Sophia - Despliega el Alma

Mujer y trabajo

16 junio, 2015

¿Tenemos la palabra?

¿Cómo es vivir en carne propia la tiranía de la tele? Una mirada lúcida y en primera persona sobre el lugar que ocupamos las mujeres en los medios. Por Valeria Sampedro


 

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Hay que depilar esas cejas. Todavía recuerdo la cara de Puga –entonces jefe de maquillaje de Canal 13– cuando me vio entrar a su sala. Era mi primer día de trabajo y su gesto de espanto ante mi vellosidad facial hizo que comprendiera: si quería tener suerte en la televisión, debía correr al gabinete de cera negra (al que vuelvo religiosamente cada quince días, desde hace ocho años). Depilación y tintura gratis. Cremas, ropa, zapatos. Todo gratis. Encaré este noble oficio al calor de la libertad de empresa. Los canjes no me dejan mentir. Al principio, nos daban un voucher mensual de Yenny, válido para dos libros. Pronto se dieron cuenta de que el interior no era tan importante.

El ser y la Nara

Es fácil pegarle a Wanda. El cuaderno de apuntes garabatea explicaciones sobre el lugar que ocupa la mujer en los medios y Wanda se aparece como un granito en medio de la frente, de esos que acaparan toda tu atención. Si hay un lugar donde la emancipación femenina ha ido lenta y despareja es en el terreno de los medios. Pero excede largamente la cultura botinera.

¡Claro que estamos mejor! Si pensamos que hace poco más de medio siglo ni votar podíamos. Ahora tenemos voz y botox. Y si se filtra una foto tuya en tanga en alguna red social, casi seguro te convocan como panelista. Mientras tanto, algunos ejemplos: una periodista investiga a fondo el caso Ciccone, pero no puede evitar que su jefe le diga “tarada” al aire. Una conductora se sacude su pasado hot de chica-reality y presentadora en Playboy TV con un magazine matinal en el canal de su marido. Una exconductora de noticiero de horario central todavía lamenta haber dejado las noticias por una pista de baile y confirma asistencia a cuanto evento garantice la presencia de al menos dos fotógrafos. Tal vez venga a cuento aquí un nombre propio: la Negra Vernaci, letrina y excepción, logró veintiocho años ininterrumpidos con programa propio a fuerza de volverse uno más en el vestuario de hombres que es la Rock&Pop. El mismísimo Mario Pergolini –examigo– llegó a ruborizarse con sus guarradas y en cuanto fue nombrado gerente de programación de la emisora la sacó del aire.

“Los medios no pueden darnos un mejor lugar que el que la sociedad nos concede”, dice Adriana Amado Suárez, una experta en el tema. Doctora en Ciencias Sociales, Adriana escribió en 2004 La mujer del medio (Editorial Centro Cultural Rojas), luego de una sobredosis de rayos catódicos que la llevó a hablar de “periodistas de decoración”. En aquel momento había muy pocas conductoras, las mujeres eran más bien acompañantes con un rol accesorio, aportando la cuota de sensibilidad y belleza. “Se priorizaba más la estética que la ética de lo femenino”, sostiene.

¿Las conductoras de noticieros dedicarán más tiempo a la lectura de los diarios o al make-up? Según Amado Suárez es un tema cultural. “Las minas nos embellecemos más que nuestros pares masculinos cuando tenemos una reunión, dedicamos un tiempo precioso a la ropa, al maquillaje, al pelo”. Lo plantea como una gentileza social que no tiene nada de malo en sí mismo; en todo caso convendría enseñar a nuestros hijos que el arreglo personal no tiene por qué ser esclavitud. “El problema –advierte– es cuando esa exigencia se vuelve desventaja y hace que la periodista deba llegar dos horas antes para ser peinada y maquillada, mientras su colega varón solo tiene que ajustarse la corbata y salir al aire”. Lo que no sabe Adriana es que el Gato Sylvestre usa rímel y a Canaletti le delinean un toque los ojos (shhhhh…).

