Sophia - Despliega el Alma

Artes

24 enero, 2024

Un viaje de autodescubrimiento a través de la fotografía

La fotógrafa Nicole Arcuschin, autora de las imágenes de tapa de varias ediciones impresas de Sophia, hoy recorre un camino lleno de aprendizajes que comparte en esta charla.


En paisajes de ensueño y a través de la fotografía, Nicole Arcuschin hizo su viaje de autodescubrimiento.

Por María Eugenia Sidoti

Fue lindo verla trabajar para las últimas tapas de Sophia, cuando nuestra revista todavía se imprimía en formato papel. Sus largos rulos dorados rozaban la cámara que ella movía de un lado a otro para captar distintos ángulos. La recuerdo amable, tranquila, un poco tímida. Siempre con una sonrisa. También enfocada y detallista: solía buscar con paciencia un rincón, una luz o un gesto que le aportara a la composición algo diferente. Más que todo se la veía feliz jugando a eso que tanto le gusta ser: fotógrafa de personas, de paisajes, de momentos. Artesana de imágenes que toquen una fibra.  

Cuando nuestras tapas dejaron de imprimirse, Nicole Arcuschin continuó su camino trabajando en editoriales, moda y publicidad, recorriendo un mapa personal que la llevó a explorar la fotografía como herramienta para descubrir el mundo y también para autoconocerse. El resultado de ese viaje fue un proceso de crecimiento que incluyó momentos hermosos y otros de desasosiego, impulsándola a buscar nuevos recursos tanto a nivel profesional como humano. 

En la Patagonia, un auténtico paraíso, la fotógrafa encontró otra forma de ver y de retratar la vida.

Para darle un sentido a aquel llamado, Nicole viajó, conoció gente, fotografió y se hizo infinidad de preguntas. Así llegó hasta un deseo antes postergado: dar talleres para acompañar a aquellas personas que se encontraran en plena búsqueda de sí mismas. “Después de una crisis que tuve al separarme de una relación de once años, en la que sentía que éramos uno, me pregunté quién era yo en verdad y qué quería hacer de mi vida. Y la respuesta fue esa: quería dar talleres de autoconocimiento a través de la fotografía”. 

Durante cuatro años construyó un espacio donde sus conocimientos técnicos se entrelazaron con experiencias de vida que sintió que debía compartir. “Fue una especie de terapia donde la gente, ya sea de modo individual o grupal, hacía una revisión de su propia historia a través del inconsciente, que en este caso es la fotografía. Porque la fotografía es una especie de meditación activa: cuando uno saca una foto está en el momento presente, en un lugar, con la energía dirigida hacia algo. Cuando se empieza a revisar a través de las imágenes, aparece el por qué llegué hasta acá, por qué seguí ese camino y no otro, y es inevitable mirar hacia atrás para intentar comprender. A través de la fotografía podemos mirarnos, ver cómo vivimos y cómo expresamos nuestras emociones”. 

Las imágenes de Nicole buscan expandir el alma en la búsqueda de una conexión con algo mayor.

Aquella primera experiencia la llenó de aprendizajes y de gente querida. También de un nuevo impulso vital. “Fue un reencuentro con la niña interior, con esa esencia que todos somos de chicos y que después se va marchitando. De alguna manera, sentía que el taller podía ser esa vuelta a la niñez que necesitamos para emprender un recorrido interno que nos permitiera entender más. Entonces volví a tener otra crisis y, aunque me gustaba lo que hacía, necesité darle una nueva forma. Por eso esta idea de sumarle al taller la posibilidad de viajar, para que la vivencia fuera todavía más profunda, más rica”. 

De ese modo, los clásicos talleres se transformaron en verdaderos retiros de fotografía: expediciones al interior de la naturaleza, muchos de ellos a la Patagonia argentina, para compartir charlas, conocimientos y convivir en entornos únicos. «Sacar fotos se convirtió en la gran excusa, sí, pero también había más. Por ejemplo todo eso que, durante sus crisis, Nicole necesitó para sanar: libros, películas, canciones, enseñanzas de personas sabias con las que se cruzó en distintos países. “Estaba en un proceso de búsqueda muy profundo y decidí darme permiso para desandar mandatos, para formular nuevas preguntas, para seguir viajando por el mundo, conocer gente y aprender más sobre mí misma”. 

