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Sociedad

13 junio, 2019

Un papá con delantal

Este Día del Padre celebramos que cada vez sean más los varones dispuestos a hacer de la paridad de género una realidad. Por eso charlamos con Magela Demarco, autora del libro que le prestó el título a esta nota, donde les cuenta a los chicos acerca de la importancia de construir nuevos roles dentro y fuera de casa.


Por María Eugenia Sidoti

La periodista y escritora Magela Demarco sabe lo que es ponerse una casa al hombro: “Mi experiencia personal conviviendo con el padre de mi hijo fue muy inequitativa con respecto a la división de las tareas del hogar. Lo hacía todo yo: pagar las cuentas, lavar la ropa, colgarla, limpiar los pisos, cambiar la ropa de cama, lavar los platos, secarlos, guardarlos, bañar a mi hijo, llevarlo al médico, darle de comer. Además de salir a trabajar, claro“, confiesa.

Por eso, cuando hace siete años nació su hijo Tobías, decidió decir basta. Y ahora se anima a contar esa experiencia en un libro dedicado al público infantil, para que su hijo y los hijos de otras mamás y papás vean que, a pesar de que sigue existiendo la desigualdad entre varones y mujeres, ellos pueden elegir no seguir los mandatos machistas, ni responder a sus estereotipos, ni perpetuar situaciones de inequidad.

“En casa, en lugar de una señora que nos ayuda con los quehaceres del hogar, tenemos un hombre que usa delantal. Se llama Amador, lo contrató mamá y lo sabe hacer todo. Pasa el trapo rapidísimo, como si bailara, limpia los muebles y deja los azulejos brillantes”, dice la contratapa de Un papá con delantal.

Una de las tantas razones por las que decidí separarme cuando nació mi hijo fue enseñarle con el ejemplo: no quería que él viera cómo su mamá defendía ciertas ideas y convicciones, como por ejemplo que la persona que está a tu lado tiene que ser tu compañero, con todo lo que eso implica, y que en la realidad eso no ocurriera“, confiesa la escritora.

Así fue como nació la idea de escribir Un papá con delantal (Bellaterra), un libro para chicos ilustrado por Andrea Bianco, que también les habla a los adultos para poner de manifiesto una realidad: soplan vientos de cambio y el desafío es de todos. “Mi hijo fue y es mi gran maestro, porque me hace ir por mejores caminos“, explica Magela.

Un libro para reflexionar

Se trata de la historia de Amador, el señor que la mamá del cuento contrata para que la ayude con las tareas de la casa, una expresión de deseo de la propia Magela y de tantas otras mamás. “Cada vez que surge este tema en mi círculo cercano o con mujeres que no conozco (y el libro sirve como excusa para charlar sobre estos temas), el 95,5% termina asumiendo con tristeza, y también con decepción y queja, que en sus hogares son ellas las que hacen casi todo. Y ponerse al hombro una casa, para una persona sola, es muy agotador”. 

¿Qué pasa, en ese contexto, con el rol que asumimos las mujeres?

Tenemos que hacer nuestro mea culpa y prestar más atención al momento de formar a nuestras hijas e hijos… Como fuimos criadas en una sociedad machista y androcéntrica, muchas veces somos nosotras mismas las que reproducimos, sin ser conscientes, estas desigualdades. En el libro, la pequeña protagonista se pregunta por qué su mamá se comporta de manera diferente con ella que con su hermano, a quien no le pide que la ayude en nada, porque ‘todavía es chiquito’“, comparte.

—¿Qué te gustaría contar a partir de esta historia?

—Me interesa que las niñas y los niños puedan empezar a cuestionarse esta división de roles arcaica y sumamente injusta para las mujeres, pero también para los hombres adultos. Porque el papá que se pierde de cambiarle los pañales a sus hijos, de cantarle canciones para hacerlos dormir y de verlos dormir o darles de comer, se está perdiendo muchas de las cosas más lindas que uno puede experimentar en la vida. Ver dormir a mi hijo, que hoy tiene siete años, me sigue emocionando como el primer día… o más.

