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Sabiduría

Tenzin Palmo, la inglesa que unió la espiritualidad de Oriente con Occidente

Es de origen inglés pero desde muy joven se identificó con el budismo tibetano. Supo abrirse camino en un ambiente dominado por varones y se convirtió en inspiración para otras mujeres.

Si es cierto que nada sucede porque sí, mi encuentro con Tenzin Palmo estaba predestinado. Algunos años atrás, me tocó traducir un libro de un autor desconocido para mí, con el título Into the Heart of Life (En el corazón de la vida, en su traducción al español), y esto me sonaba prometedor. Hacía tiempo que anhelaba una voz que hablara “al corazón de la vida”. ¿Habría alguien, preferiblemente una mujer, que pudiera ayudarme a atravesar las preocupaciones y frustraciones, los miedos y las ansiedades de mi vida?

La autora de aquel libro, una mujer de origen inglés, se dio cuenta muy joven de que era budista. Dejó Inglaterra a los veinte años y llegó al norte de la India, donde conoció a un maestro tibetano, se hizo monja budista y así, Diane Perry recibió el nombre de Tenzin Palmo (“el poseedor del Buda-Dharma”). Yo, en cambio, no era budista. ¿Alguien con ese nombre extraño, una monja que seguía una extraña tradición tibetana, podría tener un mensaje para mí, que había heredado y había sido formada con tradición cristiana?

En su libro, Tenzin Palmo aborda los problemas de la vida que todos compartimos. Habla a la gente común y corriente en un idioma llano. Cada palabra suya suena familiar y con los pies en la tierra, aunque las enseñanzas estén basadas en los principios budistas más profundos. No hay nada extraño o exótico en ellos: tratan del significado de la vida, de la comprensión del sufrimiento y de cómo superarlo. Esto es lo que enseñó el Buda en sus “Cuatro Nobles Verdades”: la verdad del sufrimiento, su causa, su fin y la manera de ponerle fin. En pocas palabras, la esencia del budismo. No requiere ninguna creencia, sólo un reconocimiento claro e imparcial de los hechos. Se aplican a todo ser humano, independientemente de su edad, género, condición social o origen cultural y religioso.

El descubrimiento revolucionario del Buda fue este: no somos capaces de cambiar el sufrimiento físico (vejez, enfermedad y muerte), pero el sufrimiento mental al que todos los seres humanos estamos sujetos sí se puede cambiar. Sufrimos todo tipo de situaciones, como la impermanencia del ser, los deseos frustrados, los apegos, las deficiencias, ansiedades o lo que sea. Su buena noticia es que existe una manera de transformar este sufrimiento por “medios hábiles” que conducen a un cambio radical de actitud hacia la vida. En el proceso, nosotros mismos cambiamos y nos volvemos menos vulnerables, menos prisioneros de nuestros propios estados mentales, menos dependientes en todos los sentidos de la palabra. Aquí entra en juego el “Camino Óctuple”, un método a seguir, un programa de entrenamiento originalmente formulado por el Buda para lograr este objetivo. Con el tiempo se convirtió en una enorme cantidad de sabiduría acumulada durante siglos por grandes maestros, especialmente en el Tíbet.

Tenzin Palmo enseña lo que experimentó en su práctica meditativa, que la llevó a doce años de retiro solitario en una cueva en las montañas del Himalaya. Ella llama a estos años de intensa práctica espiritual los años más felices de su vida. Después de regresar al mundo, comenzó a compartir los frutos de su experiencia con los demás. No es necesario convertirse formalmente en budista para practicar una forma de vida más consciente, más compasiva y al mismo tiempo más desapegada y que, como resultado, conduce a una vida más plena y alegre. El ejercicio central es calmar la mente, lo que requiere disciplina y no es fácil. Como señala Tenzin Palmo, el “camino” puede ser practicado por todos en cualquier lugar. Es la forma en que respiramos, la forma en que pensamos y hacemos las cosas, la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos y con el mundo, y tomamos conciencia de nuestras acciones. Cualquier aspecto de la vida puede convertirse en parte del camino.

«Durante el invierno nevaba, de modo que durante seis meses nadie podía venir. (…) debido a lo aislada que estaba, podía salir durante el día, aun estando en retiro riguroso (…) Esto era muy difícil en algunas épocas, como cuando la nieve estaba muy profunda y debía abrirme camino con una linterna en una mano y un balde de agua en la otra. En la cueva, sin embargo, no tenía ninguno de estos problemas; en el invierno podía tener agua sólo con derretir la nieve y podía sentarme fuera sin temor a que alguien llegase y me viese. La mente se vuelve más espaciosa cuando puedes mirar fuera y ver los árboles, las montañas distantes y la inmensidad del cielo». Tenzin Palmo, Reflejos en un lago del Himalaya

Un viaje transformador

Encontré esta enseñanza tan edificante y tan liberadora, que surgió un deseo espontáneo de conocer a la autora del libro. Entonces, en el otoño de 2014, viajé a la pequeña aldea del norte de la India, donde ella vive en el convento que construyó con donaciones. Dongyu Gatsal Ling es un hermoso lugar con vista a los picos nevados de la cordillera del Himalaya. Consiste en un templo, viviendas para cien monjas y más, jardines y espacios donde las monjas cultivan alimentos. Las vi: mujeres jóvenes radiantes, felices con la vida que eligieron.

