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Punto de Vista

10 marzo, 2008 | Por

Trabajar por la paz

Gracias a la red global, millones de personas trabajan juntas para ayudar a sus prójimos. Este creciente fenómeno es el signo visible de la acción de Dios, que viene a rescatar a los más pobres y humillados, a través de una red de “hijos” suyos que trabajan por la paz.


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Hace unos días cayó en mis manos el texto del discurso que pronunció Bill Gates en la ceremonia de graduación de Harvard del año pasado, en la que le otorgaron un doctorado honorífico. Aunque admite tener excelentes recuerdos de sus años universitarios, hay algo que sí lamenta profundamente:

“Me fui de Harvard sin una conciencia real de las tremendas desigualdades del mundo: las horrorosas disparidades en materia de salud, de riqueza y de oportunidad que condenan a millones de personas a vidas sin esperanza. Aquí, en Harvard, aprendí mucho sobre ideas nuevas en economía y política. Estuve en contacto con los avances que se estaban produciendo en el ámbito científico.

Pero los mayores progresos de la humanidad no radican en sus descubrimientos, sino en la forma en que esos descubrimientos se aplican para reducir la inequidad. Ya sea a través de la democracia, de una educación pública sólida, de una asistencia sanitaria de calidad, o de amplias oportunidades económicas, reducir la inequidad es la más alta de las aspiraciones humanas”.¹

Gates destaca el momento único que vivimos debido a las innovaciones tecnológicas. El surgimiento de las computadoras personales de bajo costo, sumado a Internet, ha dado origen a una poderosa red global donde “mágicamente” se aniquilan las distancias entre las personas y las mentes más brillantes pueden trabajar juntas para resolver un mismo problema. Nunca antes en la historia de la Humanidad existió una oportunidad como esta, y por eso Gates convoca a los jóvenes a donar parte de su tiempo y de su dinero para salvar vidas y reducir la inequidad.

Casi al mismo tiempo se difundió la noticia de que Red Solidaria había sido nominada al Premio Nobel de la Paz, postulada por la Unesco. Red Solidaria fue fundada en la Argentina hace trece años por Juan Carr y cuatro amigos, con el objetivo de salvar al menos una sola vida. No solo salvaron muchas vidas. Además, colaboran con 230 escuelas rurales, acompañan a pacientes trasplantados o con sida, participan en la búsqueda de niños y adultos perdidos, y abordan problemáticas sociales como la violencia doméstica y las cárceles.
Hoy la Red Solidaria está presente en 23 países y en 79 ciudades. Juan Carr, actual director para América Latina, declara que la esencia de la red, su motivación, es “la cultura del servicio al prójimo, de la participación y de la solidaridad”. Funciona sin jerarquías ni oficinas. Más que una organización es “un hecho cultural”, un nuevo modelo de participación social. Sus integrantes están felices, porque la nominación ya es un premio y excede a los que trabajan en la red. Es un premio a la cultura de la Solidaridad.²

La caída de los paradigmas

Me quedé pensando en el discurso de Gates. Un joven estudiante de ingeniería electrónica de una de las más prestigiosas universidades abandona sus estudios en segundo año y sin título alguno funda Microsoft, una de las empresas tecnológicas más innovadoras y exitosas del mundo, lo que le permite acumular una fortuna cercana a los 60.000 millones de dólares, para llegar a comprender, a los 52 años, que lo que quiere hacer es dedicar su vida a reducir la inequidad en el mundo y ayudar a personas que, en sus propias palabras, no tienen nada en común con él, “salvo su humanidad”.

Bill Gates y Juan Carr, partiendo de situaciones casi opuestas, uno desde la cima del éxito y del poder y el otro sin nada, desde el llano, en un país en desarrollo que ya anunciaba la peor crisis económica de su historia, llegaron a la misma conclusión: que trabajar por los demás es la manera de dar un sentido trascendente a sus vidas. De paso, echaron por tierra varios paradigmas:

1. El imperativo de acumular conocimientos y títulos académicos de prestigiosas universidades para alcanzar éxitos en lo profesional y lo económico.
2. La felicidad y la satisfacción ligadas necesariamente a estos éxitos.
3. El egoísmo como esencia del ser humano, que hace del interés el único motor para la acción.
4. La necesidad de contar con estructuras de poder y jerarquías (como formas de dominio y de control) para el correcto funcionamiento de las organizaciones.

Estos ejemplos, como tantos que leemos todos los días, hablan del profundo cambio de paradigmas que se está dando en la Humanidad. Millones de jóvenes (y no tan jóvenes) ya no creen más que con poder y dinero alcanzarán la felicidad, ni que el conocimiento pueda reemplazar a la sabiduría. Entendieron que la inequidad es la cuna de la inseguridad y la violencia, además de la forma más primaria de injusticia. Por eso, están desertando de las filas del materialismo y el consumismo, para unirse a las de la espiritualidad y la solidaridad.

Los hijos de Dios en acción

Con todo esto ya podía estar más que contenta: dos buenas noticias, y esperanzadoras, en medio de un planeta en llamas. Podía terminar aquí mi columna y ustedes, dar vuelta la hoja. Pero ya me conocen: no puedo evitar mirar más allá de la noticia y tratar de ver con “otros ojos”, con los de la fe. Y claro, como no podía ser de otra manera, ahí me encontré a Jesús y sus palabras proféticas: “Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5, 9).
Trabajar por la paz es inherente a la naturaleza de los hijos de Dios. Aquellos que trabajan por la paz no solo son felices, sino que serán reconocidos como los hijos de Dios porque, al igual que Jesús, “naturalmente” buscan la paz y trabajan para ayudar a sus “hermanos” con quienes solo comparten “su humanidad”, o sea, el Padre.

Mahatma Gandhi había formulado algo parecido en su autobiografía: “Yo había convertido el afán de servir a la comunidad en mi propia religión, pues sentía que solo se puede alcanzar a Dios sirviendo a los demás”.³

Desde cualquier religión o desde ninguna, millones de personas a través de la red global están trabajando unidas para ayudar a sus prójimos. Este fenómeno, que crece exponencialmente día a día, es el signo visible de la acción de Dios que, con una fuerza arrolladora, viene a rescatar a los más pobres y humillados, a través de una red de millones de “hijos” suyos que incansablemente trabajan por la paz.

Jesús había anunciado el reinado de Dios y su intervención al final de los tiempos para establecer la paz y la justicia en el mundo. “Así como el relámpago sale por Oriente y brilla hasta Occidente, así será la venida del Hijo del hombre” (Mateo 24, 27). No sé a ustedes, pero a mí me suena que Internet se parece mucho a un relámpago, y si lo que conecta esa red informática global son millones de personas trabajando para la paz, no sé a ustedes, pero a mí me parece que debemos estar alegres y festejar: el reino de Dios está cerca.

 

¹Bill Gates, “Más se espera de quien más ha recibido”, en Criterio, agosto de 2007.
²Cynthia Palacios, “La cultura solidaria busca el Nobel”, La Nación, 4/2/ 2008.
³Mahatma Gandhi, Autobiografía. Mis experiencias con la verdad, Ed. Eyras, 1983.

ETIQUETAS inequidad paz sabiduría solidaridad

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