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Tres jóvenes aliadas contra el cambio climático

Representan voces de distintas regiones del planeta, pero comparten un objetivo común: luchar contra el cambio climático y salvaguardar los derechos de los animales y las comunidades más vulnerables.

Por Bea Vilá Bertrán

Ellas representan buenos ejemplos del creciente movimiento juvenil, que reclama acciones inmediatas para frenar el calentamiento global del planeta. Comparten su conocimiento, concientizan a otros, priorizan la acción, dan el ejemplo. Reciben reconocimientos por parte de organizaciones conservacionistas y sus campañas son apoyadas por científicos, biólogos y activistas ambientales de renombre internacional. Y exigen que se incluya a la juventud de manera activa y significativa en todos los procesos de toma de decisiones relacionados con la implementación de políticas medioambientales. 

¿Te gustaría conocer más sobre su vida y el mensaje que buscan dar? Te las presentamos:

OLIVIA MANDLE (16)

«Los delfines necesitan nacer, vivir y morir en su hábitat natural, el mar»

La catalana Olivia Mandle es una niña luchadora, apasionada, empática y comprometida. Se ha hecho internacionalmente famosa por alzar su voz en defensa del medioambiente, especialmente del mundo marino. Fiel admiradora de la también joven activista Greta Thunberg, la etóloga y conservacionista Jane Goodall, la bióloga marina Sylvia Earle y el divulgador naturalista David Attenborough, lleva años luchando para que los delfines crezcan en libertad y dejen de vivir en acuarios que, según explica, “no cumplen ninguna función científica ni educativa”. 

“Los animales deben estar en libertad, no encerrados en parques zoológicos para que nosotros lo pasemos bien 10 minutos y luego volvamos a casa. Porque ellos no vuelven a casa, se quedan ahí para siempre» —Olivia Mandle

Amante del mar que la vio crecer, asegura que su conexión con el Mediterráneo es algo especial, único e inexplicable. “Es una sensación de pertenencia, pero también de responsabilidad”. Adora la vida marina y los cetáceos, y está muy preocupada por los problemas medioambientales que la rodean. A diario, trata de reducir su huella ecológica y de marcar la diferencia con su actos. Cuando visita sus playas, va siempre acompañada de su Jelly Cleaner, un artefacto flotante que inventó ella misma, utilizando materiales reciclados para poder limpiar los microplásticos de la superficie del mar. 

Según explica, no quería que la Jelly Cleaner fuera un invento de ingeniería, sino algo fácil y sencillo de hacer, con materiales que todo el mundo tiene en casa, como botellas de plástico (que sirven para que flote) y medias viejas (que sirven para recoger la suciedad). “El año pasado extraje 365 gramos de microplásticos. La Jelly Cleaner funciona, pero no tanto por su capacidad física de recoger plásticos, sino por su capacidad de concienciar. Si voy a la playa con ella, la gente me mira raro, me pregunta y cuando explico qué es ya estoy concienciando sobre cómo están nuestros mares. Y eso es lo que marca la diferencia”. 

Preocupada por el estado del planeta y la contaminación marina, realiza una increíble labor de limpieza de entornos naturales y divulgación de los problemas medioambientales. Con tan sólo 13 años, en 2018 lanzó su primera campaña dirigida al Ayuntamiento de Barcelona a través de la plataforma Change.org, con el objetivo de liberar a los últimos tres delfines que había en el Zoo de la ciudad. En cinco meses consiguió recolectar más de 56.000 firmas, pero en lugar de ser liberados fueron trasladados al Attical Zoological Park de Atenas, en Grecia. Este desenlace fue un golpe para ella y todos los firmantes. “Existe evidencia científica abrumadora que muestra lo dañino que es mantener a los cetáceos en cautiverio. Los delfines son animales muy sociales que necesitan de su comunidad para desarrollarse, vivir en tan poco espacio y convivir con unos pocos ejemplares les causa depresión y trastornos psicológicos.”

Lejos de rendirse, convirtió su decepción en determinación y meses después redobló la apuesta con una meta más ambiciosa y necesaria, elevando una petición al presidente del Gobierno de España para que cierre de forma programada todos los delfinarios, parques zoológicos y acuarios del país, donde actualmente están prisioneros estos animales, para que se acabe con la barbarie de los espectáculos. Lanzó así una segunda campaña de recolección de firmas bajo el lema “No es país para delfines” y consiguió el apoyo de más de 150.000 personas. 