Con 80 años, Tenzin Palmo ha estado en todos los continentes ofreciendo conferencias y dirigiendo retiros. Su rango dentro de la jerarquía espiritual del budismo tibetano es eminente. En 2008 se le confirió el título de “Jetsunma” (Venerable Maestra) y la BBC la incluyó como una de las “100 mujeres inspiradoras e influyentes para 2023” en honor a sus logros. Nada de esto se nota al hablar con ella, una mujer absolutamente natural, de buen corazón, con un gran sentido del humor, ojos azules luminosos, la cabeza rapada como todas las monjas budistas, su cuerpo frágil envuelto en las túnicas tradicionales.

Quien la vea por primera vez, no creerá que alguna vez fue una joven vivaz, incluso exuberante, a la que le gustaba bailar y disfrazarse. Los hombres se sentían atraídos por ella y ella, a su vez, disfrutaba de la compañía del sexo opuesto. Fue cortejada, pero el llamado a seguir el camino de Buda resultó ser más fuerte. Cuando ya era una joven novicia en la India, el mismo día le llegaron tres propuestas de matrimonio. Dividida entre su necesidad humana de amor y ternura y su compromiso espiritual, los rechazó a todos con el corazón dolorido y lloró toda la noche, pero en el fondo sabía que la suya era la vida de una monja budista. Al final sintió un inmenso alivio. Ahora era libre de seguir el camino elegido.

Se avecinaban más problemas. Como única mujer en una comunidad de monjes, fue excluida de las enseñanzas y rituales y se sintió aislada hasta la desesperación. Al final superó todos los obstáculos y ganó.

Qué hazaña para una mujer occidental desafiar el patriarcado tibetano (igual que en todas partes) y persistir en su deseo de estudiar y ser completamente ordenada, algo que antes se les negaba a las mujeres. Tenía una misión que sólo una mujer occidental podía cumplir. Alentada por su maestro, revivió la línea femenina perdida de una preciada tradición tibetana y fundó un convento donde hoy las monjas disfrutan de los privilegios por los que ella luchó. Ella trajo la sabiduría del budismo tibetano a Occidente en un momento en el que el mundo necesita desesperadamente curación. A su manera compasiva y femenina, nos recuerda que existe un camino para salir de los problemas de la vida y de los tormentos de la mente.

Puede que nunca la vuelva a ver, pero tengo la sensación de que está siempre conmigo. Sentarse media hora a meditar es más fácil con ella, teniendo en cuenta su ejemplo y su firmeza como un estímulo constante para no perder el rumbo. Me ayuda a recordar que es posible ser feliz y estar en paz cuando estoy sola y en problemas. Hay un lugar de quietud dentro de mí, donde nada es más importante que ser consciente de este preciso momento. Cuando la vida se torna turbulenta para mí y las amenazas a nuestro hermoso planeta se vuelven insoportables, sé que ella está ahí fuera, conectada a mí por un lazo espiritual.

Ella no está alejada y de ninguna manera por encima de los problemas humanos. Ha experimentado amor y dolor, soledad y duda, pero ha llegado a un lugar donde el sufrimiento no puede sacudir su paz interior. No estoy cerca de ese lugar, pero es posible llegar con confianza y perseverancia. Haber conocido a Tenzin Palmo me dio seguridad de la chispa divina que habita en mi alma. Haber conocido a Tenzin Palmo me ayuda a mantenerla viva.

Cuando me topé con su libro por primera vez, me pregunté cuánto podría aportarme a mí, con formación cristiana, una mujer budista. Hoy la respuesta es sí, es posible permanecer fiel a mi herencia cristiana, o mejor dicho: a su esencia, las enseñanzas de Jesucristo, y seguir los principios budistas de superación personal al mismo tiempo. Esto nunca fue un problema. El budismo es un camino de profunda comprensión psicológica de la condición humana y una guía práctica para vivir correctamente. Por eso Tenzin Palmo habla “al corazón de la vida”, un mensaje escuchado en todo el mundo, comprendido por todos, beneficioso para todos.

En mi viaje a la India, me quedé en Dongyu Gatsal Ling durante una semana y desde entonces me mantuve en contacto con Tenzin Palmo. Nuestra correspondencia asidua se convirtió en una amistad que considero una de las bendiciones de mi vida.

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"Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, ese algo es lo que nosotros somos".

José Saramago