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Sabiduría

28 noviembre, 2019

Todo eso que los elefantes tienen para decir

A estas enormes criaturas se les dio una fuerte presencia durante siglos en el arte y en la religión y hoy componen un rico universo simbólico. El doctor en Filosofía y Letras José Emilio Burucúa fue tras ese rastro, y en esta conversación cuenta qué descubrió.


El Pulcino della Minerva, la escultura de Bernini ubicada en una plaza de Roma.

Representados desde muchos siglos atrás como alter ego de los seres humanos, como dueños de buena memoria y buscadores de la virtud, los elefantes tuvieron una rica y variada simbología en las distintas sociedades. El historiador del arte y doctor en Filosofía y Letras José Emilio Burucúa fue tras ese rastro y su cosecha se plasmó en el libro Historia natural y mítica de los elefantes, escrito en coautoría con Nicolás Kwiatkowski. La revista Criterio lo entrevistó y en esta nota te compartimos fragmentos de esa conversación.

Por Romina Ryan y José María Poirier

-¿Cuál fue el punto de partida de la investigación histórica sobre los elefantes?
-Estuve nueve meses en el Instituto de Nantes conviviendo con colegas de todo el mundo, en particular de origen afro-asiático. En las comidas comunes se dan conversaciones fabulosas, con una actitud amistosa y receptiva. En una de esas conversaciones, un director indio de cine, Kumar Shahani, director de La flauta de bambú, preguntó cuáles eran los animales simbólicos del hombre en Occidente. Me puse a leer sobre el tema y descubrí que están los que se aproximan por un rasgo de carácter: el zorro, por el astuto; el buey, el manso; el perro, el fiel; el lobo, el cruel; el oso, el tipo fuerte y un poco tosco. Y Cristo es el cordero, ¿verdad? De pronto descubro en los bestiarios del Medioevo, que el elefante aparece como un alter ego del ser humano, con rasgos como la buena memoria, y también la búsqueda de la virtud, dado que tiene relaciones sexuales cada tres o cuatro años, lo cual se interpretaba como respeto a la castidad. Desde la época de Aristóteles se pensaba que el elefante era religioso: entendían que al elevar la trompa y barritar, todas las mañanas, rendía homenaje al sol y a la luna; y además advirtieron una serie de rituales funerarios, por ejemplo, al morir una hembra de la manada, hay uno o dos días de lamento sobre el cadáver, y luego lo tapan. Cuando vuelven a pasar por el lugar, quizás un año después, se detienen; hay una especie de memoria colectiva de la matriarca muerta.

-¿También existían asociaciones espirituales o religiosas?
-Una fuente maravillosa fue El Fisiólogo, un tratado de zoología antigua que incluye las características del animal, a veces con bastante detalle, pero quizás lo más interesante es la historia legendaria de cada uno. En el siglo VI, en las versiones antiguas de este prototipo de los bestiarios, la descripción del elefante culmina con un cuento en el que una pareja de elefantes se cae en un pozo. Aparecen otros doce elefantes de la manada y tratan de sacarlos pero no lo logran. Al tiempo aparece un elefante chico que, con su trompa, excava el hueco y les abre camino para salir. La interpretación alegórica es que la pareja eran Adán y Eva, que caen en el pecado, los doce son los profetas de Israel, y el pequeño es Cristo, que finalmente logra salvarlos. A partir del siglo XIII, los Gesta Romanorum eran historias utilizadas por los sacerdotes como temas de sus sermones porque tenían una moraleja cristianizada. La número 115 cuenta la historia de un rey cuyo reino era una enorme selva de poco uso por la presencia de un elefante al que todos temían. Para reducirlo, los sabios de la Corte le aconsejan que envíe a dos muchachas vírgenes desnudas al bosque. Ellas entran y empiezan a cantar. El elefante aparece, las acaricia con la trompa, y se duerme en el regazo de una de ellas. La otra, entonces, lo atravesó con una espada, le cortó la cabeza y juntaron la sangre en un recipiente, con la que luego ungieron al rey. La moraleja es que Eva es la joven que le corta la cabeza y María la que junta la sangre. Cristo es el elefante, entonces la sangre de Cristo convierte al rey en justo. La hipótesis de esta extraña historia es que no puede no tener algún contacto con el mito de Ganesh.