Dos de las imágenes de tapa que realizó para la edición impresa de Sophia: la paisajista Clara Billoch (izq.) y la actriz Martina Gusmán (der.).

La copiloto de la aventura siempre fue su cámara, esa gran amiga que descubrió en un taller de fotografía de la Escuela ORT, cuando cursaba tercer año del secundario. Fue en el cuarto oscuro que vio cómo se hacía la magia. Eran épocas de cámaras réflex, rollos de fotografía  y revelado: cuando la imagen apareció plasmada en el papel, nació su unión indisoluble con las fotos. Comenzó a fotografiarlo todo, especialmente a sus amigas, eternamente dispuestas a seguirla en sus expediciones creativas. 

Para Nicole, fotografiar es una técnica para atesorar gente querida y congelar momentos preciosos. Aunque también de aprender nuevas formas de mirar y de ser libre. “Amo la libertad. Mi vida es movimiento constante, y la elijo así”, cuenta desde Buenos Aires, donde reside actualmente, luego de vivir durante un tiempo en San Martín de los Andes. El resto del tiempo lo divide entre viajes, retiros, workshops, siempre abierta a las posibilidades que se abren ante ella. “Soy Leo con luna en Tauro y ascendente en Acuario”, explica, basándose en el conocimiento que también le brindó la astrología para comprender el porqué de sus decisiones, de sus recorridos; ese deseo imperioso de irse cada tanto pero también de volver para cuidar las raíces. 

La fotógrafa Nicole Arcuschin siempre junto a su cámara, esa fiel compañera de aventuras.

De la identidad propia, habla Nicole, y en especial del trabajo que todos debemos hacer para conocerla y abrazarla. “Cada uno debe emprender su viaje de individuación, su viaje del héroe, que es único en cada caso”, sostiene y comparte que, para su propia travesía, se valió de la soledad y el silencio. “En una ruta, en el bosque, frente a un lago, aprendí quién era. Ya sin rótulos ni etiquetas, pude descubrir lo esencial”. 

De ese modo, las piezas de su rompecabezas se unieron en un collage de imágenes que la tienen como protagonista de una historia que se sigue escribiendo día a día. “Todos somos un álbum de fotos que va adquiriendo sentido mientras vivimos. Porque hay un hilo conductor para todas nuestras imágenes, aunque a simple vista nos parezca que nada tienen que ver unas con otras. Sin embargo, recién veremos la obra completa cuando nos toque partir”, reflexiona Nicole a la espera de que el próximo llamado a la aventura la encuentre otra vez despierta, atenta, disponible.

Con su cámara en la mano y los ojos llenos de asombro, se lanzará a lo que deba ser. Como cuando Alicia conoció al conejo y se dejó guiar por él, hasta llegar al País de las Maravillas. Ese lugar en el que Nicole elige habitar como un ejercicio consciente, dejándose atravesar por todas las maravillas que la rodean y que nunca dejará de honrar a través de la fotografía. «En mi vida, hay cuatro grandes pasiones que me impulsan y llenan mi corazón de alegría: la fotografía, los animales, los viajes y el autoconocimiento. Estas son las fuerzas motrices que me inspiran a explorar, descubrir y crecer», concluye.

¿Te gustaría saber más sobre sus retiros fotográficos? El próximo, Un verano en el sur, que tendrá lugar en Bariloche del 14 al 19 de febrero, ya está completo. Pero habrá otro en otoño: La naturaleza que habita en mí, del 10 al 15 de mayo, también en Bariloche. Una oportunidad para conocer a otras personas apasionadas, descubrir tu potencial al máximo y llevarte un portfolio a casa. Encontrá más info sobre sus propuestas haciendo clic acá: nicolearcuschin.com | @nicolearcuschin

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