“¡Pero si yo desde hace mucho ayudo con algunas tareas de la casa!, me hago las colitas desde los cinco, y me sé preparar el desayuno desde los siete… ¿Será que los hombres se hacen mayores muchos años después que las mujeres?”, reflexiona la protagonista de la historia, que se publicó en España en castellano y catalán. También se consigue en Argentina.

—¿Por qué decidiste trabajar en este tema?

—Porque siento que es una pena que muchos padres se pierdan a sus hijos. Por eso lo hago a través del humor, una de las mejores vías de llegada. Y es para las mamás, para ayudar a que se saquen (nos saquemos) los lentes que naturalizan situaciones no equitativas e injustas, que no tienen nada de natural y nos hacen cargar una mochila muy pesada. Para que las relaciones entre hombres y mujeres sean armónicas y sanas, los hombres tienen que ponerse a la par de las mujeres, ni más arriba, ni debajo.

—Siendo mamá de un varón, ¿qué te importa transmitirle a tu hijo a través del vínculo que vas tejiendo con él cada día?

—Muchas cosas. Trato de enseñarle que no hay juegos de nena y juegos de nene, o colores para una y para otro, y lo hago desde ejemplos sencillos. Si vamos por la calle y escuchamos un comentario como por ejemplo “Mujer tenías que ser”, le señalo que el comentario que acaba de escuchar es machista. Incluso, si es dicho por algún familiar o conocido. También le pido que venga a buscar el mantel para poner la mesa y lo incentivo a que me cuente y exprese cómo se siente, para que pueda poner en palabras sus emociones, algo que antes no estaba permitido para los varones.

—¿Qué te dicen los chicos sobre el libro?

Magela Demarco nació en 1976 y su infancia transcurrió entre Zárate, Campana y la Ciudad de Buenos Aires. Creció escuchando cuentos que alimentaron su amor por los libros. Estudió Periodismo en la UCES y trabajó en distintos medios. Escribe cuentos para manuales escolares y obtuvo menciones en diferentes concursos; algunos de sus relatos para adultos están publicados en antologías. Empezó a escribir historias infantiles cuando nació Tobías, su gran amor.

—Cuando se los termino de leer, les hago algunas preguntas sobre cómo es la vida en su casa: quién cocina y lava los platos, quién hace las camas, quién lava y tiende la ropa, quién saca al perro a hacer sus necesidades, quién pasa el trapo a los pisos, quién va a las reuniones del colegio, quién compra los materiales que pide la señorita o el profesor, quién los lleva al médico, quién hace las compras, quién mira sus cuadernos del colegio y repasa las materias con ellos… La verdad es que la palabra “mamá” se escucha muchísimo más que “papá”. Muchas niñas y niños me marcan esta diferencia en la distribución de las tareas del hogar y entonces terminamos acordando que sería mejor que las actividades estuvieran repartidas de forma más equitativa y justa. Luego, llevan esas inquietudes a sus casas.

—El cambio es evidente, aunque todavía queda un trecho por recorrer. ¿Cómo ves al mundo que viene?

—Creo que nos falta muchísimo. Basta con ver la diferencia entre la cantidad de mujeres que ocupan puestos gerenciales comparada a la de los hombres, o la disparidad de sueldos entre unos y otras a pesar de realizar iguales tareas. Ni hablar de los femicidios. Lamentablemente, creo que en nuestra sociedad la violencia, en todas sus formas, va en aumento. Eso me llena de impotencia y de tristeza, y al mismo tiempo me compromete a seguir luchando por un mundo mejor. Hace falta plantar semillas de hombres y mujeres diferentes: siempre se puede desandar el camino recorrido y para eso hace falta que los hombres también se pongan el delantal.

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