Sophia - Despliega el Alma

Sabiduría

14 febrero, 2022

Sophia, ni un dogma ni una religión: una luz hacia una nueva conciencia

Durante 3000 años, y por fuerza de las religiones patriarcales, gran parte de la humanidad percibió a Dios como una entidad únicamente masculina y su aspecto femenino fue desestimado. Sin embargo, sigue vivo y puede ser recuperado. En este primer envío de una serie sobre lo Divino Femenino, la autora austríaca Susanne Schaup nos trae de vuelta la cualidad de una fuerza espiritual que no se apaga.


Por Susanne Schaup

Para muchas personas como yo, involucradas en la lucha por la emancipación, el “movimiento sophiánico”, como lo llamo, de la década de 1980, marcó la etapa final del movimiento feminista. Luego de luchar por los derechos de las mujeres en un nivel más mundano –igualdad de derechos, de oportunidades, de pago (lo cual aún no ha sido logrado)- quedó claro que la fuente fundamental de supresión patriarcal es la religión. En todas las religiones del Libro (Judaísmo, Cristianismo e Islam) Dios es imaginado como masculino. Dos mil años de Cristianismo nos han impuesto la imagen de Dios como una trinidad masculina de Padre, Hijo y Espíritu Santo, eliminando así el hecho de que podemos encontrar rastros de lo Divino Femenino, conocido como “Señora Sabiduría” en los libros del Viejo Testamento. De algún modo los aspectos femeninos de Dios desaparecieron a través de la historia.

Quién es Susanne Schaup. Nacida en Viena en 1940, la autora de esta nota es escritora y traductora. Autora de Sofía. Aspectos de lo divino femenino (Kairós, 1999), publicó libros sobre la vida y obra de Henry David Thoreau, Martin Luther King y Elizabeth Kübler-Ross. Tradujo la obra de autores como Emily Dickinson, Ralph Waldo Emerson, Raimon Panikkar y Walt Whitman, entre otros. A partir de febrero, y semana a semana, publicaremos una serie de columnas de su autoría, todas dedicadas a Sophia, su definición, historia y vigencia en el mundo actual.

Numerosas teólogas de Norteamérica y Europa han investigado en profundidad y con pasión lo Divino Femenino. Nació el movimiento sophianico y cuando llegó a Europa me sentí profundamente absorbida por él. En ese momento yo no era una mujer joven y nunca había militado activamente por la emancipación de la mujer. Me encontraba en una posición privilegiada en muchos aspectos y nunca había tenido que luchar contra el prejuicio masculino para obtener lo que quería, ya fuera en cuanto a estudios universitarios o a una vida independiente. Tenía más de 40 años cuando me di cuenta de que la cuestión de género nos involucraba a todos. Al notar las consecuencias que la percepción de un Dios masculino tiene sobre todos los aspectos de la vida, y las consecuencias que las mujeres han aceptado de manera sumisa durante años, ya que no existía otra manera de pensar e imaginar a Dios, comencé a participar apasionadamente.

Durante años Sophia fue tema de seminarios y conferencias en toda Alemania. Buscábamos rastros de Sophia por todos lados: en las Escrituras, en mitos antiguos, en las visiones de “sophiánicos” o especialistas en Sophia masculinos y femeninos, y en nuestras propias historias.

Sabíamos muy bien que la rueda de la historia no podía girar hacia atrás. No podemos ni queremos regresar a aquella época en la que reinaba la Diosa Madre; pero la idea, la intuición de lo Divino Femenino, puede ser revivida en aras de la integridad, de las mujeres que persiguen su integridad personal en un mundo masculino.

«Dos mil años de Cristianismo nos han impuesto la imagen de Dios como una trinidad masculina de Padre, Hijo y Espíritu Santo, eliminando así el hecho de que podemos encontrar rastros de lo Divino Femenino»

Como reveló el gran psicólogo suizo Carl Gustav Jung, la conciencia de una persona, sea hombre o mujer, posee parte de ambos, masculino y femenino. Lograr una armonía entre ambos constituye la integridad, el desarrollo completo o la personalidad “individualizada”. Entonces, ¿cómo puede ser que Dios, el ideal de la persona trascendente, sea solo masculino? Argumentar que Dios no es una persona en un sentido ordinario evade la pregunta. El hecho es que 3000 años de patriarcado, del reinado de hombres sobre mujeres, fueron legitimados por la religión.

