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10 diciembre, 2020

Tentación, un cuento de Clarice Lispector

En el centenario de su nacimiento, compartimos un audiocuento de la reconocida escritora brasileña para celebrar su vida y su legado literario. Y un bonus: un poema de la gran Emily Dickinson, nacida también un 10 de diciembre, hace 190 años.


Foto: Maureen Bisilliat (1969).

Escuchá el audiorelato haciendo clic en el resproductor:

Un día como hoy, hace cien años, nacía la autora brasileña Clarice Lispector, una de las voces literarias más importantes de su país. Reflexiva, sorprendente, profunda, dejó una enorme huella en la narrativa del siglo XX a través de novelas, relatos cortos, poemas y cuentos infantiles, en los que supo construir personajes potentes a través de historias escritas con talento y un toque de magia. Las grandes dudas existencias y los pequeños detalles cotidianos fueron retratados en sus textos a través de su lúcida mirada femenina.

De origen judíoucraniano, bautizada Chaya Pinjasovna Lispector, llegó con su familia a Pernambuco, Brasil cuando apenas tenía 2 años. Enseguida, su cabello de tinte rojizo se convirtió en una marca distintiva para una niña criada entre mulatos. En el cuento Tentación (1964), cuya lectura en voz alta compartimos en esta publicación, ella lo expresaba así: “En una tierra de morenos, ser pelirrojo era una rebelión involuntaria“.

Cuando tenía 10, su madre murió. Al poco tiempo, se mudó junto a su padre y una de sus hermanas a Río de Janeiro. Formada en Derecho en la Facultad Nacional, trabajó como periodista para varios medios. Amante de los libros desde pequeña (pasión que se adivina autobiográfica a través del relato de la protagonista del cuento La felicidad clandestina), comenzó a escribir tempranamente y a los 21 años publicó su obra Cerca del corazón salvaje, por la que recibió el Premio Graça Aranha en la categoría Mejor Novela.

“Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí algunas líneas maravillosas, lo cerré de nuevo, me fui a pasear por la casa, lo postergué aún más yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad”. Fragmento de La felicidad clandestina.

Desde entonces, nunca dejó de escribir. Y en 1963 llegó su consagración, de la mano de una de sus obras más aclamadas por los lectores y la crítica: La pasión según G. H. (1964), que comienza así: “Estoy buscando, estoy buscando. Intento comprender. Intento dar a alguien lo que he vivido y no sé a quién, pero no quiero quedarme con lo que he vivido. No sé qué hacer con ello, tengo miedo de esa desorganización profunda“.

En 1966, tras sobrevivir a un incendio en su casa que le produjo graves secuelas en una mano (se durmió con un cigarrillo encendido), se sumergió en una honda tristeza. Salió años más tarde, resucitada, escribiendo. Así inicia otra etapa en su carrera, con obras como Un aprendizaje y La hora de la estrella, su última novela, que años más tarde fue llevada al cine.

En diciembre de 1977 (justo un día antes de su cumpleaños), a los 56 años y víctima de un cáncer de ovario, murió en Río de Janeiro. Su biblioteca personal y archivo de documentos se encuentran disponibles en la Fundación Casa de Rui Barbosa y el Instituto Moreira Salles.

Emily, maravillosa y solitaria

También un 10 de diciembre, pero de 1830, nacía la enorme poeta estadounidense Emily Dickinson, celebrada como una de las más grandes de habla inglesa de todos los tiempos por su delicada y profunda sensibilidad.

Apasionada por la astronomía, la botánica y el misterio de la fe, Emily vivió gran parte de su vida recluida en su casa, escribiendo. Lejos de todos, eligió mantener con sus amistades más cercanas un contacto meramente epistolar.

También hay entre sus escritos cartas y poemas que narran las desventuras de un amor no correspondido del que nunca se supo nombre, género ni edad. Nunca se casó ni se le conoció una pareja.

De ella dijo Jorge Luis Borges: “No hay, que yo sepa, una vida más apasionada y solitaria que la de esa mujer. Prefirió soñar el amor y acaso imaginarlo, que tenerlo“. La mayoría de sus poemas -intensos, misteriosos, reflexivos- fueron publicados luego de su muerte.

Pese a las habladurías de la época y las historias que se tejieron entorno a ella, sus motivaciones para vivir alejada de la vida social seguirán siendo un misterio jamás revelado. “Mi vida ha sido demasiado sencilla y austera como para molestar a nadie”, escribió Emily, sin duda una de las escritoras más grandes de todos los tiempos. Y se fue tan temprano como Clarice, en 1886, con apenas 56 años.

La sortija

En mi dedo tenía una sortija.
La brisa entre los árboles erraba.
El día estaba azul, cálido y bello.
Y me dormí sobre la hierba fina.

Al despertar miré sobresaltada
mi mano pura en la tarde clara.
La sortija de mi dedo ya no estaba.
Cuanto poseo ahora en este mundo
es un dorado recuerdo.

Emily Dickinson

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