Sophia - Despliega el Alma

Sabiduría

7 febrero, 2022

Susanne Schaup, una mujer en busca de Sophia

Escritora y traductora austríaca, autora de libros sobre espiritualidad, así como de experiencias personales, mantuvo con nosotras un intercambio que, a partir de hoy, se convertirá en una serie de envíos sobre Sophia, el aspecto femenino de lo divino, y también sobre su propia vida. Te la presentamos en esta nota.



Susanne Schaup, junto a las ediciones en alemán y en español de su obra Sophia. Aspecto de lo divino femenino.

Por Carolina Cattaneo

Ahora quizás esté mirando hacia el balcón a través de la ventana, como dichosa testigo del festín que se hacen los pájaros de la ciudad en el comedero que dispuso para ellos. Tal vez esté sentada en su living de sillones azul pálido, dedicada a las puntadas que da sobre una pieza textil repleta de muchas formas y muchos colores, creado para representar la alegría de la vida. Quizás esté junto con su alumno sirio al que le enseña alemán e inglés. Acaso sea posible encontrarla absorta en la lectura de algún libro o en la fila de algún teatro. O no: a lo mejor, hoy destine el día al encuentro con su sobrina, o dedique una buena parte del día a caminar por el bosque. Tampoco sería raro que ahora estuviera concentrada en traducir algún texto, o escribiendo, oficios a los que se dedicó desde su juventud, entre viajes a la India o a la América alternativa del post hippisimo, entre otras experiencias de una vida rica, intensa y marcada por una misma y constante búsqueda espiritual.

Susanne Schaup tiene hoy 81 años y, afincada en su Viena natal después de conocer distintos países y vivir en distintas ciudades del mundo, transita sus días con actividades que la conectan con la naturaleza, su interioridad, sus inquietudes intelectuales, su inmensa curiosidad y esa indagación por lo intangible de la existencia que siempre marcó sus pasos. “La gente piensa en mí solo como una persona intelectual, pero hay otra parte mía. Ahora, en mi vejez, encuentro más tiempo para cultivar esta parte. Me gustan todas las actividades llamadas ‘femeninas’: cocinar, recolectar frutas y bayas, hacer mermeladas y preparar conservas”.

Autora del libro Sofía. Aspectos de lo divino femenino (Kairós 1999), una obra erudita en la que presenta exhaustivamente las bases históricas, teológicas y antropológicas de los aspectos femeninos de Dios -que supieron predominar en la espiritualidad de los seres humanos antes del avance de las religiones patriarcales-, Susanne Schaup prefiere que la llamen por su nombre de pila, “sin formalidades” y, por mail, confirma la información que existe sobre ella en Internet, que dice mucho, aunque no revela todo: tradujo la obra de autores como Henry David Thoreau, Ralph Waldo Emerson, Walt Whitman y Emily Dickinson o Raimon Panikkar; escribió libros sobre la vida y la obra de personajes como Thoreau, sobre el activista de los derechos civiles Martin Luther King o la psiquiatra especializada en duelo y buen morir, Elizabeth Kübler-Ross

Una casita para pájaros y el textil en que plasmó su creatividad: la naturaleza y las manualidades son parte de su vida.

Susanne Schaup también investigó y escribió un libro sobre la situación de los niños y niñas en la India, una obra para la que, en 1980, viajó durante tres meses y medio de punta a punta del país y visitó escuelas y centros de cuidado infantil. En esta misión conoció de cerca la profunda religiosidad de la nación india, así como la pobreza y la vulnerabilidad a la que están expuestas las mujeres y los niños en ese país. Aquella inmersión la llevó a una conclusión tajante: “Si se quiere ayudar a los niños, primero hay que ayudar a las madres”. También dejó una huella en su propia espiritualidad: “Fue la India la que me inculcó el deseo de alcanzar una visión más amplia, de trascender los límites de la tradición europea en la que me crié. La India está empapada de religión. Aparte de los grandes templos, hay pequeños santuarios religiosos al borde de la ruta en casi todo el país y en la mayoría de los hogares. La religión está firmemente arraigada en la vida india, especialmente en el campo. En mis viajes, encontré un estilo espiritual o ‘conexión a tierra’ en todas las esferas de la vida. En medio de la pobreza o las luchas étnicas, en las desigualdades de clase y casta, encontré devoción y una especie de paz basada en un sentido religioso de pertenencia. Junto con esta espiritualidad cotidiana, descubrí la riqueza de las escrituras indias y me fascinó la intuición india de la divinidad femenina”.

