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Cultura

21 diciembre, 2020 | Por

Un viaje a través de los símbolos navideños

¿Por qué armamos un árbol de Navidad? ¿Qué significan las luces, los lazos y la estrella? ¿Por qué es tan significativo el pesebre y como podemos nacer también en él? Una invitación a conectar con el milagro que cada año se repite, pero nos exige actualizarlo cada vez.


La Navidad, un momento de reflexión, celebración y encuentro. La fecha en que, para la religión cristiana, tuvo lugar el nacimiento de Jesús, el hijo de Dios. Un día cuyo enorme valor simbólico florece año a año, pero muchas veces queda relegado a un segundo plano opacado por el trajín de las corridas para armar la fiesta de la Nochebuena, comprar los últimos regalos para poner en el árbol y cumplir con las reuniones y compromisos de esta época del año.

Hoy que nada será igual y que muchos ni siquiera podremos juntarnos con nuestros seres queridos para mantener la distancia social, ¿qué tal si conectamos de verdad con todo eso que el espíritu navideño nos ofrece? Y entonces, en vez de andar a las apuradas, hacer un alto para abrirnos a la posibilidad de alumbrar una nueva forma de ver la vida… Por eso, en este tiempo tan especial, la artesana y arteterapeuta Daniela Roldán, a cargo del taller Los Símbolos de la Navidad, de la Fundación Vocación Humana, nos comparte su visión trascendente sobre esta época del año que nos atraviesa a todos, seamos o no creyentes.

Mucha veces, en el trajín previo a la celebración, nos vamos olvidando de lo realmente importante de esta fiesta y perdemos su dimensión simbólica, su enorme riqueza. De pronto se celebra sin saber muy bien qué, repitiendo una costumbre familiar, casi como una reunión social más. O se deja de celebrar por ‘no creer en esas cosas, en esas historias’, o porque se elige otra creencia. Pero más allá de todo esto, que es válido y respetable, poder abrirnos a esa dimensión simbólica puede resultar enriquecedor para todos, seamos creyentes o no. Las personas que crecimos en la tradición judeo-cristiana compartimos un bagaje de símbolos que están inscriptos, por así decirlo, en nuestro inconsciente cultural”, explica Daniela y cuenta que cada uno de los objetos que aparecen en nuestras casas para esta fecha (el árbol, los adornos, las luces, las estrellas, el pesebre, etc.), son símbolos con una gran significación.

No debemos leer esta fecha con rigor histórico, poniendo en duda si Jesús nació o no un 25 de diciembre, o si realmente ocurrió o no este acontecimiento, porque entonces entramos en una discusión donde se pierde el valor simbólico, que es muy profundo. Joseph Campbell, el gran estudioso de la mitología mundial, nos dice que las metáforas religiosas de todas las tradiciones tratan de explicarnos realidades de un orden trascendente, espiritual. Estas realidades solo pueden ser contadas a través de imágenes simbólicas que buscan la comprensión, no la explicación racional“, sostiene y dice que leer estos relatos en clave mítica no es faltarle el respeto o “rebajar” su valor a una simple metáfora, porque las religiones –como los sueños, el arte, la poesía– poseen el lenguaje de los símbolos, que habla de lo inefable, de lo que no puede decirse con palabras, del Misterio. “De ahí la necesidad de comprender este lenguaje para poder comprender el mensaje detrás de las imágenes simbólicas“, señala Daniela.

–¿Porqué es importante conectar con eso?

–Porque lo simbólico se vive, se siente. No quiere decir que uno no pueda pensarlo o reflexionarlo, pero el trabajo con los símbolos si bien incluye la razón, la excede. Es una comprensión que se da con todo nuestro ser. Los símbolos son orientadores y hay un sentido particular en los de la Navidad: nos hablan de un renacimiento, del volver a nacer de un principio divino, de un principio de otro orden, un orden trascendente, representado en el niño. Para las personas religiosas será el nacimiento de Jesús, un ahondamiento en su propia tradición. Pero quienes no lo sean también pueden ver en este nacimiento el surgimiento de la luz, símbolo universal que quiere representar ese principio primero y último, dador de Sentido, que recibe distintos nombres.

