muchos de los males de nuestro tiempo. Desafiar a la Trinidad masculina de la teología cristiana fue un acto revolucionario y forma la última fase de la llamada revolución feminista, que se originó en América del Norte y en Europa durante las décadas de 1960 y 1970, repercutiendo en todo el mundo. Alrededor de cincuenta años después, impacta de forma profunda en la manera en que muchos pensamos en Dios y la religión. ¿Cómo fue que sucedió?

Las mujeres académicas volvieron a las fuentes, examinaron los textos originales de las Sagradas Escrituras y descubrieron rasgos femenino ocultos en el concepto de lo Divino. En los libros de la sabiduría de la Biblia hebrea, encontraron la figura de la Sabiduría Divina, o «Sophia», en griego, una entidad femenina que se describe como «la querida de Dios», su ayudante y consejera, la compañera de su trono y su inspiración.

Existen paralelismos obvios entre la unidad masculina-femenina y los cultos a las diosas de las civilizaciones antiguas, que fueron demonizados y derrotados por las religiones monoteístas emergentes de tipo patriarcal. Si pensamos en cuál es la intuición primordial de todas las religiones, es la polaridad de la interpenetración de lo masculino y lo femenino, como principio básico de la creación. Cuando se estableció el patriarcado, mucho antes de la Era Cristiana, las características femeninas de Dios fueron relegadas al olvido. Sobrevivieron en Sophia y fueron reconocidas a lo largo de los siglos por ciertas almas particulares: místicas y profetas, como Hildegard de Bingen (1098-1179), una monja medieval, o Jacob Boehme (1575-1624), un zapatero de oficio, o Wladimir Solovev (1853-1900), el sofiólogo ruso, o Otfried Eberz (1878-1958), un erudito en Alemania, cuyos escritos fueron prohibidos por Hitler. Hubo una sucesión de visionarios que dieron testimonio de lo Divino Femenino. En la actualidad, retomaron el hilo teólogas, filósofas, periodistas, escritoras, artistas y mujeres de todos los ámbitos de la vida, apasionadas por el cambio que el mundo tanto necesita.

Hacia un nuevo paradigma

Somos conscientes de que esto solo puede lograrse mediante un cambio en nuestra imagen tradicional de Dios, enmarcado dentro de un cambio de paradigma en general. Nuestras leyes e instituciones, la forma en que nos relacionamos entre nosotros, con la naturaleza y con el mundo, están enraizadas y legitimadas, en última instancia, por nuestro concepto de Dios.

Formamos una imagen de Dios de manera subconsciente a cada momento, con cada pensamiento que generamos, cada decisión que tomamos, cada giro que damos. Las revelaciones hebreas y musulmanas sabiamente prohibieron a los seres humanos crear una imagen visual de Dios. De esta manera, buscaban evitar estereotipos que sin embargo persisten en la mente colectiva, como el de un anciano barbudo o un joven afable que nos mira benignamente desde nuestra pared, o por el contrario, un cuerpo torturado en la cruz.

Necesitamos ir más allá de esas imágenes. Necesitamos reemplazarlas por un arquetipo, es decir, un conjunto de intuiciones del subconsciente colectivo, que incluya tanto lo masculino como lo femenino. Necesitamos devolverlo a la vida. Con la gracia de Sophia, el sesgo fatal del orden mundial patriarcal, que nos ha llevado al borde de la autodestrucción, puede ser sanado.

Recordemos que Dios es espíritu. Crece y disminuye con nuestro propio ser, nuestra confianza, nuestro amor, nuestra seguridad, nuestro empoderamiento. Es la voz interior que no se define por género y no se afirma ni masculina ni femenina, sino que abraza a todos y todo lo impregna. Nos guiará por el camino de la sabiduría divina, que es el camino de la nutrición y la curación. Podemos llamarlo el camino de la sabiduría. Otfried Eberz pensaba que las mujeres tienen mayor afinidad con ello que los hombres, pero el camino de Sophia está abierto a todos. Nos necesita a todos. Esta es nuestra oportunidad: con Sophia en mente, tenemos, como nunca antes, la facultad para ser co-creadores y fieles cuidadores del precioso mundo que nos fue confiado.

*Susanne Schaup es escritora y traductora. Autora de Sofía. Aspectos de lo divino femenino (Kairós, 1999), publicó libros sobre la vida y obra de Henry David Thoreau, Martin Luther King y Elizabeth Kübler-Ross. Tradujo la obra de autores como H. D. Thoreau, William Butler Yeats, Emily Dickinson, Ralph Waldo Emerson, Raimon Panikkar y Walt Whitman, entre otros. Colabora con Sophiaonline desde Viena, Austria, su ciudad natal y de residencia, desde 2022. Ese mismo año, publicó cuatro artículos en exclusiva sobre lo sagrado femenino:

https://www.sophiaonline.com.ar/sophia-ni-un-dogma-ni-una-religion-una-luz-hacia-una-nueva-conciencia/

https://www.sophiaonline.com.ar/el-redescubrimiento-de-la-diosa-madre/
https://www.sophiaonline.com.ar/sophia-en-la-historia-lo-divino-femenino-nunca-ha-desaparecido/

https://www.sophiaonline.com.ar/sophia-la-presencia-fundamental-para-el-cambio-de-paradigma/

ETIQUETAS Dios espiritualidad religión sabiduría Sophia

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