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Psicología

14 noviembre, 2013

¡Socorro! Mi hijo se lleva materias


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Se acerca diciembre y entramos en la cuenta regresiva. Hicimos  lo imposible junto a nuestros hijos para que se “lleven” menos materias. Pero la verdad de las notas se impone y son muchos los exámenes que tendrán que rendir. Claves para transitar mejor esta etapa y aprender qué hay detrás de esta problemática. Por Isabel Martinez de Campos. Ilustración: Mónica Andino.

No puedo creer que te llevaste diez materias”. “No te preocupes, mamá, me voy a poner las pilas”. Cuando llega esta época del año y vemos que ya es casi inevitable que nuestros hijos se lleven materias, aparecen en nosotras muchos sentimientos ambivalentes y simultáneos: enojo, lástima, desilusión o culpa. Muchas de nosotras pasamos todo el año apoyándolos o contratándoles una maestra particular y sentimos que con estos resultados “no nos pagan con la misma moneda”. Pero más allá de esto, a veces valdría la pena preguntarse qué nos están diciendo nuestros hijos cuando se llevan materias. Muchas veces lo hacen por llamar nuestra atención y, tal vez, nuestro desafío sea descifrar el mensaje que nos están queriendo transmitir. Así, nuestras reacciones son infinitas. “Muchas veces lo vivimos como una falla personal como padres, una herida narcisista”, reflexiona Laura Marpegán Tiscornia, directora del Centro Interdisciplinario Acassuso, cuyo fin es promover la salud en hijos, padres y colegios. En ese sentido, es importante identificar los problemas de los chicos y no proyectar los nuestros sobre ellos.

Lo cierto es que este problema altera el clima familiar, generando peleas interminables entre padres. “En ocasiones, ellos retan desmedidamente a sus hijos, que tratan de defenderse buscando argumentos de todo tipo para resguardarse de una situación que ni ellos mismos saben cómo se generó”, dice la psicopedagoga María Tresca, autora de los libros Cuándo, qué y cómo estudio y Enseñar a estudiar a niños y adolescentes.

Pero más allá de estos síntomas que son normales y todas conocemos, la pregunta del millón es qué podemos hacer como padres frente a esta situación. ¿Es necesario enojarse o castigarlos? ¿Cómo incentivarlos a estudiar mejor? ¿Es bueno intervenir?

“Si bien los adolescentes tienen un grado de independencia y autonomía que suele ser mucho mayor que el de los niños, aún no son adultos y no tienen la madurez suficiente para tomar decisiones importantes sobre su vida, razón por la cual siguen estando a cargo de un adulto”, aclara la psicopedagoga María Tresca. Para resolver muchos de sus problemas, necesitan todavía la guía y el sostén de los adultos que son significativos para él. “Que la situación se resuelva depende más de lo que los adultos hagamos de diferente que de lo que el adolescente por sí mismo logre gestionar. Por lo tanto, la promesa de ‘ponerse las pilas’ puede tener la mejor de las intenciones en la mayoría de los casos, pero no suele alcanzar para resolver el problema”, afirma.

Qué hacer

A la hora de solucionar la problemática, debemos pensar ante todo en qué la provoca. Las causas que pueden llevar a que un alumno repruebe uno o varios exámenes son múltiples y variadas. “Muchos se llevan materias porque no están motivados para estudiar. Hoy en día es difícil para un profesor incentivar a los adolescentes a estudiar. Las redes sociales son una realidad que les insume mucho tiempo y energía que después les falta para el estudio. A veces, se llevan materias porque tienen otro ritmo de aprendizaje, porque están superando una dislexia, porque tienen algún trastorno de atención o por haber pasado por una situación afectiva crítica. Los profesionales podemos ayudar a los padres a dilucidar el o los motivos por los cuales el hijo llega  a esa situación”, explica la psicopedagoga Paz Baliña, del Centro Interdisciplinario Acassuso.

Según Javier Fernández Mouján, docente y psicólogo profesional de la Escuela del Sol, en general siempre existen posibles falencias compartidas, la propia situación familiar, la cultura y el contexto más amplio que nos envuelve y que mucho tiene que ver en con el espacio que el adolescente suele otorgarle a la escuela en su vida.

Pero una vez conocidas las causas, la clave para salir adelante es definir cuáles son el espacio y la responsabilidad del hijo y cuáles, los de la madre. “Es fundamental intentar que las madres  estimulen a su hijo para que pueda superar las dificultades que las materias les presentan, ya sea contratando un profesor particular, o un tutor que los ayude a organizarse con el tiempo, para que recuperen la confianza en sí mismos y se sientan más seguros a la hora de rendir. Es importante acompañarlos  en  este proceso de preparación para el examen, con calma y a la vez sin ser intrusivas, brindándoles el apoyo que, intuitivamente, sabemos que nuestro hijo necesita. Y teniendo siempre en cuenta que debe ser a modo de apuntalamiento. El verdadero protagonista de este proceso es el chico”, explica Laura Marpegán de Tiscornia. “Tenemos que cuidar la autoestima de nuestro hijos; recordemos que el estudio es una parte de su vida y que también existen áreas de su personalidad que tiene que seguir desarrollando con nuestra mirada atenta”, apunta.

