Sophia - Despliega el Alma

Violencia

18 agosto, 2016

Tacones cercanos, mujeres ausentes

La artista mexicana Elina Chauvet acaba de llegar a la Argentina para montar Zapatos Rojos, la instalación con la que recorre el mundo para llevar su mensaje contra la violencia de género. Una expresión artística que nos habla del dolor, del amor y de la importancia de unirnos para poner fin a los femicidios. Conocé a esta incansable luchadora, en una entrevista con la emoción a flor de piel.


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La instalación de zapatos rojos y una imagen que conmueve por su fuerza.

Zapatos rojos contra la violencia

La instalación de arte público Zapatos Rojos se realizó originalmente en Ciudad Juárez, México, en 2009. Su autora, la artista Elina Chauvet, cuya hermana fue víctima fatal de violencia de género, la concibió como una forma de reflexión colectiva sobre el horror del femicidio. Consistió en la marcha silenciosa y suspendida de 33 pares de zapatos que simbolizaban la ausencia, como evocación de las víctimas de la violencia de género. El impacto de esta creación se replicó, desde entonces, amplificado por cientos de pares de zapatos donados, en otras ciudades de México, España, Italia, Chile y Gran Bretaña. En la Argentina se realiza en el marco de la feria Arte Espacio, y con el apoyo del colectivo Ni Una Menos. La creadora, Elina Chauvet, viaja especialmente para estar a cargo del montaje. Más información en
artespaciosanisidro.com.ar

Por Ytala López

El encuentro estaba pautado para las cinco de la tarde. En punto, la veo llegar, con su caminar pausado. Un café sirve para espabilar el cansancio de doce horas de vuelo.  El silencio como telón de fondo, acompaña la previa; perfecta antesala de lo que vendrá.

Una cita con un par de ojos serenos y profundos, de esos que te hacen creer que es verdad aquello de que los ojos son el espejo del alma y hasta te convencen, en efecto, de que esos ojos están mirando tu alma y dejando ver la suya también. Sus manos, llenas de exóticos anillos, se me antoja imaginármelas tan suaves como su voz, su vestimenta hermosa y sutilmente colorida. Junto con su tonada, todos esos detalles hacen que en silencio una se atreva a exclamar: ¡Viva México!

Nieta de un abuelo revolucionario, la descendencia no podía ser menos aguerrida. Elina es una mujer de armas tomar, pero sus armas están muy lejos de ser el fusil o la escopeta. Serenidad, fortaleza, generosidad, fuerza, humildad, coraje y templanza parecen transpirar del cuerpo de esta mujer de cálida voz y dicción perfecta.

El amor, el amor por su hermana y en su hermana por todas las mujeres de la humanidad, es lo que la ha llevado a taconear alrededor del planeta. Y en sus zapatos rojos, se oye la voz de aquellas que ya no están en este mundo.

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Decenas de pares viajan con ella, quien se encarga de la instalación personalmente.

Zapatos Rojos, así se llama la muestra que Arte Espacio ofrecerá desde el 18 al 22 de agosto. Y Elina deja expresamente sentado su profundo agradecimiento por la oportunidad. La muestra es impactante. Imposible no conmoverse al entrar a ese inmenso salón. Mirar detenidamente cada par de zapatos y que la piel no se te erice, es improbable. El silencio respetuoso, compasivo y solemne se vuelve obligatorio.

Hay botas, sandalias, chatitas, zapatos de todos los talles y hasta unos diminutos escarpines que dan cuenta de que la violencia contra las mujeres no hace ninguna distinción. No hay dudas: la prudencia en la íntima reflexión se impone. Y ese ejercicio remonta historias que suenan familiares. Son tacones cercanos, son tacones ausentes.

Compartir con el Elina —este monumento azteca a la resiliencia— es una hermosa ocasión para celebrar la vida en su más absoluto sentido de unión; es saber que una somos todas y todas somos una. En esa unión, transcurre nuestra charla.

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Elina junto a su amiga Graciela Ojeda, en el marco de la imponente instalación.

—En 1993 tu hermana fue asesinada por su marido y en 2009 llevaste a cabo, por primera vez,  Zapatos Rojos. Durante estos 16 años, ¿a qué ideas o creencias te aferraste para poder transformar tu dolor en arte?

—Fueron años difíciles, obviamente. Yo estaba empezando a ejercer el arte. No soy una persona religiosa pero sí espiritual. Fue el arte el que me ayudó a hacer lo que es hoy Zapatos Rojos. Fue liberador, catártico. Años de un proceso liberador, eran mis primeros años como pintora. Y tenía que hablar de la violencia, abrir el panorama sobre la violencia contra la mujer.

