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Una amistad y el sueño de acompañar a otros en la construcción de lazos más amorosos

Se conocieron gracias a sus hijas y, sin saberlo, esas charlas de mamis que nunca terminaban, serían el comienzo de un emprendimiento de corazón noble que busca promover vínculos más profundos para el bienestar de las personas.

Luego de recibirse de coaches, Rosario Vigil y Delfina Soares decidieron crear su propio emprendimiento.

Esta es la historia de Rosario Vigil y Delfina Soares, amigas y socias. De cómo crearon Conectate Comunidad, un emprendimiento de juegos y herramientas para sumar conexiones reales y genuinas, que nació a partir de un profundo encuentro entre almas. Delfina es Psicopedagoga, madre de cuatro hijos, lúdica, creativa y soñadora. Rosario es Licenciada en Marketing, también madre de cuatro, curiosa, espiritual y comunicadora. Entre ellas se tejió, primero, una amistad. Luego llegaron las ganas de iniciar un camino de transformación, y entonces decidieron comenzar la carrera de Coaching Ontológico. Cuando se recibieron, fue por fin el momento de tomar una gran decisión: animarse a emprender juntas.

Dice Rosi: «Con Delfi conectamos muy rápido. Nos conocimos por nuestras hijas más grandes y enseguida pudimos tener conversaciones de corazón a corazón. Se dio así naturalmente. Cuando estudiamos coaching juntas, encontramos en el coaching una herramienta muy concreta y poderosa para conectar con uno mismo y con los demás. Creo que nos completamos muy bien, sabemos acompañarnos, respetarnos y, mientras trabajamos, seguimos siempre desafiándonos personalmente a crecer y desarrollarnos».

Delfi agrega: «A las dos nos une la misma pasión y misión, que es la búsqueda de la conexión. Todo aquello que nos desconecta, ya sea de nosotras mismas o de los demás, nos generó dolor en algún momento de nuestras vidas. Hay sufrimientos que son inevitables, pero hay otros que podemos evitar si aprendemos a escucharnos, a expresarnos, a conectarnos con nuestros sueños, a gestionar nuestras emociones, a saber pedir ayuda, a pedir perdón, a tener una conversación difícil, etc.».

Para las dos, lo más importante siempre fue priorizar la amistad y dar espacio a las emociones. «Por eso, chequeamos cómo está cada una. Y, si es necesario, volvemos a trazar objetivos de acuerdo a eso. Al principio nos dábamos cuenta de que nos juntábamos a trabajar y muchas veces se nos mezclaban los temas personales con los laborales, y eso nos distraía un poco a la hora de poner foco. A las dos nos encanta filosofar, nos podemos quedar horas hablando. Por eso, decidimos juntarnos menos veces y que ese rato sea solo laboral. Y después, las otras veces que nos vemos, son más para salir a divertirnos. A veces nos pasa que decimos: ‘Che, hace mucho que no charlamos de nuestras cosas, nos fuimos para el otro lado, jajaja'», comparten entre risas. Con ellas charlamos para descubrir una linda manera de transitar la vida: tomar la decisión de trabajar con una amiga.

Conectate con amigos es uno de los juegos que promueve la construcción de lazos genuinos y profundos.

¿Qué se necesita a la hora de que la fórmula trabajo-amistad funcione?

Fue clave conocernos. Saber la historia de cada una. Sus heridas, sus aprendizajes, su infancia, sus miedos, sus sueños… Es fundamental que haya buena comunicación, mucho respeto y flexibilidad. Aprender a acomodarnos a los cambios y siempre apoyarnos como equipo. ¡Amamos lo que hacemos! Y además nos divertimos y lo pasamos bomba. Somos muy parecidas en muchas cosas y eso nos une un montón, y lo que nos diferencia nos complementa como equipo y agrega valor.

¿Por qué decidieron acompañar a otros en la construcción de vínculos más amorosos?

Estamos convencidas que la calidad de nuestros vínculos tiene relación directa con nuestra felicidad y nuestro bienestar. Creemos que animarnos a conocernos, a hacernos buenas preguntas, a compartir de verdad lo que nos pasa y cómo nos sentimos, nos conecta más profundamente. Si no, corremos el riesgo de quedarnos en ese piloto automático donde suponemos que, por el hecho de estar juntos, ya conocemos todo el uno del otro.

Cuando comenzaron a dar forma al proyecto, ¿cuáles eran los sueños, las expectativas? ¿Se hicieron realidad?

Apenas empezamos, nuestro sueño era trasmitir todo lo aprendido en el coaching y que las mujeres que fueran a nuestros talleres se llevaran herramientas de autoconocimiento concretas para usar en su vida diaria. Creemos que autoconocerse es un superpoder. De a poco, Conectate Comunidad fue encontrando su “identidad”, su sello personal, que claramente tiene que ver con nosotras. A las dos nos gustan el juego, el diseño, el arte y la música. Todo lo que hoy hacemos es un mix de lo que somos.

D: A mí, como psicopedagoga, siempre me gustó lo lúdico. Usaba el role playing y el juego en los tratamientos con mis pacientes.

R: A mí siempre me gustó la comunicación. La comunicación visual me apasiona, es una herramienta que usamos mucho en los reels y en los posteos. Nos permite comunicar conceptos muy profundos de manera práctica, sencilla y real.

