29 de junio de 2026
¿Cuantas veces ves jugar a un niño o a una niña con juguetes sin que ninguna pantalla esté de por medio? La pregunta parece inocente, pero es el corazón de lo que propone esta nueva entrega de Pixar, que llega a los cines treinta años después de que Woody y Buzz Lightyear se colaran para siempre en la memoria afectiva de varias generaciones.
En Toy Story 5, la pandilla de juguetes más querida de la animación se enfrenta a Lilypad, una tablet inteligente que llega con sus propias reglas sobre qué significa divertirse. El conflicto es, en apariencia, el de siempre: los juguetes en peligro de perder su lugar. Pero debajo de esa aventura colorida y llena de humor late algo más profundo y urgente: una defensa del juego libre, de la imaginación sin algoritmos, de esos amigos con quienes se inventan mundos enteros sin tiempos ni juicios.
Esta vez, el peso de la historia recae sobre Jessie, que ocupa el lugar que en otro tiempo tuvo Woody: ser el juguete más importante en la vida de Bonnie. Es a través de su mirada que la película pregunta si la hiperconectividad digital nos ha vuelto, paradójicamente, más solos. Y lo pregunta con la honestidad que distingue al mejor Pixar: sin moralizar, sin nostalgia rígida, con personajes que sienten y dudan de verdad.
Dirigida por Andrew Stanton —el mismo de Buscando a Nemo y WALL-E— junto a McKenna Harris como codirectora, la película entretiene de principio a fin. Y al mismo tiempo le devuelve al juego con juguetes el lugar que merece: no como algo anticuado, sino como un espacio de encuentro genuino entre personas que eligen, libremente, la misma forma de imaginar el mundo, eso que no tiene versión premium ni se descarga en ninguna tienda de aplicaciones.
La película es una convocatoria abierta para toda la familia. No hace falta haber visto las anteriores para emocionarse. Actualmente disponible en distintas salas del país.
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Vale la pena para padres e hijos, graias pro recomendarla!