Sophia - Despliega el Alma

Sophia 20 años

11 octubre, 2019

Thomas Moore: “El ser humano está ávido de paz y sosiego”

El reconocido psicoterapeuta y teólogo estadounidense, autor del libro "El cuidado del alma", habla en esta entrevista sobre los caminos posibles hacia una vida espiritual, en contacto con el sentido y la trascendencia.


Por Isabel Martínez de Campos.

El gran mal de nuestro siglo, que forma parte de nuestras angustias y nos afecta a todos individual y socialmente es la ‘pérdida del alma’”, declara en una entrevista exclusiva desde su casa en New Hampshire, Estados Unidos, el célebre pensador Thomas Moore, psicoterapeuta, licenciado en teología, musicología y filosofía. Sus libros –Las relaciones del alma, La riqueza espiritual de la vida monástica y El cuidado del alma, entre otros- son desde hace años éxitos editoriales. Para él, la espiritualidad ha sido siempre una causa de vida. Por ella se ha jugado, comprometido e, incluso, rebelado. A los trece años ingresó en una orden religiosa, allí permaneció doce años. Al no encontrar aquello que buscaba un día decidió partir. Conoció otras religiones y finalmente sacó sus conclusiones, con apertura, libertad y seriedad interior. En esta charla explica con convicción cómo es posible encontrar la noche oscura del alma.

—¿Cuándo se perdió la espiritualidad?

—El gran mal de nuestro siglo, que forma parte de nuestras angustias y nos afecta a todos individual y socialmente es la “pérdida del alma”. Cuando se la descuida, el alma no se va precisamente sino que se manifiesta en forma de obsesiones, adicciones, violencia y pérdida de sentido. Caemos en la tentación de aislar estos síntomas o de tratar de erradicarlos uno a uno, pero la raíz del problema es que hemos perdido nuestra sabiduría sobre el alma, e, incluso, nuestro interés en ella. Hoy en día tenemos pocos especialistas del alma que nos puedan aconsejar cuando sucumbimos ante los cambios anímicos y el dolor emocional.

—¿Qué es el alma?

—Es imposible definirla con precisión, ya que una definición implica un quehacer intelectual, y el alma prefiere imaginar. Intuitivamente, sabemos que el alma tiene que ver con la autenticidad y la profundidad, como cuando se dice que cierta música tiene alma o que una persona notable está llena de alma. En los tiempos actuales, hemos llegado a la situación de conectarnos con la espiritualidad solamente cuando el alma se queja, cuando se agita, perturbada por el descuido y el maltrato, y nos hace sentir su dolor.

(Foto: Pexels)

“El gran mal de nuestro siglo, que forma parte de nuestras angustias y nos afecta a todos individual y socialmente es la ‘pérdida del alma'”

—¿Por qué hoy no nos conectamos con la espiritualidad?

—Muchos escritores dicen que vivimos en una época de profundas divisiones, en la cual la mente está separada del cuerpo y la espiritualidad no se entiende con el materialismo. La cuestión es cómo salimos de esa escisión. No podemos superarla solamente “pensando”, porque el pensamiento es una parte del problema. Lo que nos hace falta es una forma de superar las actitudes dualistas. Necesitamos una tercera posibilidad y esa tercera posibilidad es el alma.

—¿Todos necesitamos espiritualidad?

—Creo que todos poseemos el instinto de trascendencia. Hoy en día, numerosas personas abandonan sus religiones defraudadas y enojadas. Ven en ella pompa y solemnidad, autoridad y énfasis en una moral selectiva.

¿Cuáles son los problemas emocionales de nuestra época?

—Los problemas emocionales de los que los terapeutas oímos quejarse diariamente a nuestros pacientes son el vacío, la falta de sentido, una vaga depresión, la desilusión con respecto al matrimonio, la familia y las relaciones, la pérdida de valores, los anhelos de realización personal, la avidez de espiritualidad. Todos estos síntomas reflejan una pérdida de alma, y nos hacen saber lo que ésta anhela. Estamos excesivamente ávidos de diversión, poder, intimidad, satisfacción sexual y cosas materiales, y creemos que podremos hallar todo eso si encontramos la relación perfecta, el trabajo adecuado, la iglesia verdadera o la terapia que más nos conviene. Pero sin alma, cualquier cosa que encontremos será insatisfactoria, porque lo que verdaderamente anhelamos, en todos esos ámbitos y cada uno de ellos, es el alma.

—¿Qué cambia en todo esto si existiese en uno la espiritualidad?

—El cuidado del alma habla a los anhelos que sentimos y a los síntomas que nos enloquecen. No nos aleja del dolor ni del placer, no faltan los períodos de oscuridad ni los momentos en que se hacen tonterías, pero se vive con la aceptación de uno mismo, con la entrega y la confianza depositada en otro. La religión y la espiritualidad, nos ofrecen soluciones creativas para que nos convirtamos en personas profundas y compasivas basadas en abrazar el misterio.

(Foto: Pexels)

“La religión y la espiritualidad, nos ofrecen soluciones creativas para que nos convirtamos en personas profundas y compasivas basadas en abrazar el misterio”

—¿Por qué al ser humano hoy le cuesta tanto aceptar el misterio

—Porque vivimos una época tecnológica, donde todo necesita ser demostrado. Nuestras ciencias y tecnologías abordan la vida como un problema que debe resolverse. La religión apunta en otro sentido, concede al misterio su validez eterna, y en lugar de tratar de resolverlo, busca el medio de contemplarlo y darle dignidad. A diferencia de las ciencias que intentan llenar todas las lagunas del conocimiento humano, la religión celebra los espacios vacíos. Hoy en día, contagiada por el espíritu de la época, la gente trata de demostrar la eficacia de la oración por medio de estudios científicos. Las sociedades religiosas tradicionales no necesitan esa prueba. Rezan sin más. Su fe no se basa en unas pruebas sino en el respeto que les infunden la tradición y su comprensión intuitiva de lo espiritual. La fe auténtica reside en una ignorancia esencial sobre los temas trascendentales y la religión nos ayuda a tomar contacto con ese misterio. El ser humano hoy teme dos cosas que definen la religión: el misterio y la confianza.