“España cuenta con 11 de los 30 delfinarios que existen en Europa. Somos la mayor cárcel de delfines y cetáceos del continente y esto debe acabar”, denuncia. En octubre del 2021, junto al apoyo de un grupo de senadores, pudo presentar y registrar una Moción de Ley en el Senado de España, que espera ser debatida. Y en febrero de 2022 participó en la audiencia pública del Anteproyecto de Ley de Protección Animal, pidiendo que incluyeran también su petición. Sin embargo, la reciente ley de bienestar animal, aprobada en marzo de 2023, ha dejado a los delfines de lado. Por eso, en abril, junto a la ONG World Animal Protection, volvió a solicitar a los diputados que modifiquen y prohíban la captura y cría de cetáceos en cautividad.

Olivia fue reconocida como “mini heroína” por su labor como activista medioambiental, por el programa educativo Raíces y Brotes del prestigioso Instituto Jane Goodall. También recibió un premio por su trayectoria de la misma organización. “Me sentí muy agradecida por el premio. Me dio más valor y fuerza para seguir concienciando”, explica. Actualmente es embajadora por el Pacto Europeo por el Clima de la Comisión Europea y embajadora de La España Azul. Afirma que, de grande, le gustaría ser bióloga marina y sueña con crear SUA (Save Us All), un santuario marino en la Costa Brava o en la Costa de Puglia. 

VANESSA NAKATE (26)

«El cambio climático tiene que ver con las personas y está empujando a muchas de ellas a lugares donde ya no pueden adaptarse» 

La ugandesa Vanessa Nakate empezó su labor como activista climática también en el año 2018, debido a que la crisis climática es una de las mayores amenazas que afecta a la vida de muchos de sus compatriotas. Vanessa está cada vez más preocupada por las comunidades que vienen sufriendo pérdidas y daños, ya que son más vulnerables a los efectos catastróficos del calentamiento global. Uganda, conocido como “la Perla de África”, es un exuberante país de África Oriental sin salida al mar, que se enfrenta desde hace tiempo a fenómenos meteorológicos extremos, viene sufriendo sequías prolongadas, desprendimientos de tierra e inundaciones devastadoras. Según el Banco Mundial, los efectos del cambio climático están menoscabando el desarrollo sostenible del país y los esfuerzos para poner fin a la pobreza.

“Al final, ya sabes, no podemos comer carbón, no podemos beber petróleo. Y, de nuevo, algo que una de mis amigas dice mucho, es una activista, su nombre es Evelyn, el dinero será inútil en un planeta muerto» —Vanessa Nakate

“Si se viaja más allá de Kampala hasta cualquier comunidad rural, se comprenderá cómo la población tiene dificultades para encontrar agua y cómo los cultivos se están secando debido a las condiciones extremas”, dice Vanessa que se unió al movimiento Friday for Future, en Uganda, y fundó la iniciativa Rise Up para dar voz a los activistas de toda África. “El continente africano se encuentra en la primera línea de la crisis climática, pero esto no se ve reflejado en las páginas de los periódicos del mundo”, asegura. África produce una fracción muy pequeña de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Sin embargo, el cambio climático amenaza con exponer a unos 118 millones de africanos a sequías, inundaciones y calor extremo de aquí a 2030.

Vanessa es una de las tantas activistas que exigen a los políticos y a quienes tienen influencia que hagan más por reconocer la realidad y la gravedad de la situación actual y actúen en consecuencia, situando a los derechos humanos y a la justicia en el centro de todos los esfuerzos. “El cambio climático es más que estadísticas, es más que datos. Es algo más que metas de emisiones de valor cero. Se trata de las personas atrapadas en la pobreza, que se ven afectadas en este momento. Se calcula que el cambio puede empujar a la pobreza hasta a 130 millones de personas en los próximos diez años y va a deshacer muchos de los avances de desarrollo que tanto ha costado conseguir”.

Al igual que muchos otros activistas y defensores compasivos, ella cree que debe haber un fondo independiente para ayudar a las personas a recuperar las pérdidas y daños que sufren por la consecuencia de esta crisis. “Estas son algunas de las injusticias de la crisis climática: los que no han causado la crisis climática, los que no son responsables del aumento de las emisiones mundiales, son los que están en primera línea. Son aquellos cuyas voces no se escuchan. Y son los que no reciben financiación climática para la mitigación o la adaptación, ni financiación para las pérdidas y los daños.” 

