Sophia - Despliega el Alma

Sophia 20 años

18 octubre, 2019

Rüdiger Dahlke: “En algún sentido, la enfermedad es algo bueno”

Para el médico y especialista autor del libro La enfermedad como camino, podemos correr de médico en médico y probar muchas técnicas terapéuticas, pero nunca nos curaremos si no entendemos el por qué de nuestros síntomas.


Quizá no llame la atención, pero están ahí al igual que siempre o más presentes que nunca. Se trata de esas frases cotidianas a las que casi ya ni hacemos caso por lo habituales que nos parecen. “¡Otra vez con este mismo resfrío! No se cura nunca”; “Preparate, la gripe de este año viene dura, hay que bancársela”; “Señora, usted tiene un virus, no le puedo dar ningún remedio; tendrá que esperar hasta que se le de vaya”; “¿Qué hay en el aire?; De nuevo estoy con alergia”.

La lista es larga, no termina nunca pero ya sea en la oficina, en casa o en reunión de amigos, los problemas de salud abundan al igual que los consejos. Unos se resfrían, a otros les duele la cabeza. Terapias alternativas, ejercicios de relajación de todo tipo y visitas periódicas al médico están a la orden del día. La gente se pasa teléfonos de masajistas -expertos en shiatzu, reiki y otras variantes-, de homeópatas, profesores de yoga o acupunturistas. Las gotitas de flores de Bach se muestran sin temor en las reuniones de directorio. “Me las recomendó mi mujer -dice un gerente de marketing-, son para potenciar la energía”; “Yo tomo ginseng, es también revitalizante”; le contesta otro. Como si esto fuera poco, la gente toma tranquilizantes como agua. Algunos en silencio y otros a viva voz hablan de sus ataques de pánico, sus ansiedades y fobias.

En algún sentido, la gente está apurada, prueba nuevas técnicas, busca la mejor manera de calmar sus afecciones, de curarlas y solucionarlas lo más rápidamente posible. ¿Qué significa esta vorágine? ¿Por qué la gente se enferma? ¿Qué están necesitando las personas? ¿Estamos frente al grito desesperado de una sociedad en crisis?

¡Paren, están perdiendo el tiempo! Dice Rüdiger Dahlke, autor de La enfermedad como camino, uno de los libros más vendidos de los últimos tiempos, traducido a más de 120 idiomas.

Para el médico y especialista, podemos correr de médico en médico, probar técnica tras técnica, pero nunca nos curaremos si no entendemos el por qué de nuestros síntomas. Ése es el único camino de curación, la única forma de alcanzar la plenitud.

Rüdiger Dahlke, el autor de La enfermedad como camino (Foto: Facebook del autor).

Hallarlo es difícil; es amigo de la soledad, de la sencillez, de la investigación del alma y del cuerpo. Desde Munich, Alemania, Dahlke nos ofrece una mirada distinta sobre la enfermedad. En esta entrevista sin precedentes para la Argentina y muchos países del mundo, habla de todo, del significado de los síntomas, de la diferencia entre la medicina de Oriente y la de Occidente y del mejor camino para sentirse mejor por dentro y por fuera cada día.

¿El cuerpo tiene sus lenguajes?

—Sí, el cuerpo habla de los problemas del alma.

¿Qué es la enfermedad para usted?

—En primer lugar, es un signo que me muestra que algo anduvo mal, que me he salido de mi ritmo, que tengo que mirarme para volver a él y entonces corregir algo de mi estilo de vida; por eso, en algún sentido, la enfermedad es algo bueno.

¿Cómo llegó a esta conclusión?

—A través de la experiencia con mis pacientes. Ya desde 30 años atrás, ellos mismos me decían lo que sentían detrás de sus síntomas.

¿Cuál es su preparación profesional?

—Soy doctor en Medicina de la Universidad de Munich con estudios de posgrado en Austin College en Texas, Estados Unidos, y además soy psicoterapeuta. Como hobby también investigué mucho acerca de la medicina natural, homeopatía, quiropraxia, acupuntura y otras líneas alternativas. Estaba muy insatisfecho con la medicina académica, aprendida en la Universidad, la cual practiqué en muchos hospitales donde trabajé. Fue así que me volqué a la medicina natural o alternativa y nuevamente me desilusioné. En este caso, también con la ayuda de mis pacientes, me di cuenta de que la medicina natural no iba lo suficientemente lejos. Una vez, en uno de mis seminarios, conocí a una mujer que dijo que iba a traer a su marido porque fumaba más de cinco paquetes de cigarrillos diarios. Le practiqué acupuntura y le di algunas sugerencias para su tráquea y funcionó bien, dejó de fumar. Pero seis meses después, me encontré con su mujer en el seminario y le pregunté por su marido. Me dijo que seguía sin fumar pero que había surgido un nuevo problema, se había vuelto muy agresivo, le grataba a ella y hasta les había llegado a pegar a sus dos hijos. Le dije que lo invitara nuevamente al marido a verme, y al hablar con él resultó bastante claro. Al dejar de fumar, le había quitado su posibilidad de dar curso a la agresión. Con el tiempo encontramos juntos otras maneras de lidiar con sus instintos agresivos y canalizarlos. Empezó a jugar al squash y al tenis con sus hijos y pudo aliviar tensiones. Después de eso, pensé que con el squash se iban a solucionar los problemas de todos los fumadores pero me di cuenta de que no. La mayoría de los fumadores necesitan algo en su boca por miedos orales. Por ende, al dejar de fumar empiezan a comer. Vuelven a la angustia oral, se chupan el dedo como los chiquitos. Así, a los fumadores hay que darles una alternativa para su vida, deben disfrutar más de su vida, comer rico, darse masajes y tener placer.