El árbol, la vida que perdura

Según explica la terapeuta, el árbol de Navidad simboliza la vida perdurable y en constante transformación: “Muchas veces se lo arma en forma decorativa o por tradición. Pero sería lindo vivenciar ese árbol como propio, sentir que vive en nosotros. Se trata de un árbol perenne, nos dice la tradición, siempre vivo, siempre verde. Si vamos atrás en el tiempo, vemos que en los pueblos del norte de Europa, en las culturas germánicas, nórdicas, celtas, hay un árbol con estas características; puede ser un fresno o un roble, un árbol fuerte. Se trata de Iggdrassil, el árbol del universo, el árbol sagrado, en cuya copa se encuentra el palacio del Odín, el Valhala, donde moran los dioses y en sus raíces reina Helheim, dios del inframundo. En el solsticio de invierno estos pueblos celebraban a través de él regreso de la luz, con todo lo que eso implica: la posibilidad de la renovación y la continuidad de la vida, salir de la oscuridad del invierno para ir hacia la luz. Mucho después, en la tradición cristiana, este árbol será una conífera“.

–¿Por qué se lo adorna?

–En la antigüedad, estos pueblos adornaban el árbol con antorchas y hacían ceremonias a su alrededor. Hay que intentar ponerse en la piel de aquellos hombres y mujeres cuya vida era tan difícil, tan dura. Ellos celebraban la llegada de la luz, porque eso les permitía la supervivencia. Es la esperanza en una una vida que resurge. Por eso estos árboles son de hojas perennes, y por eso los adornos y las celebraciones. Cuando llegó el cristianismo todo eso fue visto como una costumbre pagana, pero se tomó el símbolo del árbol y se estableció la fecha del nacimiento de Jesús un 25 de diciembre. Más allá de que esto haya surgido de la razón y de la necesidad de ir evangelizando estos pueblos, siempre hay algo más por detrás, y esto es lo asombroso y lo misterioso del símbolos. Porque para los cristianos Cristo trae la luz al mundo, trae luz a la oscuridad, y eso era también lo que celebraban estos pueblos.

–¿Cómo hacer para no perder de vista el valor simbólico de la Navidad?

–Tenemos que hacernos tiempo, dedicar un ratito cada día a incubarla. Puede ser con lecturas, meditando los símbolos, reflexionando; la persona religiosa seguramente lo hará a través de la oración. También con acciones como armar el árbol o el pesebre, que pueden ser momentos meditativos, de una gran contemplación y reflexión. Ahora bien: si lo hago de forma mecánica no me va suceder nada, en cambio si lo hago estando presente en ese momento, como un rito, eso que voy haciendo afuera, se va formando también adentro. ¿No tengo árbol? No hace falta comprarlo, se puede crear. Lo mismo el pesebre. Por eso, prepararse para la Navidad es acallar los ruidos, tanto internos como externos. Las situaciones conflictivas, las viejas heridas, las historias familiares, los problemas de la vida diaria magnificados por la pandemia. Son tan grande esos ruidos que no hay lugar en la posada para el nacimiento…

–¿Ese es el símbolo del pesebre?

–Exacto, que lo que voy armando afuera es lo que pretendo armar adentro. Que el pesebre está dentro de uno. La historia cuenta que no había lugar en la posada para el niño que estaba por nacer. ¿Cuáles son las cosas que hacen que no haya lugar para que este milagro se de en uno? Abramos el corazón. Hagamos silencio para escuchar ese ruido interno y vivamos el nacimiento de esta potencia renovadora. Para eso es vital tomar contacto con la imagen, hacerla consciente. El pesebre, ese entorno algo rústico que tiene piso de tierra que no está limpio, porque hay olor y suciedad de animales, pero que igual acoge al niño. ¿Qué significa eso? Que a pesar de nuestras sombras y nuestras limitaciones, somos un buen lugar para encarnar lo divino. Pero tenemos que hacer espacio para que eso nazca.