Creemos que siempre podemos seguir aprendiendo y generando cosas nuevas. Hoy son los juegos que tenemos y los nuevos que se vienen, el coaching personal, las charlas… Pero hay miles de sueños más: queremos llegar a más gente, salir más a la calle, a las empresas, a los colegios, llegar aún más a los adolescentes y a las parejas. Son sueños que nos mueven, nos inspiran y nos generan entusiasmo y esperanza.

Rosi y Delfi se conocieron gracias a sus hijas y desde entonces, además de ser amigas, son socias.

¿Qué necesidades, miedos, esperanzas y dificultades han ido encontrando en las personas a las que acompañan en su camino?

R: En general, creo que cuesta encontrar o generar contextos y pausas para conectar. Desconectarnos del HACER, las tareas y la velocidad. A veces somos conscientes de eso y a veces no tanto. Esa desconexión nos lleva a sentirnos lejos del otro, a no saber qué queremos y a no conectar con lo que de verdad nos importa. Cuesta mucho mostrarnos vulnerables o frágiles. Todavía tenemos miedo a ciertas emociones, a veces por no saber cómo gestionarlas.

D: Aparecen miedos que tienen que ver con la incertidumbre y la ansiedad. Con irse al futuro y no poder estar en el presente. Algo que vemos mucho es la desconexión que genera estar hiperconectados con el celular y las redes, bombardeados de información. Estamos más en el afuera que en el adentro. Todo esto hace que nos desconectemos de lo importante. Que dejemos de mirarnos y escucharnos.

Nos da mucha esperanza cuando recibimos testimonios de gente que usa nuestros juegos y logra una conexión especial: una abuela a la que le costaba comunicarse con su nieto de 11 años que estaba pasando un mal momento y de repente logra, con una carta, que su nieto pueda compartirle lo que le pasa. O un grupo de amigas de toda la vida que creen que ya saben todo una de la otra y terminan descubriéndose a los 50 años… Y así muchos ejemplo más.

¿Por qué el juego tiene tanta importancia para ayudarnos a ver, a conectar, a transformar?

Las reglas que pusimos de no interrumpir, escuchar sin juzgar, que no haya una respuesta correcta, ayudan a que te animes a mostrarte tal cual sos.

R: El juego tiene la habilidad maravillosa de alivianar. No es lo mismo que yo haga preguntas en casa o con amigos, a que una carta pregunte, nos conecta distinto.

D: Siempre decimos que nuestros juegos son más que juegos. Son una herramienta para generar unión, salir de las típicas conversaciones, romper el hielo y conocerse más. Como coaches sabemos el valor que tiene hacernos cargo de los que decimos, el hablar en primero persona. Es clave.

«Animarnos a conocernos, a hacernos buenas preguntas, a compartir de verdad lo que nos pasa y cómo nos sentimos, nos conecta más profundamente. Si no, corremos el riesgo de quedarnos en ese piloto automático donde suponemos que, por el hecho de estar juntos, ya conocemos todo el uno del otro».

¿Qué les gustaría compartirnos sobre sus propias búsquedas a la hora de dar sentido a la vida?

R: Me gusta decir que hay que animarse a escucharse. Que ahí está el secreto. Amigarse con el silencio para no caer en la trampa de escuchar más las voces exteriores que la propia. Creo que al sentido de la vida lo encontramos cuando sabemos desde dónde hacemos lo que hacemos, desde dónde actuamos. Si no actuamos desde quienes somos, desde nuestros valores, es difícil encontrar sentido a las cosas. Yo creo en Dios, y creo que Dios nos habla a través de las personas, de situaciones, de algo que leemos, pero el clic es adentro nuestro, en nuestra alma. Cuando “nos cae una ficha”, cuando “vibramos” con algo, cuando sentimos “es por acá”. Es estar muy atentos a eso. Y confiar.

D: Me gusta describirme como una eterna buscadora. Siempre busqué conexión en mi vida. En mis vínculos, en mi trabajo y en todo lo que hago. Me gusta sentirme viva y esa conexión conmigo misma y con los demás es lo que le da sentido a mi vida. Desde chica sentí el llamado de estar al servicio del otro, desde la escucha y la empatía. Pasé por momentos donde me sentí desconectada de mí misma, o en los que me sentí juzgada, y eso me generó mucho dolor. Por eso me mueve mi trabajo. Creo que nuestros juegos ayudan a sacarnos los juicios que tenemos sobre nosotros mismos y sobre los demás. Y encontré, a través de las preguntas, una manera única de estar conectada conmigo y saber qué quiero y qué necesito.

Por último, ¿qué significa la palabra «comunidad» para ustedes?

Nosotras soñamos con que Conectate sea una comunidad donde cada persona pueda compartir sus aprendizajes, expresar su propia voz y mostrarse auténtica. Creemos que aprendemos CON el otro. Somos seres sociales por naturaleza, necesitamos del otro para vivir. La interacción con un otro nos muestra cosas de nosotros mismos, nos hace de espejo, nos desafía, nos mueve a salir de nuestra zona de confort y nos regala nuevas miradas acerca de la vida. Nos gusta llamarnos «coaches de carne y hueso». Porque eso es lo que somos: aprendices de por vida. Por más que seamos coaches, tenemos heridas y muchas veces, como decimos, volvemos a pisar el palito y tenemos que resetearnos para volver a empezar y tratar, de a poco, de ir siendo nuestra mejor versión.

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José Saramago