Cuando años más tarde se encontraría con la figura de Sophia, dice, “la acepté fácilmente como el equivalente del concepto indio del poder de la diosa. Ya no me era posible identificarme con la visión de una Trinidad exclusivamente masculina o con cualquier religión monoteísta. El término ‘religión’ en sí mismo era una trampa. ‘Espiritualidad’ era un término mucho mejor y más inclusivo. Connota una forma de vida más que una forma de creer. No tiene nada que ver con el dogma. Como Thoreau, deseché todos los dogmas y creencias institucionalizadas. Lo que nutre la vida, lo que está alineado con mis impulsos más sagrados, mis convicciones éticas más profundas, lo que encuentro más inspirador y liberador para mi alma, se convirtió en mi brújula espiritual”. 

Su siempre latente curiosidad la llevó también a un viaje por la América profunda para investigar sobre las formas de vida alternativa que surgieron en los Estados Unidos en los años posteriores al auge del hippisimo, formas menos materialistas, más espirituales y en mayor contacto con la naturaleza. Esa experiencia quedó plasmada en seis episodios radiales transmitidos por una radio alemana y, posteriormente, en un libro. “Mi experiencia de la India, mis viajes, mis encuentros y lecturas, tuvieron una profunda influencia en mi perspectiva y forma de vida”, reflexiona.

Susanne, en el living de su casa en Viena. Detrás suyo, la pieza textil que creó con sus propias manos.

El movimiento feminista en Europa, en la transición entre las décadas de los ochenta y noventa, la convocaron con igual vocación por saber, indagar, hacerse preguntas. Así llegaron a sus manos libros de teología que cuestionaban a la iglesia patriarcal o el dominio masculino en todos los aspectos de la vida. Entre tanto, llegó a ella un encargo de la emisora alemana de realizar un informe sobre la situación de las mujeres en un mundo cambiante. “Cuando alcancé el episodio cinco, estaba claro que tenía que ser sobre Sophia. Era un tema cercano a mi corazón”, cuenta. Así que leyó muchísimo, fue a encuentros y seminarios sobre Sophia. 

Numerosas teólogas de Norteamérica y Europa investigaban en profundidad y con pasión lo Divino Femenino. Así nació el movimiento sophianico y cuando llegó, me sentí atraída por él. Nunca había participado en la lucha por la emancipación de la mujer. Me encontraba en una posición privilegiada en muchos aspectos y nunca había tenido que luchar contra el prejuicio masculino para obtener lo que quería. Tenía más de 40 años cuando me di cuenta de que la cuestión de género nos involucraba a todos. Al notar las consecuencias que la percepción de un Dios masculino tiene sobre todos los aspectos de la vida, y las consecuencias que las mujeres han aceptado de manera sumisa durante años (ya que no existía otra manera de pensar e imaginar a Dios), comencé a participar apasionadamente”. Pronto se encontró ella misma dando charlas, conferencias y seminarios.

El contacto desde Buenos Aires va con la invitación para entrevistarla acerca de su libro Sofía. Aspectos de lo divino femenino. Enseguida y por mail, Susanne responde con entusiasmo que sí, que acepta la propuesta de la revista. “Sophia, para mí, sigue tan viva y vigente hoy como lo fue entonces”, escribe. Durante la segunda mitad de 2021, mientras el mundo va y viene con cuarentenas intermitentes por la pandemia de covid-19, el ida y vuelta de preguntas y respuestas por correo electrónico con Susanne toma la forma de un intercambio rico, afectuoso y amable. Ese intercambio se convirtió, más que en una entrevista, en una serie de columnas de su autoría que se irán publicando en nuestro sitio. 

