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Vivir bien

1 noviembre, 2019

Soñar despiertos: una invitación a recuperar ese mágico ejercicio mental

Cuando somos chicos nadie ve con malos ojos que andemos dispersos, imaginando otras realidades posibles. Pero luego descuidamos esa práctica tan saludable para nuestro cerebro y para la vida. ¿Y si nos proponemos volver a hacerlo?


Foto: Pexels.

Por María Eugenia Sidoti

Miro a mi hijo mientras salta y da giros por el living completamente absorto en su juego imaginario: está metiendo un gol de cabeza en la final de un mundial. Hace una mímica de gloria, se tira al suelo, festeja en silencio, siente la ovación, cierra los ojos. Vibra. Cada vez que cree que es un campeón del mundo su sonrisa no puede ser más tierna.

Poco le importa la realidad de los hechos: la más probable es que nunca llegue a convertirse en “ese” niño que, entre unos ¿10.000?, consiga dedicarse al fútbol profesional. Mucho menos probable aún es que gane un puesto en la selección nacional. Quizás, más adelante, ni siquiera le interese seguir jugando a la pelota. Pero eso no le interesa ahora: no siente el más mínimo temor a que el futuro lo lleve por un camino completamente distinto. No. El tiempo es hoy y hoy, a sus 8 años, él puede ser cualquier cosa que imagine.

Un estudio del Instituto Tecnológico de Georgia, Estados Unidos, señala que el sueño lúcido no es solo un ejercicio sano y recomendable a cualquier edad, sino que es además una señal de inteligencia y creatividad.

A fines de los 80, cuando yo tenía su edad, algunas tardes era la bailarina de la película Flashdance y otras aquella chica atrevida que se hacía llamar “Madonna”. Me pintaba la boca con un labial de mamá y pasaba horas frente al espejo ensayando canciones y coreografías. Estaba segura de que tenía el don. ¿Qué importaba que desafinara y fuera torpe para bailar? También, algunas veces, era la Mujer Maravilla.

Porque, cuando uno es chico, siempre hay espacio para creer en la magia, ¿no?

Pero después… después es otra cosa. A través de los años, la realidad, lo visible, parece ser el único universo donde debemos aprender a movernos, si lo que buscamos es convertirnos en gente madura, seria, responsable, productiva. Entonces, los sueños dejan de ser un saludable ejercicio cotidiano y se convierten, en cambio, en una sensación de dispersión y pérdida de tiempo. Es que, si nos guiamos por el hecho de que no hemos podido convertirnos en aquellas estrellas del deporte, de la música o del cine que anhelábamos ser durante la infancia, entonces ¿para qué seguir haciéndolo?

Foto: Pexels.

Soñar despierto debería ser obligatorio“, rompe el hielo de la racionalidad Kino Verdú Pérez, en una nota para el diario El País que lleva ese título, donde comparte sus teorías sobre los beneficios de hacerlo (siempre, en todo momento y a cualquier edad), y también los dichos del psicólogo y consultor Juan Cruz González, quien explica: “La fantasía es una facultad mental que ayuda a imaginar lo inexistente, es capaz de dar forma sensible a nuevas ideas, alterar la realidad insatisfactoria. Más elaborada a través de la visualización de sueños lúcidos alcanzables, genera expectativas de futuro, motivación para ensayar, desarrollar estrategias y perseguir los sueños“.

Mucho más que estar “en Babia”

De igual modo, un estudio del Instituto Tecnológico de Georgia, Estados Unidos, señala que el sueño lúcido no es solo un ejercicio sano y recomendable a cualquier edad, sino que es además una señal de inteligencia y creatividad. “La gente tiende a creer que divagar y vaguear durante el día es una característica negativa. En cambio, nuestros datos son consistentes: estas personas tienen cerebros más eficientes“, describe el titular de la investigación, el doctor Eric Schumacher.

