Un verano a pura lectura: siete libros para acompañar los días de descanso - Sophia Online

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Un verano a pura lectura: siete libros para acompañar los días de descanso

Te compartimos una lista de nuestros favoritos para leer esta temporada: textos que invitan a reír, reflexionar y sorprenderse.

POR Agustina Rabaini

Durante el verano, cuando el tiempo parece aflojar su ritmo y la lectura encuentra un espacio más generoso, los libros se ofrecen como compañía y refugio: novelas, diarios y relatos que exploran la memoria, los vínculos, la identidad, el paso del tiempo y la fragilidad de la vida, pero también el deseo, la lucidez, la potencia de las preguntas.  

Lecturas que invitan a detenerse, descubrir mundos nuevos o volver a los clásicos: siete libros para dejarnos acompañar por voces que nos interpelan, conmueven y siguen resonando después de la última página.

Porque leer también puede ser una manera de escucharnos, de pensar(nos) y de estar en el mundo; un espacio de placer y de dispersión, pero también de ideas que bailan, de búsqueda de belleza, aprendizaje y una mayor libertad. Preguntas profundas, personajes inolvidables y relatos que iluminan, incluso, las zonas más frágiles de la experiencia humana.

1984, George Orwell / Jane Eyre, Charlotte Brontë

Por Clementina Escalona Ronderos, periodista

Volver a los clásicos siempre es una buena idea. Su riqueza y profundidad interpelan, mueven algo adentro y agitan el pensamiento. Por algo no pasan de moda. Los más recientes que leí fueron 1984, de George Orwell, y Jane Eyre, de Charlotte Brontë: el primero, publicado en 1949 y el segundo, bastante anterior, en 1847, en una época en la que las mujeres escribían bajo seudónimo, se viajaba a caballo y el divorcio no existía.

1984 es impactante, brutal, tenebroso. No en el sentido del terror clásico, sino porque plantea un escenario en el que la libertad de pensamiento, el amor genuino y la paz se desdibujan bajo un régimen de poder que avala exactamente lo contrario. La novela retrata un mundo que, pese a lo distópico y extremo, no deja de tocar la realidad actual: su crudeza nos interpela. Para quienes buscan una lectura liviana, este no es el caso. 1984 atrapa, retuerce y desarma al lector.

Jane Eyre es una novela extensa que recorre la vida de su protagonista de la mano de su propia voz: Jane narra, piensa y reflexiona, y a través de ella se abre una época en la que los conceptos de lealtad, amor, respeto y amistad eran otros. Allí reside una de sus joyas: permite repensarnos bajo otra luz. Jane es un personaje sólido, de convicciones firmes, que continúa viviendo fuera de las páginas, y su historia se despliega como una entretenida y desafiante montaña rusa de vivencias.

Crac, Josefina Licitra

Por María Eugenia Sidoti, periodista, editora 

Crac (Seix Barral, 2025) es el último libro de la periodista y escritora argentina Josefina Licitra. Crac: ese es el sonido que hace un hueso al romperse, y también el título elegido para narrar el quiebre de la relación con su padre, un vínculo atravesado por la distancia del exilio, los malentendidos y los desencuentros. Un quiebre que coincide, además, con la fractura de su pie izquierdo durante una clase de danza, punto de partida del relato.

Así se entreteje una narración que es profundamente personal, pero que también pertenece a muchos: a todos los hijos cuyos padres se alejaron, por la razón que sea. En su caso, por los vaivenes de una historia común de bordes punzantes y, sobre todo, por un hecho concreto: cuando Licitra publicó en una revista brasileña el texto Sr. Licitra, en el que aludía a la compleja relación con su padre, él dejó de hablarle. Ese silencio la llevó, incluso, a dejar de escribir.

Por eso Crac es una obra que busca sanar, de algún modo, lo que está roto. Un intento de unir las partes, aunque duela. La necesidad de encontrar las palabras perdidas cuando su papá le envió un mail que decía: “El artículo que escribiste es inaceptable”, y cortó todo contacto. A lo largo de las páginas, Licitra hija espera un nuevo diálogo que parece no llegar nunca y explora las conversaciones que, por carta, sostuvo con Licitra padre en un intercambio de décadas entre Buenos Aires y Madrid.

Es cierto que la obra no consuela, pero acompaña. Porque en ese ejercicio de memoria que Josefina Licitra despliega con talento y belleza —por momentos, incluso, con ternura— resiste los embates de lo no dicho para transformarlo en una voz íntima y potente. Quizás por eso leerla es encontrar, en el sonido seco del quiebre, un eco: la confirmación de que, aun ante lo incómodo, lo que nos salva es no dejar de hablar.

Aún no se lo he dicho a mi jardín, Pia Pera

Por Carolina Cattaneo, periodista

Inspirada por el título de un poema de la escritora y naturalista estadounidense Emily Dickinson, la autora italiana Pia Pera (1956–2016) decidió escribir sobre algo difícil: la muerte. Más precisamente, sobre su propia muerte. Afectada por una enfermedad incurable de la motoneurona que poco a poco la fue dejando inmovilizada, se aventuró a narrar, en un libro duro y a la vez luminoso, cómo el avance de la enfermedad transformó su relación con su jardín, un jardín en la Toscana que se volvió templo y refugio.