Una vida propia

Resumir la vida de Susanne Schaup en pocos párrafos no hace justicia a ocho décadas marcadas por esa intensa búsqueda espiritual y el conocimiento profundo de sí misma, que incluyó, además de muchísimas horas de actividad intelectual, prácticas de meditación y yoga. 

A la pregunta por su vida personal, llegan nueve páginas de una autobiografía que comienza en una época oscura de Occidente, la Segunda Guerra Mundial. Susanne nació en el seno de una familia austríaca de religión luterana en 1940; junto a dos hermanos, creció en el campo, cerca de Salzburgo, y luego se mudó a Viena. 

En los párrafos dedicados a su niñez y juventud, se lee: “A menudo me pregunté acerca de un ‘hilo rojo’ que me llevó de una etapa de la vida a otra: a través de mis estudios, mis diversas actividades y ocupaciones, mis viajes y los lugares que fueron mi hogar durante un período de mi vida. Por lo que puedo recordar, incluso cuando era chica, anhelaba una visión más amplia, un horizonte más amplio, más allá del ámbito de la familia, el entorno inmediato, mi educación, incluso las universidades a las que asistí”.

Crecer y saber quién era, dice, fue un proceso doloroso y largo. La instrucción religiosa recibida en su casa natal no alcanzó para abastecer su anhelo espiritual. Y de distintas maneras, Susanne llegó al encuentro con las religiones asiáticas, la lectura de la Biblia y los místicos cristianos. Mientras seguía su vida como una estudiante aplicada, que le gustaba bailar, ir al teatro, esquiar, nadar, interesada también en relacionarse con chicos, entendió el mensaje común que había en aquellas fuentes diversas de las que empezaba a beber: “Existe un Dios vivo, y los seres humanos llevamos dentro una chispa divina”.

Mientras el ideal temprano de una vida como madre y esposa se iba desvaneciendo en ella, comprendió que la vida podía ofrecerle otros horizontes, fue por ellos y nadie la detuvo. 

Estaba empezando a sentir que mi vida era realmente una búsqueda, una búsqueda consciente de algo más grande que ganarme la vida y disfrutar de los placeres que una vida ordinaria y moderadamente cómoda podía ofrecer. Nunca excluí conscientemente la posibilidad de casarme y me enamoraba a menudo, pero al final siempre elegí seguir por mi cuenta, ser libre de continuar buscando y no ser una carga para nadie. Me quedé soltera. Por intuición supe que todavía no me había convertido en la persona que debía ser. Las mujeres estaban acostumbradas a mirarse a través de la mirada masculina. Yo crecí con esos estándares, pero escapé de esa trampa e hice mi propio camino”, recuerda. “Hubo equivocaciones, retiradas y momentos de confusión, pero nadie me disputó el derecho de cometer errores y de aprender a los tropiezos”.

Así, Susanne Schaup dice que sorteó la opresión del patriarcado, pero que cuanto más conocía el mundo, más se daba cuenta de que otras mujeres menos privilegiadas que ella “sufrían gravemente el yugo ancestral de la supremacía patriarcal”.

Sus libros hablan de la situación de los niños en India, de su experiencia con el cáncer, de Sophia y de Thoreau.

Trascender las fronteras

Munich, Londres, distintas ciudades de Estados Unidos, la India, Perú y Brasil: Susanne Schaup viajó y vivió en distintos puntos del planeta. “Mis viajes a la India, a Perú y muchos años después a Brasil me dieron una idea de la desastrosa herencia del colonialismo. Esto se aplica también a los Estados Unidos y su política de supresión, si no de extinción, de los nativos americanos y la esclavización de los negros de África. Las heridas no han cicatrizado después de un siglo, o siglos, de independencia y de constitución democrática. La violencia de antaño todavía engendra violencia, odio y discriminación racial”, escribe. Y concluye: “No hay más remedio que la reconciliación, y comienza en nuestra propia mente. Un concepto que puede ayudar es el de Sophia, creo, o el de la Pachamama. Si internalizamos este concepto de crianza, de alegría, de compasión y amor, y lo hacemos parte de la forma en que sentimos, pensamos y actuamos en nuestras vidas concretas, la sanación puede tener lugar”.