“(la enfermedad) es un signo que me muestra que algo anduvo mal, que me he salido de mi ritmo”

¿Qué opina entonces de la medicina occidental?

—Siento que no es suficiente, es buena y es necesaria en algunos casos. Si alguien tiene un accidente de auto y está sangrando, debo usar la medicina occidental para hacerle una cirugía y transfusiones para que pueda seguir viviendo. Otro ejemplo: si a una persona le muerde un insecto y tiene un ataque de alergia, tengo que darle cortisona para que recupere su circulación. Pero mi responsabilidad profesional no termina ahí. Debo decirle a la persona que salvamos su vida en ese instante, utilizando la medicina occidental, que es buena, pero que no es una cura para el futuro. Si desea una cura de fondo, es necesario que la persona comprenda el sentido de la alergia.

¿Cuál es su pensamiento acerca de la medicina oriental?

—Son sistemas perfectos. Por ejemplo, la medicina china es muy buena, no solo aplicada a la acupuntura sino que también enseña cómo comer, cómo moverse (por ejemplo el tai-chi y el chi-gong). También están la medicina de la India o del Tíbet. Estos sistemas funcionan muy bien pero los doctores que utilizan esta medicina no se adecuaron al mundo moderno. Considero que si esta medicina oriental se ajustara a las situaciones modernas, sería mucho mejor que la medicina académica. De todas maneras, en algunas situaciones se necesita cirugía y en esta instancia es necesario estar contentos de que exista la medicina académica.

¿La idea es entonces que ambas medicinas se complementen?

—Sí, lo ideal es que funcionen juntas. Ambas tienen una parte buena, de los orientales es necesario mirar la idea de unidad. Cuerpo y alma son uno. Las universidades de Medicina deberían hablar del alma, no solo del cuerpo, todo va junto.

—¿Qué significa el alma para usted?

—Es nuestra parte individual, aquello que permanecerá luego de la muerte. La parte hacia la cual seremos inteligentes si invertimos nuestra atención, nuestros recursos e incluso nuestro dinero, porque el alma es eterna. Hoy en día ponemos todo en el mundo material. La vida espiritual significa todo, solo que en nuestro tiempo la hemos olvidado, a un grado impresionante. En Putan, por ejemplo, un pueblo ubicado entre China e India, no existe la economía. Un tercio de la población vive en monasterios y el resto da de comer a la gente en los monasterios. Son las personas más felices que he visto en mi vida. Pero a los ojos del mundo occidental se trata de gente muy pobre. También en India se pueden ver personas muy pobres que disfrutan su desarrollo espiritual. Para la mentalidad occidental esta gente está sufriendo, y eso no es verdad. Aquí en Alemania, muchas de las personas ricas están sufriendo profundamente porque no tiene ningún tipo de conexión con su alma, no encuentran un sentido a su vida.

“Las universidades de Medicina deberían hablar del alma, no solo del cuerpo, todo va junto”

¿En esas culturas con menores recursos económicos, ¿las personas se enferman menos?

—Claro que sí. Si bien en Occidente vivimos más tiempo porque resolvemos algunos temas con la nutrición o la higiene, está comprobado que si se vive una vida simple sin tantas necesidades tecnológicas, se es más sano.

¿Cómo definiría su estilo de vida?

—Estoy muy comprometido con la responsabilidad. Me hago responsable de mi vida, de mi trabajo, de mi familia, de mí mismo. Vivo con mi mujer Margit y mi hija Naomi de 12 años, que tiene síndrome de Down y vive con una vida perfecta en nuestra chacra, con sus animales y la naturaleza. Tratamos en lo posible de llevar una vida sencilla, simple. Obviamente compramos las cosas que necesitamos, tenemos auto y computadora pero no nos involucramos en consumir en exceso. No juego este juego. No compro la última computadora, la mía tiene ocho años y funciona a la perfección. En cuanto al auto, lo usamos hasta que se funda. No me interesa el estilo de vida que sugieren los avisos norteamericanos.

