Sophia - Despliega el Alma

Artes

2 noviembre, 2022

Ucrania: las bombas caen, la danza continúa

Unbroken se llama este proyecto fotográfico que habla sobre cómo el alma se despliega a través del arte, a pesar del dolor de la guerra. Una invitación a celebrar el valor y la belleza de la vida.


Por Lucía Vázquez Ger. Fotos: Gentileza Proyecto Unbroken.

En las fotografías las bailarinas aparecen bailando, en pleno movimiento. Algunas expresan alguna posición concreta de ballet, como el écarté —con el brazo elevado, la pierna extendida y la cabeza hacia el costado alejada de la pierna levantada—, el arabesque o la cuarta posición en zapatilla de punta. Una de ellas sale retratada y otras improvisan movimientos neoclásicos. Las imágenes están impresas en lienzos hechos con casquillos de balas unidos con resina. El proyecto fotográfico se llama Unbroken y forma parte de una conversación humanitaria actual que comenzó el 24 de febrero de este año con la invasión de Rusia a Ucrania, que aún continúa. 

La obra se sirve de dos materialidades que se funden entre sí para hablar. «Creo que este proyecto dice algo de la coyuntura, una guerra completamente injusta. Estas bailarinas, además de ser artistas, son atletas. Son expresión del arte, de la belleza, de la gracia, de la fortaleza, y de todo lo que representa el ballet. Hay ahí un símbolo muy fuerte y me pareció interesante contrastarlo con algo tan violento como son los casquillos de balas», dice Felipe Jácome, fotógrafo ecuatoriano y coautor de la obra junto con Svetlana Onipko, ucraniana, fotógrafa y antes bailarina del Ballet Nacional de Ucrania. 

Las fotografías de las bailarinas fueron impresas en lienzos hechos con casquillos de balas unidos con resina.

Inquebrantables 

El nombre de la obra, Unbroken surgió en Varsovia, Polonia, mientras Svetlana explicaba el proyecto a las bailarinas que serían modelos para las fotos. Ellas también son ucranianas exiliadas por la guerra, dejaron a sus amores, familia, pareja, sueños. De un día para el otro se quedaron solas en el mundo, pero decidieron perseguir su sueño de bailar, de buscar la forma. Ahora están radicadas en distintos lugares de Europa, como Polonia, Alemania o Países Bajos, por ejemplo. 

Este trabajo se presentará en la embajada de Ecuador en París, entre el 8 y el 21 de noviembre, durante el Paris Photo. Lo generado por las ventas de estas piezas, son para apoyar a Ucrania.

«Para mí, este proyecto trata de unas bailarinas que están enfrentándose a todo lo que está pasando en su país, pero que siguen firmes, a pesar de su fragilidad —cuenta Svetlana—. Creo que el nombre Unbroken se debe a que las bailarinas son muy fuertes y nada puede romperlas. Esto es comparable con el pueblo ucraniano. Está luchando y queremos ganar». 

Una imagen del backstage de esta producción fotográfica que celebra la vida y el inmenso valor del arte.

El artista mira al artista 

Las sesiones de fotos también tuvieron lugar en Varsovia, a finales de abril. Felipe viajó desde Estados Unidos junto con un amigo que lo ayudó a filmar el documental del proyecto. Alquilaron un estudio y se encontraron con Svetlana y las bailarinas. El resto del tiempo en Polonia lo dedicaron a armar el documental: entrevistaron a las chicas y a Svetlana. La filmaron por la ciudad, moviéndose por las calles, con su música. 

Para hacer las imágenes, los fotógrafos observaron detenidamente a las bailarinas. Las miraron a través del lente de sus cámaras, abriendo un espacio a una comunicación espiralada entre ellos y las modelos, con idas, vueltas, y algo más. Un algo más que transforma y entrega al mundo algo que antes no tenía. Las bailarinas se expresaban con su cuerpo, con su baile, con sus movimientos. Los fotógrafos recibían esas imágenes, esas formas de cuerpo humano en movimiento, para capturar instantes de expresividad y materializarlos en fotografías. Unos daban, otros recibían, y viceversa. Entonces, la creación. 