El caso de mi hermana fue extremo, pero la violencia es aceptada socialmente, por las familias. El maltrato verbal, psicológico y económico, la doble carga de trabajo, el minimizar su trabajo.Todo esto me hizo pensar en que algo no estaba bien. Recordé la historia de las mujeres de mi familia: mi abuela, mi madre. Eso me hizo pensar que estaba ocurriendo algo muy grave. ¿Por qué las mujeres tenían que vivir esta violencia y además, aceptarla? Todo esto me hizo atravesar la puerta de los museos.

—Tanto la primera muestra, en Ciudad Juárez, como la segunda en Culiacán, estuvieron signadas por hechos curiosos, bastante simbólicos: 33 pares de zapatos, un número que, para los creyentes, es la edad de Cristo. Además, el silencio lacerante de la iglesia, y la lluvia copiosa… ¿Cómo viviste esos momentos?

—Como te dije, no soy creyente, pero la lluvia, oye, eso fue impresionante. En Ciudad Juárez, las gotas fueron inmensas. Yo  miré y dije: “El cielo está llorando”. Creí que no iba a poder hacer la muestra. Es que el día había amanecido con sol y de pronto empezaron a caer unas gotas inmensas. Miré a la gente recoger los zapatos, protegerlos… Al día siguiente, tuve que irme porque lo que estaba denunciado, pues, era muy fuerte.

—Dicen que cualquier manifestación artística simboliza la capacidad del artista para conectar con la espiritualidad y las emociones del espectador; tener la virtud de despertar empatía en quienes aprecian su obra. ¿Cómo ha sido la reacción de los varones que han participado de tus  muestras?

—He encontrado diferentes reacciones: hombres que me han insultado, me han reclamado y me han dicho que también se ejerce violencia contra ellos; hasta otros muy empáticos que se han  solidarizado frente a la violencia que se vive en el hogar, que es el núcleo de la sociedad y también los afecta a ellos. He visto varones dolidos por el maltrato hacia su madre. Muchos no repiten la historia, pero otros copian el patrón.  Yo creo que cada vez hay más conciencia en los hombres sobre el tema. En eso tengo esperanza.

—Zapatos Rojos comenzó como un proyecto personal, una necesidad de compartir el dolor. Hoy, agosto de 2016,  ¿es un movimiento?

—Sí, definitivamente. Zapatos Rojos es un movimiento social. Ha traído mucha movilización en Italia, en España. Son más de 80 instalaciones desde que empecé. Hoy hay dos exposiciones en Suecia  y en Italia. Y siguen y siguen llegando solicitudes…

—¿Qué le falta a Zapatos Rojos?

—No, no es que les falte algo, lo que sucede es que sigue. Este movimiento hizo que el tema de la violencia contra la mujer saliera del espacio privado para ocupar el espacio público. Es un espacio donde se habla, y se discute el tema. Antes, las mujeres se avergonzaban porque era un tema tabú y en la muestra encontraron un espacio para hablar, un lugar donde consiguen un medio en el que canalizar esta discusión. Por eso, Zapatos Rojos ya es de la gente.

—Rojos como el color de la sangre pero también como el color del corazón. ¿Qué le ha aportado Zapatos Rojos al corazón de Elina?

—Muchísimo amor, gran crecimiento personal y emocional. No hay dinero en el mundo que pueda pagarme lo que Zapatos Rojos me ha dado como persona. Estoy feliz de los años difíciles que pasé, porque el resultado ha sido maravilloso.

—En tus entrevistas y discursos, en general he visto palabras que se repiten: dolor, ausencia regalo, dar, generosidad, paz. ¿Se trata de un acto de amor?

—Definitivamente, sí. No me da pena decirlo, al contrario: Zapatos Rojos es del tamaño del amor que siento por mi hermana. El amor no muere, no acaba. Es el amor que sienten las madres y las hermanas y las familias de las mujeres que han sufrido esta violencia y que ha sido fatal. Para mi, Zapatos Rojos está cargado con la esperanza de que podamos terminar con esto que hace tanto daño a la humanidad; una cadena donde todos sufren.

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Ellos se pusieron en nuestros zapatos

Desde hace 16 años Revista Sophia trabaja en la causa de la eliminación de la violencia de género. Pero no sólo de la violencia física, sino también simbólica, desenmascarando los mensajes machistas que diariamente nos llegan desde la infancia y que todos los días se transmiten en publicidades y discursos sociales, viralizando a través de los distintos medios culturales como la televisión, la radio, el cine, internet…. Por eso, desde 2013 Revista Sophia lleva adelante la campaña #MePongoEnSusZapatos para impulsar a los varones a involucrarse en la causa contra la violencia de género, poniéndose literalmente en nuestros zapatos, con un par de tacos rojos. Porque un mundo sin violencia contra las mujeres es posible, de todos depende caminar juntos para lograrlo. Porque la violencia es cosa de todos.

∴ Este es el video de nuestra primera campaña en el Obelisco, en diciembre de 2013:


 

 

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