Ayudarlos a valorarse más allá de todo

En este aspecto, María Tresca dice que es muy importante entender que tener un bajo desempeño académico es completamente frustrante para los chicos que, aunque aparenten que nada de todo esto les importa, no lo están pasando nada bien internamente. “Los chicos van construyendo su autoestima, su autoconcepto, cuán capaces son para hacer las cosas, a partir del feedback que reciben de los adultos y de las experiencias que viven durante su desarrollo. No ser buenos en el colegio, tener muchas materias desaprobadas, recibir retos por parte de sus docentes y un claro mensaje de sus padres de que no están
cumpliendo con sus expectativas es una situación altamente frustrante y nada buena para el desarrollo emocional de un
adolescente”, asegura Tresca.

Frente a esta situación es importante realizar un trabajo conjunto entre los padres y el colegio.  Tresca sugiere diseñar planes de mejoría realistas y acordes con las posibilidades del alumno en cuestión. Lo que ellos necesitan de nosotras es que les digamos, por ejemplo: “De las ocho materias que tenés abajo, esperamos que este trimestre apruebes tres, y que demuestres una actitud de interés en clase para que tus profesores noten que estás interesado en mejorar”. El discurso también podría ser: “Tu situación es complicada, tus notas son bajas. Hasta ahora no hemos visto que dediques tiempo al estudio en casa. Lo que vamos a esperar de vos en este tiempo es que cumplas una rutina diaria de estudio que vamos a pautar juntos y que tus profesores nos informen que comenzás a entregar tareas y trabajos cuando corresponde”. 

Para Javier Fernández Mouján, docente de la Escuela del Sol, es importante en esta etapa generar un clima y un orden con límites: “No hay que vivirlo como una tragedia, sino como una instancia de la vi da que hay que atravesar; es necesario acordar espacios de estudio, tiempos y cronogramas”.

“El objetivo no es ‘resolverles el problema’, como se critica en algunos lados, sino modelarles la solución, mostrarles de manera explícita cómo se hace, indicarles paso a paso lo que deben hacer y demostrarles que pueden tener un mejor desempeño para que puedan adquirir confianza en ellos mismos. Esto funciona como un andamiaje, que luego se retira y, cuando la estructura es sólida, deja de ser necesario”, afirma María Trescal.

Por último, es necesario que nuestros hijos se  vayan dando cuenta de que sus actos tienen consecuencias a veces no gratas. Y que si se pierden  un programa o una vacación por no haber estudiado, también será aprendizaje. Al año siguiente harán un esfuerzo por evitar esa situación y, si no, será el otro año”, dice Paz Baliña.

Mirar cada caso en particular

La situación de cada chico que se lleva materias es diferente:

  • Hay alumnos que son responsables y autónomos y ocasionalmente se llevan materias, pero que tienden a poseer sus propias herramientas. Muchos chicos que se llevan más de seis materias  suelen estar carentes de motivación por todo en general, o puede ocurrir que esta falta de interés se dé solo en el aspecto escolar. En otros casos, se trata de chicos que vienen arrastrando dificultades de aprendizaje desde pequeños, o simplemente por problemas adefectivos dentro del seno familiar.
  • Muchas veces no cuentan con los recursos cognitivos y emocionales, como planificar y anticipar con el fin de sostener el esfuerzo constante que se requiere para obtener resultados  efectivos.
  • Es muy frecuente escuchar que algunos alumnos eligen no hacer nada a lo largo del año y prefieren estudiar directamente para rendir en diciembre y en febrero. En estos casos, habría que trabajar con los padres para que pueda restablecerse la función que se ha desdibujado o perdido, y recuperar una verdadera autoridad, para que los hijos sepan claramente qué se espera de ellos.

Fuente: María Paula del Fresno, psicóloga del Centro Interdisciplinario Acassuso.

¿Qué preguntarnos como madres?

Plantearnos qué lleva a nuestros chicos a llevarse materias es quizá la mejor manera de evitar  la continuidad del problema. La psicopedagoga Paz Baliña asegura que si vemos que durante el año nuestro hijo hizo un gran esfuerzo y este no dio sus frutos, tendríamos que preguntarnos:

  • ¿Habremos sabido acompañarlos o quizá los dejamos demasiado libres, sin interiorizarnos de lo que estaba pasando? ¿Habremos estado demasiado “encima” de ellos y poniéndoles profesores, y tal vez no permitimos que crecieran en autonomía y aprendieran a organizarse?
  • ¿Tendrá una dificultad cognitiva que le impida aprender?
  • ¿Estará yendo al colegio más adecuado para él?
  • ¿Lo estaremos viviendo como un escalón más en el proceso de maduración de nuestros hijos?
  • Vale la pena hacernos la gran pregunta de fondo: ¿Qué les está pasando a nuestros hijos? ¿Cuánto nos está avisando  este síntoma de que hay algo que tenemos que revisar como padres?

Para tener en cuenta

  • Según las estadísticas oficiales, la mitad de los 2,2 millones de estudiantes secundarios del país no logra aprobar todas las asignaturas.

Fuente: Diario La Nación, 5/11/2012.

  • Las materias que más se llevan los jóvenes son Matemática, Lengua, Física, Historia, Química, los idiomas y, paradójicamente, en la era 2.0, Informática.

Fuente: Infobae, 6/11/2012.

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