Sus viajes -uno de ellos, para conocer personalmente a una niña pobre de la India que vivía en una escuela rural y que ella amadrinaba-, no fueron, sin embargo, tan intensos como un hito que ella define como un antes y un después en su vida, y que también quedó plasmado en su libro Noch nie hab ich so gern gelebt (“Nunca me ha gustado tanto vivir”).

Ocurrió cuando enfermé de cáncer por un linfoma no Hodgkin a fines de 1996. Me trataron en Viena y permanecí aquí desde entonces. Afortunadamente, me recuperé por completo y no tuve recurrencia. Durante un año entero estuve paralizada. Mi trabajo fue interrumpido, pero después de mi recuperación seguí viviendo como antes: trabajando en reportajes para la radio, grabándolos con mi propia voz, traduciendo y escribiendo”, relata. “El año de mi enfermedad no solo fue mi ‘annus horribilis’, también fue una bendición disfrazada. Me alejó de mi vida habitual: proyectos de trabajo, plazos, horarios, viajes, y me hizo reflexionar sobre lo esencial de la vida”. 

A lo largo de su estadía en el hospital, mientras se sometía a seis ciclos de quimioterapia agresiva, llevó un diario y registró aquello que la ayudaba a mantenerse fuerte: la meditación, la oración, los ejercicios constantes de respiración, escuchar música clásica, caminar por los pasillos del hospital para recuperar tonicidad. “Mi vida estuvo en peligro, pero cuando superé el miedo a la muerte, me invadió una alegría de vivir que nunca había experimentado. Sentí una gratitud sin límites por el regalo de la vida, tanto por sus alegrías como por sus dolores. El cáncer, una experiencia angustiosa y potencialmente mortal, profundizó mi conciencia y le dio a mi vida una nueva dimensión. Sophia, o mi imaginación de Ella, me había ayudado en varias situaciones críticas antes, y me ayudó entonces”.

Pasaron más de veinte años de aquella experiencia, el libro en que la relata -su obra más personal-, está agotado, pero la gratifica haber recibido durante mucho tiempo mensajes de gente que encontró alivio a su propia angustia en ese texto. “Hasta el día de hoy he sido bendecida con buena salud. Queda un intenso sentimiento de gratitud, una aguda sensación de alegría con todos los fenómenos de la vida -reflexiona-. Los días están llenos de delicias, a pesar de los signos de la vejez, como un dolor crónico en la espalda que me impide hacer largas caminatas. También estoy agradecida por mi soledad. Si me preguntaran si quiero volver a ser joven, diría que no, definitivamente no. Fue grandioso ser joven y tener tantas oportunidades, pero también fue difícil. La vida ha sido buena conmigo. Me permitió aprender todo lo que quería, viajar, conocer gente maravillosa de diferentes partes del mundo, hombres y mujeres, y establecerme en una vida tranquila y plena en una ciudad hermosa. Me permite estar activa de muchas maneras”.

Susanne y su sobrina Teresa, listas para una caminata por los bosques de Viena.

Si alcanzó sus metas en la vida, en sus relaciones, en las tareas que se propone y en su vida espiritual son preguntas que, aun a sus 81, todavía se formula. Su respuesta para ello viene cargada de honestidad y sabiduría: “No, en realidad no, pero ya no me preocupan los objetivos. Mi deseo es vivir cada momento intensamente, no perder el tiempo en tonterías, honrar la dignidad de la palabra, vivir con sencillez y seguir aprendiendo. A los 81 años, definitivamente no estoy ‘retirada’ y nunca lo estaré mientras, por la gracia de Sophia y Su espíritu gentil que impregna mi vida, pueda conservar una mente sana y un corazón abierto. Posiblemente no escriba otro libro, pero siento que la vida todavía tiene mucho para mí. Cuando llegue el momento, y puede que esté cerca, me gustaría dejar este mundo, como dice Thoreau, ‘como se cae una hoja de un árbol’”. 

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