«Todas las chicas que fotografiamos son muy valientes. Físicamente, son personas extremadamente fuertes, porque hacen un trabajo corporal diario de cinco horas. Eso contrasta con su estado emocional, obviamente muy frágil en ese momento, cuando realmente estaban dolidas, con mucha incertidumbre, con una pena en el día a día— señala Felipe, que ve al baile como un instrumento de resiliencia, como un acto de creación para dar belleza, que otorga agencias, poder de decisión, fuerza, algo que es liberador y sanador—. Pero al mismo tiempo se presenta esa dicotomía, esa contradicción en estas chicas que bailan porque es su profesión y lo tienen que hacer, pero al mismo tiempo te dicen ‘¿Cómo puedo bailar si mi esposo está en la guerra, si a mi ciudad la están bombardeando, si no sabemos si tendremos un país mañana?'», 

Para Felipe, Svetlana le da a la obra una fuerza muy especial. «El momento en que toma la foto, en que pasa por su ojo y por su proceso creativo, el momento en que ella escoge las imágenes y dice, ‘esta es mejor que aquella otra’, en ese momento ella trae sus vivencias, su experiencia, su dolor, sus frustraciones y su esperanza, y le da una carga adicional y un significado mucho más fuerte», reflexiona y Svetlana agrega: “En las chicas vi que si bien tenían la misma situación que yo —que no tenía trabajo y no sabía qué hacer en mi vida—, ellas eran felices, aceptaban todo lo que les pasaba y disfrutaban de la vida. Aprendí de ellas que nuestra vida no se detiene, entonces debemos vivir». 

Unbroken se presentará en la embajada de Ecuador en París, entre el 8 y el 21 de noviembre, durante el Paris Photo.

El arte habla y ayuda a sanar

Unbroken puede ser entendida como un arma contra el olvido. En primer lugar, contra el olvido de la guerra. En febrero, Ucrania estaba en las portadas de los diarios del mundo. Hoy la guerra sigue y las noticias aún la cubren, pero cada vez se habla menos del tema. «Yo sé que todo el mundo sabe sobre Ucrania. Pero quiero que aún más personas sepan lo que está pasando en el pueblo ucraniano y que si pueden ayudar, lo hagan. Esta situación nos ha roto el corazón. Hace unas semanas murió en la guerra un artista, compañero del teatro en el que estaba», relata Svetlana. 

La obra también intenta dar un aporte a la fotografía. En tiempos de sobreabundancia de imágenes, Jácome busca desde hace tiempo respuestas para que no se olvide la foto, y lo hace saliéndose de la imagen plana dándole una corporeidad distinta. Para lograrlo toma otros materiales y funde la fotografía en distintos tipos de lienzos. 

En otro reciente proyecto suyo sobre el éxodo venezolano, Caminantes, armó paneles con billetes de bolívares venezolanos ya sin ningún valor, e imprimió sobre esas secuencias imágenes de migrantes venezolanos. En el caso de Unbroken los lienzos están hechos de casquillos de balas, y las fotografías fueron impresas con luz UV. «Es mi respuesta para que no se olvide la foto. Es mi arma contra el olvido», explica.

Irse para seguir 

La coautora de la obra y dos de las bailarinas que participaron en el proyecto como modelos se fueron de su país por la guerra. Salieron solas hacia Europa, dejaron todo para sobrevivir. Hoy las tres siguen bailando y comparten en primera persona sus testimonios con Sophia. 

Svetlana Onipko (27)
“Tal vez el arte sea como una medicina»
Antes de abandonar su tierra, bailaba en el Ballet Nacional de Ucrania. Desde 2018 se dedica también a la fotografía. Ahora está radicada en los Países Bajos, donde se unió al United Ukrainian Ballet.

“El 23 de febrero, el día antes de la invasión, estaba en Kiev, en mi casa sola, y muy preocupada. Mi gente me decía que todo iría bien, que se trataba de un asunto político y el tema quedaría en ese nivel. Esa noche no dormí, no podía. A las 5 de la mañana empecé a recibir mensajes diciendo que la guerra había comenzado. Todo el mundo estaba tan conmocionado. Me decían que no me moviera, que me quedara en mi casa y que comprara agua y comida. Durante unas horas estuve sentada en mi cama, como en estado de estupor, sin saber qué hacer. 

Después decidí mudarme, me fui a lo de mi hermana por dos semanas. El ejército se acercaba. Mi profesora de ballet me llamó y me dijo que por favor me fuera de ese lugar, que era peligroso. Mi hermana no quería moverse porque estaba con su niño pequeño. Entonces decidí irme sola. Fue una decisión muy difícil, porque moverse sola no era una buena idea, pero lo necesitaba. Y así me fui, en un tren repleto de gente, donde no había lugar, y me senté en mi maleta. En ella llevaba perfumes, lociones corporales, mis cámaras y todos mis negativos. También documentos y un poco de ropa. Entonces llegamos a Lviv y desde ahí crucé a Polonia. 

Cuando llegué, elevé la mirada y vi que había solo cielo, sin ruidos. Sin ese ruido de los aviones del ejército. Ver el cielo era una sensación extraña, una sensación de seguridad. El cielo ya no era un peligro. En general no pensamos que el cielo puede ser peligroso. Pero después de la guerra agradecés tener un cielo despejado, es como un refugio. 

