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Salud

19 agosto, 2010

Tiempo de cosecha


La menopausia marca el cierre de una etapa, pero puede ser el incio de un tiempo nuevo: el de los años de disfrutar nuestros logros personales. Por Marina Roig .

Como todas las etapas que encaramos en la vida, al acercarnos a la menopausia también llega un tiempo de nuevas sensaciones. Por un lado, termina nuestro ciclo de fertilidad, pero también es el comienzo de un período en el que tendremos el privilegio de disfrutar la cosecha de una vida bien vivida con hijos criados, o sin ellos, con más tiempo para esperar a los nietos que vendrán o para disfrutar de una pareja de muchos años o aventurarnos a la posibilidad de un nuevo amor. Antes, se creía que una mujer menopáusica era una señora alrededor de la cual había que caminar en puntas de pie para no irritarla o hacerla llorar, que hablaba en voz baja con otras de lo que le pasaba. Ahora, nos encontramos con mujeres bien paradas, que piensan en futuros planes personales y profesionales. Desde una perspectiva vital, la menopausia puede ser un tiempo abierto a la creatividad y a la realización, con las ventajas que dan la experiencia de vida y la madurez anímica y espiritual.

Cambios físicos y anímicos

Es importante saber cuáles son los cambios físicos y psíquicos que se dan durante la menopausia y por qué ocurren. A partir de los 45 años, aproximadamente, todas las mujeres pasamos por un período que se llama “climaterio” y que marca el comienzo de las alteraciones hormonales que vamos a experimentar hasta que suceda la última menstruación, lo que marca la menopausia. ¿Qué es lo que sucede en nuestro cuerpo? “Comienzan a disminuir los estrógenos, la hormona que producen los ovarios”, explica el ginecólogo Eduardo Depiano, de la Asociación Argentina para el Estudio del Climaterio.

Estos cambios internos son los que provocan los síntomas que todas –en mayor o menor medida– vamos a sentir, como la alteración de los ciclos menstruales, que pueden ser más frecuentes o más prolongados. En este punto debemos ser cuidadosas porque ninguna hemorragia que dure más de cuatro o cinco días es normal, así que requiere la consulta al médico sin demoras. “En esta época también aparecen los calores, que son como verdaderos fogonazos repentinos, o las molestias genitales, como la sequedad vaginal que altera las relaciones sexuales, pero que se soluciona con el uso de geles”, comenta Depiano.

Además, es posible que a algunas mujeres se les caiga más el pelo, que la piel pierda tonicidad por la pérdida de colágeno y que haya un aumento de peso porque el metabolismo se vuelve más lento.

Quienes los padecieron saben que los calores son el síntoma con el que resulta más difícil convivir y afectan al 80% de las mujeres. Aunque todavía no se sabe exactamente a qué se deben, se relacionan con una desregulación de la temperatura corporal y es probable que algunas mujeres los tengan durante el día y que también les impida dormir a la noche, una situación que pondría nervioso a cualquiera.

El doctor Depiano dice que una mujer puede despertarse varias veces en la noche por los calores. Eso significa destaparse, muerta de calor, y volver a abrigarse unos minutos después, levantarse a tomar algo fresco y volver a la cama, conciliar el sueño y… ¡otra vez! volver a despertarse.

“Es lógico que estos cambios físicos alteren nuestro ánimo y por eso aparecen otras manifestaciones, como la irritabilidad, los cambios de humor, el cansancio o la falta de deseo sexual, pero son todas reacciones lógicas que tienen que ver con el momento que vivimos”, aclara Depiano.

Todos estos síntomas pueden parecer abrumadores, pero el hecho de saber que son manifestaciones normales debería servir para afrontarlos con la mayor naturalidad posible y para que podamos prevenir algunas situaciones. Por ejemplo, buscar alguna actividad física que nos guste, como yoga o caminatas, que nos hará sentir más tranquilas, de mejor humor y nos ayudará a prevenir el aumento de peso.

Respecto del estado de ánimo en esta etapa, el doctor Depiano quiere dejar claro que el climaterio y la menopausia no generan depresión, como muchos creen, sino que ésta seguramente se profundizará si una mujer ya es depresiva. “Hay otros síntomas físicos que aparecen en este período, como la cistitis, un aumento de las infecciones urinarias o los dolores osteoarticulares y de cabeza, aunque cada paciente vive una menopausia personal con sus síntomas y sus particularidades”, explica la doctora Aurora Schreiber de Burucúa, ginecóloga del Hospital Alemán.

