16 de octubre de 2025
Hace un tiempo escuché por primera vez acerca de la teología del hogar. Me quedé fascinada, con esa alegría característica de quien reconoce que alguien más ha puesto en palabras algo que una misma venía meditando, que nacía de mi intuición: la importancia de la presencia divina en lo diario de nuestro hogar; recordar la belleza y lo sagrado en lo cotidiano.
Y fiel a mi estilo, inicié una búsqueda de libros y referentes que iluminaran lo que yo sabía que existía sin saber su nombre y su por qué. En estos años aprendí que no se trata de altos presupuestos, de sofisticación, ni simplemente de estética: es mucho más.
Al casarme, comencé a sentir el deseo medio inexplicable de querer que nuestra casa fuera un lugar de encuentro; entre nosotros, con Dios y también para quien viniera de visita.
Siempre decimos con Marce que si no viviéramos en Buenos Aires, seríamos esa casa sin rejas y de puertas abiertas, con algo muy abundante -por las dudas- cocinándose en el horno. Al convertirme en madre, se expresó más fuerte aún el querer rodear a mis hijos de belleza.

Aunque muchas veces pueda confundirse (y confundirme) con una experiencia estética, una moda, que Montessori sí o no, al final del día veo cómo va mucho más allá. Es la búsqueda y la compresión de que nuestra casa es templo, un lugar sagrado donde Dios quiere habitar.
El lugar en el que estamos creciendo, caminando hacia el Cielo. La música que escuchamos, las velas que prendemos, la intención con la que cocinamos, la manera en la que abrimos sus puertas y nos ofrecemos, lo que agradecemos antes de cerrar los ojos, los planes que hacemos, los libros que leemos, los dibujitos que vemos.
Como todo arte, no tiene una única guía. Más bien es una práctica singular de cada familia. Con momentos en los que necesito aflojar y dejar que alguna influencia externa entre, y con momentos de decir que no y desechar ese juguete.
Ayer compramos bastidores y más colores, y cada uno hizo su obra. Es el segundo año que lo hacemos y espero llenar una pared con todas sus pinturas.
Camila Patafio es odontóloga, instructora de yoga y doula. Podés seguirla en su cuenta de Instagram @campatafio, donde comparte reflexiones y vivencias de maternidad.
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Gracias por compartir una breve mirada de mi sentir y propiciar el encuentro!