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Símbolos para iluminar la incertidumbre

En este año de profunda transformación, los lenguajes simbólicos nos ayudarán a atravesar una de las pruebas más difíciles del camino de la vida. ¿Qué tienen para decirnos del ocho, el infinito, la Justicia y la Estrella sobre este apasionante tránsito?

La Justicia, el Arcano VIII del Tarot de Marsella, anuncia un año lleno de desafíos.

Por Ana María Llamazares

Para ir adonde no sabes, hay que ir por donde no sabes.”
San Juan de la Cruz

Transitando a pleno el segundo mes de 2024, además de sentir la rapidez que parece haber adquirido el paso del tiempo, seguramente ya hemos tenido algún encuentro cercano con la intensidad y hasta diría, la dureza, de los tiempos que corren. Plutón en Acuario, desde enero, nos ha comenzado a confrontar con lo inevitable: el cambio, la transformación, la muerte, la necesidad de dejar ir, los riesgos y lo inútil de intentar retener lo que debe partir, de querer concentrar y acaparar, cuando se trata de compartir, de distribuir y de co-crear. Aún no hemos tenido tiempo suficiente para experimentar la emoción del renacer; pero todos y cada uno a su medida, lo venimos presintiendo.

El 2024, con una vibración numerológica 8, que resulta de la suma de sus cuatro dígitos, nos lleva hacia una de las pruebas más difíciles del camino de la vida: ponerle el pecho al miedo y avanzar igual, como si fuéramos exploradores avezados en incertidumbre, dando temblorosamente cada pequeño paso, mientras descubrimos algún talento desconocido hasta entonces, que nos echa una mano para ir alumbrando lentamente la oscuridad.

Si te interesa profundizar sobre este tema, te invitamos al nuevo taller Una mirada holística del tarot. Una aventura de autoconocimiento de la mano de los arcanos mayores y menores, el simbolismo de los números y las correspondencias astrológicas, que brindarán online la antropóloga Ana María Llamazares y la psicóloga Inés Olivero. La primera clase es el 12 de marzo, de 18 a 21 hs. Inscribite haciendo clic acá.

La intuición como brújula

Según la filosofía pitagórica, cuna de la Numerología desde la Grecia clásica, la serie de los números básicos del 1 al 9 representa los principios universales que ordenan el cosmos y guían la manifestación de todo ser viviente. Desde el universo hasta una pequeña bacteria recorren esas nueve fases a lo largo de su despliegue vital o existencial. La estación número 8 marca un punto de inflexión, un estrechamiento, un pasaje difícil, un cambio de rumbo. Se acerca el final de un ciclo y lo que nos trajo hasta aquí, debe quedar atrás, más allá de las resistencias y el dolor; se precipita una transformación. Es parte de la lógica de la vida. Intentar detener o retrasar el proceso a la larga es peor: causa más dolor y solo impide alcanzar la plenitud de ese ser.

¿En qué consiste esa transformación? ¿Por qué resulta tan desafiante y dolorosa? ¿Acaso es inexorable? ¿Se puede saber a dónde nos conduce? ¿Tiene algún sentido más profundo, que al principio se nos escapa? ¿Hay algo que podamos hacer para “suavizar” el tránsito?

Sin duda, muchas respuestas son posibles. Este año 8 nos invita a usar nuestra mejor brújula: la intuición, ese preciso instrumento que nos marca el rumbo norte, cuando logramos alinear la razón con el corazón. Algunos mapas antiguos y actuales que podemos poner en la mochila serán los lenguajes simbólicos: una buena carta astral para acompañar los movimientos del cielo, un lindo mazo de tarot para inspirarnos y contemplar la belleza y profundidad de sus imágenes, una serie de números que nos brinden claves y contraseñas para abrir el alma; velas, sahumerios, cristales y cualquier otro de los enseres que sirven como talismanes mágicos para activar nuestros altares.

Arcano VIII La Justicia (ca. 1955). Tomado de El Tarot de Leonora Carrington (2023, pag.113). En esta pintura sobresale la sencillez de los trazos blancos sobre ese inmenso fondo azul ultramar o azul cielo profundo. La pintora surrealista eligió para esta carta uno de los colores más difíciles de lograr y más caros de la antigüedad, que requería traer a Europa desde el otro lado del mar, lapislázuli molido procedente de Afganistán. Pero este color no solo destaca por su belleza, sino por el profundo simbolismo que lo asocia con la diosa egipcia Maat, antigua soberana de la Justicia, la Verdad y la Ley, madre del “ojo que todo lo ve”, el Udyat, talismán de protección, bienestar y sanación, hecho generalmente en lapislázuli. Otro detalle donde aparecen los ojos es en su corona, hecha, seguramente, de plumas de pavo real.