Apasionada amante de las plantas, escritora y columnista especializada en jardinería, paisajismo y cuidado ambiental, Pera encuentra en Aún no se lo he dicho a mi jardín la forma de contar la dificultad, el dolor y el duelo por una vida que se apaga, entremezclados con el asombro, la contemplación y la admiración por la naturaleza.

“El jardín (…) imagen en miniatura de la creación, se confirma como mi única relación duradera, profunda y gratificante posible. Ninguna relación con un ser humano podrá ya limitar mi presencia en el mundo. La catástrofe, en cierto sentido, me ha curado”, escribe en uno de los pasajes de esta obra publicada de manera póstuma.

No es fácil leer sobre la inminencia de la muerte. Pero nadie pretende que así sea: este libro no trata de cosas fáciles. Habla de enojo, tristeza y rabia, pero también de fe, aceptación y compasión. En definitiva, se trata de la búsqueda de aquello que da verdadero sentido a nuestro paso por el mundo de los vivos.

Diario de la dispersión, Rosario Bléfari

Por Victoria Llorente

En Diario de la dispersión, Rosario, hija única, viaja a La Pampa para visitar la casa de su padre. En ese regreso, la vida la obliga a quedarse, y ella elige seguir desplegando su creatividad aun sabiendo que su cuerpo se irá debilitando hasta morir. Lejos de ser un spoiler, el diario que Rosario Bléfari escribió meses antes de su muerte es una forma sencilla y conmovedora de rendir homenaje a una vida atravesada por el arte, la amistad y los vínculos amorosos y sinceros.

Por momentos, la nostalgia y la desesperación aparecen en trazos finos, en imágenes y metáforas cotidianas que estrujan la mirada del lector. Sin embargo, nunca deja de asomar una lucidez genuina que insiste en desplegarse, incluso cuando la vida se está apagando.

“Desplegarse no es desaparecer”. “Tejer también es destejer”. Con frases como estas, la autora deja un legado que, lejos de dispersarnos, nos repliega y nos obliga a repensar nuestros propios días.

Ruth, Adriana Riva

Por Agustina Rabaini

“El humor es tan importante en la literatura como en la vida”, ha dicho Adriana Riva (La sal, Angst)  a propósito de esta novela preciosa —uno de los grandes libros del año— protagonizada por un personaje inolvidable.

Ruth es una mujer judía de 82 años, viuda, curiosa y, por momentos, efervescente. A lo largo de estas páginas, la acompañamos en su vida cotidiana: sale, observa, conversa por chat con su amiga Fanny, discurre sobre asuntos que van de lo más cotidiano y anodino a lo más profundo. En ese transcurrir aparentemente simple, la novela aborda con una sensibilidad luminosa temas complejos como la vejez, el vínculo con los hijos, la amistad, el paso del tiempo y las formas —a veces fallidas, a veces entrañables— de la comunicación familiar.

Para construir el personaje de Ruth, Adriana Riva se inspiró principalmente en su madre. En diversas entrevistas contó que el puntapié inicial fue esa figura cercana: una mujer judía de alrededor de ochenta años, viuda, profesional, amante del arte —ópera, pintura, clases por Zoom— activa, curiosa, con hijos y nietos. 

Sin embargo, la novela no es un retrato fiel ni un ejercicio autobiográfico. Riva toma a su madre como punto de partida y suma rasgos de otras mujeres de su entorno —tías, amigas, vecinas— para crear una voz que define como más “libre, irreverente, chispeante”. Así, Ruth es mucho más que un personaje inspirado en lo real: es una figura literaria potente, atravesada por el humor, la lucidez y una vitalidad que desafía los lugares comunes sobre la edad y el paso del tiempo.

Hija biográfica, Romina Paula

Por Vanina Colagiovanni,  escritora, gestora cultural, editora de los sellos Gog & Magog y Cúmulus nimbus

La escritura de Romina Paula siempre me conecta con el lado luminoso y juguetón de la lengua, y no de cualquier lengua sino de la que pertenece a mi generación. En sus novelas fermenta lo opuesto a esos grandes relatos universales (que nunca lo son, pero eso pretenden), que se me presentan vacíos y para nadie. Lo extremadamente situado de su poética es lo que más me atrae, como si alguien me estuviera narrando la historia al oído con una voz finita y una risa algo ronca.

Cuando leía Hija biográfica rápidamente me encariñé con la narradora en primera persona, Leonor, que trae de su familia biológica solo el nombre y se va a vivir a las sierras de Córdoba con la madre que la adoptó, Leticia, una mujer cercana a mi edad y a mis referencias temporales, actriz, nómade y divertida, que le va narrando su vida. Pero no es solo eso, una cuestión de coincidencia, no es buscarse a uno mismo en los textos, es también que en esos detalles, en las voces pequeñas y que pueden usar palabras como “cachivache” o “plieguecín”, se cifra un mundo singular que respira, que vive, un presente de la existencia, una experiencia de la lengua y eso, para mí, vale oro.


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