El momento clave de toda esta etapa es la menopausia propiamente dicha, que se establece a partir de la última menstruación. Para determinarla, se hace un diagnóstico cuando ha pasado un año completo sin menstruar en forma espontánea y sin tratamientos hormonales de por medio.

Los tratamientos

No todas las mujeres tienen los mismos síntomas ni los sienten con la misma intensidad: algunas pueden tener muchos calores y otras casi nada; algunas pueden perder pelo y otras no; algunas pueden tener períodos menstruales normales. Para las que no lo pasan del todo bien, hay tratamientos que hacen que los síntomas sean más llevaderos y las protegen de enfermedades como las cardiovasculares.

“Estos tratamientos se llaman ‘terapias de reemplazo hormonal’ y consisten en una combinación de estrógenos y progesterona o progestágenos, que son las hormonas que dejan de producirse con la menopausia”, explica Dapiano.

Antes de definir el tratamiento y la forma de administrarlo –que puede ser en gel, con parches o en comprimidos–, el médico debe hacer un chequeo clínico y ginecológico exhaustivo. El momento ideal para empezar con el tratamiento es durante el climaterio y se sostiene el tiempo que cada mujer lo necesite, siempre con controles periódicos.

“Hay mujeres que casi no tienen síntomas o que pueden convivir con ellos, y no es obligatorio realizar un tratamiento de reemplazo hormonal. Sin embargo, las que recurren a ellos pueden ver mejoras en un mes”, comenta la doctora Schreiber de Burucúa, y agrega que la tendencia consiste en dar menos dosis de las que se daban hace años.

Para esta especialista es fundamental llevar una dieta sana y estar lo más cerca posible del peso ideal, pero ella recomienda a sus pacientes que hagan ejercicio antes de empezar una dieta estricta, porque la actividad física garantiza descenso de peso e impacto positivo sobre el ánimo, o sea, dos beneficios en uno.

Cuidemos nuestra salud

Durante la vida fértil de la mujer, los estrógenos protegen el aparato cardiovascular y los huesos. El doctor Depiano explica que antes de la menopausia es muy difícil que una mujer tenga un infarto de miocardio, pero con el correr de los años, va equiparando al hombre en el riesgo de padecer un problema cardiovascular.

La otra enfermedad que aparece con la menopausia es la osteoporosis, que se caracteriza por disminución de la masa ósea y el deterioro del tejido óseo. Aunque no todas las mujeres van a tenerla, es probable que dos de cada cuatro la sufran. En su aparición, tal como sucede con los problemas cardiovasculares, el factor genético juega un papel muy importante. Si en la familia hubo madre o hermanas con osteoporosis, aumenta la posibilidad de padecerla.

La doctora Schreiber dice que para atravesar esta etapa con buena salud lo fundamental son los controles periódicos: análisis completísimos de hígado, riñón, tiroides, Papanicolau, mamografía y ecografía mamaria (ambas en forma anual) y densitometría ósea a partir de la menopausia. “Éste es el momento ideal para hacerse chequeos; hay que consultar al médico y no pasar por alto ningún síntoma”, explica. Sin embargo, el mejor tratamiento es una mirada serena y positiva de toda esta etapa. “La mujer tiene que dejar de mirar los álbumes de cuando tenía 20 años –dice Schreiber–. Hay que ver lo positivo de esta etapa, que es recoger los frutos de lo vivido”.

La propuesta para estos años será, entonces, abrirse a este nuevo ciclo vital, que puede atravesarse con armonía y plenitud, y con un espíritu dispuesto a celebrar la cosecha de una vida plena.

 

Por Silvia Salinas*

Recibir lo nuevo con confianza

Como cuando pasamos de la niñez a la adolescencia, la menopausia nos hace sentir que algo en nuestra vida se desacomoda. Empiezan a aparecer las primeras señales de que estamos ante la mitad de la vida. En ese momento es importante asumir que se inicia otra etapa, porque cuanto mejor cerramos un ciclo, mejor nos preparamos para lo que viene.

El desafío es poder abrirnos con confianza a las cosas nuevas y ver lo positivo. Por ejemplo: si antes salíamos a correr, ahora podemos cambiar por caminatas más tranquilas. Si los hijos empiezan a necesitarnos menos y tenemos que ir soltándolos, vamos a ganar en independencia para ocuparnos de las cosas que nos gustan.

Es cierto que no tenemos la energía que teníamos antes, que nuestro cuerpo no es el mismo, que debemos hacer más esfuerzos para estar en forma y que incluso en nuestra intimidad no somos las mismas… Pero no por eso los encuentros amorosos deben dejar de ser reconfortantes, sobre todo en este momento, en el que somos capaces de amar más genuinamente.