La Justicia: equilibrio y equidad

El número 8 se devela como un símbolo de múltiples niveles de significado. Al primer acercamiento nos habla de la necesidad de cambio y transformación, como hemos visto, de un movimiento hacia afuera, extrovertido, activo, de polaridad yang –masculina–; por tanto, de un impulso hacia la acción. Si nos adentramos un poco más en el significado de este arquetipo, encontraremos su contrapartida yin –femenina–, compensando el movimiento anterior con una actitud introvertida, receptiva, que encauza la acción desde una noción de equidad, profundamente resonante con el orden cósmico y las leyes del devenir

Aparece en el camino una imagen imponente: la Justicia, el arcano número VIII del Tarot de Marsella, una dama sentada en un trono, ostentando una espada de oro de doble filo en su mano derecha –la de la razón–, y sosteniendo una balanza en su mano izquierda –la del corazón–. No viene a imponer una justicia punitiva, sino a restaurar la armonía y el equilibrio. Su espada no está al servicio de la guerra, sino de la paz; pero actúa con firmeza para cortar aquello que, según la lógica del 8, debe morir.

En la serie de los arcanos mayores del tarot, el anterior –El Carro–, el número 7, nos muestra a un joven que ha tomado las riendas de su destino, y haciendo uso de la voluntad, logró salir de la indecisión y se subió al carro del Ego. Parece que va a llevarse el mundo por delante, pero enseguida lo frena la sabiduría de la Justicia, con la sola irradiación de su presencia. El héroe, aún un poco desbocado, recibe la primera gran enseñanza; una típica paradoja del camino espiritual: hacer justicia es “no juzgar, no criticar y no quejarse”. Esas solo son tres maneras de perder el poder y, por tanto, la energía creativa. “La única manera de mantener el poder –le dice la gran dama– es preservar la unidad del Todo, a través de mantener el equilibrio”.

Pitágoras definía al 8 como el número de la Justicia porque se deja dividir y subdividir sucesivamente en mitades iguales (8=4+4, 4=2+2, 2=1+1). Toda una metáfora aritmética de la equidad, un alarde del orden que instaura naturalmente la simetría. A su vez, los dobles dígitos correspondientes a estas cifras (44, 22, 11) se conocen como números maestros, pues contienen vibraciones de alta frecuencia espiritual.

Claramente, la Justicia está sentada en la intersección de dos ejes que se cruzan en su centro. El eje vertical, aquel que une el Cielo y la Tierra, el Padre y la Madre, el Espíritu y la Materia, representado magistralmente por la espada en alto. Con ella se cortan los lazos kármicos que nos atan a situaciones y apegos del pasado. Solo con discernir, clarificar, reflejar y perdonar. Discernir la realidad de la ilusión, los persistentes anhelos del ser, de las caprichosas fantasías del ego. Cortar el “cordón umbilical” que nos ata a una dependencia inconsciente; dejar de lamentarse y echar culpas a los padres, a los demás o al destino. ¡Toda una Excalibur femenina, la de la Justicia!

Con la mano izquierda, esta dama sostiene una balanza que cuelga de un doble aro con la forma del 8 o símbolo del infinito de pie, un pequeño detalle alegórico a la máxima hermética “como es arriba, es abajo”. Los platillos y el fiel de la balanza que los mantiene unidos representan el eje horizontal: una nueva referencia a la especularidad dinámica del equilibrio, a la necesidad de vincular los opuestos gracias a su correcta separación, también reiterada en los distintos colores de su falda. Esa es la virtud de la Justicia: equilibrar los opuestos para que ninguno de los dos se incline demasiado para un solo lado, algo que quebraría el orden cósmico y alteraría el libre fluir de la energía.  