Verónica Salinas es un buen ejemplo: a sus 47 años jura no haber perdido nunca la capacidad de soñar despierta. “Estudié Administración de Empresas, trabajé siempre de lo mío. Pero nunca dejé de ver, muy nítida, esa imagen que me acompaña desde chica: actuando, feliz, sobre un escenario”. Tardó un tiempo en hacer de ese sueño una realidad posible, hasta que el año pasado se animó a tomar clases de teatro y hoy se encuentra de cara al debut de su primer protagónico en el acto de cierre de la escuela de arte donde cursa el taller actoral. Ella piensa que nada fue casual y que no haber resignado jamás ese sueño fue algo muy valioso, sobre todo para atravesar una etapa difícil de su vida, luego de un divorcio y la muerte de su padre. “Actuar me dio fuerzas y un enorme poder de resiliencia”, revela.

De acuerdo al estudio del equipo del doctor Schumacher, activar los sueños durante la vigilia potencian las capacidades cognitivas y plásticas del cerebro. Tal es así que, aunque parezca que “no estamos” cuando fantaseamos, nos encontramos en pleno tejido de nuevas redes dentro de nuestro vasto mapa cerebral, que nos vuelven más capaces a la hora de sortear obstáculos, por más difíciles que parezcan.

De hecho, según revela otra investigación de la Universidad de Dartmouth, Estados Unidos, hay 11 áreas involucradas en el proceso de imaginar. Por esa razón, dicen los especialistas, a pesar de los avances en materia de inteligencia artificial es algo que no pueden (y quizás nunca podrán) hacer las máquinas. Otra de las características que nos vuelve más humanos.

Soñar no cuesta tanto

Si tiempo atrás estaba mal visto andar como flotando “en la luna de Valencia”, actualmente la preocupación de los científicos radica en que los dispositivos electrónicos nos están quitando la posibilidad de fantasear y, de ese modo, de perdernos largo rato en los propios pensamientos para escuchar nuestra voz interior. Es un hecho que el uso del teléfono ocupa la mayor parte de nuestro tiempo libre y, en vez de destinar horas a imaginar, nos confinamos a lo que se nos muestra en él.

Hoy se cumplen 30 años desde que se realizó en Argentina el primer llamado por telefonía celular, a través de un artefacto robusto y pesado que solo servía para hablar. Desde entonces los avances en la materia fueron enormes y hoy los teléfonos multiplican sus servicios y funciones. Los altos índices de consumo que tienen actualmente los dispositivos llamados “inteligentes” impactan: los estudios indican que la gente mira su teléfono cada vez más veces por día, en un promedio que va de las 80 a las 150, aproximadamente.

Error. Es hora de resetear esa conducta.

Soñar despiertos es la forma como accedemos al panorama general de nuestro estado mental“, escribe en su libro Despierta tus poderes creativos la investigadora estadounidense Amy Fries. ¿Por qué? Porque para la mayor parte de la gente, la creatividad recién aparece cuando la mente no está enfocada en algo concreto y muchas personalidades vinculadas a las innovaciones aseguran haber tenido su “¡Eureka!” en momentos de completa distracción.

Por eso, el juego es el espacio por excelencia donde suelen aparecer situaciones reveladoras. “Aceptar tu propio estado mental de ensueño es algo casi revolucionario“, agrega Fries, quien cree en el enorme poder de recuperar entornos menos tecnológicos, más naturales y más lúdicos, con el objetivo de encontrar mejores versiones de uno mismo y dejar salir las capacidades dormidas.

Me subía a los árboles, me tiraba de un salto y mientras volaba, ese segundo hasta caer al piso, creía que tenía una capa y que era Superman”, comparte Gastón García recreando la situación con los brazos abiertos como alas y, con una mueca de nostalgia, lamenta no haber seguido el sueño infantil de convertirse en bombero voluntario. Sin embargo, de tanto en tanto, confiesa que todavía fantasea con salvar personas de un incendio y, si se esfuerza, hasta siente el calor de las llamas. “A lo mejor es eso lo que me guía en buscar nuevas salidas y mejores respuestas en mi trabajo como médico”, reflexiona.

¿Y vos? ¿Con qué soñás cuando no dormís?

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