Svetlana se aferra a una de las barras del estudio de ballet, donde se siente a salvo. Foto: Instagram @svetlaya._Crédito: @andriikuzminph

A partir de entonces fueron tiempos duros. Al principio empecé a bailar en el Teatro Nacional de Polonia. Sí, fue bonito, pero yo estaba tan vacía, no sabía qué hacer. Vivía sin una meta, como una flor. Audicioné en muchos países, como en Italia, Bulgaria y República Checa. Estaba en mala forma y no quería hacer nada. No quería levantarme a la mañana. Mi vida estaba como detenida. Luego me llamó Felipe invitándome a hacer este proyecto, Unbroken, y comencé a sentir aliento, a querer hacer algo y ya no dormir todo el día. Después de unos meses, recibí una invitación para bailar en Japón. Entonces empecé a vivir diferente y a hacer las cosas que quería. ‘Quiero vivir, no quiero morir’, pensé. Y recuperé la tener motivación, empecé a hacer fotografía y a bailar. 

La danza significa para mí lo que tengo dentro, lo que soy como persona. Con la danza busco hablar de mí con el lenguaje del cuerpo. Es un lenguaje. Una vez alguien me dijo: ‘Me diste algo con tu actuación; me diste algo de energía e inspiración’. Y me sentí muy bien. No se trata solo de moverse y de aplicar una técnica. Se trata de contar historias, la historia de tu ballet. Se trata de conectar con la gente, de dar lo que tenés dentro. Y si quien me mira recibe algo de mí, si siento esa energía en mi interior, entonces ya no estoy vacía y me voy a mi casa feliz. Porque cuando veo la belleza me sumerjo completamente dentro de ella y no puedo parar de hacer, hacer y hacer. Creo que la gente va al teatro para sentirse como en un cuento de hadas, para vivir esa atmósfera. A mí me pasa algo similar, y después del bailar soy una persona diferente. Cuando salgo del teatro mis ojos tienen luz. Tal vez el arte sea como una medicina.

Me encuentro a mí misma en diferentes artes. También en la fotografía, siento mucho amor haciéndola: me interesa la belleza, la emoción y la gente. Algunos modelos se transforman en el proceso, cambian antes y después del disparo. Cuando hago fotografía ya no me siento sola porque me conecto con la gente. La cámara fue una compañía cuando me fui de Ucrania. 

Unbroken dio lugar a una nueva etapa de mi vida y me puso en un lugar de inspiración, desde donde podía hacer algo nuevo; relatar lo que siento y hacer arte para ayudar a mi gente, a mi país. Es lo mejor que me ha pasado en este tiempo. Fue como una gran puerta. Antes de Unbroken no tenía esperanza. Ahora la siento. Quiero hacer todo lo que pueda. Si tengo una oportunidad, la voy a tomar. 

También tengo una sólida confianza en Ucrania. Creo que nuestro país es muy fuerte y que todos los países nos apoyan. 

Foto: @unrealnastushka (Instagram).

Anastasiia Bilokon (19)
“Fue difícil seguir bailando, especialmente los primeros meses”
Antes de la invasión rusa, Anastasiia, quien comenzó a practicar ballet a sus cuatro años, bailaba en el teatro Bolshoi de Bielorrusia, en Minsk. Ahora está radicada en Polonia. Para esta charla, ella nos envió sus respuestas escritas de puño y letra.

“El 23 de febrero estaba en Minsk, Bielorrusia, yendo a trabajar por la mañana, como siempre. El 24 leí en las noticias que la guerra había comenzado. Nunca me habría imaginado que eso iba a suceder. Tuve miedo, en primer lugar, por mi familia, quienes estaban en Kharkiv en ese momento. El 23 a la noche mis abuelos se habían ido a un centro de salud cerca de Lviv, por lo que me quedé tranquila por ellos. Todos los demás se fueron dos semanas después del comienzo de la guerra. Pero mi padre sigue en Kharkiv, con bombardeos diarios.

Ahora estoy bailando en la Ópera Narodowa, en Varsovia, Polonia. Estoy muy contenta de formar parte de esta compañía. Fue difícil seguir bailando tras el comienzo de la guerra, especialmente los primeros meses. Sentía que estaba haciendo algo mal: había una tragedia en mi país, y yo bailaba. Pero después me di cuenta de que esto es lo único que me saca de cualquier mal estado; consigo dinero haciendo mi trabajo favorito y puedo ayudar a mi padre. Y, por supuesto, puedo enviar dinero en caridad a Ucrania. 

El proyecto Unbroken está profundamente guardado en mi corazón. Me ha dado la oportunidad de mostrar, sin palabras y con el cuerpo, las emociones que siento. Es un proyecto especial que tiene el objetivo de transmitir a la sociedad la actitud que se tiene frente a esta guerra. Nunca había visto algo así antes”. 

Foto: @_ste.di (Instagram).