“El sexismo institucionalizado persiste”

Por Liza Gross (*)

Muy temprano me di cuenta de que debía imponerme y tomar el control respaldándome en mis credenciales profesionales y mi experiencia. Pero no faltaron hombres que objetaran o intentaran ignorar mis decisiones. La clave está en trabajar para ganar su respeto y convencerlos de su rol como agentes de cambio. En la Argentina he conocido reporteras y gerentes de gran calibre. Pero aún falta una aceptación integral de la mujer periodista: persisten mitos y prácticas que obstaculizan el avance profesional de la mujer en los medios.

Hace unos meses dejaron sus puestos las directoras de Le Monde y The New York Times. En momentos de crisis, las mujeres ejecutivas se ven más afectadas que los hombres, forzadas a renunciar aunque se quiera disfrazar de decisión de común acuerdo. Agrego a la lista la salida de Lola Álvarez, extraordinaria periodista y gerente de Efe en España. Muchas ejecutivas de medios, agotadas del ambiente hostil, han elegido irse por propia iniciativa. Eso indica que el sexismo institucionalizado persiste a nivel global y la única forma de modificarlo es poniendo el tema sobre la mesa una y otra vez.

(*) Periodista argentina, fue editora gerente de The Miami Herald y directora de la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios (IWMF). 

Espejos rotos

El periodismo de tablón cayó rendido a los pies de Alina Moine (¿La tenés? Es la que conduce con Alejandro Apo el programa de fútbol los domingos por la TV Pública). Divina, carismática, ¡y encima sabe! A su llegada, Fox Sports salió corriendo a comprar “mostradores” transparentes para no perderse el espectáculo de sus piernas. Microvestido, tacos aguja, boca bombón; algo hace ruido. ¿Obedece al estereotipo que supone que, si hay una mujer en un programa deportivo, tiene que jugarla de sexy? ¿O ejerce con sarcasmo su rol de chica linda que sabe? Ay, el prejuicio se parece bastante a la pacatería.

Porque aunque estamos mejor, todavía hoy se impone el patriarcado mediático. Según el último informe de la Fundación Internacional de Mujeres en los Medios (IWMF), el 73% de los puestos ejecutivos a nivel global lo ocupan hombres. El dato surge del seguimiento de más de 500 empresas en 60 países (incluida la Argentina). En las redacciones, la relación varón-mujer se parece un poco más a la igualdad, con su magro 2 a 1. Pero ni te atrevas a husmear en las columnas de opinión: Perfil tiene solo 4 mujeres de un total de 36 periodistas con mirada propia. La Nación eleva ese promedio 3 a 1. Clarín tiene a doña Ernestina como directora y una se pregunta para qué sirve eso si elgrandiarioargentino.com pone vedettes en el segmento de “las noticias más leídas” y mejor expuestas del portal.

Myriam Pelazas es coordinadora del Observatorio de Radio y TV. Sabueso que detecta focos de discriminación en el espacio radioeléctrico, cree que si bien los medios construyen distintos tipos de mujeres, suelen caer en un arquetipo tradicional y acotado: objeto sexual o ama de casa. “¿Qué programas nos dan más trabajo? Hmm… por años fue Showmatch. Pero hay otros, a veces con discursos sexistas o xenófobos deliberados; otras por desconocimiento. Después están las mujeres que alcanzaron lugares de preeminencia y fijan el estereotipo”.

Ahora es preciso volver a Wanda. Al final, la rubia –que de tarada no tiene un pelo– es capaz de correr por izquierda a todo el movimiento feminista junto, incluidas Las 12. Ella, que logró que hasta Jorge Rial dedicara un programa entero a hablar de violencia de género, derecho a la tenencia de los hijos, temas de minoridad (con Cámara Gesell y todo), sigue imponiendo la agenda. Quién te dice que, en unos años, la bandera de la lucha por la igualdad en los medios no lleve su nombre.

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