Vanessa fue una de las pocas activistas juveniles que habló en la COP26, la Conferencia sobre Cambio Climático que organizó Naciones Unidas en noviembre de 2021 en Glasgow, Reino Unido. Y, en sus emotivos discursos, remarcó que la gente en África ya está muriendo por la crisis climática. 

ARCHANA SORENG (27)

«Los pueblos indígenas y las personas jóvenes deben ser líderes de las acciones climáticas, no víctimas de las políticas climáticas»

Las tierras comunales, los recursos naturales y la sostenibilidad de los ecosistemas gestionados por las comunidades indígenas de todo el mundo, desde el Ártico hasta la Antártida, sustentan la vida de 2500 millones de personas en todo el mundo. Pero hoy, sus sistemas alimentarios se ven gravemente afectados por la pérdida de vida silvestre y plantas, la sequía y otros patrones climáticos erráticos. La joven católica y activista Archana Soreng pertenece a la tribu Kharia y proviene del distrito de Sundergarh en el estado de Odisha, en el este de la India. Las comunidades indígenas, como la suya, representan solo el 5% de la población mundial, pero protegen más del 20% de la tierra de nuestro planeta y el 80% de su biodiversidad. “A lo largo de los años, a las distintas generaciones de comunidades indígenas se nos ha dicho que somos subdesarrollados, salvajes, atrasados por nuestras tradiciones, identidades o cultura”, dice Archana, cuyo nombre significa roca en su idioma nativo. 

“Nuestros antepasados han protegido el bosque y la naturaleza a lo largo de los siglos, a través de sus conocimientos y prácticas tradicionales. Ahora nos toca a nosotros ser los protagonistas de la lucha contra la crisis climática y de salvaguardar la creación» —Archana Soreng

“Recién ahora, a lo largo de los años, vemos que se empiezan a respetar los derechos de los pueblos indígenas y que su perspectiva se incorpora a los informes del IPCC”, agrega, refiriéndose al informe respaldado por la ciencia del Instituto Intergubernamental sobre el Cambio Climático, que por primera vez en 2019 reconoció el papel vital que juegan las comunidades indígenas en la preservación de ecosistemas y bosques.

“Es importante entender que los pueblos indígenas que están contribuyendo a la acción climática con sus conocimientos y prácticas tradicionales, con su forma de vida, no están recibiendo ningún apoyo. Ellos son los que menos han contribuido a generar la crisis climática, y sin embargo, son los que están siendo más afectados por esta. Todo se reduce a una cuestión de justicia”, afirma. Durante generaciones, las comunidades indígenas han luchado para proteger sus tierras ancestrales de prácticas destructivas como la deforestación, el acaparamiento de tierras, la extracción de petróleo y gas y los monocultivos.

Inspirada por la Encíclica del Papa Francisco, Laudato Si, asegura que “es una preciosa fuente de inspiración para el compromiso en defensa de la Madre Tierra y en la lucha contra la crisis climática. Suelo sacar inspiración de ella. El mandamiento de Jesús de amar al prójimo, incluye no solo a los seres humanos, sino también a la naturaleza, que es nuestra casa común. Por eso tenemos la responsabilidad de cuidarla para nuestra existencia y subsistencia».

“A menudo vemos que hay muchos compromisos, pero que no hay implementación”, lamenta Archana, que colabora con varios grupos de jóvenes a nivel regional y nacional para preservar, documentar y promover conocimientos y prácticas tradicionales de las comunidades indígenas con la máxima atención a la sostenibilidad ambiental. Años atrás participó en una Cumbre de la Juventud de la ONU, y en 2020 fue seleccionada por el Secretario General, António Guterres, como una de las siete jóvenes con experiencia y trayectoria para unirse a su Grupo Asesor de Jóvenes sobre el Cambio Climático. 

“Todos podemos contribuir a la acción climática porque todos somos únicos, nuestra voz importa. Y podemos contribuir de la manera que queramos y podamos, cada acción cuenta”, dice. En la Conferencia sobre el Cambio Climático de 2021 en Glasgow, Reino Unido, los gobiernos prometieron destinar 12 mil millones de dólares para detener y revertir la pérdida de bosques y la degradación de la tierra para 2030. En un esfuerzo por preservar los derechos de  las comunidades indígenas, se destinaron 1700 millones de dólares para apoyar su experiencia y esfuerzos para conservar los bosques

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