“Si se vive una vida simple sin tantas necesidades tecnológicas, se es más sano”

¿Qué significa el tiempo para usted? ¿Está apurado como la mayoría de las personas en los tiempos de hoy?

—Tengo mucho trabajo. He escrito más de 20 libros y doy muchos seminarios, viajo mucho pero lo hago a mi manera, con meditación todos los días. Estar calmo no es siempre fácil. La presión en esta sociedad es muy alta pero con mi medicina del alma intento, al igual que el resto de mis pacientes, lidiar con ella lo mejor posible.

¿Qué sentido le dio a su vida el hecho de tener una hija con síndrome de Down?

—Un sentido absolutamente espiritual como cualquier enfermedad, como cualquier síntoma. Mi hija Naomi trajo esto a la vida para que aprendiéramos algo. A través de ella experimentamos una vida muy sencilla, simple, emocional, basada en sentimientos, no en intelecto, tampoco en eficiencia o en poder. Tanto Margit, mi mujer (que escribió muchos libros y además es médica, como yo somos muy intelectuales. Naomi nos mostró el otro lado de la polaridad, el mundo de las sensaciones, donde lo intelectual no juega ningún rol. Naomi disfruta la vida, no trabaja, habla solo un poquito y nos enseña muchísimo. Estamos muy felices. Obviamente no fue así al principio. Sabíamos que nuestra hija iba a ser Down cuando mi mujer estaba embarazada de tres meses. No fue fácil, especialmente para mi mujer, pero con el tiempo se convirtió en lo mejor que tenemos.

¿Por qué cree que hay tanta gente en Occidente que busca alternativas orientales, shiatzu, yoga, reiki y más?

—Porque hay algo que no les cierra, porque están absolutamente insatisfechos con su vida, no la disfrutan. Creo que las personas están sintiendo esta falta de sentido de las cosas que hacen. Hay mucha gente que a la noche se siente vacía, no ve ningún sentido en esto.

¿Esta gente es más propensa a desarrollar enfermedades?

—Por supuesto. La gente está mal. Hay ataques de pánico, ansiedad. Esto se ha convertido en un gran problema. Cuando yo estudiaba, hace treinta años atrás, esto no existía, ni siquiera se aprendía. Todo se está poniendo más estrecho, más poblado. Cada vez hay más tráfico, más ruido. Si se hace una experiencia con animales, y los ponés todos amontonados, se tornan nerviosos y agresivos. Esto es lo que le pasa a la gente en las grandes ciudades.

“Creo que las personas están sintiendo esta falta de sentido de las cosas que hacen”

¿Cómo se cura la ansiedad?

—Experimentando la primera estrechez que se produce en el momento del nacimiento. Allí se vive la ansiedad y tratamos con el paciente de entenderla. Nuestra vida nos hace experimentar todo el tiempo esta estrechez. No tenemos tiempo para disfrutar la vida. Tarde o temprano surge la ansiedad.

¿Por qué cree que su libro La enfermedad como camino fue récord de ventas mundial?

—Porque se le dio a la gente algo que estaba buscando hacía tiempo, algo que la medicina académica no les estaba dando. Nuestra ciencia moderna niega eso, dice que no hay sentido. Eso no satisface a la gente. De hecho, nunca imaginamos que lo iba a leer tanta gente. Cuando con Thorwald Dethlefsen, el médico que en ese momento era mucho más anciano y mucho más famoso que yo en Alemania, que me acompañó en este trabajo, vimos los primeros números, nos quedamos atónitos. A veces me parece increíble que hayan como 120 traducciones en 20 países del  mundo.

De acuerdo con su experiencia, ¿cuáles son los síntomas más habituales en mujeres y varones?

—Los varones son más propensos a la presión arterial alta y a los ataque del corazón. Estos síntomas tienen que ver con la eficiencia y el deseo de poder. Las mujeres suelen presentar más problemas de sueño que los varones, mayores trastornos de ansiedad. Tienen más dificultades para lidiar con la rapidez y la presión del mundo industrial, algo que, de hecho, ya de por sí es mucho, porque son madres y trabajan. Sufren cansancio.

¿Cómo se hace para curar la enfermedad?

—Conectándonos con aquello que nos ocultamos a nosotros mismos, con esa sombra que a veces no queremos ver, dándonos cuenta de que cuando vemos algo en el otro que rechazamos, seguramente esté relacionado con nosotros. Ante cada enfermedad, es bueno preguntarse qué conflicto hay en mi vida que rehúyo o que no veo: ¿hay algo que me niego a reconocer? La enfermedad obliga al ser humano a no abandonar el camino de la unidad, por eso la enfermedad es el camino de perfección.

Esta nota se publicó en la edición impresa N°43, septiembre de 2004.

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