-¿Cómo es el pasaje de esos mitos a Occidente?
-Muchas historias de la India provenían desde el siglo XI hasta el XIV de los árabes que llegaban al sur de España, sobre lo cual escribió Menéndez Pelayo, pero no hay referencias a Ganesh. Sólo un viajero árabe, Ibn Battuta, que fue a la India en el siglo XI y escribió un tratado maravilloso en el que hace referencia a Ganesh, el dios con cabeza de elefante, pero no al mito. Aparentemente ese texto se conoció en Europa en el siglo XIV. Ganesh es un dios de redención, de salvación, el más popular del panteón hinduista. Su nombre significa el “removedor de obstáculos”: cuando alguien va a hacer un viaje, a emprender algo nuevo, casarse, lo primero es rogar a Ganesh. Hay también una versión japonesa de este dios conformado por una pareja que está siempre unida.

José Emilio Burucúa es historiador del arte, doctor en Filosofía y Letras, crítico y autor de libros notables; recibió el premio de reconocimiento a la trayectoria en el área de Letras que otorga el Fondo Nacional de las Artes. Su libro Excesos lectores, ascetismos iconográficos (Ampersand), fue considerado en 2018 el libro del año y se alzó con el Premio de la Crítica en la Feria del Libro. De reciente aparición es Historia natural y mítica de los elefantes, que escribió junto a Nicolás Kwiatkowski, en el que estudian la simbología del elefante en diferentes sociedades.

-¿Cómo imagen de divinidad, el primer dato surge de la India?
-Sí, es un animal relacionado con los dioses, tanto celestes como tónicos, incluso desde la idea de que los cuatro puntos cardinales están sostenidos por elefantes. En el Mahabharata hay un elefante primordial, sagrado, con tres cabezas. Y toda la tradición siempre le va otorgar grandes virtudes. Puede ser feroz pero siempre justo, nunca utiliza violencia sin razón.

-¿Cuáles fueron los primeros hallazgos en Occidente?
-Descubrí los elefantitos en los capiteles románicos, que tienen que ver con El Fisiólogo, en el siglo XI. En el gótico, en el ábside de la catedral de Reims, hay animales vinculados con la doctrina cristiana, entre ellos un elefante pequeño, y hay otro en la torre norte de Notre Dame de París. A partir del Renacimiento, se hace más conocido aún, dado que los reyes de Portugal llevan elefantes de la India y se convierte en un regalo principesco. El rey Manuel el Afortunado de Portugal le envía un elefante de regalo al papa León X en el año 1514, y éste queda encantado con Hanno. Parece que lo habían entrenado: al ver a León X se puso de rodillas, y el gesto se interpretó como una prueba de que la naturaleza reconocía el Papado. Dos años después el animal murió de neumonía y fue enterrado en el patio del Belvedere. El Papa le compuso un poema fúnebre y le pidió a Rafael un fresco que desaparece porque estaba al aire libre, pero el dibujo se conserva en Berlín. Ese dibujo de Rafael se multiplicó y Hanno se hizo famoso.

Un elefante vigila París desde la torre norte de la catedral de Notre Dame.

-¿Y el elefante frente a Santa María Minerva en Roma?
-Es del siglo XVII, de Bernini, y tiene que ver con un dibujo de Julio Romano, ayudante de Rafael, que lo había hecho a partir de la experiencia de Hanno. Y hay algo extraño en ese elefante obeliscófolo, como lo llaman, ya que había aparecido en un libro de emblemas ilustrado de 1498, El sueño de Polifilo. En El tesoro de la lengua castellana, de Covarrubias, el artículo del elefante es uno de los más extensos, y reúne toda la tradición de Occidente, desde Aristóteles y Plinio.