Arcano XVII La Estrella (ca. 1955). Tomado de El Tarot de Leonora Carrington (2023, pag.139). Aquí el fondo se ha tapizado con un dorado a la hoja que ejerce un notable efecto irradiante al resaltar el celeste y el blanco de las figuras. Una mujer desnuda, como símbolo de juventud eterna y prístina inocencia, vierte las aguas de la fertilidad desde dos cántaros, uno de oro y otro de plata. Con un fuerte vínculo con lo sobrenatural, su cabellera es como un candelabro de pequeñas antenas, que la conectan con el cielo estrellado. Tal vez, debido a la afición de Carrington por la mitología egipcia, se relacione con la diosa Nut, cuyo cuerpo en forma de bóveda celeste, se dibuja también repleto de estrellas resplandecientes. El ave que anuncia el amanecer es aquí un ibis, la figura que en el panteón egipcio representa a Thot, dios de la magia, los hechizos y la escritura, famoso en su versión griega como Hermes, el mensajero sabio que comunicaba a los hombres con los dioses.

La Estrella y “el ojo que todo lo ve”

La Justicia tiene los ojos bien abiertos. Pero, sobre todo, tiene un tercer ojo en su frente, en medio de una corona celeste, clara alusión a su capacidad intuitiva, que es el que seguramente le permite alcanzar una visión resplandeciente de todo aquello que sus otros ojos no pueden ver. Aquí aparece un tercer nivel de significado del número 8 y sus parientes simbólicos: los arcanos de tarot relacionados con el 8 –la Justicia y la Estrella, arcano 17, cuya suma da ocho–, el octógono y la estrella de ocho puntas, protagonista del cielo en la carta de La Estrella. Todos ellos apuntan a la posibilidad de comunicación con lo que está más allá de la realidad ordinaria, el umbral de lo oculto y lo infinito, de la magia y la regeneración a través de la captación del orden sagrado.

El octógono, lo mismo que el octaedro, son figuras de la geometría sagrada relacionadas con el aire, el aliento vital, el alma, la sabiduría del corazón y el cultivo del libre pensamiento. Su simbolismo, como portal de comunicación con lo divino, ha sido muy utilizado en la construcción de los templos religiosos, mayormente las iglesias católicas, cuyas cúpulas ostentan maravillosos vitrales o artesonados de forma octogonal, lo mismo que sus pilas bautismales.

Esta figura se logra rotando 45 grados sobre sí mismo un cuadrado regular. De esta manera, hasta su construcción geométrica es una expresión de la transformación de las energías de la tierra (el cuadrado) las que, al ser puestas en movimiento rotatorio, se acercan a la perfección del cielo (el círculo). Proyectando hacia afuera los ángulos del octógono se obtiene la estrella de ocho puntas, otro símbolo trascendente, que trae mensajes de esperanza y buena fortuna desde las alturas

La estrella de ocho puntas, rodeada por otras siete (es decir, que en total forman un conjunto de ocho estrellas de ocho puntas cada una) conforman el cielo de una de las más bellas cartas del Tarot, el arcano 17, la Estrella, cuyo número, como ya señalamos, también suma 8.

Como en un caleidoscopio, los lenguajes simbólicos tienen una increíble destreza para ostentar los secretos que encierran, multiplicando su potencia significativa al replicarlos. Aquí, la desnuda inocencia de la mujer que vierte agua desde sus dos cántaros nos revela que se ha logrado el efecto más profundo del 8, la transformación ha dado lugar a la regeneración, como flujo permanente de vida. Las aves que acompañan al personaje desde los árboles, como en las antiguas mitologías griega y egipcia, le otorgan la capacidad de mirar y conocer el futuro. Se ha logrado otra parte del arcano 8, la apertura del “ojo que todo lo ve”, la verdadera magia visionaria.  

“Cuanto más profunda es la mente, más plenos son sus símbolos.
Cuanto más plenos son sus símbolos, más rico es el universo.
(…) Participar en los reinos más elevados de la experiencia humana
es tomar parte en lo sagrado.”
(Henryk Skolimowski)

HERRAMIENTAS PARA RECUPERAR LA MAGIA
La INTUICIÓN como brújula.
La RAZÓN alineada con el CORAZÓN como timón.
Los LENGUAJES SIMBÓLICOS como cartas de navegación.
Los ARCANOS DEL TAROT como espejos y talismanes.
Los NÚMEROS como claves y contraseñas para abrir el ALMA.
Otros ENSERES MÁGICOS para armar nuestros altares: velas, sahúmos, plumas, piedras, cristales, flores, tierras de colores…

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FRASE DEL DÍA

"La mente que se abre a una nueva idea jamás volverá al tamaño original". 

Albert Einstein