Diana Stetsenko (21)
“Es la oportunidad de mostrar al mundo la injusticia de esta guerra”
Antes de marcharse de Ucrania, trabajaba en la Ópera Nacional de Ucrania (National Opera). A los 7 años ingresó a la escuela de ballet, a lo cual dedicó toda su vida. Ahora está radicada en Dresde, Alemania.

«El 23 de febrero estaba preparando mi estreno en La Bayadère, que tendría lugar al día siguiente. Pero la guerra comenzó ese día y se suspendió la función. Salieron muchas noticias sobre el comienzo de la guerra, no podía creerlo. ¿Una guerra en este mundo moderno en que vivimos? La noche del 24 dormí. Me enteré de la guerra a las 5 de la mañana. Mi novio y yo vivíamos cerca del aeropuerto, donde Rusia lanzó un ataque con misiles. Nos despertamos a la misma hora. Bueno, no nos despertamos, sino que saltamos por los estampidos. Nos conectamos a Internet y leímos que la guerra había comenzado. En ese momento tuve mucho miedo. Parecía que toda la vida se había detenido. Diez minutos después tuve un ataque de pánico por primera vez en mi vida. No lloré, pero tampoco podía hacer nada, ni siquiera hablar. Cuando recuperé el sentido, empecé a recoger nuestras cosas y mi novio llamó a todos en nuestras familias. No podía entender por qué la vida era tan injusta.

Esperamos a mi padre, que nos llevó en auto de Kiev a Lviv el mismo día. El viaje, que normalmente dura unas seis horas en la carretera, esta vez duró veinte. No sabíamos qué haríamos después. No teníamos ningún plan. Fue difícil tomar decisiones. No recuerdo del todo bien. No dormimos ni comimos durante dos días. Mi familia me convenció para que abandonara Ucrania. Los hombres no podían salir del país, mis abuelos no querían irse. Me fui con mis amigas a Eslovaquia.

Tengo la sensación de no haber sentido nada entonces, pero al mismo tiempo fue muy doloroso irme. Pensé que era la última vez que estaría en casa. Pasamos toda la noche de pie, durante unas quince horas en la frontera peatonal. No había lugar para sentarse, ni para caminar, ni para calentarse. Había mucha gente y bebés. Llegamos a Košice y nos quedamos con nuestro amigo un par de semanas.

Al principio sólo nos quedamos en casa, leyendo las noticias las veinticuatro horas del día, y llamábamos a nuestras familias. Luego empezamos a trabajar como voluntarios para ayudar a los ucranianos. Empaquetamos muchas cosas, como medicinas y comida. 

Ahora trabajo en la Semperoper Dresden que me da la oportunidad de continuar con mi profesión. Al principio, por supuesto, no quería hacerlo. No entendía por qué necesitaba el ballet cuando sucedían cosas tan terribles en el mundo. No tenía motivación ni ganas. Después de medio año, encontré la motivación para continuar. El ballet significa mucho para mí; me muestra el mundo a través de un prisma diferente. Es difícil porque estoy sola en un país extranjero. Un idioma diferente, una mentalidad diferente. Y al mismo tiempo es todo un desafío. Pero aún así, cada día pienso en mi familia y abro el teléfono con el temor de leer malas noticias. Espero que esta guerra termine muy pronto. 

Para mí el proyecto Unbroken es una oportunidad para mostrar al mundo entero la injusticia de esta guerra. Fotos de bailarinas que se imprimen en las balas. Es un ejemplo de la fuerza, la determinación y la inquebrantabilidad del pueblo ucraniano. Este proyecto expresa el dolor de toda Ucrania. Pero los ucranianos están dispuestos a luchar por la libertad y la independencia, sin importar lo que cueste. ¡Somos inquebrantables! Estoy muy agradecida a Felipe Jácome y Svetlana Onipko por la oportunidad de participar en este proyecto.

***

La vida está presente y continúa. En la incertidumbre, en el dolor, en la desesperanza, en la alegría, la vida está presente y continúa. Siempre, y hasta la muerte, la vida sigue. En Unbroken la danza, la belleza, y la fortaleza destacan desde el entramado de las balas del lienzo. Sobresalen sin imponerse, sin anular esas balas, sin taparlas. La delicadeza de las fotografías conviven con el brutal significado de los casquillos y se integran, se funden. Las imágenes permanecen en las balas. Están ahí, en silencio, quietas pero en movimiento, en sintonía y en contradicción al mismo tiempo. Tal vez como una expresión del sostén espiritual que es el arte, dibujando con sus pasos y movimientos, la armonía hacia donde alguna vez, ha de volver la vida. 

En Unbroken las bombas caen, pero la danza continúa. 

Podés descubrir más sobre este proyecto en www.felipejacome.com/unbroken

ETIQUETAS arte cultura danza espiritualidad guerra-paz sociedad

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