-¿Cuándo cambia esta visión del elefante?
-El período de investigación de este libro termina en el siglo XVIII, dado que con Nicolás Kwiatkowski somos profesores de historia moderna tradicional. En el caso de los elefantes, ese siglo implica un giro porque es el momento en que la historia natural científica iluminista se apropia del tema: se disecan elefantes, se los observa, hay una pareja que es llevada desde Indonesia a La Haya y durante la anexión en la Revolución Francesa, a París. Allí hacen una observación minuciosa de sus costumbres y escriben un libro, que además está muy bien ilustrado. Incluso tiene una parte dedicada a los elefantes y la música, porque hicieron un experimento en París: los llevaron a un concierto. En el siglo XIX la situación cambia, sobre todo en Europa. Por ejemplo, los ingleses van a usar a los elefantes en la India para la caza, sobre todo del tigre.

Izq: Ganesha, dios hinduista de la redención. Der: portada del libro Historia Natural y Mítica de los elefantes.

-¿Qué pasaba en África?
-En el folclore africano el elefante puede ser torpe, un poco tonto; los pequeños animales, con su astucia, se aprovechan de él. Estamos elaborando un mapa de esas tradiciones folclóricas para un futuro libro. Por ejemplo, en todo el litoral del Índico, la visión es más cercana a la de India, pero creemos que se debe a que desde el siglo XVI hay una población india importante que ha influido. Por otro lado, estamos investigando la historia del elefante africano que fue objeto de captura, de caza y de masacre sistemática para la extracción del marfil desde 1830 hasta 1900. Los europeos organizaban las batidas que luego tenían que hacer los locales. Del lado del Índico el control estaba en dominio árabe, y el tráfico de marfil iba de la mano del tráfico de esclavos. La esclavitud perduró hasta finales del siglo XIX; el sultán de Zanzíbar era uno de los que la manejaba. La depredación de África empieza con el marfil y va asociada siempre a masacres de seres humanos. El nuevo colonialismo cambia todo, es más despiadado: se parte de la idea de que los recursos están para ser extraídos y no se plantean ningún cuestionamiento con respecto a la reproducción del recurso. Al marfil le sucedieron el caucho, el cobre y los diamantes. Después llegó el uranio: la bomba que lanzaron contra Hiroshima se armó con uranio de El Congo. Ahora el interés está en el coltán, que es la mezcla de dos minerales, colombita y tantalita, que se utiliza para la tecnología. En toda la región de los grandes lagos y desde Camerún y la República Centroafricana hacia el este, y por el sur hasta Zambia, desde el genocidio de Ruanda murieron violentamente unas seis millones de personas, por el estado de guerra perpetua. Al genocidio de los tutsis siguió el de los hutus, que se refugiaron en El Congo, y todavía hay guerra.

-¿El conflicto permanente tiene que ver con la división de los Estados por el colonialismo?
-Los intelectuales lo explican como el producto de esas fronteras absurdas que han dividido un pueblo, o que han juntado pueblos que se odiaban desde generaciones. Los únicos lugares libres de esta violencia son los mantienen más o menos las fronteras previas como Gana, Senegal, Togo, Costa de Marfil… El Congo para mí es inviable, no puede ser un Estado, no tiene ningún fundamento étnico-linguístico, es un rejunte de Leopoldo II. La independencia se concretó el 1 de junio de 1960 y pocos meses después ya estaba todo dado vuelta. Hemos dado con un periodista que en 2007 viajó a la zona del lago Alberto y entrevistó a uno de los señores de la guerra que había participado de las campañas contra los hutus. Esta persona le cuenta que sigue comandando una especie de horda militar, con armamento de última generación, y que en un momento determinado volvieron a la caza del marfil pero sólo encontraron crías pequeñas, perdidas, así que retomaron el saqueo del oro. Y se sigue vendiendo carne de elefante en los puestos de los mercados. Fue una depredación sistemática: en el año 1900 había 13 millones de elefantes en la región; en 2016 se hizo un censo y se contabilizaron menos de 400 mil. Otro dato a tener en cuenta es que China prohibió el comercio de marfil recién en el año 2016, de manera que hasta ese momento compraba legalmente a cazadores furtivos.

Agradecemos a la Revista Criterio por compartirnos fragmentos de esta entrevista.

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