–¿Qué simbolizan los personajes del pesebre?

–La madre es el principio femenino, el padre el principio masculino. Son la ternura y la fuerza. Se trata de un llamado a integrarnos. ¿Qué necesito yo en este momento de mi vida? ¿Cuál es el balance entre firmeza y ternura, entre lo masculino y lo femenino? Los pastores representan la sencillez, escuchan la voz del ángel y salen al encuentro del niño. Y es su sencillez y humildad lo que les permite abrirse al asombro, a la maravilla del nacimiento. Los magos eran reyes y sacerdotes, representando un estado, un rango elevado. Ellos se dejan guiar por la estrella, sin dejar de buscar, y cuando lo encuentran se postran ante el niño y le ofrecen sus dones. Acá también hay mucha humildad, porque se deja de lado al pequeño yo, al ego, para reconocer dónde está lo verdaderamente importante. Y los animales son nuestro mundo instintivo, la supervivencia, nuestra corporalidad, nuestra materialidad.

–¿Cómo evocar la magia navideña de la infancia sin sentir pena ni nostalgia?

–La importancia de las fiestas que se repiten en cualquier tradición es volver a hacer presente algo que sucedió hace mucho tiempo. Esa es la función del ritual. Pero si lo hacemos de manera automática y simplemente repetimos, no se recrea nada nuevo. En cambio, si hay intención verdadera, si hay presencia en lo que hago, se van moviendo cosas interiormente. Hay personas que en esta fecha recuerdan las celebraciones de la infancia pero no solo eso: también resignifican, ahondan. Entonces no hay una repetición vacía, se recrea haciendo de cada fiesta, de cada Navidad, un nuevo nacimiento.

–¿Qué podemos hacer en este año tan especial?

–Elegir cómo adornar nuestro árbol. Pueden ser moños, que simbolizan los lazos que generamos, que mantuvimos o que decidimos cortar. O los dones que hayamos recibido, aunque hayamos pasado un año pésimo. ¿Podemos intentar rescatar algo, por más pequeño que sea? Escribir ese don en un papelito, hacer un dibujo, un origami, o colocar un fruto o una semilla que lo simbolice, es un buen ejercicio. A veces puede ser algo muy luminoso, otras no y aun así convertirse en don. Ofrendemos al pie del árbol dolores, pérdidas, enojos, cosas que no comprendo, miserias y oscuridades y dejar que sus raíces absorba todo eso, porque el árbol de la vida es transformador. Que esos sean nuestros presentes, como ofrendas al pie de un altar.

–¿Cuál es el significado de evocar la estrella de Belén qué según los científicos este año volverá a verse después de ochocientos años?

–La estrella representa un símbolo extraordinario, es una luz que guía en la oscuridad de la noche, que también es interior. Entonces, cuando nos sentimos confundidos o perdidos es importante evocarla, descubrirla brillando en nosotros, iluminando y marcando el rumbo. Los símbolos nos orientan y nos proporcionan Sentido, con mayúscula.

–¿Qué es para vos lo más importante en este tiempo?

–Comprender que la Navidad es una gran incubación, pero para que lo divino nazca en nosotros necesita de nuestro cuidado y atención. Es importante hacer silencio y que todos los días dediquemos un ratito a cuidar esa gestación. Es el tiempo para hacer lugar, barrer la posada, desalojar habitantes, armar la cuna. Es el tiempo para encender las luces y dejar las ofrendas al pie del árbol. Cosas que no requieren dinero, sino una disposición del corazón.

Fotos: Pexels

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