—¿Por qué tiene tanto temor?

—Algunas personas son incapaces de viajar en avión porque les exige un grado de confianza que no tienen. Sienten temor a la religión porque sienten la imperiosa necesidad de saber y controlarlo todo. La vida espiritual es rica y plena, pero también imprevisible. No es fácil confiar en los deseos intensos y la vida que penetra sin cesar en nosotros. Siempre creemos saberlo todo mejor que nadie y cómo debemos actuar.

—¿Qué significa religión para usted?

—Es muchas cosas pero, fundamentalmente, una actitud de reverencia hacia la vida.

—¿Cómo puede una persona no criada en la espiritualidad, vivirla en su interior?

Por un lado, pienso que esa persona está totalmente inconsciente de su posibilidad de una vida espiritual, pero, por el otro, creo que todo ser humano tiene una necesidad de trascendencia. Las expresiones de esa necesidad se denotan en frases como “Esto es lo único que se puede esperar de la vida”, “Quiero pasar mejor mi tiempo”, “Deseo algo más de la vida”; “Quiero que mi vida tenga un sentido”.

“La fe auténtica reside en una ignorancia esencial sobre los temas trascendentales y la religión nos ayuda a tomar contacto con ese misterio”

—¿Cuál sería el primer paso para que una persona se insertara en la temática de la espiritualidad?

La gente puede aprender leyendo, a través de películas, la música que explora temas espirituales. Creo que se necesita más diálogo, lo que estamos haciendo en este preciso instante y el que ustedes estén publico esto en su revista es la mejor forma de educar que conozco, porque los lectores no van a estar en una iglesia ni tampoco en la universidad.

(Foto: Pexels)

¿Por qué en estos tiempos a la gente le cuesta tanto vivir?

—Vivir nunca fue fácil. Sin embargo, existe una cierta decadencia de la cultura en los tiempos que corren. En el pasado, la gente tenía una idea clara de las cuestiones espirituales de sus iglesias y de sus enseñanzas. Hoy en día es más complicado porque estamos pensando más. Estamos en un proceso de cambio, mirando, buscando y eso es valioso. Sin embargo, siento horror por el estado del mundo. Las ideas espirituales son individuales y no han llegado a abarcar a las naciones. La gente que tiene puestos de liderazgo no vive una vida espiritual, no aplica tampoco una visión del alma a su posición y eso es muy triste. Creo que necesitamos una educación en el espíritu.

—¿Qué es una crisis espiritual?

—Aparece cuando la gente entendió la vida de una cierta manera y algo moviliza esa visión que tenía. Puede ser una confrontación con la muerte, la enfermedad o que la vida que llevaban ya no es adecuada para ellos. Algunas personas hoy en día tienen una crisis espiritual porque comunidades espirituales de las que han formado parte tienen debilidades que nunca habían pensado, como el hecho por ejemplo de descubrir que en la Iglesia Católica sacerdotes católicos se han visto envueltos en abusos sexuales.

“En el pasado, la gente tenía una idea clara de las cuestiones espirituales de sus iglesias y de sus enseñanzas. Hoy en día es más complicado porque estamos pensando más”.

—¿Qué explicación podemos darles a esas personas que encuentran tan abstracto el significado de espiritualidad? ¿Cómo podemos ayudarlos a crecer en este camino?

—Para mí, la espiritualidad es algo muy concreto. Está relacionada con la ética o moralidad, no moralismo. Con la idea de cómo trascenderme a mí mismo, hacer una contribución más allá del yo. Hoy la espiritualidad es presentada como algo narcisista. ¿Qué puedo hacer para mí? ¿Cómo me puedo volver más espiritual? Pero la espiritualidad va más allá del ego. La relación con la naturaleza es, por ejemplo, una manera de trascenderse a uno mismo. Me sorprende que las iglesias no se dirijan tanto a ella; al fin y al cabo la naturaleza tiene que ver con Dios. Es muy concreta y está en el mundo. De otra forma, solo se tiene una relación con el propio ombligo y no se llega muy lejos.

—¿Cómo podemos cambiar esto?

—Debemos salirnos del estilo moderno de vida que fue creado en el siglo XX. No solo creamos máquinas, aviones, computadoras, televisores. Hemos creado también una manera de pensar donde la vida en sí es como una máquina. Esto tiene sus raíces en el siglo XVIII y aún antes. Si atravesamos esta manera de entender la vida y nos damos cuenta de que la existencia es más que eso, tendremos una visión más amplia para poder responder a los problemas del mundo y cada uno podrá estar con el otro sin la necesidad de sentir que tiene que controlar. Podremos salir de la ansiedad.

—¿Cómo convencería a alguien de que Dios existe?

—No trataría -ríe-. Creo que la mejor forma es siendo. Si la gente te ve como una persona que se siente cómoda consigo misma, se pregunta “¿Qué le da tanta seguridad?” o “¿Cómo hace esta persona para estar así?”, y a través de él descubro que tiene una relación con Dios, que es la base de su vida.

Esta entrevista se publicó en el número 44 de la edición impresa de Sophia, en octubre de 2004, con el título “Sed de algo más”.

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