Romper con este tabú, imaginar lo Divino como femenino (o al menos en parte femenino) equivale a una revolución mental y espiritual. Para muchos de nosotros también significa una conmoción emocional. Descubrimos Sophia como un nuevo concepto de Dios. A la que se hace referencia como a “Ella”, el género de la palabra griega sophia, que significa sabiduría. Sophia es la sabiduría femenina de Dios y filo-sofía es el amor por la sabiduría.

«La intuición de lo Divino Femenino, puede ser revivida en aras de la integridad, de las mujeres que persiguen su integridad personal en un mundo masculino»

Las formas de Sophia

Sin embargo, Sophia, tal como la imaginamos, no es simplemente un concepto limitado a la teología o a la filosofía. A pesar de ser inmaterial, es una entidad viviente, una presencia que impregna toda la vida. Es conocida por su poder. Este poder sophianico trabaja de manera horizontal, no de manera vertical como solemos ver que trabaja el poder, desde arriba hacia abajo. No se basa en un líder dominante, pero tampoco existe sin líder. Ella “empodera” en lugar de dominar. No es autoritaria pero posee autoridad. No es sagaz sino sabia. La sabiduría, en oposición al conocimiento, no puede ser imaginada sin amor, empatía, gentileza y tolerancia. También posee cierta cualidad de alegría, cierto placer en la Naturaleza y en todas las formas de vida natural. Sophia da vida y nutre. 

Las formas de Sophia son gentiles pero no sumisas. No es otra Virgen María, la humilde servidora de Dios, ni cualquier otro santo, sino una entidad diferente. Irradia cualidades de fuerza y autoconfianza. Su divinidad no proviene de una fuente exterior o superior a ella, sino que reside dentro de ella. Justamente esta cualidad de fuerza innata es la que las mujeres valoran. Sophia las empodera para confiar en ellas mismas, en sus cualidades, en su percepción y en su capacidad para amar.

«La sabiduría, en oposición al conocimiento, no puede ser imaginada sin amor, empatía, gentileza y tolerancia»

Sophia es más una presencia interna que un concepto, es más una parte de la conciencia femenina que una persona definida teológicamente. No es un dogma ni un credo, sino una realidad espiritual. Las mujeres son por naturaleza más cercanas a esta realidad que los hombres, como explicó Otfried Eberz, un grandioso especialista en temas sophianicos del siglo XX. Puede ser invocada por cualquier mujer, pero no excluye a los hombres. El pensamiento sophianico, la energía sophianica, puede ser compartida por todos los seres humanos. No es necesario abandonar la religión, generalmente heredada de los padres, para alinearse con ella. Podemos continuar honrando nuestras costumbres cristianas, como por ejemplo, celebrar la Navidad o la Pascua como momentos preciados de unión y comunidad, y aún encontrar a Sophia en nuestros corazones como la fuente de nuestra fuerza y nuestra afirmación en la vida. Sophia no es una religión sino un estado mental. Es accesible y abierta para todos. Se dirige a los creyentes y no creyentes por igual. Puede ser el catalizador de un cambio de conciencia y la luz orientadora de una nueva era, una era más humana.

Esta es la razón por la cual escribí un libro hace más de veintisiete años titulado Sofía. Aspectos de lo divino femenino. En la actualidad, el mundo se encuentra peor de lo que estaba entonces, pero aún recurro a Sophia en busca de guía, tanto en mi vida personal como para el beneficio del mundo en general.

Traducción: Virginia Noto Llana

Si querés saber más…

→ Sobre Susanne Schaup, la autora de esta nota: te compartimos un perfil sobre ella. Accedé haciendo click en este enlace.

Sobre Sophia. Susanne recomienda leer los siguientes títulos:

Las diosas de cada mujer. Una nueva psicología femenina, de Jean Shinoda Bolen (Kairos, 2017)

Diosas y dioses de la Vieja Europa, de Marija Gimbutas (Siruela, 2021).

El libro de las obras divinas, de Hildegarda de Bingen (Herder, 2009).

La mística de la feminidad, de Betty Friedan (Ediciones Cátedra, 2016).

El cáliz y la espada, de Riane Eisler (Capitán Swing, 2021).

El retorno de la diosa. El aspecto femenino de la personalidad, de Edward C. Whitmont (Paidós, 1998).

Sofía-María. Una visión integral de la creación, de Thomas Schipflinger (Universidad De Granada, 1993).

Cuando Dios era mujer, de Merlin Stone (Kairós, 2021).

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