Si miramos para atrás, vamos a encontrar que hicimos muchas cosas y nos merecemos sentir que estamos en una época en la que podemos relajarnos porque tenemos la tranquilidad de que lo que teníamos que hacer ya lo hicimos. Si algo nos queda pendiente, ¡es el momento de hacerlo! Tenemos unos treinta años más para transitar. Por eso, en la medida en que aceptemos que es bueno llegar a este momento y que los 50 años tienen sus ventajas, aumentará nuestra luz interior. Es el momento de llenarnos de sabiduría, de cultivar nuevas semillas.

Si vivimos con conciencia este proceso, viviremos intensamente los años que nos quedan por delante; vamos a poder preguntarnos cómo queremos vivirlos, cómo disfrutar el tiempo que viene y qué queremos cambiar.

Por eso, es importante poder atravesar el duelo de lo que dejamos atrás, pero sin instalarnos en él; aceptar la tristeza de lo que ya fue y empezar a mirar todo lo nuevo que viene con amor.

En vez de pelearnos por lo que no hay, la propuesta es abrirnos a lo que hay: más tranquilidad, más alegría y menos ansiedad por el futuro de la profesión o la familia. Hay muchos motivos por los que podemos vivir esta etapa con agradecimiento. Si nos entregamos a esto, la vida nos sorprenderá con cosas maravillosas.

*Licenciada en Psicología y autora de La lección de las diosas.

 

Por Teresa Torralva*

Mentes sanas y ágiles

En Estados Unidos, un grupo de monjas de la congregación de Notre Dame participó de una investigación que consistía en que les hicieran una evaluación cognitiva todos los años. Fueron elegidas porque eran un grupo de mujeres con un promedio de edad alto –alrededor de los 80 años–, con baja tasa de enfermedad de Alzheimer.

María, la madre superiora, que también participaba de las pruebas y las pasaba con total normalidad, donó su cerebro para que fuera estudiado. Cuando murió e hicieron el análisis de su cerebro, los médicos se encontraron con la sorpresa de que tenía los marcadores biológicos del Alzheimer, aunque nunca había manifestado los síntomas de esta enfermedad. Los médicos se preguntaron entonces cómo se podía tener una mente sana en un cerebro enfermo. La respuesta es que la madre María se benefició de la excelente estimulación cognitiva espontánea que tenían las monjas en sus actividades cotidianas: debates sobre el país, lecturas, talleres de escritura. Estos estímulos podrían haber servido como factores protectores para retrasar los síntomas que suelen aparecen con el Alzheimer.

A partir de este estudio sobre cómo vivían las monjas, la comunidad científica comenzó a valorar el entrenamiento cognitivo como un factor importante para mantener la mente en forma.

Atravesamos una época en la que la expectativa de vida aumenta y hay que prepararse para vivir más años lúcidamente. Ahora sabemos que las personas que se involucran en actividades que requieren esfuerzo mental tienden a mantener preservadas por mayor tiempo sus funciones cognitivas. Es decir que el cerebro se mantiene ágil y joven. Para mantener una mente activa existen programas de entrenamiento cognitivo que buscan plantear grados de desafío, cambio y aprendizaje, tres ingredientes a los que se expone una mente joven, pero que se pierden con el paso del tiempo. De todos modos, hay algunos ejercicios que todos podemos hacer para mantener la mente alerta:

•Mirar una película y explicar la trama a alguien que no la haya visto.

•En el supermercado, hacer la cuenta mentalmente y luego compararla con la cuenta de la caja.

•Lavarse los dientes con la mano no dominante.

•Cuando atendemos el teléfono, tratar de reconocer a quién llama antes de que se identifique. Luego intentar memorizarlo. Al final del día hacer una lista de todas las personas que llamaron. Además, hay otros factores que ayudan a mantener la mente joven. El ejercicio aeróbico, como andar en bicicleta o caminar a ritmo rápido, estimula la región de los lóbulos frontales que se relaciona con la habilidad de organizarnos, tomar decisiones y prestar atención.

Mantener una buena salud emocional ayuda a evitar el deterioro en la memoria. Por eso, debemos dedicar más tiempo al ocio y buscar ayuda cuando no estamos bien anímicamente. Tener hobbies, intereses culturales, una vida social activa, e intercambiar opiniones con gente más joven nos mantendrá atentos.

*Jefa de Neuropsicología del Instituto de Neurociencias Cognitivas (INECO) y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.

ETIQUETAS cambios crecimiento menopausia

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