Takajay: historia del primer yaguareté que nació libre y vive en el Parque Nacional Iberá - Sophia Online

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Takajay: historia del primer yaguareté que nació libre y vive en el Parque Nacional Iberá

Luego de 70 años de extinción, el yaguareté vuelve a poblar su tierra original dentro del área protegida de los esteros correntinos.

POR Clementina Escalona Ronderos

Cuando un cachorro nace libre, el mundo a su alrededor se ilumina. Es como en la gran escena de El rey león: el sol se eleva por el horizonte, símbolo de un nuevo comienzo, y los rinocerontes, los antílopes, las suricatas, los elefantes, las garzas, y todo el reino animal, se reúne para dar la bienvenida al pequeño Simba.

Esta historia no transcurre en la sabana africana y su protagonista no es un león. El escenario es el Parque Nacional Iberá, zona de humedales fértiles en la provincia de Corrientes, y su personaje estrella, un yaguareté llamado Takajay.

Hace setenta años, los jaguares solían recorrer ese territorio a diario, en calma. Luego llegó un tiempo vacío, una extinción forzada.

Devolver la fauna nativa a los Esteros es un camino arduo. El guacamayo rojo, el venado de las pampas y el oso hormiguero gigante, son solo algunos de los animales que estaban extintos y que, gracias al trabajo de la Fundación Rewilding Argentina, vuelven a habitar su tierra original. Ellos, y el yaguareté.

“Todo empezó, en realidad, con Douglas Tompkins”, dice Magalí Longo, una de las integrantes del equipo. Se refiere al empresario y conservacionista estadounidense que en 1990 sobrevoló los esteros y ante la inmensa llanura, soñó con devolver el jaguar —el mayor felino de América y un animal que antiguamente se consideraba sagrado —, a su hábitat natural.

En 2009 se reunió a un equipo de trabajo para dar forma a la idea, consultar a los expertos, buscar a los animales en cautiverio y trasladarlos para su reproducción. ¿Cómo moverlos? ¿Qué permisos legales se necesitaban? ¿Cuán grandes debían ser los corrales? Los detalles se ajustaron y desajustaron decenas de veces hasta que, en 2015, se inauguró el Centro de Reintroducción del Yaguareté (CRY).

Seis años después, Tania, “la yaguareté maestra”, y Quaramta, dieron a luz a la primera generación de cachorros libres en el Parque Impenetrable de Chaco: Takajay, cuyo nombre significa “fuerte y valiente” en wichí, y Nalá, que quiere decir “sol” en qom. Él fue trasladado a Corrientes en pos de aportar a la variabilidad genética de la especie, mientras que la cachorra hembra permaneció en Chaco.

“No lo puedo describir con palabras. Es la sensación más pura de felicidad —dice Longo para explicar cómo se siente ver a Takajay moverse con libertad por la isla San Alonso —. Está excelente, se desenvuelve muy bien. Es el macho dominante y ya tuvo siete cachorros”. El 30 de enero pasado, Takajay cumplió cinco años.

El trabajo de devolverlos a la naturaleza es invisible ante los ojos del animal, que nunca tiene contacto directo con las personas.

“Cuando vemos que están en una punta del corral, que es enorme, del otro lado ingresamos una presa viva para que la encuentren de repente, como si les pasara en la naturaleza. Tania les enseñó a sus cachorros a cazar, a cuidarse, a subsistir”, describe Longo.

La reinserción del jaguar trasciende lo meramente ecológico. Animal sagrado entre las comunidades indígenas, solía representar la conexión entre el ser humano y la divinidad, la unión indisoluble de naturaleza, cultura y espíritu.

Dice el antropólogo ambiental Carlos Castaño-Uribe que recuperar al yaguareté es recuperar la “jaguaridad”, una forma de habitar la Tierra que se aleja de la sobreexplotación de los recursos naturales, la dominación del ser humano sobre otras especies y la escisión con el mundo espiritual.

Para Longo, se trata de un regalo para toda la humanidad.

“Una frase que me marcó mucho es ‘el sentimiento sin acción es la ruina del alma’. Si hoy estamos hablando de animales libres, es por ese sueño que tuvo Tompkins y que se llevó a cabo en grupo, cada uno aportando desde su lado. El gran desafío ahora, es la coexistencia”.

Quizá Takajay, junto a los 45 jaguares que hoy caminan libres por los Esteros, constituyan un símbolo que nos recuerda la comunión con el mundo invisible, con la naturaleza instintiva, protectora y salvaje que en esencia somos.

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